Category Archives: Art

Retrato de Fotógrafo (III)

Henri Cartier-Bresson. (1908-2004)

Henri Cartier-Bresson. (1908-2004)


Veinte años y solo tenía ojos para la pintura. De tanto leer sobre el Louvre se me secaron las neuronas para ver todo lo que no fuera el arte de aquel museo. Así que estaba en el Paris de la France, al final de los Sesenta, hace ya más de medio siglo. Y me ‘tocó’ vivir todo aquello, el principio de la revuelta del 68, sin tener mucha idea de lo que estaba pasando a mi alrededor. Todo era demasiado excitante, mi primera ‘libertad’ fuera de España; increíblemente lo recuerdo magníficamente y al detalle y eso que han pasado tantos años y tantas cosas. No importa, una música, una lectura, un recuerdo onírico y sobre todo una o unas pinturas, un arte en el que me sumergía casi cada día y que me gustaba descubrir por mi mismo, callejeando y haciendo fotografías al efecto, ese virus del que nunca me he curado. Hoy sé que en aquellos días no daba puntada sin hilo y que mis neuronas se revistieron de todos los colores de la comprensión artística.

Pintura, escultura, grabado y los primeros pasos de lo más nuevo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención, amor a primera vista, fue la fotografía, la fotografía ‘de calle’, algo totalmente diferente de la foto, hasta aquel momento, ‘de estudio’, o de cámara con trípode. Y de aquella fotografía novedosa, de la cámara réflex y los celuloides de 35 mm., al igual que el cine y todas sus posibilidades, me quedé con un nombre, un maestro, el primero de tantos y con un Paris abierto a la luz del sol. Era y sigue siendo el gran maestro: Henri Cartier-Bresson. Un progenitor, casi un ayo a la antigua, con todos sus hijos fotográficos, cientos, probablemente miles, que hemos aprendido de su maestría y que aún podemos hacerlo más y mejor gracias a sus escritos y sus lecciones acuñadas en ellos.

“Nada más tienes que vivir y la vida te dará fotografías.” Aún hoy, nada más tengo que salir, con la cámara en ristre, empuñada y con el ojo avizor, y enfrentarme con los cuchillos de las luces del día (no se puede decir que yo no sea castellano de pura cepa) que se convierten en voces que te llaman desde las sombras de cualquier rincón o desde los múltiples rincones que te esperan. Luces y sombras que te citan como el capote de un torero, engañándote hasta que descubres la composición, luego el momento es mínimo, crítico, irrepetible, y tienes que estar preparado. “Pensar debe ser antes o después, no durante la fotografía que es una reacción inmediata, no como el dibujo que es una meditación.” Esto es para mi el valor de una foto, cuando sé que mi foto es buena, cuando nadie tiene que decírmelo porque la cámara habla a todos por si misma.

“Detrás de la Estación de San Lázaro.” en Paris (Foto H C-B)

“Detrás de la Estación de San Lázaro.” en Paris (Foto H C-B)


“Este reconocimiento, en la vida real, de un ritmo de superficies, líneas y valores, es para mi la esencia de la fotografía, la composición debe ser una preocupación constante, siendo en simultanea coalición una orgánica coordinación de elementos visuales.” La memoria de la imagen acaba por ser prácticamente infalible, el ojo y la neurona se combinan fantásticamente en tu beneficio. “La memoria es muy importante, la memoria de cada foto tomada, fluyendo a la misma velocidad de los acontecimientos. Durante el trabajo tienes que estar seguro de no haber dejado ningún agujero, que has captado todo, porque después ya será muy tarde.” Hace cincuenta años tenía la cabeza cuadriculada por la ‘excesiva’ influencia de Cartier-Bresson, buscaba el ‘interés humano’ y el ‘parecido bressoniano’ tratando de conseguir mi propia: “Detrás de la Estación de San Lázaro.” No era copiar, era buscar un estilo propio a través de su fotografía. Todo se anduvo con el tiempo.

Era una mañana fría y lluviosa de Marzo, puede que fuera 1972, los elementos nunca nos detenían. Éramos tres o cuatro fotógrafos volando bajo por las tierras y calles de Aldeatejada, un pequeño pueblo cerca de Salamanca, en España. Cada foto tiene una historia, grande o pequeña… Un campesino viejito (quizás de la edad que yo tengo ahora, ‘viejito’, lo que presupone que a estas alturas el buen hombre ya no existe) estaba trabajando, al aire libre, en una embarrada cochiquera con cinco cerdos a los que solo se les veían los jamones y los rabos. El olor trascendía. Por la cabeza se había echado un saco de arpillera y con su mandilón de cuero parecía un monje medieval; al fondo se veía una espadaña de torre eclesial. Una imagen que podía tener siglos. “Porque me hace usted una foto?”—no se preocupe—mentí—, no se le va a ver la cara— “Ah! bueno,” concedió y de seguido me espetó—“Porque sabe usted, una cámara puede ser tan peligrosa como una pistola…”

Pentax Honeywell 200 Tele Takumar Kodak Tri-X 125 con un 8…además de en mi cabeza no sé donde puede estar esa foto, pero la recuerdo perfectamente, puro Cartier-Bresson. “La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece”…a mi me parecía que Cartier-Bresson estaba allí, detrás de mi, animándome y diciéndome como y cuando. No, no estaba él, pero si estaba uno de sus mejores discípulos, el también maestro Pepe Núñez Larraz. El era mi conciencia fotográfica y estética del francés: “Tus primeras diez mil fotografías son las peores”…cuantas veces discutimos esta tremenda aseveración de Cartier-Bresson! Nuestros hombres con saco y azadón, y nuestras mujerucas, rosario en mano, vestidas de negro eterno. Al igual que Cartier nosotros buscábamos los cuchillos de luz castellana para llenar de contenido nuestra fotografía.

 “La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece.” (Foto H C-B)

“La fotografía hace deliciosas apreciaciones pero nada es lo que parece.” (Foto H C-B)


Después llegó el salto hacia delante, los intereses estéticos personales, el colorismo abrió otras puertas, dejé aparcada la figuración a cambio de un sentido pictoricista en caminos de una abstracción que parecía increíble. Aquellos libros de cocina fotográfica estética que nos empujaban y nos ponían la barra cada vez más alta. Siempre sin olvidar aquel básico fotógrafo de la calle y del momento crucial. Miles de miradas compondrían el retrato de Henri Cartier-Bresson, el retrato de un artista responsable, si es que esta definición se puede hacer así. Un hombre ‘de suerte’: “Por supuesto que todo es suerte”, alguna vez dijo. Pero la suerte hay que buscarla, y reconocerla, que diríamos todos los discípulos invisibles del fotógrafo francés. Esa invisibilidad con despacio, en la fama que el siempre quiso, sin importarle; y que uno entiende, más o menos, al llegar a los setenta años, cuando ya tantas cosas no importan.

El ‘despacio’ de acercarse a un momento fotográfico…“tiernamente, gentilmente, como de puntillas, incluso aunque el tema sea un bodegón, mano de terciopelo y ojo de halcón.” La sucesión de miles y miles de momentos fotográficos es lo que produce un ‘leitmotiv’, o varios. El trabajo posterior se encarga de ellos, de estilo, de aprendizaje, de comunicación, estudio, en fin de todo lo demás; la intendencia después del disparo, algo en lo que Cartier-Bresson no creía, o decía no creer. Solo, al fin, cuando has llegado a ser un buen fotógrafo puedes permitirte el lujo de dar un uso a tu fotografía, que no sea el suyo propio. Uso mis fotografías para ayudar a explicarme a mi mismo mis propias experiencias—esto no sé quien lo dijo—quizás fui yo mismo: la fotografía, como la pintura y la escritura, es el arte de contar cosas.

Luisma, Maypearl (TX) 15 de Marzo del 2017 (Feliz Cumpleaños—Gracias)

P.S. “Pasa el tiempo y miras retratos, la gente vuelve a ti como un eco silencioso. Una fotografía es el vestigio de una cara, una cara en tránsito. La fotografía tiene algo que ver con la muerte. Es una huella. (Henri Cartier-Bresson. 1908-2004)

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Siestas en el museo

You don’t need a band to be a rock star. Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)



Que si echo de menos Pittsburgh? Puede que si, o puede que no; algunas veces, pocas, quizás la última casa de mis años con S. , allí en Pennsylvania. Aunque ahora, aquí, continuamos en Texas, en el rancho de Maypearl, la pradera. Nostalgia cero, ninguna, siempre mirando hacia adelante, pero lo vivido como lo escrito, escrito está. Pensándolo bien, en este momento, si echo algo de menos: el museo de Andy, que es como de la familia, un primo americano. Así que vuelvo a colgar este post en honor a su memoria.

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenía en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recuperó del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 28 Febrero de 2017

[Originally posted September 22, 2009]

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“What do you think you’re doing?”

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Que de que voy? Sí—de que vas tú con tu pintura y tu fotografía?—esa sería la traducción mejor de la pregunta ‘equivalente’ en español: “de que vas?” Por decirlo de alguna manera, son veintiocho años en estos pagos y ya me hace poca falta traducir, solo lo hago por deporte y por un pequeño perfeccionismo maniático. Normalmente, la pregunta me viene de la derecha o de la izquierda, incluso de por detrás, pero nunca de frente. De frente está siempre una de mis pinturas o de mis fotografías. La gente aquí, no se corta un pelo al preguntar, solo tu propia obra te ayuda desde la pared. Puestos a preguntar, da mucho mas ‘miedo’ que tu cuadro, crudamente, a solas y de frente, ya terminado y a punto de firma te haga esa pregunta y más.

Es usted el artista? Al cuadro, me da apuro, ni le contesto. Cierro los ojos y “me alejo reculando”—como saliendo de una milonga argentina—, hasta que doblo la primera esquina. Este pensamiento me ha hecho recordar a mi querido cantor y guitarrero, así se definía el mismo, Jorge Cafrune, largamente añorado y nunca olvidado. Hubiera sido feliz cabalgando estas praderas tejanas y teniendo hijos a mansalva. Que milongas, señor! “Pasé de largo por Tala, detenerme para qué? De poco vale un paisano sin caballo y en Montiel…” Le hice unos cuantos retratos fotográficos, a él y a Yupanqui, que los usaron para sus publicidades de entonces, y yo tan contento, eran mis primeras armas. Jamás los pinté, el retrato realista nunca se me ha dado bien, un desastre. Jorge Cafrune y Georges Brassens, dos preferencias, muchas veces sus músicas me han ayudado a ‘abstraerme’, quien sabe porqué? Pero, en cualquier caso, gracias eternas a los dos, ya cincuenta años…y gracias a la maravilla del YouTube.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Otra vez me he ido por los cerros de Maypearl (que no de Úbeda) A ver si me ‘vuelve el santo’ y me sale alguna justificación o explicación para mi pintura. Un como y dos o tres porqués… Años atrás escribí en uno de mis ‘cuadernos legales amarillos’, tan americanos ellos como los autobuses de las escuelas, dos palabras y sus definiciones y junto a ellas un párrafo de Leonardo Da Vinci, una excusa de garantía. Leonardo siempre lo es. Pareidolia y Apofenia, los dos ‘palabros’ en cuestión. “Pareidolia es un fenómeno psicológico por el cual un impulso impreciso y confuso y a veces fortuito (habitualmente una imagen o varias) es percibido como una abstracción o una forma reconocible, más o menos insinuadas. Pueden ser, por ejemplo, imágenes fotográficas seleccionadas por el ojo del “autor”. La Apofenia es la experiencia consistente en ver patrones, conexiones o ambos en sucesos aleatorios, o datos sin sentido, también en imágenes seleccionadas, fotográficas por ejemplo.

En ambas, Pareidolia y Apofenia, las imágenes pueden ser descritas como una distorsión de la realidad (nada mas ‘real’ que una fotografía) que puede acabar ofreciendo una imagen de abstracción, no ‘creada’ por el fotógrafo sino seleccionada a través de la lente ocular. Estas distorsiones de la realidad se presentan en las psicosis, pero han llegado a ser más ampliamente usadas para describir esta tendencia en individuos sanos, sin que esto implique necesariamente la presencia de enfermedades neurológicas, o mentales. Se ha sugerido y así lo patrocino con rotundidad que la Apofenia es un vínculo entre la psicosis y la creatividad. En mi fotografía la ‘supuesta’ intencionalidad de eventos naturales son propiedades emergentes inevitables. Es como la ilusión llamada Pareidolia, pero no se perciben figuras reconocibles, en imágenes, sino formas aleatorias a veces exageradas y/o necesitadas de insinuación o de ‘explicación’ descriptiva, aún cuando esto no sea obligatorio, ni recomendable.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Desde hace dos párrafos, y mientras busco imágenes fotográficas para ilustrar y ejemplificar todo lo anterior, me viene un tufillo a escritura académica que no me gusta un pelo, sobre todo porque lo estoy escribiendo yo. Con lo fácil que seria venderte mis ‘descubrimientos’ de imágenes pareidolicas en los muros interiores de Pompeya, mezclados con relatos de las aventuras de aquel viaje. Cuando se trata de Arte, es inevitable, tiene que ‘salir’ Italia y lo que yo diga tiene una credibilidad muy limitada. Empero, si lo dice Da Vinci la gente lo mira de otra manera. Leonardo escribió sobre la Pareidolia usada como motor artístico: “…si miras cualquier muro manchado con motas o con mezcla de diferentes tipos de piedra, si vas a inventar cualquier escena serás capaz de ver en ello el parecido a varios paisajes diferentes adornados con montañas, ríos, rocas, árboles, mesetas, valles y hasta varios grupos de colinas…”

Mi fotografía no es un cuento de hadas, ni tampoco un relato de ciencia-ficción, del futuro solo me interesaría (fotográficamente) el devenir de las técnicas de consecución de la imagen y los resultados. Que tiene de especulación? Quizás el hecho de mirar con el prisma de la imaginación. El pensar en universos paralelos, pura fantasía, colores y ‘formas’ arrebatadas a la posibilidad de otros mundos. Cuatro árboles, unos cuantos arbustos diferentes. Las cuatro estaciones como si fueran las cuatro paredes de una casa abierta al Rey Sol, con todas sus luces del día. Texas, el bosque, la maraña que lo esconde y lo protege. La pradera y la naturaleza plena que ayuda a encender todos esos colores, que nunca pueden ser un caos y siempre están de acuerdo, ellos y mi mente. La puerta a ese Otro Mundo que he encontrado en esta parte del Nuevo Mundo.

Luisma, Maypearl (TX) 28 de Enero del 2017

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Retrato de Pintor (XIV)

Mi retrato de Van Gogh con sombrero de paja. Abstracción surrealista (!?) Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Mi retrato de Van Gogh con sombrero de paja. Abstracción surrealista (!?) Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“Si realmente amas la Naturaleza, encontrarás belleza en todas partes” (Vincent Van Gogh)

Hacia tiempo—años—que quería escribir algo sobre Van Gogh y lo iba posponiendo una y otra vez por no saber—eso me parecía—como hincarle el diente. Desde muy pequeño siempre me habían atraído sus dibujos que copiaba muy a menudo. Por supuesto la admiración por su pintura estaba ahí, claro…no haría falta precisarlo; otra cosa era la apreciación por la persona, basada en sus escritos y los de otros sobre él. Un verdadero retrato de pintor debe contener un poco de todo, a favor y en contra. Nunca me había parado mucho a entrometerme en los intríngulis de su vida y su persona, salvo el dichoso corte de la oreja y lo de algún crítico metido a psiquiatra de ocasión, en su tiempo o en el nuestro, tanto da para las obviedades de rigor. Siempre un caso claro de cómo lo personal afecta a lo artístico.

Algo cambió en mí al leer por segunda vez “Cartas a Theo”, su hermano, y reparar en algo más que la cocina pictórica que encerraban. Fui cayendo en la cuenta estética del pintor, al mismo tiempo que él ‘pintaba’ su autobiografía. Hacer un retrato de pintor, en este caso, es tarea ardua. Es competir con la palabra contra un montón de imágenes, retratos del propio Van Gogh, más de cuarenta veces en cuatro años. Falto de dinero para pagar modelos, se pintó a si mismo; la mayoría al espejo, estudios creados durante sus periodos introspectivos, cuando trataba de no mezclarse, de no interactuar con nadie. Pero bueno, por mucha admiración que le tengas al artista—maldito dominio del colorido, sobre todo hacia el final de su vida—esa admiración no siempre va aparejada con la personal.

Autorretrato con sombrero de paja. 1889, Museo Van Gogh. Amsterdam

Autorretrato con sombrero de paja. 1889, Museo Van Gogh. Amsterdam


En las clases de Historia del Arte, Vincent Van Gogh se me quedaba siempre despistado, en su grandeza y en la obviedad de su genio; uno siempre ‘tiraba’ hacia otros, menos conocidos por el ‘gran público’. El gran público siempre ha tenido para mi una apreciación más que dudosa. ‘Grande’ solo por el tamaño de los números, aunque pueda tachárseme de arrogancia—allá cada cual—nunca he apreciado al público en masa. Las masas y sus manipuladores jamás han sido ‘santo de mi devoción’. Ni en Arte…ni en política. Las masas, animadas o inanimadas, solo me he servido de ellas en la fotografía, y no mucho. La respiración de la muchedumbre? Soy un empedernido de la individualidad, lo que no quiere decir que no me sirvan los ejemplos, de escuela o de grupo.

Todo esto sirviendo a mi propio concepto pictórico, trabajado y construido a lo largo de tantos años con las inevitables quemas de etapas. La pelea entre una figuración que no tengo, que no domino, cuando me salgo del blanco y negro y la abstracción evocadora, solo sin intención o por hallazgo. La fotografía me ha ayudado a caminar entre los colores; cuarenta años de fotografía, mi paleta se ha agrandado y magnificado. Hago distinción siempre de las imágenes fotográficas y las pictóricas. Van Gogh me ensenó a hacer esta separación, entre otros, haciéndome cabalgar en la imaginación de su paleta, lo que me confirió una mayor valentía en mis colores, originalmente suaves y descarnados. Van Gogh es una armadura que no pesa, si se sabe leer bien sus escritos y su pintura.

Detalle de Instar #4, acrylic on canvas; Luis Jiménez-Ridruejo

Detalle de Instar #4, acrylic on canvas; Luis Jiménez-Ridruejo


Van Gogh, Matisse y Diebenkorn, un holandés, un francés y un americano para ser la corte de un grande de España, el más grande: Velázquez. Una buena defensa en línea para atravesar la trinchera entre la ‘vieja figuración’ y la—también vieja ya—abstracción, que es mi gallina más ponedora. Los ‘enemigos’ míos—y de los demás—se hacen cruces de tener que enfrentarse y tratar de justificarse para ‘bajarte’ escalones, ante la exhibición de estos tres mosqueteros, de los que me hubiera gustado ser su d’Artagnan, como no! (de soñar también se vive) y hasta se duerme, uno en sus pobres y no muy numerosos laureles. Van Gogh, más vocal que los otros, decía: “ Si escuchas una voz dentro de tí (‘antes del Internet era más fácil escucharla’) que te diga: Tu no puedes pintar! Ese es el momento de ponerte a ello y esa voz se quedará en silencio.”

Aún sabiendo que mi vida siempre estuvo enfocada a la pintura y después a la fotografía (dejando aparte a la escritura, por una vez) he tenido unas épocas de sinrazón en las que he dejado de pintar seriamente, a veces durante años. Para mi mismo un misterio que haya ocurrido así. Nunca he querido estudiar el porqué. Mirándolo desde la distancia del tiempo, a lo Van Gogh (salva sea la parte) he creído ver una cierta cobardía, sin explicaciones. Un creer, o dudar, que no sabría vivir de la pintura. Cuantos artistas, hoy archifamosos, atravesaron alguna vez por estas arenas movedizas. Uno se pregunta siempre el porqué de la trayectoria de Van Gogh que solo pintó dedicadamente y con no mucho ‘suceso’, los dos años últimos de su vida, en esta vida en la que vendió un solo cuadro. Sus verdades del barquero, siempre cuelgan donde yo pueda leerlas cada día…

“Campo de trigo y cuervos”  Van Gogh (1890) El último cuadro que pintó el artista antes de morir…

“Campo de trigo y cuervos” Van Gogh (1890) El último cuadro que pintó el artista antes de morir…


“No es el lenguaje de los pintores sino el de la Naturaleza el que uno debe escuchar.” El Posimpresionismo en América no se separa del Impresionismo más que en la veneración a Van Gogh. Si por ellos fuera tendría imágenes hasta en las iglesias. A pesar de que los protestantes no permiten la imaginería. En el Impresionismo como culto, Van Gogh sería el encargado de impartir las homilías y Monet, el de las lecturas de la Biblia. El Posimpresionismo es como su propio nombre indica: lo que viene después del Impresionismo, o sea: Vincent Van Gogh. Para los americanos ‘de a pie’ no hay tal diferencia. Algunos protestan y me tachan de poner etiquetas. Otro día todo esto lo diré más alto, pero no más claro. Y como rúbrica para hoy, una receta de cocina pictórica del chef holandés: “No hay azul sin amarillo y sin naranja, y si pones azul, entonces debes poner amarillo y naranja también, no es cierto?”

Luisma, Maypearl (TX) 31 de Diciembre del 2016

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Arte es arte

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #14, acrylic on canvas, 26" x 30"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #14, acrylic on canvas, 26″ x 30″


No hace mucho tiempo estuve en la Phillips Collection, en Washington D.C. Un pequeño museo de arte que contiene algunos de mis cuadros admirados de siempre. De esta ciudad, una de mis favoritas de todo el mundo que conozco, tengo que escribir mas largo y sobre todo mas tendido.

No es de ahora, es de siempre. Es algo habitual en mi. Cuando veo buena pintura me dan ganas de pintar, generalmente después de visitas a los grandes museos y nunca viendo reproducciones, por exactas que estas sean. Así mismo, cuando leo cosas buenas me dan ganas de escribir, supongo que en ambos casos es la emoción de la obra bien hecha o la captura de ese intangible llamado: arte. Me gusta pillar arte donde quiera que lo encuentro, a salto de mata, para ello voy siempre escopeta en mano y ojo avizor. Últimamente me cuesta bastante trabajo encontrarlo a buen precio, quien sabe porqué? Seguramente la culpa es mía por relajarme en la búsqueda.

Que cosas pasan! Encontré arte para apreciar, hace unos días, revisando algunos partidos de fútbol de mi Real Madrid; de la pasada temporada, de la 31 victoriosa. Los tengo grabados de un canal futbolístico de la “tele” americana llamado Gol TV, en el cual los disfruto pese a los descocados y a veces estúpidos comentarios de sus locutores. Los pobres basan sus comentarios en extracciones, mal que bien entendidas, de la lectura del AS y el MARCA. El cielo nos valga! Ninguno de estos dos periódicos deportivos tienen cabida en cualquier acepción de arte. Una vez de ciento al viento hay algo semejante a lo artístico en sus contenidos. El arte al que me refería era la calidad del juego del capullo de Guti. Que artista!

Arte en una televisión, en un partido de fútbol? El arte se encuentra y se degusta en cualquier circunstancia propicia. Digo esto, a propósito de que acabo de salir del baño, de la bañera, uno de los muchos sitios en los que leo. Estaba con un libro de Javier Marías, leerle y releerle es casi un placer diario. Sus relatos cortos o sus artículos de periódico, por viejos que sean. Sus novelas son ya otra cosa, la mayoría las he leído una vez y basta, de momento. Comparto con él un madridismo beligerante, aunque no furioso ni cerril, como el de otros. Eso si, leyéndole, siempre tengo la impresión de leer arte y siento lo mismo que ante una buena música o un buen cuadro. También siento envidia cochina, aunque sana.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #1, acrylic on canvas, 36" x 34"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #1, acrylic on canvas, 36″ x 34″


Siempre estoy tratando de escribir mejor y usando el mejor cebo para pescar, la lectura. Leer mas. Leer mucho y de todo. Si es bueno, dos veces mayor placer.

Luisma, Maypearl (TX) 30 de Noviembre del 2016

[Text originally posted in August 2008 on Dust, Sweat and Iron, with new images]

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Los americanos y el Impresionismo

Claude Monet, water lillies

Claude Monet, water lillies


Fue al final, más o menos, de la Guerra Civil Americana. Quedaba un cuarto de siglo antes de que empezara el siglo XX ; lo que a los niños actuales les puede parecer que fue hace millones de años y a mi generación, los nacidos con la bomba atómica (1945), nos parece que fuesen todavía los últimos años del XIX , a la vista de cómo iban las cosas, un siglo venidero que a muchos se les antojaba un misterio, el futuro, y un desafío—se habían visto artilugios voladores a motor—el siglo XX empezaba a bombo y platillo. El anterior había sido el siglo del ferrocarril, la maravilla que estaba convirtiendo a la nación, los Estados Unidos, definitivamente ‘unidos’ después de la guerra civil, en el país más rico de la Tierra.

En Nueva York y en Chicago, florecían fortunas grandiosas de los ricachones nordistas, los vencedores, los que siempre escriben la historia. Habían amasado estas enormes fortunas con el carbón, el petróleo, la construcción, el ferrocarril y sus ‘caminos de hierro’ y todo el acero que los países más pobres necesitaban, y…Wall Street. Millones y millones de dólares, la moneda nueva y poderosa. Aquellos millonarios de riquezas sin cuento, se les llamó: “the robber barons” (los Barones ladrones) y quisieron distinguirse del resto de la ciudadanía con la exhibición de su opulencia. Como no podían imitar, aunque alguno lo intentó, a los Incas peruanos y llenar habitaciones de lingotes de oro, quisieron recrear las ostentaciones de los monarcas europeos.

Tremendas mansiones, a imitación de los castillos y los palacios del Viejo Mundo, pero con las nuevas ideas estéticas y las nuevas invenciones al punto. En sitios como Kentucky, Missouri, Kansas, yendo hacia el lejano Oeste, las tierras del americano profundo. Grandes viviendas, en grandes predios, decoradas con lo mejor y lo más caro, incluidas obras de arte pictóricas y escultóricas de los más grandes artistas comprables, de todas las épocas y sobre todo de la actualidad más controvertida. Los periódicos y las revistas se habían encargado de publicitar todo lo que era nuevo y apetecible, la Moda había hecho acto de presencia y París era la capital del mundo. Las mansiones de los ‘barones’ americanos querían tener la suntuosidad que habían admirado en sus viajes a Europa y, claro, había que decorar aquellas enormes construcciones con muebles, artes decorativas y sobre todo pinturas de los grandes viejos maestros y los contemporáneos académicos.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Al tiempo, jóvenes de familias pudientes atravesaban el Atlántico para imitar y estudiar a los pintores europeos. Todos adscritos a las academias y sus meticulosas técnicas. Era, también, el momento en que los pintores jóvenes europeos se lanzaron a exhibir sus nuevas estéticas, al principio rechazadas, criticadas e insultadas. Reducidos al viejo Paris de Montmartre, montaron un Salón de Rechazados y evolucionaron el arte hacia la celebridad; se veían tendencias nuevas y un estilo se impuso, camino de la fama mundial. Había nacido el Impresionismo. No sin una fascinante lucha, el llamado Impresionismo fue antes que un estilo, una guerra más de las que proliferaron en el viejo continente.

Las primeras críticas fueron acerbas. Los jóvenes estudiantes americanos en Paris, tomaron nota, algunos, de su repulsión por aquella pintura. Uno de ellos escribía a sus padres: “nunca en mi vida he visto cosas tan horribles…no consideran el dibujo, ni la forma, pero te dan una ‘impresión’ de lo que ellos llaman: naturaleza…era peor que la cámara de los horrores.” Esto venía de un pintor (J. Alden Weir) que más tarde abrazó el Impresionismo y hasta llegó a tener cierta notoriedad en América. La naturaleza estaba ahí para hacer uso de ella. Los paisajes se podían encerrar en cuadros más o menos grandes. Los pintores americanos (y todos los demás) del siglo XIX tenían los ojos y las ‘entendederas’ acostumbrados a la pintura histórica, la que llenaba museos y palacios, celebrando victorias de ellos o de sus antepasados o la mitología, que siempre fue muy socorrida. El cuadro todavía no era más que un motivo de decoración y orgullo del poseedor, la celebración de sus riquezas. La valoración de la pintura como inversión llegaría un poco más tarde.

Lentamente, los cuadros impresionistas empezaron a hacerse más y más pequeños, así se mataban varios pájaros de un tiro, la reducción permitía vender pintura a gentes con casas aún grandes y con menor poder adquisitivo. La nómina de artistas pintores aumentaba rápidamente. Los marchantes de arte fueron sustituidos poco a poco por galerías de arte que habían promocionado la obra gráfica seriada de los mismos pintores. Al americano le era mucho más fácil aceptar el colorismo de la naturaleza ’impresionista’ y mucho más difícil detectar las copias de los mejores. Miles y miles de estas pinturas inundaron un mercado americano que adoptó el impresionismo como algo suyo y era lo que las siguientes generaciones veían en sus casas, sus oficinas, sus lugares públicos. El Impresionismo era, y para ellos sigue siendo: La Pintura.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Los americanos siempre defendiendo su individualidad nacionalista y en aquellos tiempos más preocupados de lo que acontecía en su propio país que de lo que pasaba en Europa. Cuando acometían la inventiva y la creatividad podían ir a paso cambiado con las novedades, pero a la hora de desarrollar la practicidad de un invento o de algo novedoso. sometían el desarrollo a su comercialización, el dominio de sus patentes y la industrialización. El chauvinismo heredado del socio francés todavía procuraba engrandecer y enaltecer la producción doméstica. Igual ocurrió con la ‘invasión’ estética. Para comprender un poco este país hay que recordar y no olvidarlo nunca que en el mercado interior USA, cualquiera objeto, producto o cosa que se venda, hay que ‘multiplicarlo’ en todos los sentidos por cincuenta (estados), de ahí los números que se producen y se amasan.

Los americanos se dividían en dos facciones, y aún siguen así: los que podían pagar grandes sumas de dinero (millones de dólares) por la gran pintura y los que solo podían pagar unos pocos cientos de dólares por copias o imitaciones del gran arte. Hoy en día, cientos, miles de dedicados pintores chinos, de oficio y gatillo fácil, se encargan de copiar o imitar cuadros impresionistas, empezados y terminados en el mismo día, baratísimos, que se venden en almacenes de muebles y objetos de decoración y en ferias especializadas, y que llegan a un desconocedor público a precios irrisorios. Raramente el deshielo de este arte congelado en el Impresionismo avanza en el supuestamente considerado arte moderno; apenas unos pocos escarceos en la no figuración, en busca de un multitudinario público joven y desconocedor, que lo más que pueden llegar a pagar es por un poster y ni siquiera por una obra gráfica.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Aquellos artistas jóvenes volvían repatriados después de la aventura europea y aquí trataron de implantarlo todo, la estética, el colorismo, la vida en colonias de artistas al estilo francés. Al mismo tiempo trataban de reflejar París y su energía, la vida moderna de Nueva York hacía el efecto. Los americanos trabajaron el estilo impresionista exhaustivamente hasta los años veintes del siglo pasado (y aún siguen, algunos) y dejaron marcados indeleblemente la ‘modernidad’ americana con el Impresionismo. Y aún está entronizado en el gusto del americano medio y en el arte que cuelga en las paredes de sus casas. Cualquiera de estos, preguntado por arte, te dirá: “…el impresionismo, Monet…” y a partir de esto, ‘nada’ ha pasado en el mundo del arte. Ah! sí…Picasso, Dalí, la abstracción…’pero mire usted: yo no entiendo esa pintura, no sé lo que quiere decir—y mi hijo pequeño puede hacerla’ (cuantas veces he escuchado esta aseveración?).

En Pintura, el siglo XX y la Abstracción no existen para el americano medio, y son millones (más de trescientos). La mayoría, si les ayudas un poco con la memoria, resucitarán al bueno de Andy Warhol y al Pop Art y pare usted de contar. Los cuadros de encima del sofá, o del frente de la chimenea, son colorines y los llaman decoración, o posters. Y luego hay una minoría fundamental, unos treinta millones de gentes, más o menos, que son capaces de discernir entre Rothko, Pollock y De Koenig, por ejemplo. Ya se sabe: todo ‘multiplicado por cincuenta’. Esa es la grandeza del último imperio, de la ‘modernidad’ autoproclamada.

(Gracias a H. Barbara Weinberg por el uso de alguno de sus escritos en este post.)

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Octubre del 2016

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Jean Renoir en Chicago

Renoir en Chicago AIC foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada vez que voy a Chicago, indefectiblemente, tengo que ir al Art Institute, el museo. Al igual que la ciudad, es uno de mis museos favoritos en el mundo; y a partir de este viaje, uno de mis lugares soñados para pasar el tiempo, un verdadero jardín mental. En los últimos años el AIC ha estado de obras, creando una parte nueva: The Modern Wing. Esto, en un museo que ya, de por si, era una maravilla y ahora se ha convertido en un lugar mágico. Y me dan igual las críticas, no muy benevolentes, de algunos “especialistas”; esos que siempre tienen que “encontrar” algo para, quizás, justificar su existencia. Los mismos que nunca han creado nada, al menos nada bueno.

Renzo Piano, ha conseguido algo bueno, o mejor que bueno: único y mágico. Blanco, como un lienzo imprimado en gesso, una de las mejores maneras de colgar arte pictórico y de rodear de fondos los espacios para escultura. Blancos sujetos por suaves grises, pisos de maderas rubias y ventanas de hueco completo, enmarcando la obra de arte exterior e incluyendo esa arquitectura en la propia exhibición. Sin abusar de ella, sin ser demasiado obvio, matizando la visión con unas delicadas cortinas-pantallas que dejan admirar pero no hacen “sombra” al arte del interior. Y esta nueva ala que encara los rascacielos de downtown y el “guguengemiano” Gehry del Milenio, tiene unos bancos de asiento, a la distancia adecuada de los velados ventanales; un sitial magnifico para pasar las horas muertas, hoy en día, más bien los minutos muertos. Viendo y absorbiendo belleza.
AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada museo que conozco, tiene unas “piezas” que lo hacen singular y especial, para mi. Son las obras de arte que más fijan mi atención y me hacen volver a ellos, una y otra vez, como el que visita a viejos amigos. En el AIC, durante muchos años, ha habido una obra de arte de mi especial atracción. Algo extraño en mi, porque no hablamos de una pintura, ni una escultura, ni siquiera de una fotografía. Se trata de unas vidrieras, una obra de Marc Chagall. Su titulo: America Windows (Las Ventanas de América). Un trabajo fantástico y original, dominando los azules, en tres piezas (ventanas) estupendas.
Desgraciadamente, en las dos ultimas visitas, brillaban por su ausencia. Están en restauración, y una buena mujer, del servicio de vigilancia, me comunicó que volverán a la caída de la hoja, este mismo otoño. Albrícias!

Esta vez, decidí buscar “sustitutos” a mis vidrieras y los fui a encontrar en donde menos me iba a figurar: Renoir y Morisot. De vez en cuando, me gusta volver a beber en las fuentes del Impresionismo. Que gran época, para haber vivido en ella! Siempre mi indisimulado romanticismo! En un rincón, separados por el ángulo, descubrí dos nuevos atractivos para mi colección.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Era una mujer de espaldas, desnuda espalda y pelo recogido, que me hizo pensar inmediatamente en la actriz Meryl Streep. Obviamente, Berthe Morisot—la autora de la pintura—no pudo conocer, ni soñar, a la actriz americana. Pero, estoy seguro que, de haberla conocido, la hubiese pintado de esa manera: una rutilante espalda, en el acto de maquillarse para cualquier película. Una espalda de museo!
Sea esto un modesto homenaje a la primera, y única original, pintora impresionista. Infravalorada durante mas de 100 años, seguramente por ser mujer y, hoy, reputada y apreciada a la altura de cualquiera de los santones impresionistas. A los veinte años de edad, Berthe era ya, de pleno derecho, una más entre ellos. Participando, incluso, en la exposición inaugural del movimiento.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Ese retrato de Renoir, hecho a su hijo Jean en su más tierna infancia, con el pelo largo como una muchacha, y cosiendo. Le hizo varias pinturas vestido de niña, una obsesión del padre. Jean, más tarde, llegó a ser uno de los más famosos directores del cine. Idolatrado en Francia, su película “El Río” es una de mis diez mejores obras del cine de siempre. El asunto de esta pintura me recuerda los problemas de algunos amigos con sus hijos, justamente por lo contrario. Los chicos dejándose el pelo larguísimo y los padres intentando cortárselo. Viviendo en Paris, a mis veinte años, mi padre intentó, y consiguió, “comprarme” el corte de un pelo que ya me llegaba a los hombros. La vida en Paris siempre fue cara!

Otro día sacaré a colación algo más sobre el AIC,—Que gran museo! Hoy, solo evocar que,—Por fin! El “Ala Moderna” ya se puede ver, es fruta madura, y la “cáscara” y la “pulpa” merecen el viaje y la visita. Grande, Renzo Piano! Magnífico!

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Septiembre del 2016

[Originally posted April 2010]

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Aníbal y la tahona literaria

Luis Jimenez-Ridruejo, Uninhabited Garden #3, acrylic on canvas, 56" x 60”

Luis Jimenez-Ridruejo, Uninhabited Garden #3, acrylic on canvas, 56 x 60 inches. (View in gallery)


“Mi querido ordenador (dos puntos) Espero que al recibo de esta te encuentres bien de salud, brilles de limpieza y tu pantalla luzca enfocada, precisa y llena de iluminación (si tiene algo de Ilustración, mejor que mejor)…”

Así empezaba aquel primer post que hoy celebro, por razones que no vienen al caso. Me veo a mi mismo en otra cocina, como ahora, pero a dos mil kilómetros de aquí, en Pittsburgh (Pennsylvania) escribiendo y hablando con mi ordenador, dos modelos más viejo del que tengo ahora mismo bajo mis dedos, dos lustros tienen la culpa. La vista se me pierde en el reflejo de las ventanas contemplando como S. esta amasando el pan para, acto seguido, cocerlo. Es “de buena mañana” que diría un francés y la memoria se me va, no se porqué—los olores, supongo—a una tahona en un pueblo de la sierra de Gredos, Piedrahita, en la provincia de Ávila, España. Olores a pan recién hecho. Creo, si no me equivoco, que el panadero se llamaba Aníbal. Siempre me ha llamado la atención la proliferación de dicho nombre; de los tiempos de Cartago y la Roma imperial, un montón de siglos más tarde en la España y las Américas hispánicas. El militar cartaginés debió hacerse mucha propaganda con los ‘escribidores’ de historia, para pasar por toda la Edad Media y lo de después, sin que el personal olvidase su patronímico.

¿Porqué me acuerdo ahora del clásicamente llamado: “General Cartaginés?” Pues…porque estaba releyendo mi primer post de este blog y en él hago mención del Ani (mi diminutivo de Aníbal) Núñez Sanfrancisco (el hijo de Pepe Núñez Larraz, amigo y maestro de fotografía). Aníbal, compañero del colegio de bachillerato y amigo para los restos, que no fueron muchos, el poeta y el amigo se fueron quién sabe donde, de muerte antinatural (todas lo son, desgraciadamente) y demasiado pronto. En cualquier caso y significado que queramos darle a la maldita situación, esa que los ingleses y americanos llaman: “el pasar” y que aunque haga un montón de años, hay personas de las que no te puedes olvidar. El nombre se quedó en mí para siempre, aunque como digo: son muchos los Aníbal que he tenido más o menos cerca.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


He estado un rato revolviéndome la sesera y marcando con palitos en un papel, los amigos, conocidos, o los ‘famosos’ de todo tipo, con ese mismo nombre (en inglés se escribe poniendo una ache primero) y me han ‘salido’: veinticuatro, tal que los célebres Caballeros Veinticuatro del viejo Ayuntamiento de Sevilla. A veces me surgen y se me entremezclan, referencias a cosas de mis lecturas antiguas, elementos históricos (algunos que ni a cuento vienen) de los que recuerdo, vagamente (nunca mejor dicho) los nombres, o los títulos, pero nada más. Debe ser la dichosa cultura…

La cultura, que siempre jugaba en el patio conmigo a las canicas, compañeros del ‘Cole’ ante los que me destoco de una gorra de beisbol, nunca he sido de sombreros, ni siquiera de cascos. Cultura, la de esta definición de cuyo autor nunca me aparece la memoria, o lo que queda de ella. “…es aquello que se recuerda cuando se olvida lo que se ha estudiado.” Ay! Hay tantas cosas adscribibles a este capítulo! La cultura, la distancia, el olvido, más todo lo que se guarda en los repletos cajones de los sueños. Recordar, lo que se dice recordar, recuerdo bien la planicie de Zama, al norte del viejo Túnez, donde nuestro Aníbal Barca (el ‘rayo’ cartaginés: ‘Barq’) perdió su ultima batalla con Escipión “el africano”, el único general romano al que nunca consiguió derrotar; bien es verdad que para entonces Aníbal tenía diezmado su ejército, y envejecidos los dos. De sus temibles elefantes ya no le quedarían más de media docena. Él, que había tenido 38 de estos animales, sembrando el terror en Hispania. Era al paso por los Alpes, invierno y doscientos años antes de Cristo. La realidad llegó a ser: de 90.000 a 20.000 infantes, de 12.000 a 6.000 jinetes y un solo elefante, ese era su ejército al volver a África y enfrentarse al romano en Zama. Vaya trabajo enterrar a la gente por miles. En que numero se cifraría los acompañantes de un ejército tal? La intendencia siempre bien unida a la inteligencia. Además, Aníbal perdió su ojo derecho por una infección. Demasiadas pérdidas para defender un imperio que se hundía en las arenas y los roquedales tunecinos.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


En esa misma Zama, siglos más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, pelearon a base de tanques, Rommel y Montgomery. Estando allí—era un verano muy caluroso—se me hacía más fácil ‘recordar’ y hasta ‘revivir’ la batalla de Aníbal y Escipión, que la del siglo XX entre el alemán y el inglés. Debe ser mi habitual romanticismo que siempre da colorido y contribuye a mis emociones. Todavía siento, si me pongo a ello, los vientecillos ‘frescos’ de la amanecida en el Paso de Kasserine y hasta la música que llevaba en el coche: Wagner y sus tubas, que le venían al sitio que ni ‘peripintado’. Hoy día, un sitio muy silencioso. Como La Marne, como Gettysburg…De cosas y aconteceres históricos (siempre un poco novelados) ya escribía en aquel entonces, hace unos cuarenta años. Y hoy me vuelve la imagen de aquello, un yo sentado y vestido de corredor ciclista, a la luz de un rayo de sol, duro y brillante, que se colaba por un ventanillo de la tahona del Aníbal de Piedrahita.

Me gustaba escribir en un pequeño bloc que llevaba en el bolsón del maillot del Club Ciclista Charro. Eran pensamientos y figuras y paisajes dibujados; las cámaras de fotos aún eran demasiado grandes para llevarlas en la bicicleta. Eran otros tiempos y lo que si llevaba eran pesetas de papel y un bolígrafo. Todo ello dejaba espacio para unos cuantos bollos de pan recién horneados y que por un rato me calentaban los bajos de la espalda. Mientras en la tahona ocurría el ‘milagro’ de todos los días: las cinco o seis personas que esperaban la horneada, se dedicaban a leer periódicos y novelas, los libros eran un buen motivo de conversación. Los circunstantes eran típicos turistas de capital sin nada que hacer en sus vacaciones. Yo, turista también de pueblo serrano, tomaba notas en mi bloc, oteando los picos de la Sierra de Gredos, azules y fríos, tan cerca y tan lejos para subirlos pedaleando.

Del Aníbal de la tahona ‘literaria’ apenas tengo recuerdos; si acaso la eterna boina negra y sus inquisiciones sobre quien podía ser yo, hasta que lo descubrió. Como todos los serranos de esa zona, todo era empeñarse en decirte y repetirte a cada visita cuantos antepasados tuyos, del pueblo cercano, le eran conocidos. Para cambiar de conversación, alguna vez le relaté quién había sido su ‘antepasado por nombre’: Aníbal, el cartaginés, mucho antes de que a él le pusieran el nombre en recuerdo de su bisabuelo. Siempre he pensado que a principios del siglo XX, la gente de los pueblos era mucho más culta y mucho más curiosa que ahora. Cultura popular hallada en la lectura y la conversación. El cine era escaso y la televisión nonata. Debería ser al revés—hoy mejor—, pero no y todo ello ‘a pesar’ del Internet.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Aquella tahona tenía un olor característico a horno de leña de encina, a jara pegajosa de altura y al tomillo más vulgar y más oloroso, el de quemar. El pan que ‘sacaba’ S. de un horno moderno y eléctrico, no tenía esos olores sino otros parecidos, que provenían de algún interior de un ciento de tarros, botellas y jarras; cuidadosamente encerrados en un armario exclusivo, al que llamo: “Ultramarinos S. Especialidad en hierbas y brujerias culinarias” (en este caso el nombre es correcto: ‘al otro lado del mar’). La palabra tahona siempre me ha encantado, el nombre Aníbal también. Es una auténtica celebración el haber escrito este post. Como siempre, escribir en español por la noche, a cambio de hablar contínuamente en inglés por el día.

‘Oigo campanas, pero si sé donde’ Estoy aquí, en Texas, escuchando los toques de una campana que no existía y que sonaba siempre en la noche, en una iglesia, la de San Nosequé en Pittsburgh, a pocos pasos de mi casa. Iglesia que a lo peor ya ni existe como tal o se ha convertido en un restaurante, o en un club de bailongo. Al Ani—Aníbal Núñez—poeta, filósofo, artista pintor y eterno ya—amigo—le hubiera gustado San Nosequé, la enorme iglesia, perennemente vacía, donde ‘Maese Pérez, el organista’ era Ray Charles. Es difícil pero en América del Norte también se puede encontrar busilis (por cierto, otra palabra que me encanta).

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Agosto del 2016

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De escritura, pintar…

“…un mundo nuevo en el Nuevo Mundo”  Fotografía: Luis Jiménez-Ridruejo

“…un mundo nuevo en el Nuevo Mundo” Fotografía: Luis Jiménez-Ridruejo


Sigo pensando porqué no había escrito, de un tiempo a esta parte, sobre mi ‘proceso creativo’ y ves, tarde o temprano uno resbala en los mismos perdederos, los mismos con los que ‘critica’ a los otros. Se puede llamar crítica a lo que se hace, o se comenta o simplemente se piensa; aunque no se publique, ni siquiera en la parcelita propia del website que uno ‘jardinea’? Toma ‘verbabro’! que viene a ser como ‘palabro’ (en mi particular culta latiniparla) Se puede? Se admite corrección, carga y pasajeros… razón en la casilla de contactos. Cuando tengo un visitante en el estudio, la pregunta también es arquetípica, sea el preguntador profesional o simplemente amateur: “que bárbaro, que imaginación, de donde sacas todo esto que se ve en estos cuadros? Y otra, no menos arquetípica, digamos que de alumno aventajado de periodismo clásico: “dime que es este ‘mundo’ y donde lo puedo encontrar?

Ahí, es el momento en que los agarro por la manita (si tengo humor, o me cae bien el visitante), nunca por la pechera; no se merece, no habría pregunta si no hubiese ignorancia. Los hago caminar unos cuantos metros desde la trasera del estudio y ‘al fondo a la derecha’ los suelto en el primer claro del bosque, de frente a la maraña y saludando al tendido, me abro de capote y de discurso de la ‘creatividad’ y despliego la geografía de mi ‘mundo’. Que si son cuatro árboles, unos cuantos arbustos; un pequeño invernadero y las cuatro estaciones que a veces no son tan diferentes; cinco mil luces y otras tantas sombras es decir el Rey Sol con todas sus luminarias del día. Que si todo ello en un espacio de menos de medio acre, en terreno un poco cuesta abajo o en subida, según se mire, claro. Por ahí resbala el agua hasta una charca, o laguito, captador de las torrenteras de las tormentas, con miríadas de mosquitos , hijos de…la pérfida Albión y despiadadamente eficientes. Tanto como la soldadesca de los “chiggers” o niguas, la especialidad aquí de la pradera, con sus trompetas y sus picaduras que son como tatuajes gratis. Sangrientas. Una nigua solitaria en una pernera de tu pantalón puede dejarte cuarenta o cincuenta granos de picaduras. Una delicia.

“…hay que estudiar y pintar esos momentos irrepetibles” Luis Jiménez-Ridruejo.  Instar #13, Acrílico sobre papel,  8.75”x 8.75”

“…hay que estudiar y pintar esos momentos irrepetibles” Luis Jiménez-Ridruejo. Instar #13, Acrílico sobre papel, 8.75”x 8.75”


La naturaleza en plenitud que ayuda a encender todos esos colores que nunca pueden ser un caos y siempre están de acuerdo entre ellos y mi cacumen. La puerta a ese mundo ‘mío’ que he encontrado en esta parte del Nuevo Mundo. Un trabajo, una obra, que empezó por una emoción, un encuentro con la naturaleza bajo un prisma diferente, el de la cámara fotográfica con una lente nueva que nunca había usado para estos menesteres. Acercándome a todo, lo mismo cada día y cada tiempo del año. Un proceso de cambio perfectamente traducible en imágenes y sus interpretaciones, a veces hasta se echaba de menos la música. Emociones, que diría Cézanne, renovadas cada día, cada sesión, y con cada experiencia en una perfecta armonía paralela con la de la propia naturaleza. He vuelto a reconocer todas aquellas lecciones del pintor francés y de tantos otros. Lecciones que tantas veces se nos olvidan y que conviene recordarlas a menudo.

Sintetizando un poco y entrando a saco en los escritos del francés…”Salgamos afuera y estudiemos la maravillosa naturaleza.” Algo que parece obvio pero que no lo es cuando tenemos que leerlo para recordarlo. “…No debemos estar contentos con memorizar las maravillosas formulas de nuestros ilustres predecesores, salgamos afuera, pronto, están pasando cosas…hay que estudiar y pintar esos momentos irrepetibles”, las luces y las sombras son como agua en las manos que se nos escapa por entre los dedos. La luz lo es todo y es rauda y veloz. “La sombra es también un color, al igual que lo es la luz, pero menos brillante; luz y sombra son solo la relación entre dos tonos.” A veces, las sombras seducen más que sus propios colores. De nuevo Cézanne y sus admoniciones: “No hay modelo, solo hay color. Si ves un árbol rojo, píntalo en rojo luminoso.”

“…La puerta a ese mundo ‘mío’ que he encontrado.”  Fotografia: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…La puerta a ese mundo ‘mío’ que he encontrado.” Fotografia: Luis Jiménez-Ridruejo.


No contento (así me ven, o parece) con el mundo en el que he vivido ya más de setenta años; me he dedicado últimamente a ‘crear’ (ya estamos de nuevo con la dichosa ‘creación’) un cosmos nuevo, algunos críticos lo llamarían ‘universo’ (por exagerar que no quede). Un mundo nuevo en el Nuevo Mundo, ese es mi leitmotiv o mi lema, por mor de seguir escribiendo en español. Las interpretaciones de cada imagen, incluso de cada parte de una imagen, a veces me sorprenden a mi mismo por lo plural y lo masivo. La belleza de cientos de estas imágenes y los caminos que se me abren a una traducción pictórica, muchas veces simplemente como punto de arranque, composición , dibujo generador, soluciones de color…que pocas veces se ‘equivoca’ la naturaleza en sus colores! En su propio y natural realismo te ofrece singulares aproximaciones o indicaciones hacia la abstracción.

Todo ello en poco más que el terreno de un campo de baloncesto. En este, mi campo de Agramante particular, llevo ‘tiradas’ más de cinco mil fotografías. Viva la era digital! Almacenadas en una ‘tarjeta’ de cinco dólares, algo impensable hace muy pocos años. Como decía la vieja zarzuela: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!” Volviendo al Sr. Cezanne: “Pintar de la naturaleza no es copiar el objeto; es realizar las propias sensaciones. El arte es una armonía paralela a la naturaleza. Hay dos cosas en un pintor: el ojo y la mente, ambas deben ayudarse mutuamente.” Tendría que dedicarme a escribir más sobre el pintor francés, maestro de todos los pintores de hace cien años y de todos los de hoy. Inmortal, no me gusta, mejor: Eterno, así con mayúscula.

“Pintar de la naturaleza no es copiar el objeto; es realizar las propias sensaciones.”  Instar #12  Acrílico sobre papel,  8.75” x 8.75”

“Pintar de la naturaleza no es copiar el objeto; es realizar las propias sensaciones.” Instar #12 Acrílico sobre papel, 8.75” x 8.75”


Este mundo, representado y reflejado en mi pintura y mi fotografía, es quizás un poco—o un mucho—pretencioso, al menos en su definición. Lo único que puedo decir es: los resultados ahí están. Que cada palo aguante su vela y la cofradía su santo. Ya me han empezado a caer las ‘criticas’ de todo signo. Sin miedo, pero agazapado, espero más.

Luisma, Maypearl (TX) 30 de Julio del 2016

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De Pintura, Escribir…

… y otras “creatividades” (esas que pululan en “los Internets”)

No es lo mismo estar colgado en el estudio que estarlo en las paredes de una galería (Luis Jimenez-Ridruejo con Instar #3)

No es igual estar colgado en el estudio que estarlo en las paredes de una galería… (Luis Jimenez-Ridruejo con Instar #3)

Si ves que a alguien se le caen las palabras ‘creación’, o ‘creatividad’, en lo referente a las Artes, Finas, Bellas y todas las demás y se le quedan pululando en sus escritos; ármate de paciencia y piensa que son siempre las palabras más repetidas y de las que más se abusa en esos cientos, o miles de blogs y websites que combinan las ínfulas pictóricas con las literarias y a veces hacen entretenida la Red. Por ejemplo, el siguiente párrafo, medalla de oro, del cual sé el pecado aunque no recuerdo donde leí al pecador… “En el momento de ser ‘creada’ la Obra artística ya es patrimonio del mundo y por ello nuestro objetivo es hacernos trasmisores de ese hecho.” Toma castaña! (Autobombo y rimbombante, como poco, y si no recuerdo mal era un profesor de universidad).

En fin, todo esto para significar que la palabra ‘creación’ (en mayúsculas, o en minúsculas) siempre ha tenido muy mala prensa. “Que si demasiado pretencioso—que si quién se habrá creído este que es, Picasso? (El pobre D. Pablo! Siempre para un roto o un descosido)—que la culpa será “del no sé qué del diamante” excusas juveniles…que tiempos aquellos de nuestro tierno ‘periódico’: “Ignis et Propulsio”, algún día tendré que retornar sobre aquellos tiempos y aquellos amigos que recuerdo aunque haga un siglo que no los haya vuelto a ver. Carlos, Aníbal, Enrique, Bravo, el Nuni…Una pandilla que hubiera dado juego para escribir una “ Stand by me” a la española, la película, que venía desde “The Body”, la novela de Stephen King. Por aquel entonces empecé a escribir, con aquellos canguelos exagerados y precauciones absurdas, hará unos sesenta años. Ya ha llovido, que se decía antaño.

Hay que buscar, parece, entre unas cosas y otras, una justificación al hecho de escribir o de pintar, aunque para mí ya quedó dicho, no recuerdo muy bien por quién, creo que pudo ser Reverte Alatriste: “Que uno escribe, o pinta, para quererse a si mismo o para que le quieran los demás.” En cualquier caso esta claro, colgar uno o varios cuadros, cara al público, es una exposición, exponerse a la apreciación, a la crítica, eso que hacíamos hasta con miedo en la juventud y que ahora, a estas alturas del partido, ya no prima, porque lo que piense la gente ya nos importa un clásico carajo o el más elegante bledo y además bastante tenemos con lo que dudamos de nosotros mismos. No es igual estar colgado en el estudio que estarlo en las paredes de una galería. La narrativa del cuadro, su proceso de ‘creación’( ! ) es el placer del artista, el pintor para si mismo y su propio ludibrio. Es fundamental que así sea y si luego al salir del estudio gusta al público en general, mejor que mejor.

La ventana a otro mundo (otro mundo en este que solía ser el nuevo mundo)… (Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #6)

La ventana a otro mundo (otro mundo en este que solía ser el nuevo mundo)… (Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #6)

En los tiempos que corren, ya no será necesario ‘explicar’ nada a nadie. Y esto que quiere decir? No entiendo lo que quiere decir este cuadro. Uno de los mayores placeres de exponer pintura en público, o fotografía, es esperar a que entre en la sala esa señora, o señor, que vienen con la determinación de hacer la pregunta del día, o del año, o del… es igual porque siempre es la misma: “no entiendo lo que quiere decir este cuadro. Dónde está el pintor?—quiero hablar con él”. Que cada cual arrime el rescoldo a su vela, el entretenimiento hace tiempo que es Júpiter Tonante, más importante que las órbitas planetarias, que los dioses clásicos; el mundo ha cambiado enormemente y ya no es lo que era, en casi ningún sentido, aunque luego se vea que lo fundamental sigue siendo lo mismo y que las costras de la mugre de antaño salen sin disimulo ninguno a la primera ocasión y a tantas otras. Debe ser la maldita, por tantas veces denostada, influencia del archifamoso “postmodernismo”, la daga vizcaína de toda buena espada, que vale para un roto y un descosido. Con el “postmo” se puede ir hacia atrás tanto como se quiera, diez, quince años, un siglo, o varios y a este paso llegar hasta los griegos. Solo hay que descuidarse un poco.

“También uno en su propio arte puede hacer coexistir el momento moderno y el postmoderno, o alternarlo, o hacer que el uno siga al otro muy de cerca.” (U. Eco, para no variar). Y sigo con los homenajes al finado ‘signore’. No me queda más remedio porque lo he leído y admirado por activa y por pasiva. Cuando salió “El Nombre de la Rosa”(por poner un ejemplo arquetípico) lo leí y lo saboree varias veces en español. Más tarde volví a leerlo en francés, una traducción magnífica y ello me dió las ganas de leerlo en italiano (el original es el original) y cuando ocurrió el deceso, ahora, muchos años después, casualmente lo estaba leyendo en inglés, excelso, lo que me permitió captar como y cuanto había influenciado a varios recientes escritores ‘históricos’ anglosajones americanos y a tantos otros.

Que pena que se haya ido, leerle era como una de esas comidas que siempre te sientan bien, las que los americanos llaman “confort-food” y yo personalmente llamo: huevos fritos con arroz, tomate y patatas fritas. Antiguamente, en mi Salamanca natal, la original, la Helmántica de España, en la Gran Vía, en la cafetería de Cacho, (que ya no existe) estaba como plato combinado. Y digo la original porque hasta cinco de ellas he encontrado viajando y “googleando” los USA y una casi la visito si no me hubiera equivocado de carretera. Salamanca (NY) Estado de New York, cerca de Rochester y no muy lejos de las cataratas del Niágara. Quedará para otra ocasión ya que me he venido a vivir muy largo de aquellos andurriales.

…“no entiendo lo que quiere decir este cuadro. Dónde está el pintor?—quiero hablar con él.” (Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #4)

…“no entiendo lo que quiere decir este cuadro. Dónde está el pintor?—quiero hablar con él.” (Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #4)

Vaya! Una vez más estoy frente a unos cerros, y ‘me he ido por ellos’, el caso es que no pueden ser los cerros de Úbeda, el cartel reza: Ítaca, 8 millas—Grandwiew, 15 millas. Debería decir: Ítaca, 8000 millas, o lo que sea de aquí a la Grecia mediterránea. Y lo de Grandwiew, me cuesta creerlo, grandes vistas en la pradera? pues sí, pero, a cientos de millas más adelante, quizás. Aquí estoy a un metro setenta sobre el nivel del mar, es decir: mi propia altura y para estar más ‘por cima de’ (salmantinismo) dicho nivel, la única solución: un ascensor. Me he vuelto de los cerros y ando buscando manera de terminar este post que más parece una cazuela de desvaríos.

Lo dicho, creatividad e inmortalidad, palabras que habría que echárselas de comer aparte a cualquier pintor, fotógrafo, o escritor. Es el calor, el calor y la humedad. Llevo un rato pintando en el estudio, horas (ni me entero de cuantas) y consolándome con Ravel y Satie, que le ‘pintan’ muy bien a estos crepúsculos de Maypearl (TX). La ventana a otro mundo (otro mundo en este que solía ser el nuevo mundo) de este cuadro me permite soñar despierto y una vez más, evocar a Umberto Eco. Es un placer y lo prometido es deuda:
“El que no lee, a los setenta años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido cinco mil años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás.”

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Junio del 2016

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