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July 6th 2010
“Tinseltown” y *Vegas*, parte II

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La escusa podría ser la fotografía…con tanta luz!

Las Vegas, otro sitio prohibido en mi religión americana! En realidad, solo me he vetado el ir a dos lugares en este país: Las Vegas y Disneylandia. Lo de “Disney” es porque ya tengo úlcera de estómago y no me conviene acelerarla yendo a sitios estúpidos y alienantes, que me puedan sentar mal. He visto a mucha gente, tanto americana como europea, llegar de vuelta de la visita a Disneylandia y nunca he podido dirimir quienes volvían mas idiotas, los niños o los padres.

*Vegas*, así simplemente, sin el articulo—Las—que el decir popular ha eliminado, de un tiempo a esta parte, por moda…o a saber porqué(!?). Vegas—Las Vegas—es la máxima expresión de una de las dos lacras del Imperio, léase: sexo y juego; lo que los americanos llaman: Vicio, con mayúsculas. Un vicio muy, pero que muy bien organizado y “protegido” por la Ley que adora sus impuestos. Ah! La otra lacra son las múltiples religiones. Otro vicio americano y, también, magnificamente organizado. Las dos corruptelas han sido perfectamente exportables, por supuesto.

La realidad es que, Vegas…Sin City (La Ciudad del Pecado), o como se le quiera llamar, es simplemente un negocio muy bien montado; atiborrado de turistas y de jubilados, que viven allí y hacen funcionar con sus pensiones los engranajes de casinos y restaurantes. Obnubilación por entretenimiento. Que diferencia hay entre un casino y un establo? Juego, Vicio y Religiones…Desde que la ciudad fue fundada por los Mormones, hace ya un ciento de años, tiene un mayor número de iglesias per capita que cualquiera de las grandes ciudades americanas.

Con casi dos millones de habitantes, es considerada como la capital mundial del juego y las apuestas; aunque se haya visto superada en beneficios, últimamente, por Macao. Es decir, se ha vuelto mas baratera. Tanto peor—otro signo de la decadencia del Imperio—, Vegas es una fachada, muy hortera, de luces, focos y neón, que esconde una realidad tristísima y fácilmente apreciable, abriendo los ojos y mirando más allá de los reflejos. Pobreza y desesperación, mezcladas con una ilimitada ambición. Las Vegas tiene la más alta tasa de suicidios y divorcios del país; un tema que allí era tabú, hasta hace muy poco tiempo.

Nunca he encontrado el tan “fabuloso” atractivo al juego, me parece una solemne pérdida de tiempo y, desde luego, de dinero.Como entretenimiento, prefiero un buen libro o una buena película. Lo del sexo como espectáculo público, no me interesa gran cosa; se fue de mi imaginación hace ya muchos años, gracias a mi asistencia al cabaret, por un tiempo, y por la “amistad” con un personaje de ese mundo. Los “strip clubs” me parecen, de largo, lugares tristes y sin sustancia.

Triste, y con aires de verbena antigua, resulta el hormigueo de gentes en Las Vegas Boulevard, o Las Vegas Strip; diez kilometros de hosteleria y casas de juego. Allí se mezclan los habitantes de la ciudad y los cientos de miles de turistas. Más de 85.000 habitaciones de hotel escupen contínuamente gentes a las calles, a los restaurantes y a los casinos. Allí les esperan ruleta, dados, poker y los llamados: “bandidos de un solo brazo”, las famosas “tragaperras”, la última pasión del jubilado.

A mí que no me esperen. Todo el invento *Vegas* me parece un lugar muy ácido y, para eso, ya tengo mi estómago y mi esófago que me hacen los honores. Gran espectáculo? Ni siquiera la excusa de la fotografía me sirve. Decididamente, lo del suicidio y el divorcio puede esperar, estoy muy ocupado.
No soy insecto para ese millón y medio de luces. La publicidad dice: “Lo que pasa en Vegas, se queda en Vegas”…Magnífico! Paso!

Luisma, 19 de Mayo del 2010

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July 6th 2010
“Tinseltown” y *Vegas*, parte I

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La parte mas bonita de Tinseltown, “la ciudad del espumillón”.

Decir que me gusta este país, es mucho decir. El sitio es muy grande, enorme, y no se puede generalizar. Aún así, y sin ánimo de controversia, puedo decir que de aquí es mucho más lo que me gusta que lo que me disgusta. La idea que tenemos de los USA, desde fuera, es estrecha y basada en términos muy relativos. Influenciada por la publicidad, sea positiva o negativa, y por los intereses de otras sociedades y otros paises que, por motivos obvios, pueden no mirar esta nación con buenos ojos.

Esta realidad, este país, es muchas veces dificil de comprender. Eso sí, criticar desde el desconocimiento mas supino, lleva a la injusticia y al error de visión. Las opiniones de gentes que no viven la realidad de su día a día y que se permiten pontificar sobre él, simplemente, por el hecho de haber pasado unos dias de turismo; o una pequeña temporada encapsulados en alguna burbuja universitaria; no pueden ser tomadas en cuenta de la misma manera que la de otros que han, hemos, estado viviendo aquí durante largos años.

Dicho esto, me voy a permitir el lujo de criticar, aunque sea en corto, dos sitios de este país, dos iconos de esta sociedad, por los que no paso y donde va a ser dificil que se me encuentre.Y, más dificil todavia, que se sepa que he estado allí. Tinseltown y Vegas. Con esos nombres es como se les conoce aquí—Tinseltown, es decir: Hollywood (Los Angeles) y Vegas, Las Vegas…Todo el mundo cree conocer estos dos lugares, incluso habiéndolos visitado. La realidad de estos sitios, una vez que se apagan las rutilantes luces y se enrrollan las alfombras rojas, es muy otra. Solamente un par de detalles para comprender mi “No” a Tinseltown, a pesar de la leyenda.

Los Angeles, barrio de Hollywood incluido, es probablemente la ciudad mas fea y desagradable de toda América. Polucionada hasta extremos insospechables, mantiene el más monstruoso tráfico que imaginarse pueda y un porcentaje de criminalidad como para cambiarle, directamente, el nombre a: Los Demonios. Su más acendrado lugar de atracción es el Paseo de la Fama, o Paseo de las Estrellas: los acerones de Hollywood Boulevard y Vine Street, con 2.000 estrellas dedicadas sobre terrazo a los más famosos actores y gentes del cine y la música; incluidos la perra Lassie, Rin-Tin-Tin y R2D2, el robot de La Guerra de las Galaxias. Que se puede esperar de un país que tiene en su lista de 10 mejores deportistas de la historia a un caballo! (“Secretariat”).

En cualquier caso, en Hollywood “La Nuit”, se te puede caer el alma a los pies cuando, románticamente, decides pasear entre tus estrellas favoritas, a ras de suelo. A esa hora antes del amanecer puedes disfrutar de las vomitonas de cerveza sobre ellas. Te rompe la mejor capacidad de hechizo cinematográfico que hayas podido acumular en toda una vida de ver películas. La verdad es que con quinientas estrellas mejor escogidas seria más que suficiente, y menos mareante. Visitar los viejos Estudios Universal, en el inevitable “tour” borreguil, es francamente decepcionante; rápidamente te das cuenta de que es puro stage (escenario) y que allí nunca se ha rodado nada, ni se va a rodar. Un montaje turístico. Uno más, entre otros.

Hay que ser un poco irónico para admitir que en esta ciudad se gestó, y todavía se abandera, la fábrica de sueños del siglo XX. Quizá tenga más cuenta ver amanecer en el Bulevar del Anochecer (Sunset Boulevard), y hacerse la foto bajo las famosas líneas de altas palmeras californianas! Lo dicho, Hollywood, uno de los lugares donde no se me va a encontrar fácilmente.

Luisma, 17 de Mayo del 2010

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April 7th 2010
Las dunas de Chesterton

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Puede que sea difícil de imaginar, o puede que yo no sea capaz de transmitir las imágenes. Hace años, Julián Marías me dijo: escribe lo que no puedas pintar y pinta, fotografía en otros casos, lo que no puedas escribir. Lo intentaré, porque las impensables escenas que presencio, muchas de ellas conmigo dentro, son el pan de cada día de mis aventuras en este país.

Estoy en Chicago, una de mis ciudades favoritas en el mundo. Llegamos hoy, y ya estoy frente a mi ventana en la habitación del hotel Congress Plaza, con vistas al lago Michigan que, como siempre, más parece un mar, un mar de acero gris azulado. La sangre luminosa de los coches fluye abajo, once pisos más abajo; chorros de glóbulos rojos y blancos entremezclados, desde la avenida Michigan hasta la Lake Shore y las calles cruzadas del Parque del Milenio. Las primeras luces de la noche, desde esta ventana, un espectáculo que siempre tiene la virtud de hipnotizarme; puedo estar mirándolo durante largo tiempo, embobado en cualquier pensamiento o remembranza.
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Venir hasta aquí, en coche, es ya una manía. Estados Unidos hay que viajarlo en coche, a pesar de las monstruosas distancias. Y cada viaje a Chicago ( unas siete horas, desde Pittsburgh, rodando rápido) es una fuente de nuevas aventuras. Por más que se miren las predicciones de los hombres del tiempo, siempre hay una sorpresa, sobre todo en recorridos largos. Esta vez, con la primavera ya oficialmente entrada, después de dos horas de camino, nos empezó a caer nieve; que siendo de noche era cegadora, mareante, y dificultaba la conducción. Total, que paramos a dormir, y continuar al día siguiente, ya sin prisas, lo que produjo el avatar de turno y la aventura significativa del viaje.
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A la mañana siguiente, sol y viento, enfilamos hacia Chicago. Tras un tiempo de rodaje tranquilo, se estropeó un sensor de temperatura y para cambiarlo tuve que salirme de la autopista, y eso fue en un pueblo con un nombre muy literario: Chesterton, en el estado de Indiana. Después de varios intentos, el asunto nos lo arregló un “currito” con taller personal y aspecto de orondo bien comido, y bien bebido. Mientras esperábamos la reparación, en su sala de espera—oficina—salón de té, reparamos en unas fotos colgadas en la pared de algo que se anunciaba como Parque Nacional de las Dunas de Indiana. El tipo insistió que fuéramos a conocerlas—oiga, solo cuatro millas y son una delicia! Echada ya la tarde a perros y con el sol cayendo, y muy fotográfico, nos fuimos a ellas armados de cámaras y protegidos del frío viento, y—Oh, maravilla! La cosa valía la pena, y mucho!
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Pasamos unas buenas dos horas recorriendo el sitio y pisando, fotográficamente, la arena suave de las dunas. Quien iba a pensarlo! A cuatro millas de la dura y pura carretera, unas dunas increíbles, a orillas del lago y tan solo un “tiro de piedra” de Chicago, que se apercibía en lontananza, al otro lado de las aguas. Será un lago, que lo es, pero a mi siempre me ha parecido un mar. Son famosas las historias de tormentas brutales en este lago-mar, hundiendo barcos. Una de estas historias se me quedo grabada, la zozobra y naufragio de un velero, a finales del siglo XIX, que transportaba el abastecimiento de árboles de navidad para Chicago. Nunca ha sido encontrado.
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Volviendo a las dunas. Al punto me informé del paraje y su historia. Otra vez la glaciación Wisconsin, la misma que produjo las cataratas del Niágara y la recesión de los glaciares de los grandes lagos; al retirarse produjeron estas dunas que, además, son unas de las pocas, treinta y cinco en todo el mundo, “dunas cantantes” o “silbantes”. Buscando información sobre dunas, aprendí que también existen dunas que “ladran”, tal que si fueran perros. Que cosas!
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Las dunas, pequeñas pero magnificas, eran un coto fotográfico de primerísimo orden. Las arenas de un color caramelo-rojizo, de increíble suavidad a la pisada, al tacto y al ojo, nos rodeaban por todas partes. Contenían, incluso, pequeños estanques de aguas trasparentes y matas de juncos.Una vida reflejada en otra. Los espejos de la naturaleza.
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Un verdadero coto de caza. Un ciento de “cartuchos” se nos fueron entre los dos “tiradores” y el símil cazador me trajo el recuerdo de mi nunca olvidado Pepe Núñez Larraz que, aquí, hubiera gozado como un “marrano con paperas”. Así sucedió con Sarah, que sacó y cobró las mejores piezas. Algunas de las fotos de aquella tarde inolvidable son las que ilustran este “posting”. Aunque bien mirado, cualquier tarde con S. es siempre inolvidable.
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Dunas, agua, viento frío, olor a agua dulce de lago, vallas de madera sosteniendo la integridad del fenómeno…Ni las palabras, ni las imágenes, ni la feérica música de Vaughn Williams, allí en Chesterton (Indiana), quedan esas dunas esperando que alguien visite su delicada existencia. Antes, quizás, de que un mal viento se las lleve.

Luisma, 30 de Marzo del 2010 ( Fotos S. y L.)

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February 23rd 2010
Niágara para dos

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El barco “La Doncella de la Bruma” atacando los vapores de la catarata

Las cataratas del Niágara es un destino turístico pasado de moda, pero, como todas las cosas pasadas de moda, también tiene su encanto. Y más de veinte millones de visitantes al año! En el caso del río Niágara e independientemente de la belleza del accidente geográfico en si, las cataratas realmente son impresionantes, hay otros atractivos ambientales. Es un sitio ideal para pasar un fin de semana tranquilo y relajado, no mucho más tiempo, y desde el siglo XIX esta en la nómina de los lugares americanos favoritos para las lunas de miel y las escapadas amorosas de pareja.

La cuestión es que la propaganda y el cine nos vendieron las cataratas como algo norteamericano, y sí, existen dos saltos en territorio USA (la catarata americana y la del “velo de novia”), pero la visión de la catarata grande, la famosa de las vistas y las fotos, llamada la “herradura”, solamente se puede admirar desde territorio del Canadá. Y esto es parte del encanto de la cosa, hay que pasar la frontera y eso concede sentido de la privacidad y de la aventura; algo que los canadienses promocionan y alientan a la hora de no poner ninguna presión, ningún problema, en la frontera y en las reservas de hotel. Es legendaria la discreción en este sitio y legendarias, también, las historias de encuentros en este lugar, por otro lado, muy turístico.

Niagara Falls fue “descubierta”, tiene más de doce mil años, aparentemente por una serie de exploradores franceses, a principios del siglo XVII. Su origen fue en la Edad del Hielo, en la llamada glaciación Wisconsin. El nombre de Niágara le viene de la tribu india que vivía originalmente en aquellos parajes. Por ellas pasa el vertido del agua de los grandes lagos al Ontario y posteriormente al río San Lorenzo y al océano Atlántico, más del veinte por ciento del las aguas dulces del planeta. Poco a poco, se fueron haciendo famosas en el país y su celebridad saltó a Europa a raíz del viaje de luna de miel de Jerónimo Bonaparte, hermano de Napoleón. Quizá fuera este hito el que inició la costumbre americana de ir a las cataratas en luna de miel, antes de que se popularizase el ir a Las Vegas.

Hoy por hoy, la mayor atracción, aparte de la caída de las aguas, es el juego. Un casino, relativamente famoso, cuyos propietarios son la tribu india Seneca (!), frecuentado por un turismo de serie B, como las películas que se ruedan allí. Exceptuando tres: “Niagara” de Marilyn Monroe y Joseph Cotten, una película de culto; “Superman II” y “Piratas del Caribe: El Fin Del Mundo”. El punto álgido de la visita es un “viaje” en una embarcación llamada “The Maid of the Mist”(La Doncella de la Bruma) que navega la continuación de la cascada hasta su base, penetrando incluso entre los vapores de la caída; lo que garantiza una buena mojadura, parcialmente evitada con el uso de unos chubasqueros de colores que la gente conserva después como recuerdo. En ese “viaje” se consiguen unas fotografías pintorescas y en algunos casos impresionantes; la altura de la cascada es de 99 metros y el ruido es brutal.
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A 99 metros de altura, unos veinte pisos

Pero lo verdaderamente sorprendente de Niágara es el “vestuario” de la zona de las cataratas: el sitio no ha cambiado desde los años cincuenta del pasado siglo. Incluso el turista se comporta con la lentitud de aquella época, como si fueran parte de una película. Uno tiene la sensación de que en cualquier momento van a aparecer Frank Sinatra o Dean Martin, en el bar del hotel. Los colores, los luminosos, la publicidad…todo te lleva, en mi caso te retrotrae, a aquel tiempo. La iluminación de las cataratas en la noche recuerda la decoración de las tartas de boda, muy sentimental. Este monumento al más dudoso gusto americano se ha asentado allí para los restos. J.D. Salinger cita a H.R.Blyth, definiéndolo perfectamente: sentimentalismo es dar a una cosa mas ternura que la que Dios le dio.

Visitar esta zona tiene otros puntos de interés: pasar al Canadá, Toronto es una ciudad interesante a la que se llega bordeando el lago Ontario, cuyo nombre significa en lengua india “lago maravilloso”. Escapar hasta las cataratas en una visita a Nueva York, desde Europa, te da la oportunidad de contrastar las bellezas geográficas y la “otra” América, la rural, tantas veces descrita en multitud de películas. A mi me gusta, particularmente, esta América. Y Niágara, en “pareja de dos”, o de “tres”…si se tratase de Marilyn Monroe, o de su fantasma.

Luisma, 30 de Enero del 2010 (Fotos de Luisma)

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December 10th 2009
Misterio en Wheeling, parte I

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El puente colgante de Wheeling (West Virginia)

El reparto de mi tiempo en E.E.U.U. ha sido muy claro: una década en Houston (Texas) y otra en Pittsburgh (Pennsylvania). Sin embargo, hay una temporada corta, de transición entre ambas ciudades, en la que viví en Wheeling (WV). Una ciudad, o más bien un poblachón de unos treinta mil habitantes, no exenta de interés y en la que no viviría más allá de los seis meses que allí estuve.

Vivir en Wheeling, en el estado de West Virginia fue mi contacto más directo con la América profunda, rural y desasistida de toda clase de fortunas. Es el estado más pobre de la Unión. Una verdadera revelación de esa otra nación, a la que no estamos acostumbrados ni siquiera los que vivimos en este país. Tradicionalmente, se refieren a West Virginia, y su gente, los chistes de paletos y gente ineducada. Como todos los estereotipos hay gran parte de falsedad en ello y en mi experiencia en esa ciudad he encontrado lo auténtico del país y gente culta y educada; probablemente, de lo mejor de la América clásica, tradicional y hoy a punto de perderse. Casi igual que en nuestra España; signo de los tiempos—supongo. No hay muchos atractivos en la vida diaria de Wheeling, aunque tiene un poquito de todo, como todos los museos americanos. Un poco de aquí, un poco de allá y—Alehop! El prodigio se ha realizado! No hay nada más parecido a una ciudad americana que…otra ciudad americana!

La oferta cultural de Wheeling es muy limitada, pero, sobresale la existencia de una curtida y decente orquesta sinfónica, con no mucha programación y de la que uno se pregunta: en que se ocuparan sus profesores el resto del tiempo, después de ensayos y conciertos? Una vez, encontré un violinista en el supermercado, trabajaba de cajero y…no ví que se le cayeran los anillos. En aquel tiempo, hace diez años, estaba dirigida por una mujer pequeña de cuerpo, pero de muchos arreos y gran carácter. Vivía un par de casas mas allá de la mía, en la misma calle, y después de los conciertos pasaba andando por delante de mi casa, lo que yo aprovechaba para “aplaudir” o criticar. Es el único director de orquesta al que he visto detener la interpretación, y dando una sonora patada en el podio, conceder un respiro a los ejecutantes, entre un silencio espeso y expectante,
y seguir el concierto. Como si no hubiera pasado nada.

Wheeling tiene algún misterio y unos cuantos hitos históricos. Por ejemplo: un puente colgante, uno de los primeros del mundo. Una de esas obras, puro arte ingenieril que, de no ser lo que es, estaría en un museo. Tal “museo” debería ser, al menos, del tamaño de dos estadios de fútbol. El puente data de 1849, es decir, es anterior a la guerra civil americana (1861) y anterior, también, a la invención del automóvil. De hecho, además de su belleza estética y de obra civil, tiene una serie de consideraciones especiales y probablemente únicas: esta pintado de color blanco rechamante, contiene un montón de invenciones en tornilleria y cableado (ingenieros de todo el mundo suelen visitarlo y estudiarlo), el silbido del aire entre sus cables tiene una música especial, no admite el paso de camiones y gradúa el numero de coches que pueden estar en él al mismo tiempo; la cosa se consigue por una ingeniosa combinación de semáforos y distancia entre los vehículos. Todo esto más de cuarenta años antes de la inauguración del puente colgante sobre la ría de Bilbao y en el estado más deprimido y pobre de los Estados Unidos!

Tiene, también, una famosa emisora de radio especializada en música country-western, lo que no es extraño dado que la mayoría de sus habitantes son gente del campo. Una visita a los estudios de esta emisora es como un viaje al pasado, cuando esta parte del país (Wheeling está a una hora de Pittsburgh, por carretera) era la frontera del Oeste. Todo el equipo técnico, mesas de mezclas, micrófonos, etc. sigue siendo el antiguo, aunque tiene incorporada toda la técnica digital y más moderna. El caso es que les gusta lo clásico y lo mantienen, aunque sea pura fachada. Se dice que España es un país de contrastes,—bién, si alguien quiere ver contrastes, que vaya a West Virginia!

Parte del misterio de este sitio es la enormidad de esos contrastes. La historia de este estado es la de grandes innovadores emergiendo de un caldo de cultivo de lo más retrógrado. Gente que ha participado en acontecimientos mundiales, en su momento signos de modernidad, saliendo prácticamente del interior de los bosques, fuera de grandes núcleos de población. Por ejemplo: como llegó a participar en la guerra civil española, en el bando republicano, un batallón de voluntarios west-virginianos? Un verdadero misterio, difícil de entender y de investigar, a estas alturas. Nada como visitar West Virginia para comprender o intentar comprender los misterios de este país.

(continuará)

Luisma, 9 de Diciembre de 2009

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August 19th 2009
New Madrid (MO)

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Hace no muchos años, todavía me pegaba unas palizas enormes de coche por las carreteras americanas. No era polvo, sudor y hierro pero se le parecía mucho. Mi rocinante en aquella época era un Mazda MX-6 que me duró diez años, tras dos cambios de motor. Era una buena cabalgadura y corrimos muchas aventuras juntos.

En una de estas íbamos desde Houston a Chicago, algo así como ir desde Málaga hasta Estocolmo, cargados hasta los topes de las piezas de arte español que vendíamos, cuando podíamos; después de largas, muy largas, jornadas de camino y visitas a clientes. Otro día hablaré de algunos de estos clientes, incluso famosos tuvimos entre ellos. Houston a Dallas y Texarkana, de allí a Little Rock, Arkansas, pasando por Hope (patria chica del presidente Clinton). Un pequeño pueblo con un nombre bonito: Esperanza. Después Memphis (lugar de residencia de Elvis Presley) y Nashville en Tennessee, paraíso de la música country. Luego St. Louis y sus blues, para tras llegar a la “meta” de Indianápolis, por fin, acabar en Chicago. Miles de eternas millas, la mayoría de ellas en línea recta.

Estos viajes duraban varios días y a veces había que entretenerlos con aventuras inopinadas que surgían en las propias carreteras. No todo iba a ser el ver pasar árboles y mas árboles en sentido contrario, entre puente y puente y coca-cola y coca-cola. Y que carreteras! El sistema de autopistas americanas es impresionante, grandioso, entreteje y une todo el país. Tiene más o menos mi edad y se debe a la administración del presidente Eisenhower, un militar de carrera con gran visión civil, aunque se le recuerde más como el vencedor de la II Guerra Mundial.

Pues esto era en medio de la campiña del estado de Missouri, montones de kilómetros en línea recta, cuando al pronto vi uno de los típicos carteles, verdes y blancos, salida de autopista. Después de tantos nombres indios y anglos, allí estaba: New Madrid, 15 millas. Pegué un volantazo decidido y me salí en aquella dirección. Enseguida llegué a Nuevo Madrid, un típico pueblo del medio oeste, medio verde, medio desertico, medio vacio…Population:3.350 habitantes rezaba el cartel a la entrada, en el que me hice la pertinente foto. Siempre me he preguntado: Como y cada cuanto tiempo actualizan los números de población en esos carteles? Que cosas se ven! Aquel día, por extraña casualidad, iba vestido con una vieja camiseta de la selección nacional de fútbol. Manías que uno tiene: la Selección y el Real. Viva! y Hala!

New Madrid, a pesar del nombre, no podía ser más típicamente americano, ni más pequeño, solamente un par de calles abocadas a la enormidad del río Mississippi. Pregunté a algunas personas, en la calle, si sabían el porqué del nombre del pueblo; nadie supo decirme que era Madrid. El americano profundo es malísimo para los datos históricos y la geografía. Me indicaron que preguntase en el ayuntamiento, o en la oficina del sheriff. En la casa-museo del pueblo, parte del edicifio del ayuntamiento, encontré la única referencia a España. Por allí había llegado y posiblemente puso el nombre al pueblo, Diego de Gardoqui y Arriquibar (un negociante y explorador bilbaíno), río Mississippi arriba, quien sabe lo que le movió a parar allí. Luego me he enterado que el pueblo es relativamente famoso en los anales del pais, en 1812 fue el epicentro del mayor terremoto en la historia de los Estados Unidos.

Las dos viejitas que haciendo voluntariado cuidaban del museo, y seguramente del ayuntamiento, se mostraron muy excitadas con mi presencia: Madrid es la capital de España, sabe Vd.? Me dijeron, y nunca hemos tenido visitantes de esa ciudad que tiene nuestro mismo nombre! Nos va a permitir Vd. que avisemos al sheriff de su presencia, nuestro alcalde no está. Resumiendo, el sheriff decidió celebrar la presencia del turista español procediendo a izar la bandera de las barras y estrellas, y la de mi país. Diez minutos después, al volver de un corto paseo por las dos calles del pueblo, encontré en el mástil la bandera de Castilla, la antigua, la contracuartelada con los dos castillos y los dos leoncitos, una de las banderas más antiguas del mundo. Naturalmente no puse ningún reparo, ni corregí la situación. Ancha es Castilla…y vieja!

Dos años más tarde, por esas casualidades de la vida, encontré a las dos señorinas en el aeropuerto de Barajas. Se ve que les di las ganas, con mi cháchara, de visitar el viejo Madrid. No me reconocieron y decidí dejarlas en la ignorancia. Yo me acordaba perfectamente de ellas y de New Madrid (Missouri).

Luisma, 18 de Agosto del 2009

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August 7th 2009
El gran incendio de Chicago

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La Sra. O’Leary, la vaca, el tajo, el quinqué…todo es posible.

El famoso incendio creo que fue en 1871, y como los americanos tienen poca historia, o mucha historia en poco tiempo (según la color con que se mire) tenían que crear alguna epopeya, aunque fuera de la nada. Cada ciudad, en este país, quiere tener una tradición magnifica o incluso infame. Algo que las distinga de las demás y permita celebraciones, desfiles y chundaratas. Principalmente, algo que como dicen aquí: te ponga en el mapa. En realidad el incendio de Chicago fue monstruoso y se llevó una gran parte de la ciudad.

Lo interesante es la leyenda de cómo empezó, mas propia de una película de Hollywood. De acuerdo con dicha leyenda, apoyada por las crónicas , en el establo urbano de la señora O’Leary una de sus vacas, molesta por alguna mosca, sacudió una coz a un tajo que soportaba un quinqué de petróleo y que prendió fuego a la paja. El establo ardió, y ardieron todas casas del barrio por el fuerte viento reinante. Nada más fácil de arder que una casa americana, siempre hechas de madera. Los incendios americanos son fascinantes, tremendamente voraces y siempre difíciles de reducir hasta que se apagan por consunción. Los bomberos lo que hacen es controlarlos, apagarlos es casi imposible.

Chicago es bien conocida como la ciudad del viento y aunque se ha querido decir que el nombre era porque cambiaba como el viento durante las elecciones políticas, la realidad es que Eolo sopla fuerte y a diario. Todavía puedo recordar lo que cuesta cruzar un puente cuando sopla del lago. Como para hacerte perder el equilibrio, o para quitarte las telarañas. Durante la noche el incendio se extendió de un barrio a otro y así sucesivamente en el espacio de muchos kilómetros. Resultado: 300 muertos, incontables heridos, 100.000 personas se quedaron sin casa; unas pérdidas de casi 200 millones de dólares, de los de entonces (unos 3.500 millones de euros actuales). Un auténtico desastre del que la ciudad de Chicago salió con su ánimo triunfante, recuperando y reconstruyendo la ciudad en un tiempo record.

Uno de los más claros ejemplos de lo que realmente es la grandeza del pueblo americano, es su impulso emprendedor y su resistencia a los desastres. Algo que podría estarse perdiendo últimamente por culpa del pancismo y la pereza que supone llevar tantos años al frente del mundo como el país mas rico de la tierra. Se podría estar perdiendo el espíritu de los creadores de esta nación y el admirable sentido de la última frontera. La ciudad se recuperó magnificamente del gran fuego y, hoy día, aún lo celebran a la menor ocasión. Incluso el equipo de fútbol (del nuestro) lleva por nombre : El Fuego de Chicago (Chicago Fire), uno de los mas originales nombres deportivos que conozco.

Hay cantidad de historia en Chicago: Revolución industrial, gangsters y “ley seca”, escándalos políticos, manifestaciones artísticas; hasta el último presidente, el ínclito Obama, nació allí. Otro día te hablaré mas cosas de ella, la ciudad que todavía es llamada La Reina del Oeste, aunque esté en el centro de su geografía. La historia de Estados Unidos y el movimiento de la última frontera tienen estas cosas. En cualquier caso, si quieres entender lo que es este país y tienes que escoger una ciudad para tomar el pulso y sentir lo americano: Chicago.

Ni Nueva York, demasiado cosmopolita; ni Los Angeles, fea y complicada; ni tantas otras. Para ciudad grande: Chicago, y para ciudad pequeña: Pittsburgh. Por eso estoy aquí y por eso visito Chicago siempre que tengo la ocasión.
Luisma. Pittsburgh, 6 de Agosto del 2009

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July 29th 2009
Un par de cosas sobre Chicago

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Reflejos en “The Bean”, Parque del Milenio (Chicago)

A Chicago hay que llegar, a ser posible, por la noche y en avión. Es una ciudad tan grande y tan extendida que con las luces nocturnas se puede apreciar la curvatura de la tierra, o así me lo pareció a mi la primera vez que llegué a ella. Es probablemente la ciudad mas extendida de Estados Unidos y una de las que más personalidad tiene.

Bien es sabido que, a primera vista, todas las ciudades americanas son iguales o muy parecidas; una vez que conoces mejor este país te das cuenta de las diferencias, mayores de lo pensado, entre ciudades, estados y territorios de país. Chicago es uno de los sitios donde mejor se aprecia el conglomerado tejido urbano de este país. Algo muy típico, la cohabitación de estilos arquitectónicos y lo marcados que estos estilos están en el espacio de un mismo barrio o una zona urbanística.

Basta colocarse en la fuente central del parque de Milenio, a orillas del lago y girarse despaciosamente a los cuatros puntos cardinales. Al norte el agua, el lago, los malecones de las orillas, las extensiones de hierba, las miríadas de veleros atracados y en continuo balanceo que recuerdan el tiempo y los valores de las pinturas impresionistas. “La Grande Jatte”. Si se entornan los ojos y se abren de golpe todo puede parecer un cuadro puntillista.

En sentido contrario, hacia el sur, la ciudad baja, edificios altos pero no rascacielos, grandes hoteles de los años treinta primeros del siglo XX; como el Congress Plaza, mi favorito para quedarme en Chicago, techos altos, ventanas casi góticas, madera vieja por todas partes, pintada con tantas capas, una encima de otra, que parece esmalte engordado; cerrajerías de la época y baños posteriores, pero también antiguos. Las habitaciones enormes aunque evidentemente reducidas de las antiguas suites de sus primeros tiempos de esplendor.

Al oeste, los jardines del parque con un aire un poco francés, con rejerias y que da paso a Soldiers Field, un sorprendente estadio de fútbol americano que por fuera parece el Partenón de Atenas, con una enorme columnata a lo largo de la tribuna. Es la primera línea de esa parte de la ciudad que está toda unida por un metro elevado.

Y la parte este, la ultima adición a este paisaje urbano, el brillo rechamante del edificio-auditorio de Frank Gehry con el telón de fondo de los rascacielos de downtown. Una propuesta que, increíblemente, encaja “que ni pintada” con el resto de los estilos, las diferentas estéticas y todo el batiburillo urbano que desde este punto se puede apreciar. Su único problema, aún siendo impresionante, es su falta de originalidad; ya que recuerda demasiado las formas y los acabados del Museo Guggenheim de Bilbao, de mismo arquitecto.

Chicago es mucho más que todo eso y se podrían contar muchas cosas, y de hecho las iré contando. Hablar de su historia, de su actividad cultural, de su noche y de su día, entretenimiento y laboriosidad. Pero no voy hablarte, hoy, de baseball, negocios, o carreras de coches, de Elliot Ness o Al Capone…ni siquiera de su museo de arte, uno de los mejores del mundo. Otro día será! Lo próximo va ser contarte su incendio, el Gran Incendio de la Ciudad de Chicago, así llamado en las crónicas de su tiempo.

Luisma, 28 de Julio del 2009

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August 29th 2007
Notas de viaje

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Estaba necesitado de movimiento, me lo pedía el cuerpo, las alergias y la sangre.
Y me fui a Castilla, que ya dolía. Y Castilla, tantas veces denigrada y tantas otras recordada y echada de menos, estaba ahí con sus cantos rodados, su arbol solitario y sus trigos menguados. Esa Castilla, la vieja, avistada y fijada en la retina y en las fotos.

Desde el Castillo de Gormaz, cortando la atmosfera en hipotenusas vertiginosas, que anoche leyendo a Unamuno encontraba mejor definición: “¡Ancha es Castilla! Y ¡Que hermosa la tristeza reposada de ese mar petrificado y lleno de cielo!”

Me he pasado todo el viaje atisbando tierras desde las alturas. Primero desde los aviones, aunque esa forma no cuenta por falta de reposado mirar; no se que tiene el movimiento desde lo alto, o es vertigo, que no te deja concitar bien las ideas. Mire tierras y campos de Segovia desde Somosierra y la belleza serena de El Escorial desde la Cruz Verde. Me asome a la Ventana Del Diablo, a los pies de la Ciudad Encantada, para ver la sangre verde de esos arroyos espumosos. Y no solo Castilla… “Hay quien dice de Jaén que no es tierra andaluza!…” Tambien conté miles de olivos en hileras interminables desde las murallas pasmosas del castillo de Jaén, ni las aves de presa querían volar tan alto.

Nada como las sensaciones desde el castillo de Gormaz, rodeado de la familia, pensando en su historia y la nuestra. Cortando con la vista un derredor tan fantastico, sintiendo el calor y el viento de la meseta.

“Esta es mi España, un corazón desnudo, de viva roca, del granito mas duro, que con sus crestas en el cielo toca, buscando al sol en mutua soledad” (M. de Unamuno).

Estoy contando las alturas de la misma forma que me cuento los nudillos de las manos, cada vez mas acusados, cada vez mas secos y sarmentosos de venas…! Sangre castellana, que diablos!
Porque uno no se da cuenta de lo castellano que es hasta que no se mira las manos y hasta que no se mira esos campos desde arriba, desde los castillos. Llevamos esa sequedad y esos ocres y amarillos tatuados en los adentros. Estemos donde estemos y hagamos la vida que hagamos, nunca dejaremos de ser castellanos. Quizá por eso me he pasado este viaje llenándome los ojos de los planos de la meseta, y siempre con el mismo punto de vista, desde lo alto.

Necesito venir a Castilla, cada cierto tiempo, para darme cuenta de que sigue ahí, y que mi corazón sigue colgado de un pino albar en cualquier sierra, reflejando las luces de los soles que la calientan. Necesito venir a Castilla para recorrer otros caminos que los que todos los días ando. Es el animo de cambio, es la voluntad de movimiento.

“El espacio que recorras será tu camino; no te hagas, como planeta en su orbita, siervo de una trayectoria” (M. de U.).

–Luisma

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