B & C, y su chófer

FM66… en un albero con dos pinos, entre Maypearl e Itasca.

FM66… en un albero con dos pinos, entre Maypearl e Itasca.


A veces pienso que es solamente una manía. Una manía exacerbada por las temperaturas benignas de esta parte de Texas. Me gusta sentarme al sereno en este banco de madera pelada y seca por tantas noches y tantos días a la intemperie. Un banco de película del Oeste. También hay un columpio peliculero, pero me gusta más el banco aunque sea solamente medio cómodo, además está protegido por el tejadillo del porche abierto de la casa principal. No es la casa en la que vivo, esa es la otra, la de al lado, la más grande, más alta de techos y separada por un camino de roderas de coche; la que tiene el gran porche-galería acristalada: el estudio donde pinto. Este banco en el que me siento por las noches, casi nunca durante el día, le confiere el carácter de casa de la pradera americana. Dos típicos pilares de reja fundida de molde enmarcan la escena.

Sé que el motivo de estas sentadas no es tanto el sosiego como el aspirar el olor de la pradera, vislumbrar los ruidos de la noche, seguir el viento que barre de izquierda a derecha y provoca el ris-ras de las ramas de los arboles. Escuchar el silbido de las agujas de los pinos, dos, de la rotonda que nos separa de la carretera. Fulguran luciérnagas en el albero. Es en la noche cuando los olores vienen mas densos, pronunciados, separados; se distinguen unos de otros como si fueran parte de un muestrario, algunos primarios, otros misteriosos. Hoy, noche oscura sin luna, un olor peculiar llega de la carretera FM 66, la comarcal que pasa a lo largo de la finca; la llamaría rancho si tuviéramos animales, pero, me temo que un viejo gato cascarrabias, permanentemente malhumorado, y un perrito “elegante”, de ciudad, Cavalier King Charles Spaniel ( ! ), que solo sale de la casa para dar pequeños paseos y hacer sus necesidades, no admiten el calificativo de ganadería.

Decía que de la FM 66 llega el olor desabrido, fuerte y claro, a “skunk” (no a la marihuana, que también se apoda de esa manera), a la mofeta, que los mexicanos llaman: zorrillo apestoso, algo como si hubiera habido un accidente de coche y se hubieran quemado los neumáticos. Olor característico y persistente a más no poder, pocos como ello. Tarda lo suyo en remitir y mientras tanto me quedo un poco anortado, perdido en la ensoñación, revirando con la mente las curvas del camino entre Maypearl e Itasca. Me veo conduciendo a volantazos el Ford V-8, algo destartalado por las últimas correrías, con Clyde sentado a mi lado haciendo ruidos con su dentadura y Bonnie—ah, la risa de Bonnie—en el asiento de atrás con las piernas bamboleando de un respaldo a otro y pidiendo ostensiblemente la parada de la meada.

Al fin lo hago, con chirriar de frenos y derrapaje en el chinarrillo, saliéndome en un albero con dos pinos frente a un robledal tupido. Recuerdo bien el sitio, cruce de caminos y mucho boscaje en el fondo. Bonnie se apea y se agacha para hacerlo con descaro, a ojos vistas. Clyde camina por entre los árboles silbando y manoteando mosquitos. Yo me quedo estático, suspenso, siguiendo los fosforescentes, cortos, vuelos de las luciérnagas y oliendo el motor y las ruedas del coche. En el asiento de atrás brillan las cachas de un revólver y el objetivo de una cámara de fotos. Miro la luna en lo alto y pienso que ya he estado aquí antes…o ha sido después? Hace muchos años, o dentro de muchos años. Aspiro profundamente y me llega un acre olor a quemado, goma de ruedas. Pero no puede ser del coche porque estoy a su lado. Viene de la dirección del pueblo que dejamos atrás. Cuatro casas. Itasca se llamaba, creo recordar. Extraña sensación la de estar en este lugar. Me acordaré de este sitio.

B & C…dos pinos…quizás sea esta una foto de aquella mañana.

B & C…dos pinos…quizás sea esta una foto de aquella mañana.


Como si flotase a media altura, el olor se desvanece poco a poco en dirección a la casa del porche, al estudio. Sentado aquí, en esta noche al igual que tantas otras, a solas con mis pensamientos; con recuerdos de aquí, de allá, de cómo sería este rincón del mundo cien años atrás. Si los dos pinos al frente quisieran hablarme. Las luces de un coche me enfilan de largo y pasan dejándome deslumbrado por un instante. Arrastran consigo todos los ruidos y el lugar se aquieta. Persisten los olores…Cien años hace que Bonnie and Clyde, y su chófer, a punta de pistola y escopeta, atracaron el banco de Maypearl; el banco que ya no existe, en una mañana caliente y luminosa, después de pasar la noche, en su coche, en algún lugar cercano al pueblo.

Luisma, Maypearl (TX) 14 de Julio del 2014

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