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July 27th 2010
PSO y ONE

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               Fernand Léger, Les Trois Musiciens, 1932

Una de las cosas buenas que tiene la ciudad de Pittsburgh, y que la hace más presentable, es la Pittsburgh Symphony Orchestra (PSO). Reputada como una de las mejores orquestas del mundo actual. Es una gran atracción, a determinados niveles, para las clasificaciones de habitabilidad y atractivo entre las ciudades de este país. Todo esto es de palabra; la realidad es que la ciudad, o el público en general, no apoya como debiera a esta gran orquesta. Los conciertos casi nunca se llenan, solo cuando ocasionalmente viene una gran figura, sobre todo si es una celebridad popular. Lo normal es media entrada y dificultades para cumplir el presupuesto anual, que siempre tiene que salvarse con donaciones de las que desgravan impuestos, el gran truco americano para mantener la oferta cultural.

En el tiempo que llevo viviendo en Pittsburgh he asistido regularmente a ella; y siempre con mi abono de conciertos, los viernes por la tarde. Algunas actuaciones han sido memorables, recuerdo varios grandes directores artísticos, desde Zubin Mehta a Mariss Janssons. Actualmente, el director jefe es Manfred Honeck, austríaco y con una buena conexión energética y musical con la orquesta. Heinz Hall es la sala de conciertos, sede de la PSO, un teatro clásico con entrada suficiente y audición bastante buena. Como su propio nombre indica debe su título, y probablemente su fundación de gastos, al magnate ciudadano que hizo su fortuna en la industria del tomate-ketchup. Mejor usarlo para algo así que dilapidar sus ganancias en fastos estúpidos.

No mucho público joven asiste a los conciertos, aunque la afición americana a la música, innegable, ha ido cambiando lenta, pero inexorablemente, de la cuerda clásica a la cuerda eléctrica. El metal se sigue salvando gracias a la gran tradición de las bandas universitarias y el Jazz.

Llevo algún tiempo desconectado de la Orquesta Nacional de España (ONE), ni siquiera sé quién es el actual director musical ( Es Josep Pons, que haríamos sin Google!). En realidad, al no poder “usarla”, se me hace difícil estar en contacto con ella, a pesar de la facilidad del Internet. La música sinfónica siempre ha sido para mi la delectación del directo, aunque esté contínuamente escuchando conciertos “enlatados”.

No siempre tiene uno ocasión de escuchar música española en los programas de la PSO. Este “curso” pasado, sin embargo, la hubo y en varias ocasiones. Todo vino de la mano, y batuta, de un director invitado, del que hacía muchos, muchísimos, años que no sabía nada. Por aquí apareció para un par de conciertos, el ínclito Rafael Fruhbeck de Burgos, genio y figura. Algo cascado por la edad (supongo que eso mismo hubiera pensado él de mi, caso de conocerme) pero todavía en buena forma musical y sin perder un ápice de su famoso estilo germánico.

Su presencia me hizo recordar viejos tiempos, de cuando el dirigía la ONE y yo me encuadraba en la legión de críticos beligerantes que, una semana si y otra tambien, le sacudían estopa…a diez pesetas (!), la entrada estudiantil. Esto sí es nostalgia: con Fruhbeck éramos mas jóvenes! Recordé las noches de los miércoles en vela, hiciera frío o calor, en la Plaza de Oriente madrileña, “haciendo” la cola del Teatro Real para conseguir aquellas famosas entradas baratas de “gallinero”. Aunque más era una excusa para reunirse con novias y amigos, en una actividad diferente y excitante.

No tengo ni idea como se mantiene la ONE y sus presupuestos. Quiero suponer que protegida por el Estado. La PSO lo hace gracias a las fundaciones y la donaciones; no tanto a la clientela de viernes, sábados y domingos, y si a los viajes, invitaciones internacionales y grabaciones de discos.

Hasta cuando se podrán mantener las orquestas de música clásica en el mundo de hoy?

Luisma, 18 de Julio del 2010 ( Vaya fecha!)

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June 18th 2010
El Capitulo 5

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Andaba yo leyendo una novela, uno de los muchos libros que siempre tengo al retortero. Películas y libros, siempre alguna por ver y alguno por leer. El caso es que llevaba ya más de setenta páginas leídas y no acababa de arrastrarme la marea. Y no es que no me interesare, o que no me pareciera buena y digna del tiempo empleado.

Si un libro no consigue agarrarme, de primeras, lo voy dejando aparcado; y algunos—no muchos, la verdad—se me han muerto en las manos y duermen el sueño de los justos en mi intención. Cruzados y barrados hasta nueva revisión. Como digo, ese no era el caso de esta novela. El autor, reconocido, fuera de toda sospecha, sus libros siempre me han interesado y los he leído con fruición. Dos de ellos de corrido, de un tirón. Medalla de oro, tal cosa, en mi aprecio.

El tema y el “paisaje”, bien queridos: pintura y pintores, fotografía y fotógrafos. Y en esas setenta páginas anduve coleccionando unas buenas descripciones de colores y de su uso: “…sumar azules y grises…” y sumar algunos buenos conceptos sobre pintura e imágen literaria. Quizás la historia en si, la trama, se me antojaba un poco “traída por los pelos”…quizá era pronto, aunque ya me acercaba a un tercio de la novela.

La cosa es que, de repente, amanecí en el capitulo 5, y lo leí de un tajo y me dió por celebrarlo y escribir esto sobre ello. Magistral, sencillamente. De lo mejor que le he leído al autor. Para empezar, quiero suponer que me toca muchas fibras sensibles. Una gran historia en un solo capítulo, otra vez mi fibra romántica, con una magnífica descripción, sensaciones del mejor momento de una historia de amor: el momento inicial. Algo que siempre había tenido en mente y no había sabido concitar en lo personal.

Una magnifica forma de hacer aparecer a la heroína de la novela, envuelta en referencias coloristas y pictóricas. Arrojándola, su recuerdo, a las aguas ya revueltas del relato y consiguiendo que el retrato de una persona muerta parezca vívido y atrayente. Todo en ella me sonaba conocido, familiar, pergeñado a mi gusto y probablemente al de muchos. Un encanto común.

Olvido, así la nombra con ironía, para que nadie la pueda olvidar. La única otra Olvido que yo recordé en ese momento fue Olvido Gara, la roquera punk, de la que recordaba perfectamente el nombre familiar pero no el de guerra. Tuve que buscarlo en Google (que invento!): Alaska, la Bom de Almodóvar. Así que la recuperé por un rato y volveré sobre ella en algún momento, espero. Tenemos tan poco tiempo, como dice la Olvido de la novela!

Otro concepto larvado en el capitulo 5 me resolvió un viejo asunto de comprensión de cierto problema fotográfico. La fotografía moderna, según el autor: “su perfección técnica era tan objetiva que, a veces, resultaba falsa”. Y, para mi, aún lo sigue siendo. Refería el autor que la intensidad dramática de las fotografías de Robert Capa en la playa Omaha se debían a un error de laboratorio en el proceso de revelado.

Esa misma razón me hizo conseguir un efecto parecido en una serie de fotos con las que gané un premio, hace ya muchos años. El calentamiento excesivo del revelador, en blanco y negro, exacerbó el grano y la intensidad del contraste. Película de 400, disparada a 1200 ASA y revelada con Kodak TriX a 38º C durante 12 minutos. Una salvajada! Esto le sonará a chino a los fotógrafos digitales.

Aquello concedió, sin buscarlo en un principio, el “carácter” de abstracta apología de la libertad a unas fotos de un jardinero regando una pista de tenis, tomadas a través de las vallas metálicas. Dicho “carácter” no fue cosa mía, sino definición de los críticos. Cosas veredes. Los críticos, como todo el mundo sabe, son capaces de cualquier cosa a la hora de decirte como deberías hacer algo. Eso si, ellos no saben ni hacer la O con un canuto.

Todas estas cosas sobre fotografía, y otras muchas más sobre pintura, perfectamente trufadas en la trama de la novela. Patrimonio de los buenos escritores es el tener algo que decir y decirlo bien. Ya es tiempo de notar al autor de este magnífico capitulo 5: Arturo Pérez-Reverte, El Pintor de Batallas (Ed. Alfaguara, 2006). Bueno, seguiré leyendo la novela. A ver donde me lleva.

P.S. El capítulo 12 es muy bueno, también.

Luisma, 15 de Junio del 2010.

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May 11th 2010
In Memoriam

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“Se me ha muerto Lena, Lena Horne…la cantante americana. Tantos años enamorado de una voz a la que no puse imagen hasta que llegué a este pais, hace veinte, y me dí cuenta de que era negra. Entonces, lo comprendí todo…Su forma de cantar, su elegancia, su “falta de éxito”, su dicción sensual, deliciosa, y hasta el porqué de la “dureza” (dirty mouth) de su boca…Demasiada lucha para un talento tan grande..Se me ha muerto, pero yo sigo cantando “Tiempo Tormentoso” (Stormy Weather) y seguiré cantándolo hasta que se me agoten las pilas…Hoy siento la pena negra, la de Garcia Lorca y la mía”.
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Lena Horne (1917-2010 )

Increiblemente, ayer estaba escribiendo el post titulado: “Tiempo Tormentoso”(“Stormy Weather”), que era puramente una excusa para mentar a Lena Horne y homenajearla, una de mis cantantes predilectas de todos los tiempos, usando su interpretación de esa cancion icónica. Lo que nunca pude imaginar es que, a esa misma hora, Lena Horne estaba muriendo en un hospital de Nueva York. Tenía noventa y dos maravillosos años. Esta mañana, cuando leí la noticia, sentí un escalofrio por la coincidencia y me temblaron las manos y los ojos. Sus canciones, y su voz, suenan y sonarán siempre en mi corazón. Good Bye, Lena.

Luisma, 10 de Mayo del 2010

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May 11th 2010
“Tiempo Tormentoso” (“Stormy Weather”)

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“Stormy Weather” by Lena Horne, 1943.

Ahí, va! Ahí, va! Échale un galgo! Ahí, va, resbalando como siempre, a toda velocidad; y que diría Sabina: “…como el tiempo que dura en llegar el invierno”. Un verdadero suspiro. De qué dices que estás hablando, Luisma?— Perdón, perdón…hablo de una tormenta, una de esas tormentas del Ohio, de las que nosotros llamaríamos de verano y que aquí llegan en cuanto el frio se esfuma, y los árboles empiezan a verdear.

La típica tormenta de Pittsburgh, la única que hay…es una, y son todas iguales. Vienen “resbalando” por las laderas del valle del rio Ohio, silenciosas y casi a traición. Eso sí, al llegar a la confluencia de los tres rios, en el punto álgido, en el carnaval de puentes, se les “cruzan los cables” y se prepara la fiesta. Rayos y truenos a mansalva, como si fuera una antigua batalla naval. Airón tempestuoso que emboca el valle del rio Mononghaela, nunca el Allegheny, y vuela por delante de mis ventanas como alma que lleva el diablo, o como si fuese una carrera de bicicletas, o de caballos, que ambos sonidos cuadran.

Es la misma tormenta, con un mismo ritual, que pasa una y otra vez, uno y otro día, y que en algún sitio “da la vuelta” para volver a pasar machaconamente.Así es la cosa: al pronto, el cielo se pone gris, de color “risa de sordo”…Un primer trueno de aviso, en seco; un silencio subsiguiente de un par de minutos, cuasi religioso…Viento airado, airón a todo trapo, caudaloso como un tren de mercancias, moviéndo los árboles como palos de navio en conserva. Todo esto en un tris, no mucho más de medio minuto, con los mástiles azotando la fachada de la casa, y el puente de mando de la terraza…Y, de repente, el chaparrón, agua echando chispas, Agua con mayúsculas, salpicándolo todo, goterones como miles de pelotas de ping-pong líquidas.

Uno tiene la impresión siempre de que la casa, y en ese minuto que dura el portentoso aguacero, va a salir bogando valle abajo, como gabarra sin ancla. Por suerte, la impresión dura lo mismo que el vendaval, un visto y no visto. Acto seguido, dos o tres truenos amordazados señalan el final de carrera de la tormenta. El fenómeno desaparece, como por ensalmo, valle adelante. Y, como quien no quiere la cosa, todo vuelve a la normalidad. Todo queda igual que estaba, pero mojado…y muy mojado! En total la tormenta entera viene durando, más o menos, como el Derby de Kentucky y hasta a la misma velocidad de crucero.

Y no falla, las tormentas de Pittsburgh, todas iguales, con sus aguas torrenciales; lluvias que se dirían tropicales si no estuviésemos tan al norte, tan al rececho del Canadá y los grandes lagos. En diez años aquí, solo he visto rolar una tormenta en sentido contrario al habitual, entre cientos de ellas. Fue terrible, parecida a un huracán; de los que ya había “disfrutado” alguno en mis años de vecindad con las costas de Texas. Fue noticia de primera página y produjo una inundación importante.

Por no sé que atavismo de abuela española, aunque a lo mejor es cosa cierta, siempre hago lo mismo cuando “huelo” la tromenta: cierro ventanas, apago luces y televisión y pongo la música del estéreo; todo para situarme “al salto” de la movida en la ventana trapezoidal, desde donde gozo de tribuna preferente para vendavales y otras hierbas. Durante años, solía poner música de Wagner para celebrar el meteoro. Nunca la Cabalgata de las Walkirias—demasiado obvio—, mejor: El Holandés Volador…

Para este menester, últimamente, me administro serias dosis de Jazz en vena, lo cual es mucho más impresionista. Ah! Oh! Ahí viene otra de mis tormentas! Ese color gris no miente, y las ardillas en el ático se revolucionan, excitadas…Estoy preparado: “Take Five” de Dave Brubeck, o “Stormy Weather” por Lena Horne. Esa es mi única duda…hoy. Lo echarè a cara o cruz…Lena!

Luisma, 9 de Mayo del 2010

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May 8th 2010
De Fotografía

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“Vista desde la ventana en Le Gras”. La primera fotografia. Niepce, 1826.

De mi afición a la fotografía, no creo que haya nadie que tenga ninguna duda. Como medio de expresión siempre ha sido mi mejor envite. Solo superado, quizás, por la palabra escrita o hablada. Siempre en ese mismo orden. La pintura, con todo y ser predilecta—la de los demás—, siempre ha sido una fuente de frustraciones; iluminadas—muy de vez en cuando—por ciertos cuadros conseguidos. Y aún, emborronada por la dichosa categorización de “elegante”, suministrada—gratis et amore—por mis críticos, que tanto me quieren y tanta consideración me dispensan…Ja! Sí, es verdad que mis éxitos fotográficos han sido siempre más celebrados que los pictóricos. Quizá, en una próxima vida, el espíritu de San Leonardo da Vinci intermediaría para que la cosa cambie…Ja!

Mi amor por la fotografía fue como novia temprana, empezó muy pronto, y fuerte. Tan pronto como mi curiosidad y mi voyeurismo. Fue la decantación de estas dos lo que me llevó, rápidamente, a la cámara. Los primeros años fueron inevitablemente imitativos, imitar las fotos de las revistas y de aquellos números del “Photography Annual” que me caían en las manos. Ahora que vivo en América sé que lo que intentaba hacer, entonces, era “fotografía americana”. Y que dificil es hacer fotografía “americana” cuando uno vive en España! Lo curioso y sorprendente es que ahora que podría, o pude, hacerla…Ya no me interesa. Aunque, bien mirado, que es sino fotografía americana lo que ahora hago?…Ja!

Tan entusiasta de ella, sin embargo, no conservo casi ninguna prueba de aquella época. Después, en mis primeros veintes, me fuí a Paris y descubrí la fotografía “francesa”. Darme cuenta, gracias a Cartier Bresson—modelo ideal de lo que un fotógrafo debería ser—de las luces fuertes, de las sombras duras y de todos los “reflejos” del mundo. Y la intención, claro. Hice mi primera exposición. Exhibición cándida de un documentalismo confundido con el arte manipulador del laboratorio; alteraciones de la realidad, en blanco y negro. El color, en aquél momento, era prohibitivo. Eran los años sesentas del pasado siglo( ! ). Tampoco conservo casi nada de aquellos días de hiposulfito y rosas…Ja!

Más tarde, tuve mucha suerte, mi camino se cruzó con un maestro de la fotografía. Algo que me hacía mucha falta. Me enseñó el fundamento primario de ello: VER. Era un cazador, no solo en el clásico y propio sentido cinegético: cazaba luces y momentos, es decir, la vida. Me enseñó a ver la foto antes de de hacerla, composición, estética…El arte de un arte nuevo. Pepe Nuñez Larraz, maestro siempre en mente, me lo decía: “ Se trata de ver, la cámara es, simplemente, una herramienta”. Imaginé despejar las presencias humanas y eso me llevó a la abstracción, a la que vuelvo ocasionalmente si la situación y el asunto lo exige. Más de treinta mil negativos y diapositivas guardo, desde aquellos tiempos y hasta la aparición del soporte digital. Tantas cámaras y tan “sofisticados” accesorios arrumbados por una “simplísima” y pequeñísima cámara digital. Ahora hago, con su ayuda, toda clase de fotografías. Todo es cuestión de ver. Que gran parte de mi vida fue estar, tantas veces, al lado de Pepe, oficiando de “aprendiz de brujo”…Ja!

Ver el mundo…Perpetuar lo visto. Ahora sé que para poderlo recordar. Claro que, no es solo la fotografía que uno hace; luego está la otra fotografía, la que otros hacen, la que son los recuerdos de otro. Y en la interpretación de ella es cuando surge la propia imaginaciòn. Una puerta abierta al gozo, a través de una mente que no es la nuestra y que nos permite una invasión en tantas otras cosas, y otros tiempos pasados. Tanta belleza aprehendida. Durante mucho tiempo ya…Pronto serán dos siglos de aquella primera imágen fija, que necesitó ocho ( ! ) horas de exposición. Hoy, tengo más de mil fotos “guardadas” en un “pin”, del tamaño de mi dedo índice.Y, ni siquiera acierto a plantearme como será la “fotografía” del futuro. Quién pudiera!…Ja!

Luisma, 30 de Abril del 2010

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April 15th 2010
Jean Renoir en Chicago

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Cada vez que voy a Chicago, indefectiblemente, tengo que ir al Art Institute, el museo. Al igual que la ciudad, es uno de mis museos favoritos en el mundo; y a partir de este viaje, uno de mis lugares soñados para pasar el tiempo, un verdadero jardín mental. En los últimos años el AIC ha estado de obras, creando una parte nueva: The Modern Wing. Esto, en un museo que ya, de por si, era una maravilla y ahora se ha convertido en un lugar mágico. Y me dan igual las críticas, no muy benevolentes, de algunos “especialistas”; esos que siempre tienen que “encontrar” algo para, quizás, justificar su existencia. Los mismos que nunca han creado nada, al menos nada bueno.

Renzo Piano, ha conseguido algo bueno, o mejor que bueno: único y mágico. Blanco, como un lienzo imprimado en gesso, una de las mejores maneras de colgar arte pictórico y de rodear de fondos los espacios para escultura. Blancos sujetos por suaves grises, pisos de maderas rubias y ventanas de hueco completo, enmarcando la obra de arte exterior e incluyendo esa arquitectura en la propia exhibición. Sin abusar de ella, sin ser demasiado obvio, matizando la visión con unas delicadas cortinas-pantallas que dejan admirar pero no hacen “sombra” al arte del interior. Y esta nueva ala que encara los rascacielos de downtown y el “guguengemiano” Gehry del Milenio, tiene unos bancos de asiento, a la distancia adecuada de los velados ventanales; un sitial magnifico para pasar las horas muertas, hoy en día, más bien los minutos muertos. Viendo y absorbiendo belleza.
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Cada museo que conozco, tiene unas “piezas” que lo hacen singular y especial, para mi. Son las obras de arte que más fijan mi atención y me hacen volver a ellos, una y otra vez, como el que visita a viejos amigos. En el AIC, durante muchos años, ha habido una obra de arte de mi especial atracción. Algo extraño en mi, porque no hablamos de una pintura, ni una escultura, ni siquiera de una fotografía. Se trata de unas vidrieras, una obra de Marc Chagall. Su titulo: America Windows (Las Ventanas de América). Un trabajo fantástico y original, dominando los azules, en tres piezas (ventanas) estupendas.
Desgraciadamente, en las dos ultimas visitas, brillaban por su ausencia. Están en restauración, y una buena mujer, del servicio de vigilancia, me comunicó que volverán a la caída de la hoja, este mismo otoño. Albrícias!

Esta vez, decidí buscar “sustitutos” a mis vidrieras y los fui a encontrar en donde menos me iba a figurar: Renoir y Morisot. De vez en cuando, me gusta volver a beber en las fuentes del Impresionismo. Que gran época, para haber vivido en ella! Siempre mi indisimulado romanticismo! En un rincón, separados por el ángulo, descubrí dos nuevos atractivos para mi colección.
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Era una mujer de espaldas, desnuda espalda y pelo recogido, que me hizo pensar inmediatamente en la actriz Meryl Streep. Obviamente, Berthe Morisot—la autora de la pintura—no pudo conocer, ni soñar, a la actriz americana. Pero, estoy seguro que, de haberla conocido, la hubiese pintado de esa manera: una rutilante espalda, en el acto de maquillarse para cualquier película. Una espalda de museo!
Sea esto un modesto homenaje a la primera, y única original, pintora impresionista. Infravalorada durante mas de 100 años, seguramente por ser mujer y, hoy, reputada y apreciada a la altura de cualquiera de los santones impresionistas. A los veinte años de edad, Berthe era ya, de pleno derecho, una más entre ellos. Participando, incluso, en la exposición inaugural del movimiento.
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Ese retrato de Renoir, hecho a su hijo Jean en su más tierna infancia, con el pelo largo como una muchacha, y cosiendo. Le hizo varias pinturas vestido de niña, una obsesión del padre. Jean, más tarde, llegó a ser uno de los más famosos directores del cine. Idolatrado en Francia, su película “El Río” es una de mis diez mejores obras del cine de siempre. El asunto de esta pintura me recuerda los problemas de algunos amigos con sus hijos, justamente por lo contrario. Los chicos dejándose el pelo larguísimo y los padres intentando cortárselo. Viviendo en Paris, a mis veinte años, mi padre intentó, y consiguió, “comprarme” el corte de un pelo que ya me llegaba a los hombros. La vida en Paris siempre fue cara!

Otro día sacaré a colación algo más sobre el AIC,—Que gran museo! Hoy, solo evocar que,—Por fin! El “Ala Moderna” ya se puede ver, es fruta madura, y la “cáscara” y la “pulpa” merecen el viaje y la visita. Grande, Renzo Piano! Magnífico!

Luisma, 14 de Abril del 2010 (Fotos y reproducciones de S. y L.)

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March 4th 2010
Entre tormentas

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Gazebo, en salmantino: templete. Carnegie Library South Side, Pittsburgh

Los inviernos de Pittsburgh no son excesivamente duros, claro que, según con cuales se comparen. En los diez años que llevo viviendo en esta ciudad, los inviernos han sido muy parecidos: fríos “aceptables”, algunas heladas “razonables”, y unas cuantas “nevaditas”, hasta un máximo de siete u ocho centímetros de precipitación. Y así toda la década, hasta hace tres semanas. De repente, se debieron abrir las puertas del Ártico y por ende se escaparon dos impresionantes tormentas de nieve, con un intervalo entre ellas de un “cierzo” helador . Algo que no recordaban los más viejos del lugar, ya que solo aparecían nevadas así en los grabados de la guerra civil, a mediados del siglo XIX.

La primera tormenta que duró unas veinticuatro horas seguidas, del tipo de las que los americanos llaman: blizzard, y nosotros ventisca, se saldó con unos 70 cm. de nieve y un colapso ciudadano de los de “mírame y no me toques”. El nunca bien ponderado silencio sepulcral nos vió amanecer al día siguiente, por supuesto, estábamos sepultados en nieve! Nunca mas precisa la imagen.
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En casa, la ventana grande del salón ofrecía un aspecto desconocido, apenas se veía la balaustrada de la terraza y la nieve lo cubría todo, incluida la vista del valle, totalmente blanco, igual que las ramas de nuestro árbol que aparecían vencidas por el peso. Increíblemente, daban ganas de salir volando sobre el valle.
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Noté, además del silencio, un frío extraño, algo así como “templado”. Al abrir la puerta de la terraza me dí cuenta que no podía salir a ella, aunque la puerta se abre hacia adentro y la mosquitera se corre lateral; una barrera de “chupiteles” de hielo me lo impedia, enormes estalactitas de puntas aguzadas que se habían formado en tan solo unas pocas horas de templanza. Los canalones desbordaban lanzas de hielo a todo lo largo, como las de los cuadros de batallas medievales. Unas lanzas transparentes que anunciaban la batalla que podría llegar a ser el intentar salir de la casa.
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En ruta hacia la puerta principal, y ya pertrechado para intentar la salida, me paré a ojear la terraza de los vecinos y empecé a caer en la cuenta de lo que me esperaba fuera. Esa terraza que recordaba animada y resplandeciente en verano, con hachones ardiendo y gente tomando copas, estaba aterida e hinchada por la nieve, ireconociblemente bella. A pesar de todo, seguía manteniendo la ilusión de lo confortable, daban ganas de sentarse, lo de las copas ya no tanto.
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Abrí la puerta de casa y me encontré un espectáculo dantesco (aunque fuera de nieve y hielo), mi coche había desaparecido “entoñado” en la nieve, y malamente se podían adivinar sus formas. Al fondo de la calle, la iglesia de San Nosequé, cubierta a tope, apenas podía verse por entre la cargazón de los toldos y los múltiples cables combados por el peso de la nieve, que se sostenía en ellos milagrosamente. No se porque pensé que estaba en Moscú, sería la cúpula, y tanta nieve solo podía ser en Rusia (?!)

Me apresté a la aventura de ir andando hasta la oficina, una especie de slalom de un kilómetro en bajada, con nieve por encima de las rodillas; proveyéndome de dos bolsas de supermercado, cubriendo mis zapatos de suela gorda de goma antideslizante, atadas a media pierna. Con mi tuque de lana parecía un auténtico clochard parisino arrastrándome sobre la nevada, o un soldado napoleónico en la tundra.
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Desde las ventanas de la oficina, la belleza del paisaje combinaba con las sugerencias de los extraños efectos de acumulación de nieve en la pérgola, sillas y mesas del patio del restaurante colindante. No sé porqué me dió por pensar en un mural de una alucinante y davinciana Última Cena, blanca, fría, y desprovista de personajes.
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La otra imagen, desde la ventana de arriba, era un contraste superlativo entre la posibilidad de una playa nevada con el fondo del mural horrendo, de aguas caribeñas y botecito, con su palmera tropical y unos imaginarios ritmos de calipso. Nada parecido a Da Vinci…Al menos, la lámpara de la pared podía parecer Picassiana, o algo así.
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Volver la vista hacia la izquierda y tropezar con la perspectiva nevada de “mi” Birmingham Bridge, me hizo retornar a la realidad, este puente está presente en todos mis días. Pittsburgh, entre una tormenta que se iba y otra que se volvía. Ventiscas, y más, y más nieve, toda la nieve del mundo. Y así fue, y así continuamos dos semanas después cubiertos de nieves que empiezan a parecer perpetuas. Hoy se anuncian varios días más de nevadas. Donde vamos a poner toda esta nieve? A que planeta se referían con lo del calentamiento global? Y…Ah! Ahora entiendo porqué le pusieron Pingüinos de Pittsburgh al equipo de hockey sobre hielo, no iban tan descaminados!

Luisma, 28 de Febrero del 2010 (Fotos de S. y L.)

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September 22nd 2009
Siestas en el museo

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You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenia en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recupero del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 22 de Septiembre del 2009

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March 31st 2009
Biba LLo!

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Un deseo de cumpleaños para todos

Se prohíbe fijar carteles. Responsable la empresa anunciadora.

Parece como si fuese ayer. Mientras barruntaba una idea, me víno este famoso y casi olvidado letrero a la memoria. Eran aquellos años juveniles de carreras, pegada de pasquines y vuelta a las carreras. Me permití el lujo de hacerlo hasta en Paris. Como en España se hacía entonces difícil y peligroso; me esmeré saliendo a los saltos nocturnos cada noche con distintas facciones políticas, en aquella Francia, que no ha cambiado tanto. Al fin y al cabo todos éramos amigos en la Maison des Jeunes y las divergencias políticas se dirimían en los bares, en los foros juveniles o en el campo de fútbol.

La pegada de carteles se convirtió, para mi, en una especie de deporte-diversión nocturnal. Ya por entonces empecé a fraguar esa maquiavélica habilidad, que me ha acompañado hasta hoy, para no dejar saber cuales son mis reales preferencias políticas. Los comunistas me decían espía franquista y los derechistas de la Quinta República me acusaban de comunistoide.

Eso si, eran carteles, el graffiti víno mucho después. De siempre se escribió en las paredes y vallas, pero era con tiza o carbón y se respetaban mucho los edificios cuando era pintura. El graffiti, la pintada, llegó un poco antes de trasladarme a América y aquí la he vivido en su máxima expresión, incluyendo la diatriba de elevarla a los altares artísticos. No niego que se requiere una técnica bastante consumada, pero como método expresivo a mi me deja bastante que desear.

Y aunque he seguido y admirado grafiteros muy famosos en Pittsburgh, Chicago y Nueva York, con todo y con ello me sigue pareciendo más un deporte que otra cosa. El caso es que recordando lo de pegar carteles me vino la idea de celebrar, hoy, mi cumpleaños de una manera original, una de esas cosas que la gente llama “cosas de Luís”. Ayer tarde me pinte cinco carteles de tamaño medio-póster y esta noche he salido a pegarlos en cinco diferentes sitios de la ciudad.

Uno, en las puertas de cristal del museo de Andy Warhol, el museo más grande del mundo dedicado a un solo artista. Otro, a la puerta de vestuarios del estadio de los Steelers, no hay miedo…están “de vacaciones”. Otro de los carteles lo fijé a la entrada de la Cathedral of Learning (Catedral del Aprendizaje) edificio insignia de la Universidad. El cuarto lo puse en un lugar ilógico, la vitrina de anuncios de la Sinfónica de Pittsburgh, aunque lógicamente lo pegué por fuera. El último, reforzado con cartulina doble, lo colgué en la reja exterior de la comisaría de policía de mi barrio, aunque haya quedado grabado en el video, sé que no se me reconocerá. Llevaba calada la gorra y el chándal del Real Madrid, con el cuello subido. Y a mis ya pasados sesenta, no se me supone andar en tamaña actividad. Que engañados los tengo!

Además, los cinco carteles no llevan ninguna leyenda subversiva, o acaso si, según se mire. Los cinco rezan: “Biba LLo”. Y a eso es a lo que uno aspira en tal día como hoy.

Luisma, 15 de Marzo del 2009!

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March 25th 2009
Neferyuyu y la reina egipcia

Posted under Memoir & Art

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Museo del Louvre, Paris

Donde hicimos esta foto? Si, fue en el museo del Louvre, ese sitio mágico donde todo es posible. Paris siempre vale su famosa misa. Para ti por primera vez, para mi cuarenta años después. No tanto tiempo si pensamos en la edad de la reina egipcia. Aquella fotografía fue, una vez más, un momento suspendido en el tiempo. Algo para recordar.

Se pueden tener recuerdos. Se deben tener. Cuantos mas recuerdos, mejor, señal de una vida mas plena. Y para recordarlos es mejor tener una ayuda. La imagen, esa que dicen vale mas que mil palabras: la fotografía. Aunque solo fuera por eso, por la capacidad de hacer recordar, ya merecería la categoría de arte. Nos hemos pasado, años ha, malgastando tanto tiempo en la fútil discusión de si la fotografía era un arte, o no. El vano intento de los reaccionarios de turno, de los que mantendrían el mundo estático, sin mover el más mínimo dedo y sus atrofiadas neuronas, no ha podido con la fuerza de la fotografía.

La fotografía, el arte de siglo XX, y sus hijos putativos: el cine y la televisión, hermanos bien avenidos que nos darán en este siglo descendientes de la misma imagen genética, nietos digitales y los que vendrán, que todavía no conocemos, por supuesto. Quien pudiera llegar a conocerlos antes de difundirse uno mismo en el éter!

Supongo que de esta misma manera sería como se sentirían algunos artistas-grabadores egipcios cuando veían y comprobaban la acción de ciertos ácidos y químicas sobre las tablillas y los metales. El ver aparecer imágenes previamente imaginadas y la realización de pensar hasta donde aquellas técnicas podían llegar en el futuro. Ellos tendrían sus ambiciones estéticas y adorarían a sus reinas y las bellezas cercanas a su tiempo y proximidad geográfica. Tendrían su Paris y sus colecciones de arte igual que las tenemos ahora y tuvieron su manera de representar y perpetuar su cariño y admiración por ellas.

Igual que nosotros nos maravillamos de aquel arte y aquellas bellezas, comprendiendo aquel mundo de entonces, más o menos. Ya me gustaría tener la facultad de anticipar como verán nuestras cosas, nuestro arte y nuestras admiradas reinas egipcias, la gente que nos siga en mil o dos mil años!

A la vista de la foto que encabeza este escrito no me cuesta prever que, en dos mil años, alguien pudiera pensar que no había gran diferencia entre ellas, igual que yo lo pienso ahora. Para aquellos de cuatro mil años después de nosotros solo tengo un pensamiento y un deseo: que todo cambie tanto como deba cambiar y que siempre haya artistas, cualquiera que sea el medio o la técnica, capaces de representar la belleza y la admiración por ella.

Luisma, 13 de Marzo del 2009

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