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La Décima en el quinto c…

“…colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora…”

“…colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora…”

Mis vecinos…no sé como llamar a los habitantes—somos pocos—de Maypearl, Texas, este pueblo donde vivo…no saben todavía quien soy. La traducción literal del nombre sería Perla de Mayo, quizás: Perleños, exagerando un poco podría ser: Mayperleños. Quién sabe? El caso es que ellos, los que andaban por la calle esta tarde de mayo florido y los que estaban parados en el semáforo ( el único que hay ) del pueblo, deben haber pensado que me había vuelto loco. Entré en la calle, que es también la carretera ( FM 66 ), como en tantos sitios de Castilla; conduciendo despacio, tocando la bocina del coche, obsesiva y acompasadamente, cantando la canción del día ( * ) y saludando a todo el poco mundo con una sonrisa de oreja a oreja.

Son la cuatro de la tarde y hace un calor de mil demonios. Huele a plomo, a sudor y a epopeya del Oeste. El sol pega de plano y me deslumbra, como si estuviéramos en Camas, al lado de Sevilla, en España. En realidad he pasado las últimas tres horas en la semioscuridad del salón, pegado a la tele, en la pantalla una Lisboa en la que ya era de noche. Noche gloriosa y futbolera. Mi Madrid, el Real Madrid, acaba de ganar ( por fin! ) la Décima Copa de Europa, la dichosa Champions. No se me ha ocurrido otra cosa que “salir” con el coche a celebrar, ruidosamente y en solitario, la efemérides. Doce años y yo con estas canas.

Y digo que la celebración era en solitario porque no creo que haya ningún apasionado del fútbol (soccer) en muchos, muchos, kilómetros a la redonda; esta pradera tejana es muy grande y es toda tierra del otro football, la segunda religión de Texas, la primera es la religión ( cualquiera que sea ). Lo más parecido a un futbolero ( !? ) podría ser una manceba de la farmacia en Waxahachie, un pueblote grandón a unos dieciséis kilómetros, que dice ser “fan” del Barcelona y de Messi ( quién le habrá engañado a la pobre? ) y que ha tenido que aguantarme lo de la Copa del Rey, y que tendrá que hacerlo mañana con lo de la Décima. Iré a la farmacia con la excusa de comprar unas aspirinas y a “perdonarle” la vida. Descubrió que yo era del Madrid porque a menudo llevo camisetas, o el chándal, y casi siempre la gorra del Centenario.

Lo de mi madridismo es desde que tengo uso de razón y la fidelidad es total, exceptuando una tarde en el Bernabéu en la que tuve el corazón partido. Fue el día en que la U.D.S., el Salamanca, le ganó al Real por cero a uno; gol de Alves, aquel portugués pequeñito que siempre jugaba ( y muy bien ), frio, calor o lluvia, con unos misteriosos guantes negros. Pero de aquello hace ya muchos años y me lo he perdonado. Desde el principio de los noventa y para acá, que me vine a este país, la Liga y la Copa de Europa—nunca me ha gustado lo de Champions—han sido por la televisión, menos unos pocos partidos en Chamartín, durante mis viajes a España en los últimos veinticinco años.

Así que el gol de Sergio Ramos, y los demás, se los grité al perro que salió corriendo asustado creyendo que se le caía la casa encima. Después de la entrega de la Copa, en plan celebración, como si fueran campanas al vuelo, lancé todas mis camisetas de todos estos sufridos años de espera… a la piscina! Todo ello antes de tirarme yo mismo, vestido. En la confusión también se fue al agua la Roja del Mundial, con estrella y todo. Por eso en la foto aparezco colgándolas del tendedero, así se orean y no se martirizan en la secadora; que me tienen que durar muchos años…todos. La Undécima puede que la vea; el segundo Mundial, la verdad, no tengo muchas esperanzas. El próximo está al caer y me da a mí que ya no va a ser lo mismo.

La Décima se hizo de rogar y me ha pillado aquí, al final del mundo y del Imperio; igual que el Mundial, hace ya cuatro años me cayó en Pittsburgh. Tanto la una como el otro me han encontrado vivo y con ganas de futbol, vicio eterno y panacea universal. Nada me sienta mejor ni me quita las telarañas de todo tipo, sobre todo las mentales, que un buen partido de liga española, o inglesa ( ahora que está llena de españoles ), visto desde la distancia y sin los inconvenientes naturales de estar en el país. A pesar de las retrasmisiones en inglés; si bien, las prefiero a las de los canales hispanos; se me hace difícil aguantar la masacre del idioma. Me gusta imaginarme en el estadio con el runrún de la expectación y el olor a puro. Aunque sea desde aquí, desde el quinto c…

(*) Ah!…la canción del día reza así: “Madrid, Madrid, Madrid… Hála Madrid! Y nada más y nada más… Hááá-la Madrid!”

Luisma, Maypearl (TX) 25 de Mayo del 2014

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“El campo de los sueños”


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“El Hombre Herido”, Hans von Gersdorff, Feldtbuch der Wundartzney (Estrasburgo,1519)

Ahora que estoy lesionado y con aires de curación, he empezado la rehabilitación de una pierna izquierda desquiciada por los nervios y me voy dando cuenta de lo viejo que se ha hecho uno. No hace tanto que podía jugar al futbol, tres veces a la semana, sin mayores problemas que algún golpe o algún estirón muscular. Hoy día tengo que añadir los esguinces crónicos, los dolores articulares y los de la pérdida de velocidad, que son mentales y por tanto mucho más agudos. A ello se han unido, últimamente, los pinzamientos nerviosos, esos dolores cuasi dentales, que precisan rehabilitación muscular. Jugar al fútbol se ha puesto caro, parece. Una delicia.

Voy a acabar arrastrándome por la hierba, artificial, como un gusano. El fuelle anda bien, dejé de fumar en el 2006, pero mis piernas y yo moriremos con las botas puestas, y doloridas; hasta en la foto de mi último carnet de identidad tengo un rictus de sufrimiento. La rehabilitación progresiva la hago en el mismo césped del campo universitario donde jugamos y a la misma hora que mis compañeros usuales de juego, muchos de ellos fenomenales atletas africanos, y jóvenes. Solo verlos correr produce un envidia cochina. Eso si, se les notan lagunas en conceptos de técnica futbolística, son jugadores “modernos”, exageradamente físicos, duros, e individualistas, hijos del nuevo “circo”. A balón parado, o malabares, no lo hacen mal; con el balón rodando disparan a la grada o a los postes de la luz. No le pasan la pelota ni a su madre…–Juego asociativo?— Ya lo aprenderán con el tiempo y una caña.

Hoy, sin embargo, había alguien inusual en la zona de prácticas, haciendo también rehabilitación, con su inequívoco uniforme de béisbol: pantalón arquetípico, camisa de cuello chino y gorra calada; un lanzador, pitcher, del equipo oficial de la universidad. Aunque ignoraba al resto de los jugadores de soccer, me observaba curiosamente, algo que yo achaqué al aspecto de mi edad y condiciones. Pronto advertí que se acercaba remoloneando y con aire de “pegar la hebra”—que clase de ejercicios estás haciendo con esa pierna que parece un poco fastidiada?—era mi habitual tabla sueca de gimnasia.

Ví que se tocaba el codo del brazo derecho como evocando un viejo dolor, seguramente su brazo de lanzamiento. A partir de ahí se estableció un intercambio de información sobre usos y mecánicas de movimiento muscular comparadas, entre brazo y pierna, béisbol y fútbol. Había sufrido una cirugía de codo un mes antes y estaba empezando la rehabilitación, con más pena que gloria. Nos contamos nuestra vida y milagros deportivos, con las inevitables diferencias entre veinte años y más de sesenta.

No es que yo sea un especialista en béisbol, pero lo conozco bastante bien, con sus miles de reglas solo comparables, en cantidad, a las del mal llamado fútbol americano. He presenciado en el estadio muchos partidos, algunos incluso célebres en la historia del deporte de la pelota cosida, y en varios sitios diferentes de Estados Unidos. En Wrigley Field de Chicago que sería como un San Mamés del béisbol; en el viejo Yankee Stadium sentí las mismas sensaciones que en el Bernabéu; mi primer partido de béisbol fue en el Astrodome de Houston, los Astros contra Los Angeles Dodgers, histórico partido por su duración, el segundo más largo de siempre, 27 “entradas” y más de 8 horas de duración. Solo se me ocurrió preguntar, hacia la sexta cerveza– y todos los partidos de béisbol son tan largos? Risas. Una delicia de intercambio conversacional, deporte es deporte cualquiera que sea la disciplina. Lo que se desprendió de ello fue que ambos amábamos nuestro deporte favorito y parecíamos dispuestos a hacerlo por los siglos de los siglos. Amén.

Los americanos dicen: For the love of the game—Por amor al juego. En realidad es el vicio que nos corroe, el relajamiento del fin de semana y ya, incluso, el de media semana. Cada vez más fútbol y en su caso más béisbol. Juegan más de 160 partidos oficiales, a lo largo de la temporada, sin contar las finales. Los “chicos del verano”, como se les llama a los beisbolistas, empiezan en primavera y terminan su liga en octubre. Nuestro fútbol se ha multiplicado también y algunos piensan que se juegan demasiados partidos, principalmente los propios jugadores que a duras penas pueden evitar lesiones en la forma de contínuas contracturas y frecuentes fracturas por estrés. Sin contar con el otro estrés: el de jugar por “obligación”. Que cosas!

Ni a mi, ni al susodicho pitcher parecía afectarnos lo de la obligación de jugar y por tanto todo era devoción. En su caso a San Babe Ruth y toda una cohorte de peloteros que en el béisbol han sido. Por mi parte, a pesar de los iconos actuales, ningún altar está completo sin nuestro señor Di Stefano, San Puskas y San Gento. Hála Madrid, claro! Quedamos en vernos en cualquier “campo de los sueños”, que no es solo como se le llama al estadio del Manchester United, sino también a cualquier campo de béisbol americano. Todos soñamos. Además, heridos o no, soñar es gratis.

Luisma, 3 de octubre de 2011

“La Mundial”, o El sueño de una noche de verano

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Algunas veces los sueños se cumplen

Anoche tuve un sueño. Un sueño que se me había repetido muchas veces, otras noches de toda una vida. Anoche soñé—que bien! —que España había ganado el Mundial, el de fútbol, claro. Que extraño, porqué me pasarán a mi estas cosas?

Con lo tranquilo que estaba yo, que me había pasado la tarde admirando otro atardecer precioso, en colores rojo y gualda, parecido al de hace dos años. Sí, aquel 29 de Junio del 2008, día triunfal, el día que los “locos bajitos” ganaron la Eurocopa. Todavía recuerdo un párrafo que escribí con ocasión de aquel fasto: “…y soñar, soñar como soñamos todos los que jugamos al fútbol. Esta noche dormiré bien y soñaré con ganar el Mundial, eso, si no hay que esperar mucho tiempo, antes de ir a criar malvas…”

El caso es que anoche el sueño era de lo más vívido, tal cual, como si estuviera pasando en realidad…”Esos locos bajitos” de la Selección, los mismos del 2008. Los de “La Roja”, vestidos esta vez todos de azul, azul España aunque no lo parezca (“…con su camisita y su canesú…”). Lo bordaban, una vez más, como tantas otras veces; desesperando a un equipo, por los colores parecía Holanda, aunque lo dudo pues se producía con dureza y zarrapastro, y no como la que uno admiraba, intentando apabullar a la “Sele”. Vano intento.

En el minuto 116 de partido, a la hora casi de los penaltis, el “Niño” pasó la pelota a un jugador holandés que, sorprendido por el regalo, la dejó a los pies del “Empanao” que se la puso a “Rostro Pálido”; este, conocido en su pueblo como “El Ini”, se quedaba por un instante eterno pensando: aquí pasa algo raro, debo estar en fuera de juego, esto no me esta pasando a mí, tiene que ser un sueño….Como el chico, aunque no lo parezca, es “avisao” y listo, decidió pegarle con todas sus ganas, por si acaso no era un sueño. Buena decisión, la mejor, “la mundial”, fue goooool!

Y con ello, se metió en todas nuestras vidas, para siempre, como Zamora y Pichichi, como Di Stéfano , como Marcelino y el Niño Torres. Cuando el chico se despertó, se quedó con la boca abierta, como millones de españoles, gritando el gol y pasando en un tris de la categoría de loco bajito, versión Serrat, a la de gigante nacional para los restos. Y todo ello de un solo navajazo, como si fuera de Albacete.

De repente, me di cuenta que yo también estaba en la terraza de casa, gritando el gol que retumbó valle de Allegheny abajo y que no era un sueño; o si que lo era? Por si las dudas, un rato más tarde miré mi televisión americana, grande y extraplana, y allí estaba Casillas levantando la Copa. Sí, esta vez sí, “habíamos” ganado el Campeonato del Mundo, “la Mundial”. Como hubiera disfrutado este momento mi padre.

Me miré al espejo, limpiándome los ojos, y solo ví a un niño, aquel del que casi ni me acuerdo. Un niño de Salamanca. El que se subía a la tapia del Campo del Calvario para ver los partidos de la “Unión Deportiva”, la UDS. El que pegaba la nariz al escaparate de Radio Andrés Hernández para ver en la tele los partidos del Madrid y los internacionales de España. El mismo que esta noche se emociona viendo el recibimiento a la Selección, en la Gran Vía y la Cibeles. Un mar de banderas y camisetas rojas que parecen el sueño de una noche de verano, o un cuadro de Jackson Pollock.
Y ahora, a esperar una canción de Sabina. Dále, Joaquín! Escríbete una; que nos la merecemos por tanta espera.

Luisma, Pittsburgh, 12 de Julio del 2010. Segundo día triunfal

Once Upon a Time…

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Érase una vez….Un grupo de piratas. Unos piratas muy originales. Piratas que mascaban chicle, en vez de mascar tabaco. Vestían unos trajes muy poco clásicos, para ser piratas. Nada de pantalones raídos, ni chalecos con pechos peludos al aire; algunos pelos largos si que había. No eran la inveterada imágen del pirata que uno guarda en la imaginación, desde los tiempos infantiles. Nada de Barbarroja, Barbanegra, Morgan, o los Hermanos de la Costa, nada del —“Ni Patria, ni Dios, ni Rey”—, nada de anarquía! Ni siquiera iban como los tradicionales, descalzos. Antes bien, llevaban zapatillas deportivas de diseño.

En suma, unos piratas muy propios, y muy suyos. Aparentemente, como salidos de un paquete con envoltorio de papel de celofán y cintas de colores.Todos limpitos, brillantes y sin mácula; “se veían muy bien” pues ninguno necesitaba de parche en el ojo. Iban oliendo a perfume caro y palomitas de maiz, y marchando, elástica y olímpicamente, con sus armas bajo el brazo; intercambiando entre sí unas pelotas que, eso sí, parecían menos pesadas que las de arcabuz. De vez en cuando, las golpeaban con sus armas; que eran unas curiosas estacas redondeadas, de madera.

Cuando estos piratas le sacudían un buen estacazo a las bolas,— cosa ésta, que no ocurría a menudo—, éstas pelotas, que eran del grosor de una bala de bombarda pequeña o de falconete, salían disparadas hacia el cielo, a gran velocidad; y ellos soltaban, o más bien tiraban, su arma al suelo y rompían a correr, tal que si estuvieran asustados ante el gran griterío de la comparsa pública: multitud de gentes, confortablemente sentadas en las murallas de unas extrañas fortalezas. Construcciones éstas, de altos muros inclinados y desde donde, amigos y enemigos, se dedicaban a jalear y corear sus nombres, y a vociferar estentóreamente. Para mejor reconocimiento, cada pirata llevaba inscrito su nombre, en la espalda. El gentío, mientras, comían y bebían asaz, viéndo como los piratas iban y venían a bolazos con sus enemigos; corriéndo, unos detrás de otros, por los fosos verdes del castillo.

Increíblemente, iban vestidos con un cierto grado de uniformidad que los hacía muy visibles, justo lo contrario que, en otros tiempos, ocurriría con los secuaces del Olonés. Así, de lejos, uno podía captar que eran de voz británica, o lo parecían. Aunque su inglés era diferente; yo diría que del norte del Caribe, o de la Florida, de eso que llaman los Estados Unidos. Incluso, muchos de ellos, hablaban castellano de las Indias; posiblemente, fueran renegados, o antiguos prisioneros, en busca de redención. Con los piratas uno nunca sabe cuales puedan ser las razones.

Estos Piratas no necesitaban del robo y el pillaje, pues estaban muy bien pagados por los propios dueños de los castillos. A la vista de lo cual, me figuro el cálculo, los motivos de la pelea debían ser económicos, como siempre. Que si me gustaría ganar más que aquel…que si la vida no es un juego…Todas las excusas son buenas para pelear. Malas lenguas hablaban de ser una competencia deportiva, pero todos sabemos que tal cosa es un imposible.
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PNC Park. Pittsburgh. Foto de Ian Manka.

Y así estuvieron, por luengas horas, corriéndose unos tras los otros y lanzándose bolazos, hasta que se les echó la noche encima y decidieron dar por sentada la competencia, sin bajas ni victimas. En lo alto del castillo, junto a las banderas que ondeaban al viento, alguien había puesto unos signos iluminados por muy raras luces, y que rezaban asi: Piratas de Pittsburgh, 6—Yankees de Nueva York, 4. Abajo, el jardin tan verde por el que se perseguían todos ellos, estaba vacio. Algún condestable habría decidido posponer la batalla hasta un siguiente día. Cosas de la vida!

Luisma, 18 de Abril del 2010

El Balón de Lapislázuli

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El Balón de Lapislázuli (un trofeo personal)

En estos dias de fin de año, que es cuando se acostumbra a conceder los premios a los mejores futbolistas de la temporada, he pensado en otorgar mi balón particular y privado. Como ya existen el balón de oro y de otros metales, he decidido crear el mio propio: el balón de lapislázuli, simplemente, para separarlo de los otros. Un balón único y especial que concedo por una sola vez, y sin que sirva de precedente, un balón histórico con el que premio al mejor jugador de fútbol que he visto nunca.

Despué de pensarlo un rato, y mirar lo que hay y lo que hubo, llegué a una conclusión de lo más personal. De modo que, me va a perdonar Di Stéfano, que sería el mejor profesional; y también Puskas (q.e.p.d.) con el que llegué a dar unas patadas en la hierba de Central Park, en una mañana neoyorkina que recuerdo con deleite, gracias a una común amiga húngara. Que lección me dió de como “matar” el balón! No sería tampoco Pelé, aquí en los USA idolatrado por razones que no tengo muy claras. Casi ni menciono a Maradona, al que los argentinos se preocupan de vendernos contínuamente. Tampoco Zidane y ni siquiera Guti, artista de mi devoción y paradigma de lo que el jugador de mi Real Madrid debe ser.

El que yo considero ganador de este trofeo ideal, mi premio único, era como una mezcla de Messi, pequeñito pero mas habilidoso que él, con más potencia y gambeteo que Cristiano Ronaldo y con la misma inteligencia futbolistica que Guti. Un jugador casi perfecto, que dominó mi fútbol colegial del bachillerato. El “terror” de los patios de los Maristas de Salamanca. Eran aquellos recreos de media hora, con veintinueve minutos de fútbol aperreado, en los que disputabamos el preciado tesoro de goma, aquel balón indestructible y la sonrisa del vencedor, que duraba hasta el siguiente recreo. El minuto en que no se jugaba al fútbol era el primero, el que se tardaba en escoger “campo” y los jugadores correspondientes a cada equipo. Allí surgía la figura de mi Balón de Lapislázuli: Angel Caballero Briz, alias “Angelito”, alias “Caba”.

El mejor, así de claro, el jugador genial y perfecto. Siempre el primero en ser escogido, y así durante todos los años del colegio, porque tenerle a él en el equipo garantizaba la victoria. Sus pases, sus tiros, sus infalibles regates, su visión de la jugada, su coraje y determinación. En fin, el jugador ideal, a pesar de ser bajito y de poco cuerpo, se convertía en un coloso en el rectángulo de juego.Nunca supe más de él, despues de salir del colegio. Nunca más supe de aquel héroe juvenil. Angelito, no sé si estás vivo, donde andas y si, como yo, aún sigues jugando al fútbol. No importa. Hoy solo quiero mandarte mi balón de lapislázuli y mi reconocimiento al mejor futbolista de la historia. Al fútbol se juega como tú, como los ángeles, como el Angel Caballero.

Naturalmente en este premio tendría que coincidir con alguien, algo que signifique aclamación para que el reconocimiento sea plural. Serìa aquella legión de chicos, todos los que coincidieron con nosotros en aquel colegio. No harìa falta una votacion, estoy seguro. Aunque en este caso el plural no es importante. Voy a pasar. Me importa un bledo. Yo no soy una democracia y no tengo abrazada la religión del moderno periodismo estúpido, es decir, no necesito votaciones de opinión de otros para formar o dar la mìa. Estoy hasta los émbolos de ver como el periodismo llena páginas, sobre todo “on line”, con votaciones imbéciles e inútiles sobre cualquier asunto, banal o no.

Si esa es la dirección en la que va la profesión que solìa ser tan atractiva, que me bajen de ese autobús que no huele bien. Demasiados incultos junta-letras y demasiada afición a la dictadura de gente que anda “creando” información, en vez de estar informando. Esta vez, los imitamonos de lo americano se han pasado, y…más de cuatro pueblos! Quien lo dirìa! Que iba a ser tan fácil entender lo que pasa en España, tan lejos, simplemente viviendo previamente lo que pasa aquì.

Luisma, 26 de Diciembre del 2009

Six-burgh

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Portada de un periódico local al día siguiente de la parada triunfal

Resulta que, al parecer, me he metido en un lío. Lo de empezar la casa por el tejado. He visto la expresión o palabra escrita en un periódico local y me ha gustado. También le ha gustado al ayuntamiento de la ciudad, que ha cambiado el nombre de Pittsburgh por el de Sixburgh, oficialmente, eso si, solo por unas cuantas horas de celebración. El inconveniente es que la he escogido como titulo del escrito y eso es algo que nunca hago, siempre titulo las cosas al final de escribirlas. Intentaré hacer algo.

Y todo por celebrar la consecución por el equipo de fútbol, americano, los Steelers de Pittsburgh de la sexta copa, de la Superbowl. Esto convierte a la ciudad en supercampeona o como los americanos dicen: campeona del mundo. En su más puro egocentrismo los americanos se auto titulan campeones del mundo en cualquier campeonato nacional de casi cualquier deporte. Y digo casi porque, por ejemplo, en fútbol del nuestro no lo dicen.

Claro que, a quien importa un deporte que aquí es considerado “vacacional” y deporte de niñas (¡?) y de niños de enseñanza primaria. Al reparto de espacio en los patios de colegio o en los campos de juego asistimos al ver que la temporada de fútbol, soccer, dura solo dos meses y que acto seguido, a su final, se retiran las porterías, para evitar que los niños jueguen!

Lo cual es una fútil medida pues los niños americanos han aprendido rápido el valor de las mochilas como postes para golear; todavía hay esperanzas. El fútbol, del nuestro, va ganando adeptos y fieles mucho más rápidamente de lo que a ciertas autoridades les gustaría. Temen que, al igual que en nuestros países donde este deporte es rey, el fútbol-fútbol llegue a suplantar al baseball en el corazón de los jóvenes americanos. El béisbol recibe la gran tajada de las subvenciones del erario publico, mientras el soccer se tiene que confirmar con las virutas. Igual que el tiempo en televisión, ni siquiera para la selección nacional lo aumentan.

Pero volvamos a Sixburgh y al deporte rey americano: el otro fútbol, el de las cien mil reglas de juego, el de los cuatro tiempos de quince minutos, el de la parada en la mitad… justo para mear los millones de cervezas, el de las audiencias multimillonarias en TV, el juego que provoca el equilibrio de los presupuestos de las universidades y por lo tanto las domina en muchos aspectos.

El fútbol profesional es el que se nutre de la publicidad en televisión y el merchandising de ropa deportiva de los equipos. En la celebración de la Superbowl, conseguida por los Steelers de Pittsburgh, con una macro-parada-recibimiento triunfal en el centro de la ciudad, había 350,000 personas ataviadas, en un 99%, con una o más piezas de ropa Steelers, amarillo-oro y negro, cientos de millones de dólares.

El titular de prensa: Sixburgh! Era una triple referencia: al juego de palabras con el nombre de la ciudad, al sexto campeonato ganado por el equipo, el mayor numero entre todos los equipos y la referencia al “six-pack”, el icónico paquete de seis cervezas que domina la vida, la vida de tiempo libre de las gentes de este país. Sábado, sabadete, camisa nueva, y…paquete (de seis cervezas, claro).

Fútbol americano y cerveza, un matrimonio sin posibilidad de divorcio. El tiro de caballos de la cuadriga del Imperio: fútbol, alcohol, individualismo y conformidad. Los dos últimos jacos produciendo una paradoja que recuerda el efecto óptico de movimientos opuestos en las ruedas a toda velocidad. Si alguna vez estos caballos tiraran en direcciones opuestas, la cuadriga del imperio se iría a hacer puñetas, como la de Mesala en Ben-Hur. De momento, y en medio de la crisis económica, todo va sobre ruedas para Pittsburgh, o Sixburg.

Luisma, Sixburgh, 9 de Febrero de 2009

Cuando el grajo vuela bajo…

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Gorra, “Terrible Towel” y…camiseta del Madrid! Que cosas!

Hace un frío del carajo. Varios, muchos, demasiados grados bajo cero. Los leas en Fahrenheit o en Celsius, es un montón de frío. Enterrados como estamos en un sudario de nieve (lo siento, no pude resistirme a la tentación!), lo único que faltaba era el “soplo canadiense” que acentúa aún más este frío “infernal”, si, si, no invernal, infernal…de llanto y rechinar de dientes. Chupiteles de hielo pingando de todas partes. Aquí quería yo ver ahora al dichoso Global Warming. No decían que nos estábamos calentando!? A ver si es verdad que viene, y no es como las promesas electorales, que ya va haciendo falta!

El caso es que aquí a esto le llaman perfecto tiempo de fútbol, americano, claro. Y la gente tan feliz, cuanto más frío hace, mejor, más lejos ha llegado el equipo de fútbol, americano claro, de la ciudad. Los Steelers (Acereros, seria la traducción) están a un paso de la final de Copa, la Superbowl, la Super Copa, el Copón, vamos!

Y en que consiste todo esto? Bien, en lo que respecta al deporte en si, el fútbol, americano, nada que objetar, me encanta! A pesar de todo no llega, ni con mucho, a nuestro fútbol, fútbol. Es un deporte duro y espectacular. Con sus cientos de reglas diferentes, algunas realmente irónicas, como la llamada: “violencia innecesaria”, que de ser aplicada en su esencia castigaría a los jugadores desde el minuto uno hasta el sesenta, y no habría partido. Y su gran contradicción: se llama fútbol y de los más de cien jugadores que participan en un encuentro, solo cuatro tocan la pelota ovoide con los pies. Cosas veredes!

Es el deporte nacional y esta gente de Pittsburgh lo vive como si les fuera la vida en ello. Todo se centra, estas semanas, en el equipo, hasta en los más increíbles niveles. No es solo la televisión y los periódicos. La gente, una inmensa mayoría, lleva puesta la camiseta del equipo, en la casa, en el trabajo, en la calle, en la cama! Me dicen que se venden pijamas con el diseño y los colores del club. Todo es oro y negro, esos son los colores. Y no es solo las camisetas y los banderines y pegatinas en los coches, es todo un mundo de parafernalia Steelers, incluida la “toalla terrible”: una inofensiva toallita amarilla-oro que todo aficionado lleva al campo, un verdadero mar que se agita frenéticamente (algo digno de verse, sobre todo en el estadio) y que se ven repartidas por todo el mundo, se han vendido cientos y cientos de miles de la dichosa toallita. (Volver a la foto)

Veremos a ver en que queda la cosa. De momento, si llegan al Superbowl pudieran ser el primer equipo en ganarlo seis veces. Lo han ganado cinco, cuatro veces en los setenta y una quinta vez hace tres años. Solo otros dos equipos lo han ganado, el campeonato, cinco veces también: Los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers (forty-niners). En español se diría: los “cuarenta y nueves” o los “cuarenta y nueveavos” (¡?). Nombrecito que se refiere a los años de la búsqueda del oro en California. Cosas raras, al igual que el nombre del trofeo, que seria Supercopa o Supertazón y que en realidad es un balón ovoide metálico sujeto por una peana, también metálica. Un trofeo liso de acero inoxidable, sencillo y pasado de moda, y muy frío. Tanto como el tiempo que nos acompaña. Nieve en cantidades industriales, viento gélido que al frío le pone bemoles y calefacción a todo trapo, como en las películas de Charlot, hasta quemar la casa, si necesario fuese.

P.S. Y terminó el partido. Los Steelers desplumaron a los Grajos de Baltimore y tratarán, en la final, de cortar el vuelo a los Cardenales de Arizona, que a su vez ganaron a los Águilas de Philadelphia. Entre pájaros anda el juego. Veremos si los Acereros ganan su sexta Copa, Superbowl ,que viene siendo algo así como la Décima del Real Madrid.
Hala Madrid! y Go Steelers!

Luisma, Pittsburgh 19 de Enero del 2009

« Xï-bän-yá »

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Ávila y Pekín, la diferencia es solo unos miles de kilómetros

Por fin se acabaron los juegos olímpicos. Ya iba siendo hora, y habrá que echar un cuarto a oros…a platas y a bronces. España ha tenido un buen éxito, en general, y esto lo digo desde aquí, desde los States, basado solo en la televisión y los periódicos americanos.
Siempre me pasa lo mismo con las Olimpíadas, me gustan y las echo de menos, si no las veo. Eso es la primera semana, la segunda se cubren todas mis expectativas de presenciar deportes inusuales y la tercera semana casi ya me sobra y veo las cosas por inercia. Y la verdad es que soy un forofo, tranquilo, de cualquier deporte en que participen o compitan españoles. Supongo que esa es una de las formas de mostrar una nacionalidad cuando vives en otro país. Aunque hay deportes que me gusta presenciar más que otros. Fundamentalmente el fútbol, tengo futbolitis aguda, como mandan los cánones del españolito de pro. Quizá porque sigo jugándolo, a mi edad que sería mas de sillón-bol. Pero el vicio es mucho y todavía me arrastro por los campos, sean de hierba, cemento o moqueta.

Desde los tiempos gloriosos de Seve Ballesteros y Olazábal he sido, y sigo siendo, seguidor televisivo del golf, hoy día con Sergio García y Jiménez. A nivel popular aquí la gente conoce solo a Seve y Sergio, el “Niño”, el original, se va haciendo viejo pero le siguen llamando “Niño”. Intenté entrar al capote del golf y practicar ese deporte que se basa en la constancia. Lógicamente, ví pronto que no era lo mío y decidí dejarlo para cuando sea mayor (?!).

En las Olimpíadas chinas, el deporte en el que España ha destacado más ha sido en baloncesto, se ha ganado la apreciación del publico americano. La gente, en general, vió los dos partidos de nuestros jugadores contra las estrellas de la NBA y me opinaban de la calidad de los españoles. Aunque conociéndoles, a los americanos, después de tantos años, sé perfectamente que en un par de semanas se olvidarán de sus nombres. Como se llama ese chico vuestro que juega para los Lakers?

Las retransmisiones televisivas me han permitido apreciar, más seguido y cercano, uno de los lugares que me gustaría conocer, en directo, antes de ir a los pastos eternos (como dicen los verdaderos americanos, los indios). La Gran Muralla, una cosa así como Ávila, pero a lo bestia. El Gran Cañón del Colorado ya lo tengo en la colección, en compañía de la Jungfrau alpina. Realmente uno se da cuenta de lo poco que conocía sobre China, de su cultura y su historia. No digamos de su idioma, eso me suena a chino. En el partido final de baloncesto que jugábamos contra los USA, me sorprendió el griterío acompasado de los chinos, decían algo que no entendía pero que me sonaba bien, por alguna razón fonética inexplicable… Xï-bän-yá!! Xï-bän-yá!! Tuve que hacer averiguaciones, S. estudió un poco de chino y me ayudó ( hoy con el Internet “las ciencias adelantan que es una barbaridad”). Lo que cantaban era: Es-pa-ña! Es-pa-ña! Magnifico! Espero que los jugadores españoles, después de su aclimatación, supieran lo que aquello era.

En resumen, el entretenimiento de este verano, un paréntesis relajante, y ahora…vuelta la burra al trigo, vienen las Convenciones Demócrata y Republicana, otra vez la política y con las elecciones a Gran César del Imperio, ahí, a la vuelta de la esquina. A ver que pasa.

Luisma. Septiembre del 2008

Otro atardecer…

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Atardecer en la ventana trapezoidal. Valle de Allegheny. Pittsburgh

Otra atardecer glorioso en la ventana trapezoidal. Y ya son, cuantos? El de hoy es especial, impresionante…España, la selección española de fútbol ha ganado el campeonato de Europa y para celebrarlo, la naturaleza, me ha concedido un atardecer (cosas de la diferencia horaria) en unos magníficos colores rojo y gualda. Un atardecer de bandera, o de banderas, de miles de ellas. He visto el partido, la final, solo (bueno, estaba S. que cada día sabe mas de fútbol, del fútbol actual) en mi grandioso y enorme televisor digital, extraplano, donde los “locos bajitos” parecen mejores, mas altos y mas fuertes. Que diferencia con la final del 64 en el redondón y barrigudo televisor en blanco y negro, “la tele”! Grité aquel gol de Torres, como todo el mundo, y el valle de Allegheny me devolvió los gritos. Y a quien le cuento yo, ahora, lo del gol de Marcelino y quien era Luisito Suárez o Zoco? Que lejos y que cerca queda todo aquello!

Dentro de un rato me iré a jugar a fútbol, con gente mucho mas joven que yo, de diversas nacionalidades. La mayoría en el sesenta y cuatro no habían ni nacido todavía. Hoy, todos estos nigerianos, iraníes, mexicanos, americanos ahora, me van a cambiar el apodo (lo veo venir igual que José Tomas ve venir al toro). En vez de llamarme “abuelo”, me van a decir : “Niño”, con bastante ironía y su poquito de mala leche. Pero, que puedo hacer? Meter algún golazo para callar bocas y de vuelta a casa, hacer todo mi ritual de los últimos tiempos, baño con sales de Epsom, hielo en las rodillas, patas por alto y una tortilla de aspirinas. Y soñar, soñar como soñamos todos los que jugamos al fútbol. Esta noche dormiré bien y soñaré con ganar el Mundial, eso, si no hay que esperar mucho tiempo, antes de ir a criar malvas. Lo de hoy ha sido mucho esperar, aunque valió la pena. Felicidades.

Luisma 29 de Junio 2008. Día triunfal.