El oropel y la fanfarria

Panem et circenses…izquierda…derecha…lo mismo da que da lo mismo

Panem et circenses…izquierda…derecha…lo mismo da que da lo mismo


Atíza, Witiza! “Teneis” un nuevo rey y yo sin enterarme. Todo como a medio escondidas. No decíais que para el siglo XXI solo quedarían los cuatro de la baraja?
He tenido que leer un periódico online español para darme cuenta de que el viejo príncipe ya es Felipe VI. Felipe Seis, que le dicen, me ha pillado más americanizado que vosotros mismos, es decir: oficialmente americanizado con ”papeles”. Parece que de una sola tacada me he deshecho de la monarquía hereditaria, de la España de las comunidades autónomas, de la crisis frontal y la parietal, de las tres P (PP-PSOE-Podemos) del polvo, del sudor y del hierro de la estepa castellana, aunque esto último no estuviera en el catálogo de mis intenciones. Solo parece…hay cosas que no se pueden cambiar y a mi me lo pone en la etiqueta.

Ahora resulta que soy americano, de los USA, que manda narices! Como ha podido pasar semejante cosa? Quien me ha visto y quien me ve…de los gorritos de soldadito, cuando era un infante y que eran de papel couché verde, a las boinas de fieltro de la OJE y de allí a los quepis grises y los mosquetones de aquella corta “mili” en Matacán, que se zanjó con una jura de bandera, banderita roja y gualda; al parecer no iba a ser la última, empiezo a tener más banderas que un barco pirata. Por fin, tras veinticinco años en este país, he cantado las cuarenta en barras y estrellas. Encima, y para más delito, me eligieron para soltar el discurso de los “nuevos” en la ceremonia—más juras que en Santa Gadea—, con toda la pompa y circunstancia. Y allá que me fui a tocarles la fibra sensible, que es algo que se me da bien. Que uno cuando quiere es ancho de palabras y su estética.

“…he cantado las cuarenta en barras y estrellas.”

“…he cantado las cuarenta en barras y estrellas.”

Así que Felipe VI, eh? O sea, que la tercera república tendrá que esperar una temporada. Mientras tanto yo aquí perteneciendo al Imperio, una república impositiva (entiéndase esto como a cada cual le pueda petar), y que por ello insiste en pagar mi jubilación, que ya es algo, aunque no sea mucho. No soy republicano, ni demócrata todavía, es decir, estoy en el limbo hasta que vengan las próximas elecciones y me dé por votar. Aunque ya me cortejan los dos partidos, buscando mi dinero, que me da la risa floja y pendulona. Ay! Si ellos supieran lo poco que me pueden sacar, no me importunarían con cartas circulares y llamaditas robóticas de teléfono.

De España me llegan las noticias de que vuelvo a ser monárquico “de toda la vida”, con lo cual parece que estamos haciendo “goma”—p’alante/p’atrás—y que, al compás, la tan mentada crisis vuelve a salir de debajo de los colchones, allí donde estaba el dinero que se gastó en producirla. Ahora, se recortan presupuestos y gastos hasta en las celebraciones de la nueva monarquía, que siempre han producido la impresión de ser unos pobres de pedir. A ver si la dichosa “marca-España” se resiente por no darle unos fastos, al menos visuales, acordes con el oropel y la fanfarria que otrora nos hacían respetables en el “concierto internacional”. Aunque haya que desandar cuatro Felipes y una Inquisición. Y, para chasco, eliminados del Mundial a las primeras de cambio. Vaya un estreno de reinado!

Había menos gente en la celebración callejera del nuevo monarca que en el festejo popular de recepción a la selección de fútbol a su llegada de Sudáfrica. Algo les debe decir esto a los del gobierno: más futbol y menos reyes. Más organización. Se está perdiendo la experiencia. Con Franco estas cosas no pasaban. Se ponían todos los autocares de La Serrana y Cía., llenos a rebosar de gente de los pueblos que animaban las calles de Madrid por unos bocatas y unas gaseosas. Aquellos “boinas” eran incansables e inasequibles al desaliento. Un día de fiesta en la capital y cinco duros para los gastos…y a dar “buena” imagen internacional de adhesión inquebrantable en las fotos poco enfocadas de todas las agencias gráficas. Hasta los americanos lo hacen esto de maravilla.

Ay! Juventud, divino tesoro. Y yo sigo insistiendo que puedo tener tics, pero ni un gramo de nostalgia. Ni de la monarquía, ni de las virtuales repúblicas, ni de las democracias que me llaman por teléfono. Volvería atrás, hasta incluso para repetirme del todo, tampoco ha sido una vida tan mala. Y ahora, Texas otra vez, y otro blasón…aunque dicen, las lenguas de doble filo, que en Costa Rica se vive muy bien de jubilado y por poco dinero; además, también tienen fútbol y televisión por satélite. Panem et circenses. Quedará alguna otra bandera por jurar?

Luisma, Maypearl (TX) 20 de Junio del 2014

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