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Retrato de pintor (XII)

“Si estoy más de una semana sin pintar, me aburro.”

“Si estoy más de una semana sin pintar, me aburro.” (Jean-Michel Basquiat}


La primera vez que supe de Basquiat fue en algún momento, ya mediados los ochenta del siglo pasado. Quiero recordar que fue por su colaboración con Andy Warhol en una serie de pinturas conjuntas. Warhol hizo un montón de variaciones del símbolo olímpico de los cinco aros, por los juegos de la ciudad de Los Angeles. Casi todos con los colores primarios originales y Basquiat respondió en aquel diálogo pictórico conjunto con una máscara negra, y rellenos también en negro, en uno y su estilo grafitero en otros. Era su homenaje, natural, a todos los atletas olímpicos negros y a mí me sirvió para establecer contacto visual con la obra del artista neoyorkino. Dos cosas me interesaron rápidamente: el colorismo de su pintura, y el hecho de ser negro, nacido en Brooklyn, creo que fue el primero en la élite del arte moderno. Así mismo, la constatación de algo claro: mi imposibilidad de pintar de esa manera. Ni siquiera lo he intentado nunca, aunque admiro grandemente ese tipo de pintura. Algo para lo que jamás he tenido valentía.

Basquiat empezó haciendo grafiti en New York, en realidad si quieres hacer grafiti, New York es el mejor sitio para empezar y hasta incluso para terminar. Los primeros tiempos de grafitero de Basquiat, en asociación con el “escritor” Al Díaz y bajo el ‘tag’ (‘etiqueta’, firma): SAMO, fueron el principio de su proyección y su forma de darse a conocer. Vendía camisetas pintadas y dibujos tamaño postal por las calles de Manhattan. SAMO era la firma conjunta de los dos grafiteros pero Basquiat siempre tuvo muy claro el porqué de esta actuación, el dónde iba con ello y su incursión en el arte urbano. Tenía que llamar la atención en un lugar—New York—y en un momento específico en el mundo del arte moderno. Se trataba de darse a conocer. Más tarde supimos lo que aquellas siglas querían provocar: SAMO = “same old shit” ( en español: “la misma mierda”), ‘lo de siempre’, es decir: quiero ser revolucionario, pintar lo que me dé la gana, que todo el mundo me adore, clamar en contra del ‘poder establecido’ y el “mainstream” y… ah, por favor, que me paguen por mis cuadros más y más, y más. Lo cortés no quita lo valiente, me gusta su pintura, no su figura. Puedo distinguir su arte pictórico de sus ‘artes’ de triunfador a la moda.

Basquiat:“No soy un artista negro, soy un artista.”

“No soy un artista negro, soy un artista.” (Warhol/Basquiat, pintura conjunta)


De Jean-Michel Basquiat había oído hablar y visto reproducciones fotográficas, de sus cuadros, a través de alguno de mis profesores en la facultad de Bellas Artes, corría el año 1984. También, por mis compañeros mejor informados—en el ‘quién es quién y que es lo que está haciendo’—, coincidiendo con su eclosión en el contubernio internacional de la pintura de esa época. Bien es cierto que en aquél entonces yo también había ‘descubierto’ a un pintor americano que me interesó más que ningún otro, y que influenció mi propio quehacer y aún hoy, y siempre, lo sigue haciendo. Me refiero a Richard Diebenkorn, abstracto y expresionista californiano. Un grande ‘poco’ conocido del ‘gran público’. Pero, volvamos a Basquiat…se movió bien en ciertos medios de aquella época, apareciendo en televisión local con: Gray—su grupo de rock—. Curiosamente, su libro de cabecera y su ‘bíblia’ para aprender a dibujar y buscar inspiración estética había sido, desde muy pequeño, una “anatomía de Gray” que le regaló su padre.

Hizo de todo por despuntar y darse a conocer. Intervino en algunas películas de cine independiente y su horizonte cambió dramáticamente cuando una noche presentó muestras de su arte, en un restaurante, a Andy Warhol que quedó sorprendido de su genio y de la forma en que se comportaba. Más tarde colaboraron artísticamente. Su primera exposición de pintura en solitario fue en 1981 y súbitamente empezó a tener un gran éxito. Fue muy bien recibido y ponderado por la crítica. Rápidamente pasó a exponer en Europa. Sus apariciones en público empezaron a ser celebradas y sus “boutades” a salir en periódicos y revistas. Un ejemplo: a menudo, pintaba vestido de carísimos trajes de Armani y hasta aparecía, luego, en público con esos trajes salpicados y manchados de pintura. Su figura era rematada por una especie de radiantes mechones “rasta”, de espesa cabellera negra y por el uso de maquillaje.

Basquiat:“Créase o no, realmente soy capaz de dibujar

“Créase o no, realmente soy capaz de dibujar” (Jean-Michel Basquiat, sin titulo)


Los ochenta fueron años triunfales para Jean-Michel, pero también fueron al final los de su adición a la heroína, ello empezó a interferir en sus relaciones personales y acabaría por llevarlo a la depresión y la muerte por sobredosis. Era agosto de 1988 y se truncaba una fantástica carrera. Fue en su estudio neoyorkino y solamente tenía veintisiete años. Dos años más tarde, en mi primera visita a New York, dediqué toda una tarde a callejear por ciertas vias y rincones de Brooklyn en busca de obras de famosos grafiteros que se hubieran, al menos temporalmente, salvado de la ‘limpieza’. Estaba en el paraíso y en el mejor momento del grafiti. Encontré cosas magníficas, pero no pude encontrar ninguno de SAMO, cinco años en aquellas paredes parecían siglos. El ocupa puesto en mi imaginación y mi santoral pictórico. Hoy he consultado la valoración actual de las pinturas de Basquiat: entre los diez y los quince millones de dólares por cuadro. La mayoría de su corta obra existente está en colecciones privadas.

Luisma, Maypearl (TX)   29 de Enero del 2015

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Atardecer mágico en la ventana trapezoidal

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo Ramirez

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo Ramirez

Es como si el cielo ardiera de arriba abajo, como unas montañas rojizas y anaranjadas colgadas dramáticamente, boca abajo, sobre los edificios azul pizarra recortados sobre un fondo amarillo y verde-pálido que ahora cambia, lentamente, a un gris brillante como de agua profunda de pozo. Las gotas, pocas y en ráfagas que parecen manotazos en los cristales, se tiñen de verde-hoja al terminar de resbalar sobre el plano.

Mientras tanto, los pináculos piramidales de la catedral-oficina se encienden de blanco suave, el irreconocible signo se ilumina de azul néon-crema y con los tres verdes fuertes acompañando los puntos rojos cimeros parece señalar la miríada de rectangulares ventanas amarillas, casi doradas, cegadas a primera impresión por la fuerza de la cúpula brillante a su lado, como una lámpara novecentista de cuentas colocada al revés, igual que las nubes montañosas que van ardiendo de más a menos, asemejando el incendio de un virtual, soñado, bosque de pinos albares.

Es como si el incendio del cielo se fraccionara en franjas radiantes de un rojizo que se va apagando de arriba abajo, como si el diamante luminoso que lo producía se escondiera detrás de un macizo telón colgado del revés, gris oscuro de plano liquido, poco a poco ganado por el verde amarillento del fondo total. Allá arriba, arriba del todo, empieza a vislumbrarse el color noche, que no me atrevo a definir y que al final sé que ganará la partida. Como cada día que se precie de serlo.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo Ramirez

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo Ramirez

Se acabó. Fueron unos pocos minutos, o quizá muchos. La música era mágica, Mozart y Pink Floyd sonando al mismo tiempo y no había problema, acuerdo total.

Luisma, Pittsburgh 2008

[originalmente colgado en enero del 2008]

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