A vueltas con el SSC

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)


Algo había pasado, o quizás fuera más bien que algo iba a pasar. El lugar tenía el aspecto de ambas cosas. Había una atmosfera rara, ni frio ni calor, pura templanza de la primavera tejana. No olía a nada porque la pradera, normalmente, no huele a nada. Lo más extraño es que no había visto ningún cartel, ni señal, ninguna marca en el suelo, nada. Desde que dejé la carretera más grande, una comarcal llena de badenes y charcos de las últimas lluvias, tormentas; brillaba por su ausencia cualquier tipo de indicación. El camino era único, sin opciones, sin vallas, tal como me habían dicho, solo recordaba a la salida de la ‘general’ un depósito de aguas, la típica esfera sobre un puntal troncocónico, sin nombre pintado en ella, solo dos o tres letras, quizás siglas, que no me decían nada.

Hacia ya más de diez minutos, o acaso no tanto, que conducía a moderada velocidad y realmente no sabía a que atenerme, me daba cierto apuro y vigilaba el entorno pensando y temiendo que me saliera alguien protestando mi presencia en una posible propiedad privada. Si es que lo era, pues ya digo que ni una señal lo proclamaba. Pero Texas es Texas y en cualquier momento te puede salir un tipo reclamando la cosa; y además armado, a veces con arma larga y corta, como los clásicos. El Winchester y el revolver, aquí, florecen en los maleteros de los coches. De pronto, a la derecha del camino, apareció una explanada de cemento al final de la cual se veían unos muros, parecían no tener ni puertas ni ventanas, se asemejaban a ciertas fortalezas medievales.

Aquello tenía todo el aire de una construcción industrial con cierto aspecto de gran diseño que habría sido moderno cuando se erigió. No parecía tener ningún tipo de tejado, podrían ser terrazas y en uno de los varios bloques apercibí una manga de helipuerto. Corté el motor del coche y eché pie a tierra. Al llegar cerca de los muros empecé a moverme lentamente, tratando de escuchar posibles ruidos, voces, algo que significara presencia humana. Las construcciones parecían plenamente terminadas, pero no había vestigios de urbanización, ni calles, ni aparcamientos. Me di cuenta de que ni allí, ni en lontananza, se veía ningún árbol, solo vegetación rala. El terreno era una gran depresión con aquellas edificaciones en el centro. Todo tenía un aire de cráter lunar, o de cantera o mina exterior abandonada. El silencio era tan duro que estaba hablándome a mi mismo en voz alta.

Pero allí había pasado algo, o quizás iba a pasar, no podía discernir entre las dos sensaciones. Lo ominoso era la falta de señales, de avisos, el no saber a que atenerte, nula información. Decidí rodear aquellos cubículos edificados en busca de algo, una explicación que presumía conocer, sin detalles, y que se mostraba impenetrable. Nada de esto me habían advertido al decirme como llegar hasta donde ya estaba. Eso si, estaba avisado: “allí no hay nada, no queda nada, cuatro edificios cerrados y una de las bocas de entrada al túnel…nada que valga la pena.”

“El agujero que hicimos en Texas”

“El agujero que hicimos en Texas”


Lo que yo buscaba, si es que era aquello que había encontrado, eran vestigios o huellas del famoso SSC (Superconducting Super Collider) el acelerador de protones mas grande del mundo y cuya construcción se paró ‘políticamente’(en la administración Clinton) cuando ya se llevaban gastados dos billones de dólares (!!) de un presupuesto de doce, para dar más dinero a la NASA y potenciar otros varios proyectos. Era después del final de la ‘guerra fría’ y ya no era necesario enseñar a los soviéticos quien ‘meaba más largo’. Cerré los ojos recordando lo que hubiera sido este proyecto terminado. Bajo mis pies se iniciaba una horadación tremenda, un túnel inmenso, enorme, en forma de pista de atletismo de un monstruoso estadio con un anillo de 87 kilómetros de largo y variados diámetros, todo ello a unos sesenta metros de profundidad bajo tierra y con acceso en varios puntos de su recorrido. Solo imaginarlo es fantástico.

Cuando el faraónico proyecto se paró, se habían ‘construido’ 24 kilómetros de túnel y cuatro enormes edificios de laboratorios. “El agujero que hicimos en Texas”, así lo llamaron…pero, que iba a ser el SSC…? Un acelerador de partículas cuyos contrapuestos haces de protones chocarían entre si a velocidades inusitadas, produciendo partículas evanescentes en las colisiones. Microscópicas partículas que nos harían comprender mejor las energías y por ende la evolución del universo. Entender y manejar las fuerzas que gobiernan el cosmos. O algo parecido. A mi todo esto me parece un sueño fantástico e incomprensible. Dos anillos concéntricos de super tubería metálica, 38 mm. de diámetro y 87 km. de circunferencia. Haces de protones moviéndose al choque en direcciones opuestas, circulando por senderos precisos dentro de unas tuberías al vacío, guiados por 10.000 poderosos superconductores electromagnéticos, mantenidos a una temperatura cercana al cero absoluto.

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)


Esas mismas partículas que hace una semana y con un montón de años de ‘retraso’ parece que han encontrado en el Large Hadron Collider de Ginebra, el equivalente hermano pequeño que construyeron los suizos. Las partículas que fueron predichas por el equipo científico que debería haber trabajado en el SSC tejano. Años de avance que se perdieron ‘políticamente’, y lo que es peor, el frenazo de un compromiso tecnológico de excelencia, cultural, intelectual y educacional. Una pena. Un paso atrás, algo que este país no acostumbra a hacer. Es difícil darle la espalda a una idea semejante…arranqué el motor y miré el contador del coche, estaba a doce kilómetros de mi casa.

Luisma, Maypearl (TX) 19 de Julio del 2015

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