Monthly Archives: December 2015

Las cartas italianas, parte IV y final

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— Luigi, Luigi! Que haces?
— Escribo una carta.
— Te pasas el día escribiendo cartas y eso no da de comer! Vas a perder la poca vista que te queda!

…Mi señor Giovanni, perdonad mi atrevimiento al volver a dirigirme a su señoría. Mi nombre es Luigi, de la familia Dorante, a vuestro servicio, asentada en el municipio de Vinci. No me atrevería a dirigirme a vos si no fuera por las crueles circunstancias que me acontecen. De un tiempo a esta parte he venido quedándome casi ciego de los dos ojos y se me hace difícil procurarme mi propio sustento.

Sabed que yo era pintor, artista, estudiante al amparo de nuestro señor el maestro Leonardo, afamado en muchas cortes y que vos recordareis bien pues trabajó para vuesa merced en fausta ocasión, hace ya algún tiempo. Infelizmente, y para mi desgracia, la falta de vista me tiene en un estado de postración económica que se me hace muy difícil sobrellevar, y es por esto por lo que me atrevo a dirigirme a vos.

A la muerte del maestro, mi señor, por motivos familiares que no hacen al caso, recibí alguna de sus pertenencias que me han permitido subsistir hasta este momento. El siglo va entrado, y guerras y hambrunas han ido desapareciendo de nuestros estados. La situación, sin embargo, se me ha vuelto desesperada y tengo dos bocas, a más de la mía, que sustentar. Los dineros se me achican a marchas forzadas y algo me veo abocado a resolver.

Entre las cosas que el maestro me dejó al morir, aparte de algunas pequeñas huertas, se encuentran algunas pinturas y códices llenos de dibujos. Una de esas obras, es un retrato de vuestra muy digna esposa en su juventud, y que Dios conserve muchos años. La pintura es magnífica, es una cabeza y torso con sus manos reposando una sobre otra y todo ello con el fondo de un paisaje que se os hará seguramente familiar. Su estado de conservación es perfecto y por ello os la ofrezco en venta, por un razonable precio que acordaríamos en una próxima visita mía a vuestra honorable casa.

Tengo a un mercader francés, a mis alcances, interesado en la pintura, pero su precio y sus maneras no me convencen. Aunque sé que el cuadro ya fue apreciado, en su día en aquella corte, más prefiero saber de vos y vuestro interés antes de caer en sus manos. No quiero molestaros en demasía, señor, y de no mediar una comunicación vuestra, me propongo visitaros lo antes que me permita el delicado estado de salud en que se encuentra uno de mis hijos. Dios guarde a vuesa merced muchos años y os conceda la felicidad…

(Fin de las “cartas italianas”. Extracto de los borradores de unas cartas encontradas en mis últimas vacaciones, el año pasado en Italia. Me saltaron a los ojos, revolviendo papeles en un viejo baúl. Hacia calor, era la hora de la siesta y estabamos en el ático de una casa de labor, a las afueras de Montecatini Terme, no muy lejos de Florencia)

Luisma, 29 de Diciembre del 2015

[Originally posted in June 2009]

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Las cartas italianas, parte III

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— La cena estará lista pronto, ve acabando lo que estás haciendo!
— Ya sé, ya sé! Un poco de paciencia, por favor!

…Luigi, Luigi, no es nadie, es simplemente la esposa de Giovanni Giocondo, un comerciante…Aunque he de reconocer que tiene algo, algo especial, no sé el qué…recuerdo que usé dos modelos para esa pintura; ella misma y un jovencito que me servía y que, desgraciadamente, murió a poco de unas fiebres malignas, lo recuerdo bien. Quizás debería conservar este retrato. Le vendí a su marido otra pintura de ella, de cuerpo entero y este retrato, que estaba a medio hacer, no pareció interesarle.

Si te gusta de esa manera lo terminaré en honor a ti. Otro tanto, nunca se sabe que ojos estarán interesados en contemplarla. A los franceses seguro que les gustaría, ellos y los españoles divinizan a la mujer. Me dicen que su rey gusta de mis pinturas y quiere verme, aunque yo estoy cansado, muy cansado…Me gustaría no tener que ir y quedarme aquí, en Vinci, con vosotros, con la gente que no me dá problemas. Iré, no queda más remedio, Paris es muy atractivo y tiene una gran colección de pinturas en ese maravilloso palacio real. Es una gran oportunidad de contemplar las cosas de los maestros antiguos, se aprende mucho de ello.

Lo que menos me agrada de la idea es tener que aguantar a ese rey Francisco, ya tuve ocasión de conocerle cuando visitó al duque, nuestro señor; y no me gustan ni su mirada, ni su sonrisa falsa. Me molesta grandemente su ironía hacia nosotros, y estando aquí en nuestro país. Mira como no lo hace con los españoles, que lo derrotaron dos veces y lo tuvieron preso! Pero, te estoy aburriendo con mi verborrea, mi querido Luigi…Y siguió tan buen hablador como siempre…

Ah! Tienes que mostrarme alguno de esos dibujos y pinturas que haces. Tengo entendido, me lo dice tu hermana, que tienes afición y se te da bien. Si alguna vez decides abrazar este difícil oficio, siempre tendrás mi mejor ayuda, mi cariñosa y sin embargo, aguda crítica; con todo lo que hagas y lo que no hagas. Sobre todo, querido, nunca olvides que el oficio y la técnica pictórica son, siempre y en el mayor grado, necesarias, aunque no suficientes. Hay algo que debe primar por encima de todo.

Lo verdaderamente importante es tener algo que decir y decirlo con tu arte. Trasmitir la belleza, toda la que seas capaz, con naturalidad, simplicidad y honestidad. Procurar excitar el gozo de las personas que admiran tu arte. Pinta con justeza y sin desvaríos, rechaza lo espectacular y lo que premia los bajos sentidos y busca siempre lo auténtico, lo verdadero. Recuerda que a la primera y principal persona que debes convencer con tu arte es a ti mismo. Sé tu más feroz crítico y a los otros, escúchalos y siempre haz lo que te plazca. Y ya termino y te dejo en paz, realmente sospecho y creo que te estoy aburriendo y molestando y…Nada mas lejos de mi intención!

Que poco se da cuenta, el maestro, de lo mucho que me place escucharle!

Luisma, 29 de Diciembre del 2015

[Originally posted in June 2009]

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Las cartas italianas, Parte II

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— Luigi! Ese niño! No me gusta ese silencio, vigila a tu hijo!
— Estoy en ello, estoy en ello!

…La he visto, la he visto! Y valía la pena verla, a fe mía! Hoy, con la excusa de entregarle un correo que llegó muy en la tarde, he subido hasta la casa y el criado me ha invitado a esperar a su señor en el salón contiguo a la entrada. Siempre he sentido curiosidad por las cosas de este hombre raro y, sin embargo, atractivo. Encima de la mesa había un montón de rollos y papeles con dibujos, a más de un reloj de arena, de cristal y sin máculas, con un interior increíblemente nítido de arena azul, que solo Dios sabe de donde vendrá! Todo ello, rollos, papeles, reloj, me atraía enormemente pero no osé tocarlo.

De repente, en la alcoba contigua alcancé a ver un pequeño caballete, de los que se utilizan para viaje o para pintar al aire libre de los jardines. Estaba arrinconado y cubierto por un lienzo, aunque se notaba que debajo había un cuadro, no muy grande. Me acerqué con cuidado y allí estaba ponderando si atreverme a tocar el lienzo cuando, al pronto, mi señor Leonardo entró en la estancia y, con sus agradables maneras de siempre, me saludó afectuosamente. Turbado, le alcancé el correo que ya casi había olvidado; me lo agradeció y ni siquiera se paró a romper el sellado, abandonándolo encima de la pila de papeles que cubrían la mesa.

—Gracias, querido Luigi, lo veré después…Que grande estás! Tienes que saludarme a tu madre, fue una de mis mejores modelos, siempre me han gustado las modelos como ella era entonces: núbil, joven, preciosa! Que puedo hacer por ti, mi Luigi? Dijo, observando mi rostro interesado. Sabes que te considero como a un hijo.

—Señor…Maestro! Me gustaría ver, admirar, ese retrato del que me han hablado los chicos, el que tenéis casi terminado, el de la mujer pensativa. Por favor, maestro!

—Esta bien, Luigi…Aunque no me convence demasiado, estoy pensando seriamente en destruirlo, como tantos otros, no consigo darle la vida que quiero, la realidad…Despacio, con su media sonrisa irónica, le quitó el lienzo y…Allí estaba, la vi, aquella mujer, aquel ángel!

—Maestro, no podéis, no debéis destruir esta pintura, es celeste, es terrenal, nunca había visto nada parecido! No puedo dejar de mirarla…Quien es, señor?

Luisma, 2 de Diciembre del 2015

[Originally posted in June 2009]

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Las cartas italianas, parte I

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— Luigi! Luigi! Que haces?
— Ya voy, un poco de paz, estoy escribiendo una carta.

…En el pueblo la humedad de este verano está siendo mayor, mucho más que otros agostos. El tiempo esta loco. Y hace ya años que esto dejó de ser un misterio. Ya nadie habla del cambio de clima. Estos días solo se habla del arte o del oficio de pintar, ese complicado asunto en el que un hijo del lugar destaca, lo suficiente para hacerse un nombre en la corte y que la gente hable de sus obras.

Ayer llegó de nuevo, hacía tiempo que no venía y menos para pasar una larga temporada entre nosotros. Dicen en la ciudad que ha estado enfermo de cuidado y que las fiebres le acompañan. Aunque no está muy claro que puede haber sido, la palidez de su cara es acusada y ya no se mueve con la misma agilidad con que solía. Parece ensimismado y pasa el tiempo observando a los muchachos jóvenes que juegan al calcio en la plaza. Con la espalda encorvada y el mentón hundido entre sus manos, su silencio es acongojante. También, acaricia a los animales, algo que antes no hacía tan ostensiblemente. Aunque siempre lleva consigo las tablillas y los crayones, no pasa tanto tiempo dibujándolo todo, como siempre hizo.

Los dos chicos que le ayudaron a bajar sus cosas de las dos carretas, hablan de un cuadro a medio componer, casi terminado y que él, después de desembalarlo y contemplarlo durante más de una hora, como si no lo conociese o hiciera tiempo que no lo viera, dio en cubrirlo con una sábana de hilo y arrinconarlo lejos de los efectos de la chimenea. A estas alturas, verano entrado, las noches todavía son frías y la casa ha estado vacía más de dos años y tiene humedades retrasadas, por falta de ventilación.

Tengo ansiedad y ganas de ver ese retrato del que me hablan Piero y Nicola. Dicen que es una extraña joven, con un peinado lacio y cuidado como el de otros retratos que he visto de jóvenes de la corte ducal. Probablemente será una señorita de la ciudad, hija de algún prohombre, o una dama joven de posibles. No todo el mundo puede permitirse el lujo de pagar al maestro. Me come la curiosidad porque según ellos, que lo vieron, la mirada era de ternura e incluso creyeron ver alguna lágrima que brotaba de sus ojos. Quien será?

Luisma, 14 de Diciembre del 2015

[Originally posted in May 2009 on Dust, Sweat and Iron]

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Control…Control

“…el tipo se subió a la torre de la universidad con tres rifles, dos pistolas y una escopeta recortada…”

“…el tipo se subió a la torre de la universidad con tres rifles, dos pistolas y una escopeta recortada…”

Los americanos, tan aficionados a la velocidad y la agilidad en los deportes, resultan lamentablemente lentos, o pausados, sin resortes de ágiles deportistas—en su gran mayoría—cuando de conducir sus propios coches se trata, en lo que es la vida diaria y la conducción consuetudinaria. A veces hasta el punto de ponerte de los nervios y, como mínimo, notar esa lentitud en calles y carreteras. Tanto que cuando ves a alguien rápido y chispeante lo aprecias inmediatamente y lo comentas con quien esté cerca, en tu coche y al tanto del tráfico que te rodea. Protestarles la morosidad no es una opción plausible porque te señalan el siguiente cartel de velocidad máxima o, simplemente, te muestran el famoso dedo de la ahora llamada ‘peineta’. Y con ella te quedas, pues iniciar cualquier tipo de confrontación puede llegar a ser peligroso en un país donde proliferan los cafres con ‘cofres’ de coche provistos de armas cortas o largas, llamadas de defensa y que pueden ‘salir a pasear’ por un ‘quítame allá esas pajas’ en cualquier momento.

Aquí en Texas, en Austin, la capital del estado y sede de su más famosa universidad (UT) hay una efeméride ya legendaria de un tirador solitario, no uno más sino el primero, que inició la histórica relación de esos trastornados que convierten el ponerse a disparar, en público, contra cualquiera y contra todos, en una situación desgraciadamente más que posible. Hace unos cuantos años, exactamente en agosto de 1966, una mañana cualquiera y con el país en plena guerra de Vietnam, el tipo se subió a la torre de la universidad con tres rifles, dos pistolas y una escopeta recortada; era un ex Marine de veinticinco años, que previamente esa misma mañana había matado a su madre y a su mujer. Por lo que se ve, y ya desde el primer caso, las mujeres tienen que ‘pagar el pato’ de las supuestas frustraciones de estos tipos.

Foto de un Posse Comitatus.  “El viejo, lejano y peliculero ‘Oeste’ sigue a la vuelta de cualquier esquina y en el corazón de los americanos.”

Foto de un Posse Comitatus. “El viejo, lejano y peliculero ‘Oeste’ sigue a la vuelta de cualquier esquina y en el corazón de los americanos.”

Empezó a disparar, con fría precisión, hacia las doce del mediodía y transcurrieron noventa y seis minutos hasta que un policía que se aventuró escaleras arriba lo abatiera. Durante aquel tiempo, este demente mató a quince personas, e hirió a treinta más, entre los cientos de estudiantes, profesores y turistas que deambulaban por el campus, a los alcances de la torre. La primera masacre de esta naturaleza en el país. El primer toque de atención a la proliferación de armas de fuego en poder de cualquiera con cuatro cuartos para comprarlas, incluido pistolas, revólveres, carabinas, rifles, escopetas de todo tipo y armas automáticas, metralletas con capacidad para disparar ‘riadas’ de balas. Todo un arsenal que se puede comprar con la simple presentación de un carnet de identidad o una licencia de conducir.

Podríamos pensar, ante una historia semejante, que hubieran ‘aprendido’ y que se hubieran creado unas cuantas leyes de control de armas de fuego. Bien, han pasado cincuenta años desde aquella tragedia en Austin y en lo relativo al control del gobierno, o de la ley, de todas estas amenazas de fuego, nada ha cambiado. Cualquiera puede tener el abastecimiento de un auténtico ejército en su propia casa, para ‘defenderse’ de todo el mundo, según dicen los turiferarios de estas libertades. Y a resultas, de vez en cuando se le cruzan los cables a algún imbécil, loco homicida, y se lanza a la calle a disparar a diestra y siniestra, matando a pobre gente que tiene la mala suerte de encontrarlo en su camino, o en su iglesia, universidad, gimnasio, escuela, cine…

Lentitud y pausa del tráfico en general, habría que reconocer que las cifra de percances automovilísticos es mucho menor que en otros países del mundo, comparativamente. Sorprende que el mayor número de accidentes se producen en los aparcamientos. Lo más impresionante de aquel día, con el tirador enloquecido disparando desde la torre de UT en Austin, fue que a unos diez o quince minutos del inicio de los disparos homicidas ya había un montón de rifles y armas respondiendo al fuego que venía desde la torre. Sin la policía presente todavía en el campus (los servicios del SWAT—patrullas de respuesta rápida— se crearon a partir de aquella experiencia, al menos algo se logró)…la pregunta es una sola: de donde salieron todas aquellas armas que retornaron los disparos de aquel loco? De los coches? De los armarios de las clases? Y no fueron uno o dos rifles, fueron decenas de ellos. Alucinante.

“… Con 306 millones de habitantes, ya ‘tocamos’ a más de un arma por cabeza.”

“… Con 306 millones de habitantes, ya ‘tocamos’ a más de un arma por cabeza.”

Hablando de números, como siempre en USA, cifras del 2007…habría unos 875 millones de armas ‘pequeñas’, esto incluye desde revólveres hasta ametralladoras ligeras. De estas armas 650 millones, un 75% están en manos de civiles; más o menos unos 270 millones en poder de gente común, no profesionales de las armas. Un ‘derecho civil básico’ de acuerdo con una gran mayoría de la gente. El viejo, lejano y peliculero “Oeste” sigue a la vuelta de cualquier esquina y en el corazón de los americanos.

Ultimas cifras actualizadas en el 2013: ese año se vendieron 16 millones de armas de fuego, es decir 45000 armas diarias (un 130% más que en el 2007) Esto actualiza el total de armas a 310 millones. Con 306 millones de habitantes, ya ‘tocamos’ a más de un arma por cabeza. Vamos bien…nos vamos a matar unos a otros, sin problemas.

Luisma, Maypearl (TX) 6 de Diciembre del 2015

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