De Santos Y Músculos

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Se me está yendo el “santo al cielo” o, mejor dicho, se me están yendo un montón de santos, una verdadera procesión. Como se decía no hace mucho: tengo un despiste de “mira y no te menees”, o tengo un rollo que “no me aclaro”. Y me vas a decir: ¿y a que viene todo esto? Pues viene a que, de vez en cuando, “se me va la olla” de una manera atroz, es decir, se me olvidan las cosas, se me difuminan los recuerdos, los olvidos hacen cola a la puerta de mi cerebro. Y algunas cosas se quedan en el limbo del haber sido, o no haber existido más que en mi imaginación.

Y lo fácil, es decir: ya está, es cosa de la edad, pero no parece que esta sea la explicación, al menos no la única. Estoy empezando a pensar que estoy, o que he estado ya tanto tiempo enchufado a esta realidad que las realidades pasadas se diluyen como si les atacara un ácido fuerte, el ácido del “agua pasada” o como si fueran fotografías de los tiempos anteriores a los fijadores modernos, así llamados hasta que les clavamos el puñal digital. A lo peor, es que lo son y a mi no me pasa nada que no me tenga que pasar de todas maneras. Y si no fuera así me gustaría que alguien sea tan amable de indicarme que se podría hacer para conservar los recuerdos un poco más, un poco más vívidos, un poco más tiempo. Alguien tiene que haber estudiado todo esto y alguna solución tiene que tener, los científicos han toreado en peores plazas.

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Porque si empiezo a hacer una relación de las cosas que sé, las que sé que son y que me pasaron, empiezo a correr el peligro de incluir las que no me pasaron, pero tantas veces imaginadas y contadas, que quieren tomar carta de naturaleza en las batallas de mi vida. Tampoco tengo muy claro el porque hay que recordar todo. Que bien repasar y repetir los buenos recuerdos pero que necesidad de hacer lo propio con los malos o los menos buenos y porque no poderlos condenar al ostracismo definitivo. Una pastilla del “a mí que coño me importa” me vendría bien, al fin y al cabo, sería una más de las muchas que tomo cada día para los múltiples achaques: tensión arterial, artritis, dolores dentales, dolores musculares, el corazón ha empezado últimamente a ponerse borde; de todos tengo para dar y regalar, docenas de pastillas diarias. En vista de lo cual, a cualquier cosa lo llaman deporte hoy día, me dedico a sentarme cómodamente a la puerta de mi casa a ver pasar cadáveres, como ya no me quedan enemigos empiezan a pasar los amigos, lo que tiene menos gracia, mucha menos.

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Sopitas y buen vino es lo que yo necesito para alimentar a esta novia, amante, puta secreta de los últimos tiempos, “la Depre”, que debe tener la explicación de todo. Como dice el Ángel, no el de la guarda, el poeta González: “ahora lo único que ya quiero es vivir.” Escrito nos lo dejó y ya que él no puede hacerlo, nosotros tenemos que vivirlo por él, mientras descansa ya en paz, espero. Vivir, lo que se dice vivir, no sé yo…moro o habito, aquí el único que vive es el padre prior, Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores, que hay que ver que conventos (palacios) tienen. Hay que ver que lujos. Contento estoy con mi piscinita y los bosques que amparan la casa y el estudio. La envidia es uno de los pocos pecados que nunca he tenido, la única falla o merma en mi retrato de españolito típico, si es que lo soy. Después de tantos años en las Américas ya nunca podré ser más un español tan…tan típico.

 “…tratando de vender el alma a quien sea…”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo


“…tratando de vender el alma a quien sea…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Toda esta tralla que te estoy dando en este post es una excusa para presentar alguna foto más de las que llevo hechas en este trabajo de “mi mundo en el nuevo mundo.” Ahora ya son miles, casi veinte mil, desde que llegué de vuelta a Texas. Mi mundo es un monstruo que me flagela por haber estado tanto tiempo sin producir. Hoy, la calidad es la que he conseguido a base de hacer miles de fotos digitales, y estudiarlas una por una. Calculo que habrán sido, hasta ahora, entre sesenta y setenta mil en todo mi recorrido fotográfico. Si te pones a pensar, no es tanto, quizás hasta hayan podido ser más, ahora ayudado por el costo de la técnica actual. Al dejar el futbol, una retirada a tiempo es una victoria, mantengo la musculatura con las caminatas y las ”gimnasias” de la fotografía. De músculos ya solo me queda que cuidar del—el corazón, coño, el corazón—los demás “como que se cuidan solos” que diría un madrileño castizo.

De la Fotografía, en fin, hemos tenido que aprenderlo todo, otra vez, procesos técnicos y hasta mentales; mi generación es más o menos la de la aparición del color, que tanto costó hasta que se consiguió una cierta calidad. Los que casi asistimos al nacimiento del celuloide, al paso de blanco y negro a color, con aquellas diapositivas que, en poco tiempo se iban al blanco y desaparecían, estamos tratando de vender el alma a quien sea, para ganar tiempo y tratar de ver lo que venga después del digital. Espero que no nos mate la curiosidad.

Luisma, Maypearl (TX) 26 de Octubre del 2017

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