El entierro del Español

Marfa, Texas: In the middle of nowhere

Marfa, Texas: In the middle of nowhere.


Aquella mujer con pinta de tejana, de botos y armas tomar, y llevar, me estaba indicando con el dedo índice de su brazo extendido hacia un parterre, con unas pocas flores medio secas, delante del aparcamiento de la escuela. Era una cruz de madera vieja y deslucida, clavada en una hierba milagrosamente verde. “—Ahí esta enterrado el Español—“ dijo, hasta dos veces, creyendo que yo no lo había entendido, aunque su inglés era muy claro. Estábamos en Marfa (Texas), año 1990, en lo que los americanos llaman: el Far West Texas, el lejano oeste de las peliculas, un pueblo en pleno desierto tejano, a treinta kilómetros al sur de Fort Davis, uno de aquellos fuertes del principio de esta nación, como ellos dicen: “In the middle of nowhere” (en español: en el medio de la nada, literalmente). En pocas de nuestras palabras: en el quinto c…

Un pueblito ralo, a trescientos kilómetros del aeropuerto más cercano y a cien de la frontera con México. Paso obligado para visitar el Parque Nacional del Big Bend, de edad orogénica más o menos como la Sierra de Gredos o los Alpes, aunque más pequeño y menos alto, pero igualmente delicioso. Porqué Marfa y como, y que hacía yo allí? Fácil, me acababa de casar hacia unos días en Houston y esto era una parte de mi viaje de novios, con una particularidad: mi reciente mujer se había quedado en la gran ciudad, y yo estaba haciendo el dichoso ‘viaje’ con un amigo y un montón de armas de fuego. Atravesando todo Texas, de caza y a tiro limpio, un sueño para cualquier tejano.

La parte mas intrincada del viaje. Fort Davis, Marfa, el Big Bend…

La parte mas intrincada del viaje. Fort Davis, Marfa, el Big Bend…


La verdad es, que no me tenía que haber casado, por lo menos no esa vez, la segunda. Quien me mandaría a mí meterme en esos berenjenales? Como dicen en mi pueblo, en mi pueblo español; que en mi pueblo americano se referirían a meterse en esos barros, en esas malas hierbas o en el medio de los bosques. El caso es que me casé y como la novia ‘no tenía tiempo’ tuve que irme de viaje de luna de miel con un amigo y sus escopetas. “A falta de pan, buenas son tortas. Sancho, amigo”. Creo que ya lo he contado en alguna otra ocasión, fue un viaje de novios de caza y turismo, a todo lo largo del ancho del sur de Texas. De Houston hasta la línea del siguiente estado al oeste del Pecos, pasando por San Antonio, el valle del Rio Pecos, Langtry, Terlingua, el Big Bend, Rio Grande, Presidio, Marfa, Fort Davis y al final El Paso. Donde hicimos un par de incursiones gastronómicas al otro lado de la frontera. En una de ellas, en un reputado restaurante mexicano, cené una carne con salsa picante que a punto estuvo de mandarme al ‘otro lado’ (y no precisamente de la frontera), malísimo estuve hasta que pude vomitar, y al día siguiente, para rematar, una excursión en “Zodiac” por las aguas bravas del Rio Bravo, que así lo llaman los mexicanos al Rio Grande.

Aquel matrimonio duró ‘seis años y un día’ y de él solo recuerdo la luna de miel; mi pérdida de memoria es completamente selectiva. Un pavo salvaje, tres liebres y veintisiete palomas mexicanas, que vuelan más rápido que las españolas, recortan más y son más pequeñas. En eso acabaron mis tres jornadas cinegéticas del viaje, los gamos y los ciervos, ni verlos. Para calmar las ansias de disparo de armas de fuego de mi amigo tejano, tuvimos en alguna ocasión que parar en instalaciones de práctica de tiro, “shooting range”, abundantes en Texas, a fin de ‘entrenar’ el tiro con rifles, escopetas y hasta pistolas que llevábamos en el coche impunemente y con los debidos permisos, supongo. Todo ello para matar el ‘gusanillo’, vaya. Texas, siempre será Texas.

Pero, volvamos a Marfa, un pueblo pequeño que me iba a sorprender. Como Maypearl, el sitio donde vivo, Marfa empezó siendo un simple apeadero de tren, aquellos trenes que fueron construyendo este país y que iban avanzando todos de derecha a izquierda en el mapa, es decir del este al oeste. Algunos ranchos con ganado y las minas de plata cercanas, acabaron por evitar que se convirtiera en un pueblo fantasma más, con sus típicos matojos rodantes volanderos empujados por el viento, la clásica imagen de película del Far West. Y así pasó, Hollywood atraído por el magnifico y realista escenario del desierto tejano llegó un buen día, a la mitad de los años cincuenta, con sus estrellas, luces, cámaras y demás tropas técnicas a rodar una película en el pueblo. Usaron escenarios naturales, partes del pueblo; construyeron la ‘mansión’ del protagonista, es decir: su ‘fachada’ soportada por un entramado de andamios; por supuesto, las escenas de interiores fueron rodadas más tarde en los estudios Warner, en Burbank (California).

…con sus estrellas, luces, cámaras y demás…. Elizabeth Taylor en el rodaje de Gigante.

…con sus estrellas, luces, cámaras y demás… Elizabeth Taylor en el rodaje de Gigante.


Gracias a esta película Marfa se ganó el sitio en el mapa y al pueblo le quedó la leyenda del rodaje. La película fue: “Gigante”, un icono de la historia de la cinematografía. Elizabeth Taylor, Rock Hudson, James Dean, diez nominaciones al Oscar y uno concedido a su director George Stevens. Y sobre todo una fama imperecedera por su temática antirracista—eran solo los años cincuenta—y la ‘gloria eterna’ de uno de sus protagonistas, el malogrado James Dean, muerto poco tiempo después de acabar el rodaje en accidente de coche. Exceso de velocidad, la misma con la que fue elevado a la cima del Olimpo Cinematográfico. Cincuenta años después, Marfa ha reeditado su interés como lugar de rodaje, en el 2007 se hicieron allí dos grandes producciones famosas, candidatas y ganadoras de Oscars: There Will Be Blood y No Country for Old Men.

“—Algo debe tener el aire y la luz de Marfa—“ le decía yo ya entonces a mi interlocutora, que me contaba historias del pueblo, allí mismo, frente a la escuela donde ella daba clases. Seguía señalándome la cruz de madera clavada en el jardincillo. “Aquí enterraron el Español”, según ella: un año antes de que vinieran ‘los del cine’, una de sus antecesoras, maestra de inglés en los años cincuenta, ‘invitó’ a sus niños a enterrar sus cuadernos y un diccionario de español en el jardín delante de la escuela; a partir de aquel momento y durante largos años, quedaba dormido y desautorizado el estudio de la lengua materna de muchos de ellos. Una generación y las que siguieron detrás ya nunca volvieron a estudiar, ni hablar, el español. Tan solo cuatro palabras con sus abuelas. El tema de la película “Gigante” se hacía dolorosamente real.

Descanso en el rodaje de “Gigante”. James Dean con dos niños de Marfa.

Descanso en el rodaje de Gigante. James Dean con dos niños de Marfa.


Hace un mes ví en TV un documental sobre Marfa y los niños del pueblo que participaron en el rodaje de “Gigante”, ya de mayores, casi todos ellos méxico-americanos, y allí apareció ‘mi amiga’ la maestra, desenterrando frente a la cámara al “Español”, el pobre diccionario después de tantos años enterrado, seguía en buen estado, el idioma no creo que tanto. Dicen que lo hispano, lo ‘latino’, avanza en este país al ritmo de los millones de población que aumentan; yo no veo que se hable tanto nuestra lengua, aquí la vida es en inglés. Veremos si no llevan al “Español” otra vez a la sepultura, bastante perjudicado está ya de por sí en estos lares…

Luisma, Maypearl (TX) 27 de Abril del 2015

P.S. …El español en los Estados Unidos no es un idioma, es una excusa comercial, patrocinada y ‘fabricada’ por los que viven de ‘ello’ y permitido por altas instancias en busca de absorber y manejar doce millones de nuevos votos electorales, de votantes que lo hacen realmente en inglés.

Preguntas/Questions?   Contact