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La Décima en el quinto c…

“…colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora…”

“…colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora…”

Mis vecinos…no sé como llamar a los habitantes—somos pocos—de Maypearl, Texas, este pueblo donde vivo…no saben todavía quien soy. La traducción literal del nombre sería Perla de Mayo, quizás: Perleños, exagerando un poco podría ser: Mayperleños. Quién sabe? El caso es que ellos, los que andaban por la calle esta tarde de mayo florido y los que estaban parados en el semáforo ( el único que hay ) del pueblo, deben haber pensado que me había vuelto loco. Entré en la calle, que es también la carretera ( FM 66 ), como en tantos sitios de Castilla; conduciendo despacio, tocando la bocina del coche, obsesiva y acompasadamente, cantando la canción del día ( * ) y saludando a todo el poco mundo con una sonrisa de oreja a oreja.

Son la cuatro de la tarde y hace un calor de mil demonios. Huele a plomo, a sudor y a epopeya del Oeste. El sol pega de plano y me deslumbra, como si estuviéramos en Camas, al lado de Sevilla, en España. En realidad he pasado las últimas tres horas en la semioscuridad del salón, pegado a la tele, en la pantalla una Lisboa en la que ya era de noche. Noche gloriosa y futbolera. Mi Madrid, el Real Madrid, acaba de ganar ( por fin! ) la Décima Copa de Europa, la dichosa Champions. No se me ha ocurrido otra cosa que “salir” con el coche a celebrar, ruidosamente y en solitario, la efemérides. Doce años y yo con estas canas.

Y digo que la celebración era en solitario porque no creo que haya ningún apasionado del fútbol (soccer) en muchos, muchos, kilómetros a la redonda; esta pradera tejana es muy grande y es toda tierra del otro football, la segunda religión de Texas, la primera es la religión ( cualquiera que sea ). Lo más parecido a un futbolero ( !? ) podría ser una manceba de la farmacia en Waxahachie, un pueblote grandón a unos dieciséis kilómetros, que dice ser “fan” del Barcelona y de Messi ( quién le habrá engañado a la pobre? ) y que ha tenido que aguantarme lo de la Copa del Rey, y que tendrá que hacerlo mañana con lo de la Décima. Iré a la farmacia con la excusa de comprar unas aspirinas y a “perdonarle” la vida. Descubrió que yo era del Madrid porque a menudo llevo camisetas, o el chándal, y casi siempre la gorra del Centenario.

Lo de mi madridismo es desde que tengo uso de razón y la fidelidad es total, exceptuando una tarde en el Bernabéu en la que tuve el corazón partido. Fue el día en que la U.D.S., el Salamanca, le ganó al Real por cero a uno; gol de Alves, aquel portugués pequeñito que siempre jugaba ( y muy bien ), frio, calor o lluvia, con unos misteriosos guantes negros. Pero de aquello hace ya muchos años y me lo he perdonado. Desde el principio de los noventa y para acá, que me vine a este país, la Liga y la Copa de Europa—nunca me ha gustado lo de Champions—han sido por la televisión, menos unos pocos partidos en Chamartín, durante mis viajes a España en los últimos veinticinco años.

Así que el gol de Sergio Ramos, y los demás, se los grité al perro que salió corriendo asustado creyendo que se le caía la casa encima. Después de la entrega de la Copa, en plan celebración, como si fueran campanas al vuelo, lancé todas mis camisetas de todos estos sufridos años de espera… a la piscina! Todo ello antes de tirarme yo mismo, vestido. En la confusión también se fue al agua la Roja del Mundial, con estrella y todo. Por eso en la foto aparezco colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora; que me tienen que durar muchos años…todos. La Undécima puede que la vea; el segundo Mundial, la verdad, no tengo muchas esperanzas. El próximo está al caer y me da a mí que ya no va a ser lo mismo.

La Décima se hizo de rogar y me ha pillado aquí, al final del mundo y del Imperio; igual que el Mundial, hace ya cuatro años me cayó en Pittsburgh. Tanto la una como el otro me han encontrado vivo y con ganas de futbol, vicio eterno y panacea universal. Nada me sienta mejor ni me quita las telarañas de todo tipo, sobre todo las mentales, que un buen partido de liga española, o inglesa ( ahora que está llena de españoles ), visto desde la distancia y sin los inconvenientes naturales de estar en el país. A pesar de las retrasmisiones en inglés; si bien, las prefiero a las de los canales hispanos; se me hace difícil aguantar la masacre del idioma. Me gusta imaginarme en el estadio con el runrún de la expectación y el olor a puro. Aunque sea desde aquí, desde el quinto c…

(*) Ah!…la canción del día reza así: “Madrid, Madrid, Madrid… Hála Madrid! Y nada más y nada más… Hááá-la Madrid!”

Luisma, Maypearl (TX) 25 de Mayo del 2014

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“Instar”

Pintando Instar # 3 en el estudio (foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Pintando Instar # 3 en el estudio (foto: Luis Jimenez-Ridruejo)


He pasado un período largo, quizá demasiado (por circunstancias de la vida) pintando la serie “Uninhabited garden”, los jardines deshabitados. Conforme iba pasando este nuevo tiempo en Texas, la mente y la pintura me iban pidiendo algo diferente; si bien no puede serlo mucho porque a estas alturas de mi vida, mi estro tiene lo que tiene y da para lo que da. No busquemos muchas complicaciones si no es para mejor.

Me gustaba lo que estaba haciendo, pero después de una década era ya tiempo de crecer, pictóricamente hablando, de quemar otra etapa en busca de quién sabe qué…Y en esto, la pradera, la vegetación y sus pequeños animales invertebrados asaltaron mi imaginación y algunas ideas empezaron a crecer a empujones. Habida cuenta de lo que estaba pasando, un reencuentro con la naturaleza, brotaban las imágenes de metamorfosis, los “instar” que son las fases entre dos períodos de muda, desarrollo y crecimiento, en los “otros” animales.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #1, acrylic on canvas, 34 x 36 inches

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #1, acrylic on canvas, 34 x 36 inches

El arte es también invertebrado, o así me da por verlo. Un esqueleto de imaginación en sucesivas fases de apariencia. Momentos del crecimiento post-embriónico de una idea. Algo similar a la primera noción pero que ya no es igual a si mismo, y pasado el tiempo y la “muda” ya nunca lo será. Todo podrá caber, ancho es el mundo de la representación. Aunque el parecido estará ahí, se abrirá una nueva forma de la imagen, una contrapartida y un equivalente.

Un movimiento, el medio camino de un paso adelante. El lienzo en blanco como punto A y el cuadro terminado, o dado por, como punto B. El “Instar” sería el estadio entre los dos puntos, la transición de idea a realización y el resultado de ello: el reflejo de una metamorfosis, la del propósito artístico y lo que ocurre durante cada lapso del hecho. Todo ese recorrido en una obra singular y en varias seriadas, sin que el orden signifique nada más que un número, un título, una forma de identificación.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #2, acrylic on canvas, 34 x 36 inches

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #2, acrylic on canvas, 34 x 36 inches


“Instar” es, también, un retrato, una imagen (del Latín, imago) que se usa para definir la fase entre dos períodos de muda en los invertebrados. La similitud, la semejanza, el parecido. Extraña insistencia cuando cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. En términos de abstracción mejor sería llamarlo: simulacro. Al menos garantiza un sonido inusual. En resumen: con el título de “instar” evoco mi propio período de transición pictórica, la muda a un esqueleto imaginativo mas quitinoso, quizá más asentado en la dureza de la convicción.

Esto es lo que estoy haciendo hoy en pintura: un paso adelante, o así lo quiero ver, hacia un estadio desconocido, pero en desarrollo virtual, de la imagen y la forma. Después de haber transitado por las veredas de unos “jardines deshabitados”, que no doy por agotados, “Instar” es lo que me ocupa y me interesa, aquí y ahora.

Luisma, Maypearl (TX) 1 de Junio del 2014

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