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De Santos Y Músculos

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Se me está yendo el “santo al cielo” o, mejor dicho, se me están yendo un montón de santos, una verdadera procesión. Como se decía no hace mucho: tengo un despiste de “mira y no te menees”, o tengo un rollo que “no me aclaro”. Y me vas a decir: ¿y a que viene todo esto? Pues viene a que, de vez en cuando, “se me va la olla” de una manera atroz, es decir, se me olvidan las cosas, se me difuminan los recuerdos, los olvidos hacen cola a la puerta de mi cerebro. Y algunas cosas se quedan en el limbo del haber sido, o no haber existido más que en mi imaginación.

Y lo fácil, es decir: ya está, es cosa de la edad, pero no parece que esta sea la explicación, al menos no la única. Estoy empezando a pensar que estoy, o que he estado ya tanto tiempo enchufado a esta realidad que las realidades pasadas se diluyen como si les atacara un ácido fuerte, el ácido del “agua pasada” o como si fueran fotografías de los tiempos anteriores a los fijadores modernos, así llamados hasta que les clavamos el puñal digital. A lo peor, es que lo son y a mi no me pasa nada que no me tenga que pasar de todas maneras. Y si no fuera así me gustaría que alguien sea tan amable de indicarme que se podría hacer para conservar los recuerdos un poco más, un poco más vívidos, un poco más tiempo. Alguien tiene que haber estudiado todo esto y alguna solución tiene que tener, los científicos han toreado en peores plazas.

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Porque si empiezo a hacer una relación de las cosas que sé, las que sé que son y que me pasaron, empiezo a correr el peligro de incluir las que no me pasaron, pero tantas veces imaginadas y contadas, que quieren tomar carta de naturaleza en las batallas de mi vida. Tampoco tengo muy claro el porque hay que recordar todo. Que bien repasar y repetir los buenos recuerdos pero que necesidad de hacer lo propio con los malos o los menos buenos y porque no poderlos condenar al ostracismo definitivo. Una pastilla del “a mí que coño me importa” me vendría bien, al fin y al cabo, sería una más de las muchas que tomo cada día para los múltiples achaques: tensión arterial, artritis, dolores dentales, dolores musculares, el corazón ha empezado últimamente a ponerse borde; de todos tengo para dar y regalar, docenas de pastillas diarias. En vista de lo cual, a cualquier cosa lo llaman deporte hoy día, me dedico a sentarme cómodamente a la puerta de mi casa a ver pasar cadáveres, como ya no me quedan enemigos empiezan a pasar los amigos, lo que tiene menos gracia, mucha menos.

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Sopitas y buen vino es lo que yo necesito para alimentar a esta novia, amante, puta secreta de los últimos tiempos, “la Depre”, que debe tener la explicación de todo. Como dice el Ángel, no el de la guarda, el poeta González: “ahora lo único que ya quiero es vivir.” Escrito nos lo dejó y ya que él no puede hacerlo, nosotros tenemos que vivirlo por él, mientras descansa ya en paz, espero. Vivir, lo que se dice vivir, no sé yo…moro o habito, aquí el único que vive es el padre prior, Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores, que hay que ver que conventos (palacios) tienen. Hay que ver que lujos. Contento estoy con mi piscinita y los bosques que amparan la casa y el estudio. La envidia es uno de los pocos pecados que nunca he tenido, la única falla o merma en mi retrato de españolito típico, si es que lo soy. Después de tantos años en las Américas ya nunca podré ser más un español tan…tan típico.

 “…tratando de vender el alma a quien sea…”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo


“…tratando de vender el alma a quien sea…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Toda esta tralla que te estoy dando en este post es una excusa para presentar alguna foto más de las que llevo hechas en este trabajo de “mi mundo en el nuevo mundo.” Ahora ya son miles, casi veinte mil, desde que llegué de vuelta a Texas. Mi mundo es un monstruo que me flagela por haber estado tanto tiempo sin producir. Hoy, la calidad es la que he conseguido a base de hacer miles de fotos digitales, y estudiarlas una por una. Calculo que habrán sido, hasta ahora, entre sesenta y setenta mil en todo mi recorrido fotográfico. Si te pones a pensar, no es tanto, quizás hasta hayan podido ser más, ahora ayudado por el costo de la técnica actual. Al dejar el futbol, una retirada a tiempo es una victoria, mantengo la musculatura con las caminatas y las ”gimnasias” de la fotografía. De músculos ya solo me queda que cuidar del—el corazón, coño, el corazón—los demás “como que se cuidan solos” que diría un madrileño castizo.

De la Fotografía, en fin, hemos tenido que aprenderlo todo, otra vez, procesos técnicos y hasta mentales; mi generación es más o menos la de la aparición del color, que tanto costó hasta que se consiguió una cierta calidad. Los que casi asistimos al nacimiento del celuloide, al paso de blanco y negro a color, con aquellas diapositivas que, en poco tiempo se iban al blanco y desaparecían, estamos tratando de vender el alma a quien sea, para ganar tiempo y tratar de ver lo que venga después del digital. Espero que no nos mate la curiosidad.

Luisma, Maypearl (TX) 26 de Octubre del 2017

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Insurgencia 2017

“…husmeando entre las pilas de blocs amarillos…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…husmeando entre las pilas de blocs amarillos…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Ayer estaba husmeando entre las pilas de blocs amarillos, cuentos cortos, cartas y otras menudencias, sobre todo cosas escritas antes de que el Internet reventara la comunicación epistolar y telefónica. Me hicieron gracia mis propias palabras y se las mandé a dos o tres personas, que naturalmente coincidieron con la frase final. “Insurgencia” tiene el tamaño de un párrafo (de los míos) y es simple. ¡Qué barbaridad! Lo que hace la costumbre y eso que la sufrida clase médica me está repitiendo hasta la saciedad, en español o en inglés, da igual: cuando llegas a la edad que tú tienes te falla la memoria cercana y recuperas la memoria de lo viejo o de lo antiguo. La pregunta era que cuando me hice viejo y aunque la contestación anda siempre a mi alrededor, este ‘párrafo’ me la canta en plan gitano, sin remedio: “Te la canto resalao?” En la cueva de “Las Mucheres”, en un pequeño ribazo con vistas al Tormes, en el camino al Puente de la Salud, la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura, un pequeño párrafo de previsiones de futuro, que lamento no recordar si se han cumplido. Mi memoria de lo antiguo no da para tanto. Aunque recuerde muchas cosas, con solo tirarme del hilito.

“…la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Por ejemplo: cada vez que escribo la palabra párrafo me viene invariablemente a la memoria lo de: “Nada de un párrafo de gracias, escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo” Siempre me hizo gracia, aunque no tenga nada que ver conmigo, tampoco recuerdo exactamente quien lo dijo y con qué ocasión, no estoy seguro si fue José Antonio Primo de Ribera o Dionisio Ridruejo, los de la Falange. La frase es antigua y ya no la recuerdo bien; eso ya es peor, pero para estas ocasiones hay un Google, ¡que diablos! Así que parece que me hice viejo mucho antes de lo que creí. Quizás cuando me senté en el sofá con el laptop y recordar se volvió más barato de lo que pensaba. Alguien me acaba de mandar un e-mail con una buena definición: “…es cuando empiezas a andar a las diez y diez y arrastras los pies como si estuvieras esquiando nórdico. Despacito.” Ah! Y lo siento, señores: nunca he “sentido el amanecer en la alegría de mis entrañas”. Es cosa sabida que el día amanece, y los luceros, y todo aquello… pero yo no, yo soy nocturno como Caperucita…(!?).

Luisma, Maypearl (TX) 25 de Septiembre del 2017

“…me organizaba mis guerras y me hacia mi paz…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…me organizaba mis guerras y me hacia mi paz…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Insurgencia

Recuerdo el tiempo cuando el mundo era mío. Yo era el imperio de mí mismo y me organizaba mis guerras y me hacia mi paz, cuando la tenía. Aquellos sí que eran tiempos, nunca ha vuelto a ser lo mismo y no sé cuando esto cambió , no sé cuando me hice viejo y ni si quiera se quién me pidió permiso para ello. Algo así me parece que no estaba en el contrato, y si lo estaba era la letra pequeña, esa que nunca se lee. Ahora el mundo ya no es mío, y lo noto todos los días al levantarme por la mañana. Qué pena! con lo bien que me lo pasaba yo mandando sobre mí mismo y haciendo lo que me daba la gana. Alguna guerrilla tengo que organizar para volver, si se puede, a aquellos tiempos (del cuplé).

“De qué coño estás hablando? — Pero si tú nunca has dejado de hacer lo que te daba la gana!” …Seguro que algo así me van a decir.

Luisma, Pittsburgh (PA) El párrafo original está escrito hacia el 2011, o por ahí.

“Now the world isn’t mine anymore….”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“Now the world isn’t mine anymore….” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Bueno, pues aquí va la cosa en inglés, traducido a petición.

English:

Insurgency

I remember a time when the world was mine. I was the Empire of Me and I organized my wars and negotiated my peaces when there were any. Those were times! It’s never been the same, and I don’t know when it changed; I don’t know when I became old. I don’t even know who asked my permission. Something like this, it seems to me, was not in the contract, or if it was, it was in the fine print, the part nobody reads. Now the world isn’t mine anymore and I feel that every day when I get out of bed. What a pity! Oh, to feel as I did once when I commanded myself and did as I wished! I have to organize some kind of coup to return, if I can, to those times (the good old days).

“What the hell are you talking about —you’ve always done whatever you wanted anyway!”, I’m sure they’d say something like that.

(La edición y las correcciones del inglés son cosa de S., léase: Ese Punto)
Lo dicho: “Nada de un párrafo de gracias…”

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EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA …

exhibit post
Mi exposición de fotografía en DA2 (Salamanca), hasta el 24 de Septiembre.

My photography exhibit at DA2 in Salamanca (Spain) is open until September 24.

La del alba sería…

"...es el ver amanecer casi llegando a España.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…es el ver amanecer casi llegando a España.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.


El lucero de la mañana. Solo me acuerdo de esa luz, con ese nombre tan relamido y tan dudosamente poético, cuando estoy en estas alturas mortales de necesidad, subido en un avión por encima del Atlántico; el “estanque” que es como le llaman al océano los americanos; el “charco” que decimos nosotros. Una de las delicias estéticas del viaje de América hacia Europa, con sus horarios habituales, es el ver amanecer casi llegando a España y desde esas alturas, cuando las nubes quedan por debajo y el espectáculo aparece casi garantizado, y siempre distinto, siempre algo nuevo, más luminoso o más brillante. No sé cuántas veces he atravesado el Atlántico, pueden ser veinte o treinta, eso hace un montón de amaneceres, que no es poco. Todos iguales y todos diferentes.

Hace un rato todavía era de noche, la noche de estos vuelos es una noche “corta”, de “solo” tres horas, y buscas el dichoso lucero porque el alba se viene volando, nunca mejor dicho. El sol, perdón, el Astro Rey, se asoma saliendo del agua y trepando sobre un alfombrado de nubes para ofrecerse totalmente limpio como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz. Viéndola, se le va a uno la neurona, la de pensar en los millones y millones de soles que al parecer pueblan el universo, o eso dicen los que saben de ello. Dada la cantidad que se ha descubierto en este nuestro rincón de la Vía Láctea, estiman que puede haber miles de millones de sistemas solares, solo en nuestra galaxia. Cantidades ingentes de luz, para dar y para tomar. ¿Mundos de luz, iluminando qué? Desde nuestras entendederas y pobre vista, solo la infinita negrura espacial.

Interior del “American Airlines Boeing 787 Dreamliner”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Interior del “American Airlines Boeing 787 Dreamliner” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Y es ahí en esa obscuridad, reflejada (?)—o así me lo parece a mí—que sale el dichoso lucero, como una especie de telonero del concierto solar, que es el plato fuerte de la jornada. Cervantes acertó, como casi siempre, si señor: sería la del alba. Y a partir de ahí, todo el espectáculo “aéreo”: luces, reflejos, luminarias, colores, brillos sorprendentes, tintes “fabricados” en picado, los contrapicados son para la imaginación. Todo esto para el atónito fotógrafo, escondido detrás de la más grande y más redondeada ventanilla de este avión (Boeing 787 Dreamliner). Miro hacia fuera y constato cada uno de los 34000 pies y de los 900 Km por hora, que es lo normal de este tubo metálico (a veces, no te puedes ahorrar el cliché). Un avión, este, recientito como los churros de un buen desayuno; solo hace tres semanas que salió de la fábrica, con el último grito de la moda: las ventanillas con cierre visual, un ojo sin párpado, seis grados de filtro de color azul, desde el que te nubla la vista, hasta el que te deja ver claramente todo lo que pasa afuera.

A lo que pasa fuera: altura y velocidad, le podemos añadir la temperatura, es decir cuarenta y siete grados bajo cero, que si lo piensas despacio y un par de veces te daría por cerrar los ojos y empezar la letanía del torero y no parar hasta que se acabase esta singladura…”ora pro nobis” y “que no nos pase ná”. Todo esto no es un chiste, ni una manera de hablar, es real; en compañía de unas doscientas gentes, estoy mandándome entre pecho y espalda, la travesía, lo de Colón, solo que, en nueve horas y media, que se dice pronto. Y todo lo que se me ocurre es ir mirando y haciendo fotos, puros condicionantes estéticos y técnicos de fotografía, que si el enfoque, que si la temperatura de color, que si la profundidad de campo; mirando hacia abajo, en que otra profundidad estaría yo pensando… ¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…Quizás pensando en esto, se me abren las compuertas de la imaginación y la comprensión de las pobres luces con las que uno juega, a veces. Otras, me sobra claridad digital y pierde importancia hasta el tembleque de las manos. Cuando hay esta luz “prometida” se puede uno permitir el lujo de jugar a tres bandas, o tres luces incidiendo en el mismo motivo.

"¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Para luz el Sol, la madre de todas las…mejor dicho: El padre de todas las luces, fiel a su “nacimiento” diario, desde nuestro punto de vista. Cuanto tiempo de ‘vida’ tiene nuestro Sol? Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Una miríada de nuestros conceptos vitales tienen que ver con el Sol. Nos afecta lo que el Sol hace y lo que no hace. Las distancias y su relación con los envíos de luz. Esos ocho minutos que tarda cada ‘rayo’ en llegar…Por lo menos sabemos a qué atenernos sobre la luz y la temperatura. El sol de Castilla, el sol de Texas, el Sol del Atlántico Norte, transfusiones de luz directamente a la vena del fotógrafo…y ahí te las compongas. El Sol es despiadadamente eficiente y exacto en sus movimientos y sus “quehaceres” de estrella. Como estrella no es nada especial, es una enana amarilla, una del montón, como tantos otros billones de ellas. Y más nos vale que se mantenga como está, aunque de vez en cuando nos “queme” alguna fotografía con su “blanco nuclear”.

“…como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz.”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

¡Ay! La memoria se va, pero se quedan las imágenes, pintura, fotografía, más alguna neurona frita por escribir, algo para que me queden recuerdos, por si acaso no hay nada después, que parece que no. He preguntado, e insisten en que los recuerdos no se pueden llevar. Ni el dinero tampoco, aviso a los navegantes. La imaginación está intentando ver la posibilidad de que la dejen ir con uno. Y por ende estoy ahora mirando estrellas, enanas amarillas (o algo así, que vaya usted a saber) planetas gaseosos, o medio, luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte del rancho, a donde voy muchas veces, por ver si encuentro a Caronte (la barca sí que está) y al Cerbero, que deberían estar esperándome, por mor de pasar al “otro lado”, pero solo cuando sea menester. “La lengua queda y los ojos listos”…que buen ‘fotógrafo’ era Cervantes!

“…luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Luisma, Maypearl (TX) 12 de Agosto del 2017

Nueva Exposición de Fotografía en Salamanca [España]

[New exhibit of photography in Salamanca, Spain]

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #128, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #128, print on dibond, 16″ x 20″

Con el titulo general de: “Presencia de Pepe Nuñez” he participado en la exposición que un grupo de amigos y discipulos de Pepe hemos presentado en Salamanca este Junio y que estará abierta y visitable hasta el 24 de Septiembre de este año 2017 en DA2 (domus artium 2002)

website: domusartium2002.com/es/PORTADA

email: da2@ciudad de cultura.org

Luis Jimenez-Ridruejo, Chicago Morisot, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Chicago Morisot, print on dibond, 16″ x 20″

Mi fotografía no es un cuento de hadas, ni tampoco un relato de ciencia-ficción, del futuro solo me interesaría (fotográficamente) el devenir de las técnicas de consecución de la imagen y los resultados. Que tiene de especulación? Quizás el hecho de mirar con el prisma de la imaginación. El pensar en universos paralelos, pura fantasía, colores y ‘formas’ arrebatadas a la posibilidad de otros mundos.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #201, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #201, print on dibond, 16″ x 20″

Cuatro árboles, unos cuantos arbustos diferentes. Las cuatro estaciones como si fueran las cuatro paredes de una casa abierta al Rey Sol, con todas sus luces del día. Texas, el bosque, la maraña que lo esconde y lo protege. La pradera y la naturaleza plena que ayuda a encender todos esos colores, que nunca pueden ser un caos y siempre están de acuerdo, ellos y mi mente. La puerta a ese Otro Mundo que he encontrado en esta parte del Nuevo Mundo.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo, Playa Dali, print on dibond, 16" x 20"

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo, Playa Dali, print on dibond, 16″ x 20″

El dia antes de la inauguración de la exposición (22-06-17) tuvimos una rueda de prensa en la misma sala de la Exposición. DA2 (Domus Artium 2002) Cra.de la Aldehuela.Salamanca.

Rueda de prensa. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo.

Rueda de prensa. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo.

Otros de mis post relacionados con Pepe, publicados en mis blogs: luisjimenezridruejo.com y dustsweatiron.net

Retrato de Fotógrafo (I):

Núñez Larraz podía haber sido, perfectamente, un fotógrafo americano; si no fuera porque en América no había romerías, tascas, ni procesiones de Semana Santa. Ah! y los Toros…Pepe, desgraciadamente, murió hace casi dos décadas y yo perdí entonces el mejor maestro y el mejor amigo.

De Fotografia:
Ver el mundo…Perpetuar lo visto. Ahora sé que para poderlo recordar. Claro que, no es solo la fotografía que uno hace; luego está la otra fotografía, la que otros hacen, la que son los recuerdos de otro. 

Mirar y ver:
 Siempre echando de menos a la persona que me enseñó a ver, partiendo de la simple mirada. Lo que Ansel Adams llamaba: visualización y Núñez Larraz llamaba: ver. Es el quid del artista fotógrafo: saber ver la foto cuando la tienes delante.

Retrato de Fotógrafo (?):
 En mi fotografía actual hay una utilización de mi propia idea del colorido, aceptando los colores que entran por la ‘ventana digital’ y dejando un mínimo de posibilidad al cambio, a la adecuación después del disparo, sin llegar a la manipulación excesiva.

Anibal y la tahona literaria:
¿Porqué me acuerdo ahora del clásicamente llamado: “General Cartaginés?” Pues…porque estaba releyendo mi primer post de este blog y en él hago mención del Ani (mi diminutivo de Aníbal) Núñez Sanfrancisco (el hijo de Pepe Núñez Larraz, amigo y maestro de fotografía).

P.S. “Pasa el tiempo y miras retratos, la gente vuelve a ti como un eco silencioso. Una fotografía es el vestigio de una cara, una cara en tránsito. La fotografía tiene algo que ver con la muerte. Es una huella. (Henri Cartier-Bresson. 1908-2004)

pepe nunez larraz
La presencia de Pepe en mi es continua, siempre.

Luisma, Maypearl, (TX) 3 de Julio del 2017

Tiempo Tormentoso

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #17, acrylic on canvas, 16" x 16"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #17, acrylic on canvas, 16″ x 16″


“Lo único bueno que tiene esta vida es que nada dura mucho.” Encontré este pensamiento, hecho frase, leyendo a Donald Ray Pollock, un escritor de Ohio, horror y policiaco, reciente aunque no joven. Había trabajado durante años en una papelera y como camionero hasta los cincuenta. Se puso a publicar, nadie acierta como, y le empezaron a caer las críticas (buenas, aunque nada dura mucho…) y los premios.

Nada que ver con el “Tiempo Tormentoso” del título, excepto la pequeña—no sé si tanto—idea de que ‘nada dura mucho’ y empecé a darle vueltas al concepto a ver si me resistía en el cacumen o me resbalaba por las laderas de las montañas que aquí no hay, las imaginarias. Porque la tormenta bailaba fuera del estudio y el fondo de mi cuadro se volvia negro como la boca del famoso lobo. El tiempo ya era tormentoso de por si, me vino a la maltrecha memoria una canción: “Stormy Weather” (versión a ser posible de Lena Horne) una canción gloriosa que debió nacer al mismo tiempo que yo, o sobre poco más o menos y una vez que la entendí y la adopté, ha ido y venido ya conmigo más de sesenta años. A lo mejor eso es “durar poco” todavía. Como su propio título indica: ese tiempo especial, que tampoco dura mucho y que para mi es tiempo encantado y encantador.

Me fascinan sobre todo las tormentas nocturnas porque doblan lo dramático del fenómeno añadiéndole: alevosía. No me atrevo a mencionar la premeditación porque eso sería meterse en camisa de once varas. Me seduce la maravilla de un meteoro al que nunca he encontrado el porqué. Conozco la física de la cosa, masas de aire caliente, vientos fuertes, chorros de agua de lluvia y todo lo que conlleva, pero aún eso no me rinde el porqué de la tormenta y de sus fenómenos más usuales: rayos, truenos, tornados. Esas fuerzas brutas de la naturaleza, si es que la naturaleza es el factótum de todas ellas, o simplemente es la dirección, la conducción, como si fuera una orquesta sinfónica, con mucha percusión. A saber. Comprender una música o una pintura, a veces es complicado. Tiempo tormentoso.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #15 [detail], acrylic on canvas, 48" x 56"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #15 [detail], acrylic on canvas, 48″ x 56″


Ha caído un zambombazo a muy poca distancia de las ventanas del oeste del estudio, en el matón de bosque(salmantinismo?) de la izquierda, apenas cincuenta metros a mis espaldas. La luz me ha envuelto totalmente y lo que he visto y sentido es el color ‘cercano’ del rayo: rojo con reflejos blancos. Varios. Tantos reflejos como ventanales del estudio. Doce, la única pared opaca tiene tres puertas que dan a las habitaciones, también de cristal y hasta una doble de vidrieras. El resto es una caja de cristal expuesta a la más amplia visión del exterior y el negro más duro de la noche. Solo me faltaría una de esas rotatorias esferas de espejitos para parecer una discoteca. El final de los reflejos es un azul nítido y pálido sobre el cuadro que estoy pintando. Cierro los ojos y lo puedo volver a ver; es como aquellas famosas ‘visiones’ de una estampa que luego se repetían en la pared.

Me encanta el tiempo y el paso de la tormenta porque cambia los colores de todo y con los colores ‘nuevos’ en la retina, cambia el sentimiento de apreciación de lo que estas pintando. A través de los ventanales, algunos cubiertos por cortinas de agua de las prismáticas gárgolas, puedo ver esos grises triunfales, poderosos, cortados por añiles, azules metálicos y blancos purísimos. Los ‘claros’ del bosque. Colores fáciles de ver pero difíciles de plasmar en el papel o en el lienzo de la pared. Hace muchos años, una vez que decidí pintar con el lienzo ‘colgado’ (clavado) en la pared, en un soporte de madera sobre ella, nunca volví a pintar con caballete. El bastidor lo pongo a lienzo terminado. No se libran ni los cuadros grandes, ni los pequeños, algunos de estos de vez en cuando los pinto sobre mesas, sentado. En el tiempo de la tormenta siempre me siento de cara a las ventanas de esquina del estudio, con la visión como la de los clásicos miradores, y por tanto, la sensación vívida del fenómeno. Disfrutar de la percepción de sus colores, olores, sonidos. Las tormentas de Texas son muy diferentes de las de Pennsylvania, ”donde vivía antes de ahora”. Ay! Señor, otro salmantinismo, que afición!

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #12 [detail], acrylic on canvas, 48" x 56"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #12 [detail], acrylic on canvas, 48″ x 56″


Me quedo perdido en mi ensoñación, recordando las tormentas de Pittsburgh, entro y salgo del sueño con airones tempestuosos, vibraciones de cristal, como cubos de hielo de un gin-tonic. Cuando la tormenta rola y vuela como alma que lleva el diablo, o como si fuese una carrera de bicicletas, o de caballos, que ambos sonidos cuadran. Por no sé que atavismo de abuela española, aunque a lo mejor es cosa cierta, siempre hago lo mismo cuando ‘huelo’ la tormenta: cierro ventanas, apago luces y televisión, desenchufo el computador y pongo la música del estéreo, todo para situarme al ‘salto’ de la movida en mi córner de cristal donde gozo de tribuna preferente para vendavales y migraciones animales. Una docena de patos, sin ruidos y en formación de uve, huyen volando presurosos de la tormenta, ya volverán, el lago es suyo.

Durante años solía poner música de Wagner para celebrar el meteoro. Nunca la cabalgata de las Walkirias—demasiado obvio—, mejor: El Holandés Volador. Últimamente meto jazz orquestal, con mucho metal, sobre todo trombones y si es con vocalista, que Santa Lena Horne me asista, que yo canonizo a muy poca gente. De Lena, su rendición de “Stormy Weather”, la mejor de muchas buenas. En mi caso, además es terapéutica, me calma la úlcera de estómago, tan bien como el milagroso Nexium. Y hablando de trombones: “Stomping at the Savoy” por la celestial orquesta de Benny Goodman y ‘todo’ lo de Glenn Miller, que no es de esta vida—es de todas las vidas, habidas y por haber—y por tanto, como decíamos al principio, ya va durando mucho, una eternidad…

Luis Jimenez-Ridruejo with Instar #5, acrylic on canvas, 47" x 53"

Luis Jimenez-Ridruejo with Instar #5, acrylic on canvas, 47″ x 53″


Don’t know why
There’s no sun up in the sky
Stormy weather
Since my man and I ain’t together
Keeps rainin’ all the time…

No sé porqué
No hay sol arriba en el cielo
Tiempo tormentoso
Desde que mi hombre y yo no estamos juntos
Sigue lloviendo todo el tiempo…

(Primera estrofa de “Stormy Weather” por Lena Horne, difícil traducir sin cambiar todo el sentido, asi que en inglés, o en “literal.”)

Luisma, Maypearl (TX) 14 de Junio del 2017

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Birmingham Bridge

Así estaba esta tarde, a las tres. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Así estaba esta tarde, a las tres. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Puentes de Pittsburgh, alguna vez tengo que escribir largo y tendido, como son de por si; la mayoría imponentes, algunos hasta bellos. Este puente, en cuestión, particularmente expresivo, quizá porque está ahí, al otro lado de la ventana. Esos hierros cruzados, verdes, con su presencia importante. Cables y tirantes verticales en series rítmicas, soportando curvas olímpicas. Algo así como una monstruosa rueda de molino en equilibro aéreo. Y largo, largo como un día sin pan, que diría mi padre. Alguien a quien todo esto, América, le hubiera gustado muchísimo.

Dos ríos corren por este puente, uno por debajo…el mas fluido; otro, por encima, mucho mas ruidoso, bajo los tensos hierros verdes. Este, el de arriba, en el que me incluyo todos los días, compacto y a veces sincopado en ritmos y en sonidos, cuerpo y sangre de la ciudad discurriendo por los dos sentidos. Imperio por imperio, masa por masa…durarán tanto estos puentes como los puentes romanos?

Me gusta mirar, contemplar, este puente…quizá, simplemente, porque esta ahí o porque necesito un punto de referencia para cuando me olvido de donde estoy. Algunas veces, también, me olvido de quien soy, pero, el puente no puede hacer nada por recordármelo. Si que recuerdo que aquí vine, fundamentalmente, para mirar, observar, presenciar…y sigo mirando, curioso e interesado.

Todavía no he perdido el interés por este país extraño y al mismo tiempo ya tan familiar. Van siendo ya veinte años en esta olla podrida, sin segundos significados, melting pot, después de más de dos siglos. Y en esta olla se siguen mezclando, para fundirse, una serie de culturas que, aparentemente, deberían mejorar la general de este país, pero, simplemente se diluyen para perderse en una cultura nueva; como ha venido siendo el caso desde su nacimiento. Una cultura con un gran, increíble, poder de obliteración sobre las demás. Armas magnificas…el cine y la televisión!

Anglosajones que se separan de los puentes con su pasado. Mediterráneos que pierden el idioma entre las espumas de un cambio sustantivo. Eslavos que se mezclan entre si y pierden el sentido de sus mas lígrimas costumbres. Africanos que cambian porque lo que quieren es cambiar, huyendo de si mismos. Escandinavos que abjuran de su frialdad y calientan sus sangres, y tantos otros…los asiáticos, que poco sé de ellos, de todos ellos, tan diferentes! Aunque la americanización de los japoneses que viven aquí es “ejemplar”, casi religiosa. Una de las razones de esto habría que buscarla en los campos de internamiento, durante y después de la segunda guerra mundial, en California y otros estados, al oeste del pais.

Todos estos pobladores, procedentes de tan diferentes rincones del planeta, se convierten rápidamente al americanismo en su propia salsa. Ah! Se podría pensar que los hispanos, o latinos, que es como se les llama más bien aquí, se salvarían en lo de la perdida de sus culturas de origen, pero, no es así, lo único que conservan por un tiempo es la religión y la gastronomía. Es un pensamiento un poco duro, pero, cuanta menos cultura hay, menos tiempo se tarda en perderla.

El puente ha desaparecido, casi, en la oscuridad de la noche que ha bajado deprisa desde las colinas de Arlington y Mount Washington, y sin embargo, los diferentes fluidos siguen corriendo por debajo y por encima del puente. Si tuviera que ponerle un sobrenombre a este Birmingham Bridge, sería: El puente de las nacionalidades perdidas.

Bien! Demasiado hablar de pérdidas de esto, o pérdidas de lo otro…Habría que hablar de ganancias, o de beneficios del vivir aquí…Pero sería objeto de otras historias y otros puentes.

Luisma 31 de Mayo de 2017

[Originally posted from Pittsburgh. 28 de Enero de 2009]

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Secretly…

“…una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo…”  Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“…una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo…” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

Secretamente, supe que me había transformado, emocionada por la revelación de que los seres humanos creaban arte, que ser un artista era ver lo que otros no podían…No tenía prueba de tener las condiciones para ser un artista, aunque ansiaba ser uno de ellos…

–Patti Smith. (Escritora, Poeta, Cantautora Punk-Rock, pintora, fotógrafa, pianista, clarinetista…setenta años de inmensidad y coraje)

Hubo un tiempo en que las cosas que ahora escribo las contaba de palabra y solo había una ‘pequeña’ diferencia. La diferencia es que una vez que se escriben, queda. Contándolas, lo que ocurría es que el relato cambiaba cada vez; no esencialmente, pero cambiaba. Cuando escribes una cosa y pasan los años, siempre te dan ganas de volverla a escribir. Y a veces lo hago. Es una buena forma de recordar y si no de pasar la página definitivamente.

Para que lo lea, quién? Todas estas cosas que he ido escribiendo en mi vida. Escritas en principio para mí, por el simple placer de hacerlo, y que ahora parecen sentar plaza en este ‘bullicio’ del Internet, más ciertamente ‘pifostio’ (no recuerdo bien si es un salmantinismo) palabra que yo aplico como otras muchas a variados significados o definiciones, a veces inventados o leídos quien sabe donde y recordados por la cuenta que a uno le tiene. (“Pifostio”, acabo de leerlo en el “Trafalgar” de Reverte y me temo que alguien no lo está usando bien. Por supuesto debo de ser yo. Le he quitado una erre que yo le ponía.) En fin Luisma, no te distraigas—tendencia muy tuya—que esto es pradera tejana, verde y llana, y no es Úbeda y apenas hay algunos cerros, cerritos, que se insinúan. Y no a lo lejos, que aquí ‘lo lejos’ no existe, lejos es todo. Y si no, que se lo digan a los satélites de Google.

“…que carajo estoy escribiendo o fotografiando.”  Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“…que carajo estoy escribiendo o fotografiando.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

Así que el horizonte está más lejos, lejísimos, que en otros sitios. Aquí cuando se pone el sol, en el último momento, no se nota más que una raya de ese horizonte, una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo rosa-naranja-amarillo, con un azul que se adormece encima de estos colores, en líneas que parecen tendidas a cartabón y nivel de burbuja. Por debajo empieza a oscurecer a lo lejos, que va desde esas líneas de color hasta mi ombligo, sienas y verdes que se van a convertir inevitablemente en azules oscuros, oscurísimos, que si no enciendo las luces del porche van a acabar en el famoso negro ‘boca de lobo’. Si el cielo está cubierto y la noche no es estrellada, la sensación es que te has muerto y ese es el momento justo de pensártelo bien y entrar en la casa, encendiendo luces.

Si aguantas fuera, aunque sea en el porche, rodeado de obscuridades, y pasas de la sensación mortal, te van a venir enseguida los cinco mil ruidos de la noche y con ellos el miedo, casi siempre infundado, aunque por si acaso con el Winchester en el regazo. Miedo, lo que se dice miedo, solo a lo desconocido. Los animales, incluido o sobre todo, el hombre. Pero en estos tiempos, segunda década del siglo XXI, ya no se puede estar seguro de nada; ya se ve a diario en la tele, o en el computador, o la tableta, el teléfono, o en el castizo telediario, que ya no puede uno ni confiar en sentarse en una terraza a tomar el sol y unas cañas, porque cuando menos te lo esperas—como si eso fuera algo que se puede esperar—te viene un hijo de puta montado en un camión y te pasa por encima desparramando muerte. Y que hace buena la admonición del viejo italiano aquél que me leyó la cartilla en la segunda avenida de Nueva York. Vecinos de mesa en aquel cafetín—no se me olvida—“… ponte siempre de frente a lo que pueda venir, por la puerta o las ventanas, y donde tengas una vía de escape, estés donde estés, restaurante, iglesia, cine…hasta en tu propia casa, así por exagerar un poco, y que el tipo de la ‘quemadora’ no se de cuenta de que estás preparado.” La verdad es que en un momento dado, estar alerta (‘awareness’, se dice en inglés) te puede salvar. El siciliano sabía mucho de estas cosas.

“….’awareness’…estar alerta te puede salvar.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“….’awareness’…estar alerta te puede salvar.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

El caso es que me he ido por la pendiente, siguiendo las aguas, no sé que aguas pero siguiéndolas, como siempre y sin tener por cierto, idea de que carajo estoy escribiendo o fotografiando. Para variar, me viene a la mente que estoy en el fondo del mar, un mar pelágico que fue todo este Texas hace miles, más bien millones de años. Gracias a los ammonites fósiles el fondo del fondo de este territorio inmenso, pensando que Francia y España ‘cabrían’ en el mapa de Texas, parece ser como una monstruosa esponja que se bebe toda el agua que le cae encima, que es mucha. Y así, estaba sentado mirando, o era admirando, la bandeja del vallecito central del rancho desde la ’altura’ de la piscina. La mejor vista es, realmente, mirar hacia arriba en noche clara y diáfana, el reflejo del sol en la luna y las miles de estrellas, y detrás la negrura del espacio. A eso me refiero cuando digo que estoy mirando el ‘paisaje’.

La definición del color negro, el que me gusta para pintar, es el espacio entre dos rayos en noche de tormenta, sin luna y sin estrellas. Sin punta del cigarrillo, hace diez años que dejé de fumar. Ni siquiera una excusa que me sirva de referencia, con los años utilizo cada vez menos las excusas. A tono con lo anterior, uno de estos días no me va a quedar más remedio que ‘declarar’ o definir mis colores predilectos:
Un verde-amarillo (clorofila recientita).Rosa-naranja-amarillo ( ver párrafo anterior, sobre horizontes). El morado aquel que casaba con el amarillo-oro y el rojo clavel reventón.Y siguiendo así, hasta los colores de la muerte, si, si, colores plurales, no más negro, ni pergamino, eso parece que dice el personal competente.

“…Otro Mundo, dentro del mismo…” Fotografía: Luisjimenezridruejo.com/photos/

“…Otro Mundo, dentro del mismo…” Fotografía: Luisjimenezridruejo.com/photos/

Otro Mundo, dentro del mismo y ya clásico Nuevo Mundo. Mi Nuevo Mundo dentro del Nuevo, o sea el Novísimo? Vaya berrea que he cogido con los munditos, señor… la cosa es que como novísimo americano parece que me asiste derecho a pronunciamientos, mejor que sean solo de este tipo. A cambio, me puedo dedicar a homenajear a ‘mis compatriotas’, por ejemplo: Patti Smith, con la que concurro en un montón de cosas, incluida la edad, ya hemos saltado la barra de los setenta. Ella es la abuela, quizás la madrina del Punk-Rock y todavía actuando en público, cuestión de coraje como en su colorismo. Estoy leyendo su último libro: “Just Kids” (“Solo unos niños”) unas memorias selectivas de su relación con Mapplethorpe, el fotógrafo. Solo se me ocurre, y sin ánimo de ofender, que algunas personas parece que nacieron de pie y rodeadas de luminarias. No me refiero a la riqueza económica sino a las personalidades con las que se codearon en la subida al Olimpo. De robar comida en los supermercados a Premio Nacional del Libro en el año 2010, en el intermedio una vida más que llena, inmensa. Siempre alerta y corajuda en su arte. Admirable.

And the sky was all violet/ I want it again, but violent, more violent
–Patti Smith “Kimberly”

Luisma, Maypearl (Texas) 28 de Abril del 2017

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Retrato de Fotógrafo (III)

Henri Cartier-Bresson. (1908-2004)

Henri Cartier-Bresson. (1908-2004)


Veinte años y solo tenía ojos para la pintura. De tanto leer sobre el Louvre se me secaron las neuronas para ver todo lo que no fuera el arte de aquel museo. Así que estaba en el Paris de la France, al final de los Sesenta, hace ya más de medio siglo. Y me ‘tocó’ vivir todo aquello, el principio de la revuelta del 68, sin tener mucha idea de lo que estaba pasando a mi alrededor. Todo era demasiado excitante, mi primera ‘libertad’ fuera de España; increíblemente lo recuerdo magníficamente y al detalle y eso que han pasado tantos años y tantas cosas. No importa, una música, una lectura, un recuerdo onírico y sobre todo una o unas pinturas, un arte en el que me sumergía casi cada día y que me gustaba descubrir por mi mismo, callejeando y haciendo fotografías al efecto, ese virus del que nunca me he curado. Hoy sé que en aquellos días no daba puntada sin hilo y que mis neuronas se revistieron de todos los colores de la comprensión artística.

Pintura, escultura, grabado y los primeros pasos de lo más nuevo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención, amor a primera vista, fue la fotografía, la fotografía ‘de calle’, algo totalmente diferente de la foto, hasta aquel momento, ‘de estudio’, o de cámara con trípode. Y de aquella fotografía novedosa, de la cámara réflex y los celuloides de 35 mm., al igual que el cine y todas sus posibilidades, me quedé con un nombre, un maestro, el primero de tantos y con un Paris abierto a la luz del sol. Era y sigue siendo el gran maestro: Henri Cartier-Bresson. Un progenitor, casi un ayo a la antigua, con todos sus hijos fotográficos, cientos, probablemente miles, que hemos aprendido de su maestría y que aún podemos hacerlo más y mejor gracias a sus escritos y sus lecciones acuñadas en ellos.

“Nada más tienes que vivir y la vida te dará fotografías.” Aún hoy, nada más tengo que salir, con la cámara en ristre, empuñada y con el ojo avizor, y enfrentarme con los cuchillos de las luces del día (no se puede decir que yo no sea castellano de pura cepa) que se convierten en voces que te llaman desde las sombras de cualquier rincón o desde los múltiples rincones que te esperan. Luces y sombras que te citan como el capote de un torero, engañándote hasta que descubres la composición, luego el momento es mínimo, crítico, irrepetible, y tienes que estar preparado. “Pensar debe ser antes o después, no durante la fotografía que es una reacción inmediata, no como el dibujo que es una meditación.” Esto es para mi el valor de una foto, cuando sé que mi foto es buena, cuando nadie tiene que decírmelo porque la cámara habla a todos por si misma.

“Detrás de la Estación de San Lázaro.” en Paris (Foto H C-B)

“Detrás de la Estación de San Lázaro.” en Paris (Foto H C-B)


“Este reconocimiento, en la vida real, de un ritmo de superficies, líneas y valores, es para mi la esencia de la fotografía, la composición debe ser una preocupación constante, siendo en simultanea coalición una orgánica coordinación de elementos visuales.” La memoria de la imagen acaba por ser prácticamente infalible, el ojo y la neurona se combinan fantásticamente en tu beneficio. “La memoria es muy importante, la memoria de cada foto tomada, fluyendo a la misma velocidad de los acontecimientos. Durante el trabajo tienes que estar seguro de no haber dejado ningún agujero, que has captado todo, porque después ya será muy tarde.” Hace cincuenta años tenía la cabeza cuadriculada por la ‘excesiva’ influencia de Cartier-Bresson, buscaba el ‘interés humano’ y el ‘parecido bressoniano’ tratando de conseguir mi propia: “Detrás de la Estación de San Lázaro.” No era copiar, era buscar un estilo propio a través de su fotografía. Todo se anduvo con el tiempo.

Era una mañana fría y lluviosa de Marzo, puede que fuera 1972, los elementos nunca nos detenían. Éramos tres o cuatro fotógrafos volando bajo por las tierras y calles de Aldeatejada, un pequeño pueblo cerca de Salamanca, en España. Cada foto tiene una historia, grande o pequeña… Un campesino viejito (quizás de la edad que yo tengo ahora, ‘viejito’, lo que presupone que a estas alturas el buen hombre ya no existe) estaba trabajando, al aire libre, en una embarrada cochiquera con cinco cerdos a los que solo se les veían los jamones y los rabos. El olor trascendía. Por la cabeza se había echado un saco de arpillera y con su mandilón de cuero parecía un monje medieval; al fondo se veía una espadaña de torre eclesial. Una imagen que podía tener siglos. “Porque me hace usted una foto?”—no se preocupe—mentí—, no se le va a ver la cara— “Ah! bueno,” concedió y de seguido me espetó—“Porque sabe usted, una cámara puede ser tan peligrosa como una pistola…”

Pentax Honeywell 200 Tele Takumar Kodak Tri-X 125 con un 8…además de en mi cabeza no sé donde puede estar esa foto, pero la recuerdo perfectamente, puro Cartier-Bresson. “La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece”…a mi me parecía que Cartier-Bresson estaba allí, detrás de mi, animándome y diciéndome como y cuando. No, no estaba él, pero si estaba uno de sus mejores discípulos, el también maestro Pepe Núñez Larraz. El era mi conciencia fotográfica y estética del francés: “Tus primeras diez mil fotografías son las peores”…cuantas veces discutimos esta tremenda aseveración de Cartier-Bresson! Nuestros hombres con saco y azadón, y nuestras mujerucas, rosario en mano, vestidas de negro eterno. Al igual que Cartier nosotros buscábamos los cuchillos de luz castellana para llenar de contenido nuestra fotografía.

 “La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece.” (Foto H C-B)

“La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece.” (Foto H C-B)


Después llegó el salto hacia delante, los intereses estéticos personales, el colorismo abrió otras puertas, dejé aparcada la figuración a cambio de un sentido pictoricista en caminos de una abstracción que parecía increíble. Aquellos libros de cocina fotográfica estética que nos empujaban y nos ponían la barra cada vez más alta. Siempre sin olvidar aquel básico fotógrafo de la calle y del momento crucial. Miles de miradas compondrían el retrato de Henri Cartier-Bresson, el retrato de un artista responsable, si es que esta definición se puede hacer así. Un hombre ‘de suerte’: “Por supuesto que todo es suerte”, alguna vez dijo. Pero la suerte hay que buscarla, y reconocerla, que diríamos todos los discípulos invisibles del fotógrafo francés. Esa invisibilidad con despacio, en la fama que el siempre quiso, sin importarle; y que uno entiende, más o menos, al llegar a los setenta años, cuando ya tantas cosas no importan.

El ‘despacio’ de acercarse a un momento fotográfico…“tiernamente, gentilmente, como de puntillas, incluso aunque el tema sea un bodegón, mano de terciopelo y ojo de halcón.” La sucesión de miles y miles de momentos fotográficos es lo que produce un ‘leitmotiv’, o varios. El trabajo posterior se encarga de ellos, de estilo, de aprendizaje, de comunicación, estudio, en fin de todo lo demás; la intendencia después del disparo, algo en lo que Cartier-Bresson no creía, o decía no creer. Solo, al fin, cuando has llegado a ser un buen fotógrafo puedes permitirte el lujo de dar un uso a tu fotografía, que no sea el suyo propio. Uso mis fotografías para ayudar a explicarme a mi mismo mis propias experiencias—esto no sé quien lo dijo—quizás fui yo mismo: la fotografía, como la pintura y la escritura, es el arte de contar cosas.

Luisma, Maypearl (TX) 15 de Marzo del 2017 (Feliz Cumpleaños—Gracias)

P.S. “Pasa el tiempo y miras retratos, la gente vuelve a ti como un eco silencioso. Una fotografía es el vestigio de una cara, una cara en tránsito. La fotografía tiene algo que ver con la muerte. Es una huella. (Henri Cartier-Bresson. 1908-2004)

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Siestas en el museo

You don’t need a band to be a rock star. Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)



Que si echo de menos Pittsburgh? Puede que si, o puede que no; algunas veces, pocas, quizás la última casa de mis años con S. , allí en Pennsylvania. Aunque ahora, aquí, continuamos en Texas, en el rancho de Maypearl, la pradera. Nostalgia cero, ninguna, siempre mirando hacia adelante, pero lo vivido como lo escrito, escrito está. Pensándolo bien, en este momento, si echo algo de menos: el museo de Andy, que es como de la familia, un primo americano. Así que vuelvo a colgar este post en honor a su memoria.

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenía en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recuperó del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 28 Febrero de 2017

[Originally posted September 22, 2009]

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