Waxahachie

“…o ponerte en cuclillas, al estilo indio norteamericano, encima de una roca”                 (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo Ramírez)

“…o ponerte en cuclillas, al estilo indio norteamericano, encima de una roca”
(Foto: Luis Jiménez-Ridruejo Ramírez)

Te puedes sentar o ponerte en cuclillas, al estilo indio norteamericano, encima de una roca, en alguno de los pocos lugares altos que por aquí vas a encontrar. Esto es pura pradera, la gran pradera, la de los búfalos, y en estos tiempos ya hay que echarle una imaginación calenturienta para fantasear con un cortejo, una banda, una fila india, caminando estas dilatadas distancias de hierbas eternas y cielos altos y luminosos. Pensar que antes de la “conquista” no conocían el caballo; y que con él vinieron la posibilidad del traslado rápido y las gentes que iban a ser su perdición. Verás lo que ellos vieron, un sendero siempre por hacer, para unos, y un océano de hierba para aquellos que ya habían visto los de agua, desde la pobre altura de las cofas y las jarcias de sus carabelas. Más, en cualquier caso, de lo que pudieron nunca soñar.

Todo esto, vivir en Maypearl (TX), setecientos habitantes diseminados por la pradera y las “cuatro casas” del pueblo, puede parecer muy bonito. Su carretera/calle principal, y casi única, da la impresión de algo recóndito, pequeño, tranquilo, silencioso y alejado del tráfico y la barahúnda ciudadana. Y la verdad es que sí, el pueblo es todas esas cosas y sobre todo tranquilo. Todo muy bien, pero, cuando necesitas vituallas, que no sean solo sota, caballo y rey; cuando te “aparecen” piedras en el riñón y necesitas el hospital; cuando tienes que comprar pinturas y lienzo o herramientas de cierta sofisticación; o pasar por el Banco, comprarte “toda” la farmacia, ir a un restaurante…entonces, necesitas un pueblo grande o una ciudad pequeña. Ahí, aparece: Waxahachie (TX) con sus treinta mil habitantes y a dieciséis kilómetros. Cerca, pero lejos; lejos, pero cerca.

Waxahachie, 1929 “…cruces de ferrocarriles. Una especie de Medina del Campo en la soledad plana de la pradera tejana.”


Una carretera comarcal, la FM 66, te lleva directamente hasta el pueblo grande, donde tienes un poco de todo y pierdes todas esas sensaciones gratificantes que adjudicas al pueblo pequeño. Waxahachie es un poblachón fundado a mediados del siglo XIX, por culpa de los cruces de ferrocarriles. Una especie de Medina del Campo en la soledad plana de la pradera tejana, caliente y húmeda en verano y medio fría en invierno, clima subtropical y horizontes caliginosos. Según mi propia definición: estamos en el puro vértice de la V en la que bajan los fríos del noroeste, y donde chocan con las bocanadas de calor tropical que suben del Golfo de México, y es donde la mezcla “dobla” al este-noreste a dulcificar el clima de los otros estados del sur. Un protagonismo más o menos inventado por mi. La verdad es que si en Maypearl no pasa nada, en Waxahachie pasan muy pocas cosas.

Uno se pregunta quienes serían los pobladores de este sitio en 1491, si es que el sitio estaba poblado, que parece que sí, antes de que Colón trajera paulatinamente europeos, empujándolos hacia estas tierras y sobre todo hacia aquellas que se parecían más a España, climática y geográficamente; es decir, Florida y California. Indicios hay de que fue más bien zona de nomadeo y paso, aunque algunas tribus indias, de diferentes idiomas, estuvieron por épocas asentadas en estas praderas. Quizás esto explique que los “autores” no se pongan de acuerdo en el significado, evidentemente indio, del nombre de Waxahachie. Depende de si se usan los idiomas de los Wichita, o de los Coushatta, o de los más antiguos Tonkawa, e incluso de los Apaches, cuyo extenso territorio cubre un espacio en el que “cabrían” España y Francia y que se inicia “relativamente” cerca de aquí, a unas cuatro o cinco horas en coche hacia el oeste. El caso es que el nombre puede significar: arroyo del búfalo, o de la vaca, o del monstruo. O también: rabo del ternero; e incluso: gato salvaje gordo. A saber.

Waxahachie, hacia 1905 “…uno quiere encontrar algo, una particularidad, un anecdotario, una historia…”

Waxahachie, hacia 1905 “…uno quiere encontrar algo, una particularidad, un anecdotario, una historia…”


Saber que ha pasado en este pueblo antes y después de 1491, uno quiere encontrar algo, una particularidad, un anecdotario, una historia, alguna epopeya del “Oeste”, algún drama en el pasado, el equivalente del crimen de Cuenca, o los amantes de Teruel, algo que justifique el escribir un poco más largo y tendido. Nada. La tradición oral es mortal, no existe. Una lectura somera de lo que por aquí te cuenta la gente y lo poco que sacas en conclusión de una investigación superficial, la única posible y necesaria, te lleva a pensar que Waxahachie no es mucho más que tres entradas de autopista, un poblachón sobredimensionado y un grupo de gentes que miran por su subsistencia, la realidad de la vida.

Esto es Texas, una enormidad, y cabe todo. No muy lejos de aquí recuerdo que, hace años, en una carretera comarcal encontré tres pueblos seguidos, Moscú, Cairo y finalmente Bobo, ninguno de ellos de más de trescientos habitantes. Quizás en el futuro se me ocurra escribir algo diferente, usando este trampolín, pero ya tendrá que ser una ficción.

Luisma, Waxahachie (TX) 24 de Septiembre del 2014

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