Category Archives: Uncategorized

Los pájaros de la plaza Dealy

(Hoy, hace cincuenta y dos años ya y aproximadamente a estas mismas horas, fallecía el presidente J.F. Kennedy en las calles de Dallas (TX). Una parte de la historia de este país y del mundo entero cambió en aquel momento. Así lo recuerdo, hoy).

magnicidio.jpg
Es una mañana fría y desangelada, es diciembre de 1.989 . Uno va andando por las calles del centro de Dallas, en Texas, y al pronto las imágenes empiezan a darte la sensación, bien conocida, del “deja vu”, del—yo he estado aquí antes—lo cual es imposible porque es la primera vez que uno está en dicha ciudad. Este edificio, a mi derecha, me es vagamente familiar y por alguna razón, que se me escapa, mis ojos se van a una ventana del sexto piso. Vuelvo la cabeza y la mirada se me va por la calle, en suave cuesta abajo, rodeada de jardines, en dirección a un puente bajo la autopista. Los coches van despacio hacia la curva del puente. Cierro los ojos y otra vez me vuelve la sensación de haber estado aquí, antes.
Me quedo ensimismado un momento y al fin toda la imágen se me aclara, las piezas se recomponen, me doy cuenta sorprendido y alucinado. Me vuelvo a la persona que me acompaña y ella asiente con la cabeza. Sí, aquí es donde mataron a Kennedy. Paso unos instantes rememorando el magnicidio, los coches descapotables interminablemente lentos, las imágenes de este lugar repetidas una y otra vez, machaconamente, en televisión, en películas. El “flashback” es autentico y hasta doloroso. Me despierta un grillerío tremendo de miles de pájaros. En los árboles, tres o cuatro solo pero grandes y copudos, frente a la fachada del Texas School Book Depository, el edificio desde el que Oswald disparó su rifle contra el presidente, hay “instalados” una miríada de ruidosos pájaros cuyo aparente único propósito es ensuciar el suelo, o las cabezas de los curiosos que miran el edificio, con miles de excrementos.
Parece como si estos pájaros tuvieran la conciencia de que este lugar debe mantenerse sucio en recuerdo de una de las peores manchas de la historia americana. A los “dalasitas” tampoco les hace ninguna gracia que el lugar sea visitado continuamente y esté en las rutas turísticas. Siempre he creído que lo que aquí ocurrió es motivo de vergüenza ciudadana para estos tejanos. Y el tiempo nunca ha borrado este estigma.
El tiempo tampoco ha eliminado ese olor perdurable a magnicidio que sentí en aquella mi primera visita a Dallas y, desgraciadamente, anticipado, vuelvo a sentir ahora en la pituitaria de mi imaginación. Un nuevo “kennedy”, esta vez de piel negra, cuarenta y cinco años mas tarde, se pasea por las rutas electorales en camino a una posible presidencia. Llegará a la Casa Blanca? Le dejaran ser presidente?
Me gustaría mucho equivocarme, pero esta noche me huele tremendamente a futuro magnicidio. Los americanos, mientras no me demuestren lo contrario, no tienen remedio.

Luisma, Dallas (TX) 22 de Noviembre del 2015

Originally posted in May of 2008.

Preguntas/Questions? Contact

Luz de Provenza

dwelling_96_crop_490_350_chateau_0456e38b0ad147d96a41e8bf965292d3
…“no creas que solo hay castillos en Castilla”…

Oscuro. Siempre me gustó lo de “como boca de lobo”. Es tan gráfico! Como si uno hubiera visto alguna vez la boca (aunque si las orejas) al dichoso lobo. Era negrura teñida, como siempre; cientos de colores que se convierten al negro. Para llegar a esta oscuridad, hasta allí, había recorrido muchos kilómetros, en auto-stop. Toda Francia de norte a sur. Eran los años sesenta del pasado siglo. Era salir de Paris, con mi mochila, y tratar de detener coches con el dedo; siguiendo puntualmente la ruta de Napoleón en su campaña de Italia y los viajes de Cezanne y Van Gogh buscando la luz de la Provenza. Llegar hasta donde estaba ahora me había costado, exactamente, dos días y trece coches y escuchar las historias de sus conductores. Y todo para esta obscuridad.

La cosa venía de dos veranos atrás, de los cursos para extranjeros de la Universidad de Salamanca, célebre, aunque por otras causas. Había conocido a una chica, francesa, con la que “salí” durante el mes del curso y cruzé, posteriormente, algunas cartas…hasta que nos olvidamos paulatinamente el uno del otro. Dos años más tarde me trasladé a Paris por una temporada. La excusa era pintar y estudiar, la realidad fue: sacar los pies del plato. Tenía veinte años y era tiempo. Recordé a aquella chica y su invitación a conocer su casa en Provenza. “Mi castillo”, como decía ella siempre—“no creas que solo hay castillos en Castilla”— Realmente, nunca creí lo del castillo de Marie. Lo cierto es que tenía una cita con la historia y la luz provenzal, la que había soñado en todas aquellas pinturas de los libros de arte.

En el pueblo no había podido encontrar ni un taxi, ni nadie que me llevase, y además era tarde, una oscura medianoche. Un noctámbulo me había dirigido—no tiene pérdida, amigo, son diez minutos andando—y abundó,—al llegar a dos mojones de piedra, con un cartel de propiedad privada, deje la carretera y continúe por el paseo de árboles hasta llegar al castillo. Me sorprendió que usara esa palabra, “château” en francés, y me dejó pensativo cuando se alejaba y antes de que se me ocurriera pedirle precisiones al respecto. Luego, arranqué a caminar mientras el cansancio del día empezaba a hacer mella.
Van-Gogh-Wheatfield-with-Cypresses
Van Gogh, Trigal con Cipreses, Metropolitan Museum of Art, New York

Había marchado mucho más de diez minutos eternos y seguía haciéndolo por el camino flanqueado de árboles, olmos, que parecía no tener fin. Olía a menta de algún arroyo cercano que no podía ver. La noche era oscura, densa, negra y me alarmaron algunos aullidos lejanos. La luna llevaba horas escondida tras unas nubes cerradas y tenebrosas. Al fondo de una campa percibí apenas una construcción blanquecina, grande y espectral. Salí de los árboles para divisar mejor y empecé a andar hacia ella, pisando en blando y sorteando manchas de setos bajos que batían mis piernas. En algún momento creí pisar flores. De pronto la luna apareció y me alumbró petrificado. Delante de mi surgió un castillo, un “chateau” provenzal. Quedé parado, pasmado y un buen rato estupefacto. Era en verdad, el castillo de Marie.

Cuando volví del ensimismamiento, reemprendí la marcha hasta que fui a chocar con una escalera imperial que desembocaba en una terraza balaustrada, típica del chateau francés. No se veía ninguna luz y solo se escuchaba el viento en las copas de los árboles. Las contraventanas estaban cerradas a cal y canto. Bordeé la entrada principal dirigiéndome a lo que debieron ser, en su día, las caballerizas. Todas las puertas aparecían trancadas y solo ví una ventana baja cuyo antepecho escalé para intentar ver el interior. Así pude avistar una diminuta llama azul temblando en la oscuridad; más tarde supe que era simplemente el quemador de una calefacción. Único signo de vida en los alrededores.

Pasaron dos largas horas de pesquisas y figuraciones, hasta que caí dormido en un poyete de piedra, con la mochila por almohada. Rendido por el viaje y la caminata, no supe el tiempo que transcurrió. Una luz fuerte, cegadora, me despertó atontado. Dos mujeres hablaban entre si, con siseos y risas quedas. Oí mi nombre, pero ciego por los faros del coche no pude reconocer a Marie y su madre—este debe ser tu caballero español, no decías que estaba en Paris?—Pues ahora esta aquí, a ver que hacemos…Lo que hicieron, después de despertarme del todo, fue instalarme en una habitación magna, enorme. Un dormitorio con reposteros y cama de baldaquino; todo muy de terciopelos y guarniciones antiguas.

Bajo palio dormí hasta que dieron las mil de la mañana, desperté y pude atisbar, por entre los cortinones, el exterior con su jardín de parterres en el que se notaba perfectamente el rastro injurioso de mis pisotones de acercamiento al castillo. La noche anterior había destrozado flores y plantones. Mi llegada al lugar sería recordada, al menos, por el jardinero. Me sentía como un Sancho Panza aquijotado. Salí al balcón, solo para inundarme de los raudales de luz del mediodía provenzal. Un celaje de nubes tenues, un sol limpio que bañaba tierras, vegetación y casas de labor con aquellas luces que tantas veces había admirado en los cuadros impresionistas.

vue-bibemus
Cézanne, El Monte Santa Victoria. Vista desde la cantera Bibemus, Baltimore Museum of Art, USA

Aquello si era lo que venía buscando. La noche mas oscura había dado paso a la multiplicidad de colores fabricados por tanta luz magnífica, muchas veces soñada, y que quedó para los restos en mis pupilas y en la ambición de plasmarla en mis pinturas. Y así fue durante unos cuantos días, todo luz. El “chateau” debe seguir allí—quiero suponer. No se lo que habrá sido de Marie, esa es otra historia. Nunca volví, y han pasado casi cincuenta años de unos pocos días en Provenza. Me cuesta recordarlo todo, pero no puedo olvidar toda aquella luz. Nunca podré.

Luisma, 14 de Noviembre del 2015

[Originally posted August 2013]

Preguntas/Questions? Contact

Retrato de Fotógrafo (?)

“El asunto de mi retrato (debajo) en blanco y negro, es el producto de un día de luz tamizada, en Pittsburgh, PA. Teniendo como fondo las lonas de la valla de un campo de beisbol amateur. No estoy sonriendo, posiblemente no habría razón para ello y parece un retrato antiguo, como aquellos en los que se necesitaba larga exposición. No hay nada más difícil de sostener en buenas condiciones que una sonrisa. Pero, creo que soy yo.”

Luis Jimenez-Ridruejo (foto de S.)

Luis Jimenez-Ridruejo (foto de S.)

Cuando inicié esta serie de ‘post’, la intención era la de publicar con cada uno, en cabecera, un retrato (preferiblemente, autorretrato) del fotógrafo en cuestión. Tarea no muy difícil pues casi todos los fotógrafos famosos, y hasta los menos famosos, nos hemos hecho alguna vez algún autorretrato; bien sea con el llamado, y ya hoy prácticamente periclitado: disparador automático, o con el espejo más a mano, quizás el del cuarto de baño. El caso es que, últimamente, no me he hecho ninguno de estos y tengo ese buen retrato, en blanco y negro, que me hizo S. (léase: ese punto) y que me retrata, valga la redundancia, excepcionalmente bien—o al menos yo así lo creo—. De manera que lo he usado como retrato de cabecera de este post.. Ah! Este retrato es el único acertado, con otro de hace cincuenta años, del maestro Pepe Núñez Larraz, que me hayan hecho en toda mi vida. Plasmándome.

“…no soy totalmente yo, ya se pueden sacar algunas conclusiones.” (Foto de Z. Jimenez-Ridruejo Calleja)

“…no soy totalmente yo, ya se pueden sacar algunas conclusiones.” (Foto de Z. Jimenez-Ridruejo Calleja)


Solo dos retratos buenos, entre tantos en sesenta años, y no digo en setenta porque en mi primera década alguno más hubo. Un ejemplo: el de mis dos añitos, en brazos de mi abuela paterna, la sin par Luftolde. Le quedó muy bien a mi padre y aunque todavía en él no soy totalmente yo, ya se pueden sacar algunas conclusiones. Sobre todo si soy yo mismo el que las hace, pues conozco todas mis aventuras posteriores mejor que nadie. Los rasgos y las señales, las huellas y las cicatrices que esas aventuras han ido dejando en mis facciones, componen el retrato posterior. Por lo demás, durante todas estas décadas pasadas, me he bañado diariamente en líquido revelador y me he peinado con fijador y secativo. Valga esta sobada manera de decir que me he dedicado a la fotografía. Amateur, claro, porque no he vivido de ella.

Sin embargo, el nivel de mis conocimientos y práctica fotográfica son los de un avezado profesional y muchas veces he sido bien premiado o compensado por ello. De la fotografía de los líquidos he pasado, ya hace algunos años, a la digital. Esta me ha permitido su mejor empleo: la capacidad de autocorrección y edición propia y el prescindir, casi al ciento por ciento, del uso del fotómetro. Este ha cedido la palabra a mi ojo, a través de la ventana previa digital, el usufructo de ‘ver’ una fotografía ‘terminada’ antes incluso de dispararla. Los puristas pondrán el grito en el cielo por esta afirmación, pero los puristas como los academicistas y los críticos, la mayoría, nunca han hecho nada que contribuya demasiado a la historia de este arte. El fin justifica los medios.

Puedo decir de mi fotografía y no en plan crítico sino informativo que he domesticado a la cámara digital para que me dé lo que yo quiero. A las pruebas me remito. Véanse simplemente, todas mis fotos, firmadas y utilizadas desde hace más de ocho años en este blog y mi website. Todas ellas no son más que la punta del iceberg, señalan donde estoy y dejan inherente la seguridad del volumen de trabajo que queda por debajo de las aguas, o dentro de mis ordenadores y ‘pinchos’. En mi fotografía actual hay una utilización de mi propia idea del colorido, aceptando los colores que entran por la ‘ventana digital’ y dejando un mínimo de posibilidad al cambio, a la adecuación después del disparo, sin llegar a la manipulación excesiva.

Sigo pensando que la fotografía se ‘ve’ y se ‘hace’ antes de dispararla y el arte es el de los ojos que la selecciona, la estudia y la produce. Por cierto, antes de lo digital era un ‘deporte’ muy caro, hoy permite hacer cientos de ‘poses’ sin tanto costo. ‘Gatillo fácil’ dicen de la cámara digital, no sé si lo seré yo, pues es verdad que no disparo nunca ‘a tontas y a locas’. Calculando por lo bajo habré disparado en mi vida unas ochenta mil fotos, de las cuales conservo más o menos la mitad. Mi actividad fotográfica actual tiene dos vertientes principales, que a veces coinciden. Una, es la de utilizarla para ‘ilustrar’ mis escritos y la otra es una pura investigación estética, en este momento, la de la naturaleza.

“Hay muchos otros caminos que he dejado abandonados…” (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

“Hay muchos otros caminos que he dejado abandonados…” (PPG Plaza. Pittsburgh (PA). Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)


Hay muchos otros caminos que he dejado abandonados por estas dos avenidas, sin razón aparente, aunque a veces repique cualquiera de esas otras campanas. Ya sea solo para no perder la costumbre de cosas ya hechas y vías ya transitadas. Incluyendo los ‘nuevos’ deportes fotográficos, como el estúpido ‘selfi’, con sus sonrisitas forzadas y lamentables. Hace muchos años, muchos, tuve una temporada que me hacía ‘selfis’ prehistóricos, ‘tirándome’ fotos mientras me miraba a mi mismo, enfocándome o desenfocándome en un espejo; algunas hasta con flash, que ya era rizar el rizo. Aquel sarampión se me pasó enseguida y no sé donde quedaron aquellas pruebas de ingenuidad estética.

No cuento las fotos hechas con aquel dispositivo de autodisparo automático, que confería unos segundos para ‘colocarse’ en un paisaje, añadirse a un grupo y/o hacer alguna tontería, ‘saliendo’ en las propias instantáneas. Eso que hoy se hace con cámaras de lentes casi microscópicas, pero que te dan una calidad inmensa. Los dioses clásicos de la fotografía de primeras horas se hubieran hincado de rodillas delante de estas lentes minúsculas y sus ‘tarjetitas’; invocando seguramente: Milagro! O según el caso: Satanás! De esta manera y facilidad se llevan cámaras a todas partes y situaciones, no solo en teléfonos, sino hasta en relojes, gafas, anillos…. Ninguna de estas tengo, solo la cámara del iPad, que vista la calidad que me da, cada día la uso más.

“…pura investigación estética, en este momento, la de la naturaleza.” (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

“…pura investigación estética, en este momento, la de la naturaleza.” (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)


Tendría las defensas bajas, me han atacado el baluarte de mi clasicismo, “son muchos y poderosos…” como diría D. Quijote. He resistido hasta ahora—ya veremos si lo cumplo, o me pasa como con el móvil—lo del aparecer en las chorradas del Facebook, Instagram y demás; así como nunca he ‘silbado’ en el dichoso Twiter, que me repatea en grado sumo. Hasta el propio nombrecito me carga, será la edad que me vuelve gruñón. De manera que brindo este toro a los imbéciles que me acusarán, seguro, de no estar en la página, de ser ‘amoderno’, palabro que ya he visto reproducido, y me limitaré a señalarles que en fotografía y desde hace cincuenta años he estado y estoy muy por delante, varios capítulos, o ciclos, como los quieran llamar. He hecho casi todo en ello. Mi único dolor es no ser capaz de imaginar como será la fotografía en el próximo siglo.

Algunas ideas, pura imaginación, he tenido al respecto…pero esa es otra historia, que el viento no mueve todavía. Aquí solo dejar un parvo retrato, este por escrito, con cuatro cosas y un par de fotos de entre los miles.

Luisma, Maypearl (TX) 28 de Octubre del 2015

Preguntas/Questions? Contact

Las luces del bosque

“…luces extrañas de trayecto veloz, imposibles de identificar…el titilar de unas luces entre los arboles…” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

“…luces extrañas de trayecto veloz, imposibles de identificar…el titilar de unas luces entre los arboles…” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

No era la primera vez que atravesaba el puentecillo de madera que salvaba lo que es, no un rio, no un arroyo, ni siquiera un regatón de lluvias… una pasarela de troncos desbastados tendidos entre los morros de una grieta del terreno, no muy grande, ni muy profunda. Solo lo suficiente para que ese accidente sea impracticable por cualquier tipo de vehículo—bueno!—quizás, con un ‘oruga’ o un tanque militar se podría. Para que necesitaría andar con un tanque por estos vericuetos del rancho? Pensándolo bien, porque necesitaba pasar a la otra parte? La ‘otra parte’, en la que está ‘el gran bosque’, con su pequeño lago al que se accede por dos, también pequeñas, roturas de entrada a la maraña. Dos estrechos caminos desbrozados por el poco paso humano y el leve tránsito animal; que a veces se borran de una estación para otra y hay que imaginar por intuición y acudiendo a las dotes de orientación de cada uno, que no siempre están disponibles.

Por supuesto, he estado en el lago a plena luz del día. Sentado en la orilla, contemplando una pequeña barca, mínima, que nunca se mueve, anclada con una boya de peso. Pensando quien habrá sido el barquero, si lo hubo. Quizá, sólo en la noche, para navegar en la oscuridad. Perderse en el gran bosque del piélago es siempre motivo de pesadillas nocturnas. No quiero ni pensar en andar a oscuras por aquellos andurriales del rancho, ni siquiera con luces, por muy potentes que fueran.

… “…me devuelve un colorido cambiante, a veces imposible…” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

… “…me devuelve un colorido cambiante, a veces imposible…” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo


Los ramajes, la barreras de espinares, los múltiples huecos de las raíces de los tortuosos árboles…en la noche, ni hablar! Pero, si en algunas partes del bosque, a veces, no llega la luz del sol! En ocasiones la cámara de fotos me pide el uso del flash, en pleno mediodía ( ! ), y me devuelve un colorido cambiante, a veces imposible, desde el blanco más impoluto hasta el rojo más sangriento. Muchas de las fotos que he hecho en ese bosque, incluso siendo muy espectaculares, no hacen justicia al entramado de la maraña del espinoso terreno.

Siempre he pensado que esa zona es la puerta a otro mundo, de entidades desconocidas, guardada por jabalíes y serpientes, zorros, armadillos y ejércitos de insectos poderosos; que interpretan sus juegos de guerra particulares y en los que ni me quiero inmiscuir, en lo posible. Esta vez me di la vuelta sin atravesar el puente, como tantas veces, volviendo a lo abierto de la pradera, caminando rápido hacia la casa. El cielo se estaba poniendo oscuro y no solo porque fueran las seis de la tarde, sino porque amenazaba tormenta, que aquí son rápidas en formarse, de mucho rayo y a menudo de poca agua. Siempre rolando de sur a noreste y sin olor a ozono, ni previo, ni después. Necesitaba llegar cuanto antes al estudio, con sus múltiples grandes ventanales, desde donde ya a seguro, me gusta disfrutar de las tormentas largas de la pradera; mientras pinto, escribo u oigo música.

Desde estos ventanales, que dominan la parte de atrás de la casa y las campas que acaban en el gran bosque, se ven las luces de los días, amaneceres coloridos y luminosos, y las oscuridades de las noches, la suma de todos los colores, el negro que no diferencia terreno, árboles o cielo; blanco a la instantánea luz del relámpago.

“…al que se accede por dos, también pequeñas, roturas de entrada a la maraña.”  Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

“…al que se accede por dos, también pequeñas, roturas de entrada a la maraña.” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

Así he visto, varias veces, luces extrañas de trayecto veloz, imposibles de identificar, que desde lo alto del cielo, en vuelo oblicuo, se hunden blandamente en las copas de los árboles y las marañas del bosque. Nunca se mueven en sentido contrario, de abajo hacia arriba, nunca cambian de color, son blancas, lechosas, incorpóreas y conservan su unidad; nunca se escinden en partes, ni producen ruidos. Antes bien, producen silencios de la naturaleza durante los cortos vuelos de ‘aterrizaje’ y no se oye un ruido, ni un pájaro, ni una cigarra. Ni siquiera el viento. Y siempre en la noche oscura.

Muchas veces he pensado en ir a esa zona, a los alcances del gran bosque. Entrar en él y de noche cerrada, negra sombra, ay!…ha sido solo con la imaginación. Tratar de desentrañar el misterio de esas luces, o lo que sean; no creo que lo haga, tengo que reconocer que soy un cobarde, es el miedo único que se puede tener, el de lo desconocido. Aunque soy un cobarde curioso, eso sí. Y sí, me estoy perdiendo algo por cobardía, que si fueran los nunca bien ponderados ‘extraterrestres’—no me lo perdonaría jamás—digo, el no conocerlos sería inexcusable, bochornoso, un auténtico error garrafal, vital.

“…siempre he pensado que esa zona es la puerta a otro mundo, de entidades desconocidas…”  Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

“…siempre he pensado que esa zona es la puerta a otro mundo, de entidades desconocidas…” Foto de Luis Jiménez-Ridruejo

Soy nacido en Castilla y he pateado los bosques gallegos, con y sin tormentas, de día y de noche, en enero y en agosto, y aunque estemos a miles y miles de kilómetros de distancia, alguna noche por el titilar de unas luces entre los árboles, por el ‘resultado’ de alguna foto al ampliarla, he dado en pensar que por este bosque tremendo puede que ande la ‘Santa Compaña’. Y más vale que sea ‘ella’ y no el ‘KuKuxKlán’ que por estas andaduras sureñas, tampoco tendría nada de particular; no solo en Granada todo es posible y no sería la primera vez que he visto el circulo de piedras que señala la quema de una cruz. Ya sé, ya sé, estamos bien entrados en el siglo XXI, pero a pesar de todo…

Luisma, Maypearl (TX) 28 de Septiembre del 2015

Preguntas/Questions? Contact

Retrato de Pintor ( XIII )

1.	“Helen Frankenthaler, americana, neoyorkina, nacida al final de los años veintes del siglo XX.” Foto de la revista Life , 1957.

“Helen Frankenthaler, americana, neoyorkina, nacida al final de los años veinte del siglo XX.” Foto de la revista Life , 1957.

“No hay reglas. Deja al cuadro que te lleve a donde deba ir”
–H.F.

Nunca he tenido el más mínimo problema con las mujeres que pintan. Todo lo contrario. Artistas todos, mujeres y hombres. Siempre he usado el viejo chiste fácil: los hombres deberían ser llamados “artistos.” Claro que habría que remontarse a la época de los clásicos griegos, para que lo de “artistos” sonara bien. Pero no era un chiste, sino un problema para la pintora, una de las grandes, sobre la que escribo hoy: Helen Frankenthaler, americana, neoyorkina, nacida al final de los años veinte del siglo XX. En un mundo y una época todavía más discriminatoria con la mujer que la actual. Viendo algunas situaciones de faltas, reiteradas, al respeto de lo femenino, uno piensa que en los últimos cien años tampoco han cambiado las cosas tanto.

Frankenthaler, trabajando y ‘lanzando’ su arte en los cincuentas y sesentas pasados y sobre todo haciendo expresionismo abstracto en un momento y un medio dominado por artistas-varones, críticos-varones, que manipulaban un lenguaje centrado en unos “masculinos” atributos, tales como: escala, gesto, y “músculo”… a pesar de todo, consiguió establecer una buena serie de exposiciones de sus obras, en solitario y en los salones de afamadas instituciones. Bien recibidas por la crítica, le hicieron ganar, ampliamente, el respeto de sus pares. No muchas mujeres consiguieron esto en aquellos tiempos.

“…trabajando y ‘lanzando’ su arte en los cincuentas y sesentas pasados…” Great Meadows, 1951. MoMA, NY.

“…trabajando y ‘lanzando’ su arte en los cincuentas y sesentas pasados…” Great Meadows, 1951. MoMA, NY.

Hay algo sobre ella que siempre me ha molestado comentar o escribir y que seguramente fuera en alguna manera determinante. Puede parecer una excusa para su éxito artístico, aunque a mi parecer no lo es en modo alguno. Es demasiado fácil como crítica, toda su obra la avala en sentido contrario. Frankenthaler era una mujer de posibles, de familia acaudalada e influyente, y que recibió una cuantiosa herencia cuando aún estaba estudiando, lo que le permitió recibir clases de los mejores profesores del momento (Tamayo, Feeley, Hoffman). Viajar a Europa con asiduidad y con el tiempo ser ella misma profesora en Harvard, Princeton, Yale y New York University.

A diferencia de otros, sin tanta suerte, Helen nunca tuvo que ‘jugarse la vida’ con la pintura. Para más ‘delito’, en 1958 se casó con Robert Motherwell, uno de los grandes de la pintura americana, con lo que para algunos ‘graciosos’, o envidiosos, pasó a ser para siempre: ‘la mujer de Motherwell, que parece ser también pintora’. Un matrimonio que duró trece años, dentro del transcurso de una vida de ochenta y tres! Frankenthaler trabajó sesenta y cuatro años haciendo pintura, escultura, grabado, enseñanza e ilustración de libros, hasta diseño de decoraciones para montajes del England Ballet. De sus enseñanzas y de sus escritos, obtenemos un perfil humano y artístico que nos dice de ella tanto o más que sus obras.

“…una mujer que pintaba enormes lienzos extendidos en el suelo de su estudio…” Foto por Ernst Haas, de Hommemaker.com.

“…una mujer que pintaba enormes lienzos extendidos en el suelo de su estudio…” Foto por Ernst Haas, de Hommemaker.com.

“El arte tiene un ser por si mismo. Nada que ver con el gusto del momento o lo que se espera de ti. Esa es la formula para el arte muerto o el arte de moda”. Puedo imaginarla, ‘navegando’ por entre los caballetes en sus clases, con movimientos casi de bailarina—adoraba el baile—dejando ‘perlas’ dialécticas semejantes, una mujer que pintaba enormes lienzos extendidos en el suelo de su estudio, influencia de sus visitas a Pollock y que era seguramente más ‘moderna’ que sus jóvenes alumnos. “Tienes que saber como manejar lo accidental, como reconocerlo y controlarlo y hasta como eliminarlo de manera que la entera superficie parezca hecha y ‘nacida’ al mismo tiempo. Cada lienzo es un viaje total en si mismo. Sigo las reglas hasta que de pronto voy en contra de todas ellas.”

No es solo ella, es como si estuviera hablando yo mismo—salvadas las inevitables distancias—y dijera o asumiera todo lo que Frankenthaler escribe. El arte de moda, la pintura que se ‘vende’ en el momento… si quieres seguir esa línea, tienes que invariablemente ‘copiar’ a otra gente, literalmente, porque la inspiración—ella lo dice muy claro—no tiene porque ser una validación de lo que uno mismo hace. En cualquier caso, he reconocido en ella las mismas impresiones de la naturaleza, las mismas que me han atraído, últimamente, aunque con muy diferentes resultados. Frankenthaler huye de la tridimensionalidad en auténtico expresionismo abstracto, con sus campos de color y su pintura de mancha ‘mojada’ (soak-stain), colores lavados que se escapan de los límites del lienzo. Un estilo muy personal.

“…la entera superficie parezca hecha y ‘nacida’ al mismo tiempo.” Nature Abhors a Vacuum, 1973. National Gallery of Art, Washington, D.C.

“…la entera superficie parezca hecha y ‘nacida’ al mismo tiempo.” Nature Abhors a Vacuum, 1973. National Gallery of Art, Washington, D.C.

A partir de los sesentas, cambia al medio acrílico, hace grabados buscando los tratamientos de lavados de color que hace en sus pinturas, transforma elementos de la naturaleza en formas abstractas y color. Y en eso estamos, algunos, celebrando ese espíritu. De ella hay mucho que aprender; aunque los críticos no siempre aplaudieran unánimemente su arte. Algunos lo han visto como corto en substancia, descontrolado en el método, demasiado dulce en el color y demasiado ‘poético’. Los favorables han sido muchos más y más explícitos, hablando de: libertad, espontaneidad, apertura y complejidad de la imagen, íntimamente ligada a la naturaleza y las emociones humanas. Puro genio.

A mi me queda lo aprendido de ella y la imagen de una Helen niña, sonriente, subida en una silla, al borde de una pileta llena de agua y vertiendo esmalte de uñas para ver como el color fluye. “No estoy resentida de ser una mujer-pintor. No lo exploto. Yo pinto.”

Luisma, Maypearl (TX) 13 de Septiembre del 2015

Preguntas/Questions? Contact

Retrato de Pintor (I)

goya_portrait.jpg

F. de G. y L. (Autorretrato, 1771-1775)

El paisaje es duro y árido, apenas unos matones de árboles pequeños que no llegan a ser arboleda. Mucho arbusto bajo en las orillas del camino, y olor a tormenta reciente sobre el que domina otro olor, el de los cueros sobados de la diligencia. Es llanura quebrada por zanjas y con aire de ver poca agua. El único pasajero se revuelve inquieto en su asiento, rodeado de cajas y fardos que ocupan el espacio de otros pasajeros que no viajan.

En esta parte de su viaje, el contramaestre le ofreció viajar por casi la mitad del monto si le permitía asentar carga en las plazas libres. Aceptó de buena gana, pues los dineros de un pintor joven son siempre cortos. Aún así se arrepiente cada vez que golpea sus rodillas con alguna caja en los múltiples baches y regatones del camino. La caja de madera, atada con un cinto, que contiene sus artes de dibujo y pintura se bambolea en lo alto de unas mantas de lana trenzada. Sus manos acomodan, a ratos, dos rollos de lienzos que contienen pinturas a medio hacer, una de ellas casi terminada. No quiere que se rocen mucho y menos que se abollen con todo el traqueteo de la marcha.

Quedan solo dos leguas hasta el final de la jornada y la mente se le va a otros momentos, cuando recogía en su estudio capitalino los dos cuadros con los que piensa impresionar al Conde de Sobradiel. Es la visita a la que acude y es el final y el fin de este viaje. Aunque también lo es volver a casa, a una Zaragoza de la que quiere salir pero que siempre le atrae por los recuerdos…el maestro Luzán, los amigos, la familia. El pensamiento vaga pero el traqueteo le vuelve a la realidad. Su realidad, su ambición, está en la capital, Madrid tiene todo lo que le interesa. La posibilidad de trabajar con el maestro Mengs y la corte es un atractivo poderoso.

El cuadro más pequeño es un retrato, a tamaño natural, de una joven condesa heredera que ya empieza a lucir la misma bella estampa que la condesa madre; la joven todavía no tiene el misterio de su progenitora, aunque si unos ojos chispeantes que al pintor le han gustado asaz, a juzgar por la cantidad de bocetos que hizo del rostro de la niña. Francisco quiere llamar la atención del conde y cree que el retrato de su hija adorada lo procurará. Necesita un buen valedor que le ayude a conseguir el contrato para la bóveda de la Basílica del Pilar. Esa obra tiene que ser la que le proyecte en Madrid.

Por si fuera necesario le acompaña un cuadro mayor, grande y muy logrado, una obra casi terminada con la que impresionó al comité del premio del la ciudad de Parma, donde la presentó. A veces, le cuesta acabar sus pinturas, le cansa retocar mucho los lienzos. Esta pensando en modificar sus técnicas hacia algo menos elaborado, menos trabajoso con la química. Las novedades encontradas en su pasada estancia en Italia le pueden ayudar en este propósito y las nuevas maneras de pintura al fresco han sido una revelación para él. También los cartones para tapices, y no hace falta terminarlos tanto.

Siempre ha sido su problema el decidir cuando dar por terminada una pintura. Admira a su maestro que, en un momento dado, levanta el pincel y cuelga el cuadro como quien cuelga una capa después del invierno, y ya no lo toca más. Admirable esa seguridad. La pintura grande, en cuestión, es un magnífico cuadro histórico. Aníbal contemplando Italia; hecho un poco a la manera de esos italianos antiguos que no le agradan y de los que admira, sin embargo, el trabajo y lo perfecto de la composición.

Le hubiera gustado vivir en el siglo anterior, pero lo que en realidad le atrae es la promesa y la ambición de pintar como sueña, en su imaginación, que lo hagan los artistas de siglos venideros. Esos colores y esos tratamientos que lleva ensayando en pinturas y bocetos, y que no enseña a nadie. Su propia aceptación de estas pruebas es contradictoria, como lo es él mismo; unos días le interesan y otros le parecen una pérdida de tiempo. Siempre difícil de contentar, es el peor crítico de si mismo. Herencia de la familia Lucientes. También lo es su valentía. Su valor corre parejo con su ambición.

Ahora, su mirada se pierde en el fondo de la tarde, hacia la oscuridad que viene y hacia la que la diligencia corre. No tanto como su pensamiento que se adelanta a los acontecimientos, fruto de la ansiedad. Ya quisiera estar pintando esa cúpula que se adivina en lontananza. Ya quisiera pintar el palacio de Sobradiel…vivir en Madrid, trabajar con Mengs, conquistar la corte, pintor de cámara del Rey. Ya quisiera…pintar, pintar, pintar.

Luisma, 30 de agosto de 2015.

[Originalmente colgado el 6 de enero de 2011]

Otro Mundo

la pradera, tan sencilla y accesible que parece que no compromete a nada

“…la pradera, tan sencilla y accesible que parece que no compromete a nada…”


Estaba en otro mundo hasta que decidí volver a Texas, que se había quedado encapsulada en mi recuerdo. Texas para lo más bueno y para lo menos. Casi trece años después, el sur me llamó otra vez. Llevo casi dos años de vuelta en la pradera tejana, en esos días de canícula repetida hasta la saciedad, la plenitud, Lorenzos y Catalinas, como en la vieja canción. Soles justicieros que ‘ríete tú de la estepa castellana’, y noches de lunas azules—mágicas—, y rojas—sangrientas—como en Castilla la Vieja; puestas a la par no sé con cual no me quedaría, quizás aquí las sombras son más calientes, tanto que ni a la sombra se puede estar, estas sombras ahogan. Tremendo mundo nuevo.

Hace veintitantos años, cuando llegué por aquí, entonces más al sur, casi en el golfo de México, era la misma tortura pero con más humedad. En cualquier caso, ambas zonas con sus aires acondicionados imprescindibles, con sus sequedades y su deshidratación, la casi obligada ingestión contínua de líquidos y sus olores que alguna vez definí como: la mezcla de aceite de coche y galletas dulces, todo ello muy poco acusado. Ya lo he dicho muchas veces: Texas no huele a nada (excepto cuando algo se quema), la pradera no huele a nada (excepto cuando un coche revienta una mofeta); el interior de las casas, de pura asepsia, no huele a nada (excepto cuando se quema algo en la cocina). Esta pradera que se convierte en un secarral de todos los demonios cuando falla algún período de lluvias y la tierra aparece por debajo de la hierba seca y en dos días se agrieta tanto, que se le puede meter la mano y el brazo y no llegar a un fondo. Tremebundo.

“…raíces, ramas, ramajos, redes de matorrales espinosos, que te atrapan…”

“…raíces, ramas, ramajos, redes de matorrales espinosos, que te atrapan…”


Tampoco se puede llegar al fondo, o atravesar, cualquier matón de bosque; intentarlo incluso deriva siempre en el enfado consigo mismo por impotencia manifiesta. Arboles, raíces, ramas, ramajos, redes de matorrales espinosos que te atrapan, es una lucha perdida. Dentro de lo tupido, ni paso al frente, ni de retirada, los desgarros en la ropa o en la piel son inevitables. Miles de telas de araña, enormes, algunas pueden resistir el peso de un hombre. Agujeros, desmontes y roturas de un terreno propiedad de los animales que lo pueblan, voladores y corredores de todo tipo, y eso sin mentar insectos, todos los mosquitos del mundo que te hablan zumbando en los oídos y que, si te descuidas, te chupan la sangre en un segundo, o un tercero. Serpientes, unas venenosas y otras no—quién las distingue—que te obligan a calzar botas, cuanto más altas, mejor. Los animales más vistos y vistosos de estas praderas y sus zonas boscosas: ciervos, corzos, jabalíes, pavos salvajes, zorros, coyotes, y allá en lo alto, las águilas, incluida la ‘calva’ del escudo nacional.

“…roturas de un terreno propiedad de los animales que lo pueblan…”

“…roturas de un terreno propiedad de los animales que lo pueblan…”

En fin, la pradera, tan sencilla y accesible que parece que no compromete a nada y “reality bites”( literalmente: la realidad muerde) es un mundo increíble, otro mundo dentro del nuevo mundo. A veces pienso en los pobres y nunca bien ponderados ‘conquistadores’, con o sin sus armaduras, atravesando estas tierras largas y difíciles, muriendo de calores, sin agua durante millas y millas, sin bebidas frescas ni helados, sin cervezas burbujeantes, sin aire acondicionado…una muerte lenta por sequedad extrema, falta de alimento e imposible descanso, gracias a los animales de todos los tamaños y con todas sus ‘gracias’.

“…tampoco se puede llegar al fondo, o atravesar, cualquier matón del bosque…”

“…tampoco se puede llegar al fondo, o atravesar, cualquier matón del bosque…”

Por todo esto, los de ‘a caballo’, los de las películas, aquellos de las cantimploras eternas y los sudores de glicerina, siempre galopan a pradera abierta, igual que los ‘cowboys’ de ahora, a pesar de los soles, y nunca se les ve atravesar estos boscajes terribles. Ante estas marañas, los caballos rehusan y se espantan como si estuvieran ante un obstáculo de altas barras. Incluso hasta en los cultivos; ayer entré en un campo de maíz, ya alto y seco, era mediodía e iba con la intención de hacer unas fotos. En menos de un minuto el calor era inaguantable, la batería de la cámara se negó a funcionar, empecé a sudar a chorros y tuve que salir ‘por piernas’ y medio mareado.

“…ante estas marañas, los caballos rehúsan y se espantan como si estuvieran ante un obstáculo de altas barras…”

“…ante estas marañas, los caballos rehúsan y se espantan como si estuvieran ante un obstáculo de altas barras…”

Definitivamente, la pradera es otro mundo, el nuevo mundo que hace siglos otros quisieron conquistar, sigue siendo ‘nuevo’ y sorprendente. Y muchas veces inconquistable. Aún así, me gusta, me siento bien en ella, a pesar de todos los pesares y tendría que ‘lucharla’ y disputarla con mi Castilla, la Vieja. Cada una a su tiempo. Con siesta o sin siesta, águilas calvas o cigüeñas, son una misma cosa. Solo una cuestión de tiempo…“Polvo, sudor y hierro…el Cid cabalga”

Luisma, Maypearl (TX) 18 de Agosto del 2015

Preguntas/Questions? Contact

A vueltas con el SSC

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)


Algo había pasado, o quizás fuera más bien que algo iba a pasar. El lugar tenía el aspecto de ambas cosas. Había una atmosfera rara, ni frio ni calor, pura templanza de la primavera tejana. No olía a nada porque la pradera, normalmente, no huele a nada. Lo más extraño es que no había visto ningún cartel, ni señal, ninguna marca en el suelo, nada. Desde que dejé la carretera más grande, una comarcal llena de badenes y charcos de las últimas lluvias, tormentas; brillaba por su ausencia cualquier tipo de indicación. El camino era único, sin opciones, sin vallas, tal como me habían dicho, solo recordaba a la salida de la ‘general’ un depósito de aguas, la típica esfera sobre un puntal troncocónico, sin nombre pintado en ella, solo dos o tres letras, quizás siglas, que no me decían nada.

Hacia ya más de diez minutos, o acaso no tanto, que conducía a moderada velocidad y realmente no sabía a que atenerme, me daba cierto apuro y vigilaba el entorno pensando y temiendo que me saliera alguien protestando mi presencia en una posible propiedad privada. Si es que lo era, pues ya digo que ni una señal lo proclamaba. Pero Texas es Texas y en cualquier momento te puede salir un tipo reclamando la cosa; y además armado, a veces con arma larga y corta, como los clásicos. El Winchester y el revolver, aquí, florecen en los maleteros de los coches. De pronto, a la derecha del camino, apareció una explanada de cemento al final de la cual se veían unos muros, parecían no tener ni puertas ni ventanas, se asemejaban a ciertas fortalezas medievales.

Aquello tenía todo el aire de una construcción industrial con cierto aspecto de gran diseño que habría sido moderno cuando se erigió. No parecía tener ningún tipo de tejado, podrían ser terrazas y en uno de los varios bloques apercibí una manga de helipuerto. Corté el motor del coche y eché pie a tierra. Al llegar cerca de los muros empecé a moverme lentamente, tratando de escuchar posibles ruidos, voces, algo que significara presencia humana. Las construcciones parecían plenamente terminadas, pero no había vestigios de urbanización, ni calles, ni aparcamientos. Me di cuenta de que ni allí, ni en lontananza, se veía ningún árbol, solo vegetación rala. El terreno era una gran depresión con aquellas edificaciones en el centro. Todo tenía un aire de cráter lunar, o de cantera o mina exterior abandonada. El silencio era tan duro que estaba hablándome a mi mismo en voz alta.

Pero allí había pasado algo, o quizás iba a pasar, no podía discernir entre las dos sensaciones. Lo ominoso era la falta de señales, de avisos, el no saber a que atenerte, nula información. Decidí rodear aquellos cubículos edificados en busca de algo, una explicación que presumía conocer, sin detalles, y que se mostraba impenetrable. Nada de esto me habían advertido al decirme como llegar hasta donde ya estaba. Eso si, estaba avisado: “allí no hay nada, no queda nada, cuatro edificios cerrados y una de las bocas de entrada al túnel…nada que valga la pena.”

“El agujero que hicimos en Texas”

“El agujero que hicimos en Texas”


Lo que yo buscaba, si es que era aquello que había encontrado, eran vestigios o huellas del famoso SSC (Superconducting Super Collider) el acelerador de protones mas grande del mundo y cuya construcción se paró ‘políticamente’(en la administración Clinton) cuando ya se llevaban gastados dos billones de dólares (!!) de un presupuesto de doce, para dar más dinero a la NASA y potenciar otros varios proyectos. Era después del final de la ‘guerra fría’ y ya no era necesario enseñar a los soviéticos quien ‘meaba más largo’. Cerré los ojos recordando lo que hubiera sido este proyecto terminado. Bajo mis pies se iniciaba una horadación tremenda, un túnel inmenso, enorme, en forma de pista de atletismo de un monstruoso estadio con un anillo de 87 kilómetros de largo y variados diámetros, todo ello a unos sesenta metros de profundidad bajo tierra y con acceso en varios puntos de su recorrido. Solo imaginarlo es fantástico.

Cuando el faraónico proyecto se paró, se habían ‘construido’ 24 kilómetros de túnel y cuatro enormes edificios de laboratorios. “El agujero que hicimos en Texas”, así lo llamaron…pero, que iba a ser el SSC…? Un acelerador de partículas cuyos contrapuestos haces de protones chocarían entre si a velocidades inusitadas, produciendo partículas evanescentes en las colisiones. Microscópicas partículas que nos harían comprender mejor las energías y por ende la evolución del universo. Entender y manejar las fuerzas que gobiernan el cosmos. O algo parecido. A mi todo esto me parece un sueño fantástico e incomprensible. Dos anillos concéntricos de super tubería metálica, 38 mm. de diámetro y 87 km. de circunferencia. Haces de protones moviéndose al choque en direcciones opuestas, circulando por senderos precisos dentro de unas tuberías al vacío, guiados por 10.000 poderosos superconductores electromagnéticos, mantenidos a una temperatura cercana al cero absoluto.

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)


Esas mismas partículas que hace una semana y con un montón de años de ‘retraso’ parece que han encontrado en el Large Hadron Collider de Ginebra, el equivalente hermano pequeño que construyeron los suizos. Las partículas que fueron predichas por el equipo científico que debería haber trabajado en el SSC tejano. Años de avance que se perdieron ‘políticamente’, y lo que es peor, el frenazo de un compromiso tecnológico de excelencia, cultural, intelectual y educacional. Una pena. Un paso atrás, algo que este país no acostumbra a hacer. Es difícil darle la espalda a una idea semejante…arranqué el motor y miré el contador del coche, estaba a doce kilómetros de mi casa.

Luisma, Maypearl (TX) 19 de Julio del 2015

Preguntas/Questions? Contact

Del Real Madrid

“…la primera delantera galáctica: Kopa, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento…”

“…la primera delantera galáctica: Kopa, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento…”


Hála Madrid! Sí, ya sé que no es forma de empezar un ‘post’ y ya el viento de la pradera me trae señales de humo de los que se van a ‘dar de baja’ de leer este articulillo; justo por el título o a partir de esta misma línea, por la foto de la primera delantera galáctica: Kopa, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento; en la que declaro mis amores naturales y la adscripción eterna a mi equipo; hace ya la friolera de sesenta y seis años—que yo recuerde—una eternidad que se remonta al Siglo de Oro (los Sesentas), a las Navas de Tolosa—primera vez que vestí de blanco en batalla—y al sitio de Numancia, digo yo, y así siguiendo hasta el amanecer de los tiempos. De hecho, y si hacemos caso de la Biblia: el primer día de la Historia no salió el sol porque lo tapaban unas nubes blancas y un coro de barrocos angelitos gordezuelos que entonaban El Himno: “ De las glorias deportivas…”

Cuatro añitos tenía yo la primera vez que ví jugar al Madrid—en el NO-DO—y ahí empezó todo. He ‘seguido’ y seguiré al Madrid toda mi vida, vikingo cerrado, desde aquellas Cinco Copas de Europa, las que los estultos de siempre llaman ‘en blanco y negro’. En España, en Europa, en América, siempre de blanco, esto ya no tiene vuelta atrás, así es la cosa. Aquí estoy mirándolo todo desde la distancia, en millas y sobre todo en tiempo. Tengo en la cabeza una colección de estampas, podría parecer una de cromos deportivos, si no fuera porque las estampas están archivadas en las alacenas de mi imaginación y recuerdo, y me cuesta solo un instante proyectarlas en el/la frente de mi cerebro; ahí es donde, con solo cerrar los ojos, pasan todas las imágenes viejas y nuevas, y se repiten todos los momentos selectivamente, es decir: solo los buenos. En caso de necesidad acudo en peregrinación a la ‘ermita’ de San YouTube, que es santo de mucha devoción.

Los momentos estelares de mi afición al Madrid son muchos y variados, seleccionar es difícil, vamos a ver que me brinda la memoria, esta noche y a estas horas, con la que está cayendo, es un decir. Así, al bote pronto (dominio de la pelota) mi primer partido en Chamartín, casualmente—u orquestado por mi padre, también madridista empedernido—en noche de Copa de Europa, lo de Champions queda muy propio pero es parla extranjera…esas noches especiales, grabadas en mi imaginación para siempre, a base de ruidos, gritos, olores, sensaciones de todo tipo y sobre todo: fútbol. Llegar por los pelos, cinco minutos antes de la salida de los jugadores. El ruido de la gente al entrar por el vomitorio a la grada y la monstruosa asociación inevitable con el circo romano. Abajo las pancartas y los ‘tifos’! Sale el Madrid al verde. Ese runrún de las conversaciones, cortadas de raíz por el pitido inicial y la expectación.

“Abajo las pancartas y los ‘tifos’! Sale el Madrid al verde…”

“Abajo las pancartas y los ‘tifos’! Sale el Madrid al verde…”


Noventa mil personas es mucha gente y aunque no estén gritando parece el pálpito de un seísmo. La masa es la masa, y se nota y suena hasta en silencio. Afuera del estadio el perfume a pámpanos en las acacias de la Castellana. Ya dentro en los pasillos y escaleras, efluvios a cerveza escanciada y aceitunas aliñadas—eran otros tiempos— en las gradas los puros, el humo denso de las brevas y los farias bajando del anfiteatro a mezclarse con los montecristos de la tribuna baja. Nada hay como el ruido de la jugada bien hecha, el murmullo de la masa dos segundos antes del gol, la acústica del aplauso del Bernabéu. Nunca he sentido frio allí, la afición arropa mucho. Los jugadores así me lo han dicho también. Lo único que se hiela son los dedos de las manos, y el sentido cuando se falla una pelota clamorosa. La emoción de un buen partido dura toda la noche y el despertar vacío del jueves o el lunes siguientes.

Muchos años después, aún quedan en la moviola mental y ‘los internets maravillosos’ que todos llevamos dentro, o en el teléfono, ese presente que nos conecta con el pasado, jugadas y jugadores de todas las épocas: las fantasías de Di Stefano, el mejor; los cañonazos y el toque de Puskas; las carreras eternas de Gento; los regates de Amancio, las voleas de Oscar Mas; las emociones de Juanito; los ‘helados’ de Butragueño; aquel gol de Santillana, cualquiera, de cabeza, claro; las pinceladas del artista Guti (Curro Romero), a nadie he visto despedirse de la vida con un taconazo; Ronaldo, el gordito, el genio, aunque no fuera el mejor jugador, si fue el mejor delantero centro de la historia; Sus Excelencias: Raúl y Zidane y los balones por certificado aéreo de Beckam. Las paradas del Santo Casillas, al que echaremos de menos cuando ya no esté, los que vengan después necesitaran escapulario con reliquia. Los goles en cascada de Cristiano o como decíamos antiguamente: ‘a espuertas’…Isco y los que vengan detrás a hacer sonar la campana del estadio, cuantos más mejor.

“…casi seguro que después seguiremos en la brecha…”

“…casi seguro que después seguiremos en la brecha…”


Esto será señal de que duramos, sin pensarlo, o pensándolo bien, casi seguro que ‘después’ seguiremos en la brecha. Los dioses, no pueden tener tan mala leche de ‘quitarnos’ el fútbol en la eternidad, que podríamos hacer sin ello? Para entonces volveré a jugar y mucho mejor…como? que no tendré cuerpo? Espero que a alguien ‘hecho polvo’—literalmente—como estará uno de aquí a un tiempo, le quede un alma—o lo que sea—que pueda andar vagando, nunca mejor dicho, de partido en partido, ‘como quien no quiere la cosa’…en resumen: un fantasma, ‘blanco’, naturalmente. Salud y Hála Madrid!

Luisma, Maypearl (TX) 23 de Junio del 2015

Preguntas/Questions?  Contact

Retrato de Fotógrafo (II)

Ernst Haas (921-1986)

Ernst Haas (1921-1986)

“No estoy interesado en sacar nuevas fotos—estoy interesado en verlas de una manera nueva.” (Ernst Haas)

Aquella tarde conocí a mi ‘padre’, quiero decir: a mi padre fotográfico. Era en Salamanca, España, al principio de los años 70 del pasado siglo y, por supuesto, no existía todavía el Internet. Cuanto nos hubiera gustado a los que estábamos charlando en un pequeño grupo, aquella tarde primaveral, en casa de Pepe Núñez Larraz, fotógrafo y maestro de fotografía, que el Internet hubiera sido posible en aquellos tiempos. Ni siquiera hace falta el decir porqué; ni explicar lo que la ‘Web’ ha significado para aquellos que ‘hacemos’ fotografía, casi desde sus inicios, desde el ‘blanco y negro’ y su paso al color. Somos los mismos de aquella época, los que ahora disfrutamos de la era digital, o su principio, es posible que nunca lleguemos a saber hasta cuando, y cual será el siguiente ‘salto’ técnico. Han sido tantas cosas, tantos avances, tantas facilidades de todo punto, la velocidad del proceso, los ‘milagros’ de la edición. Recordando a algún clásico: “…en minutos veinticuatro, pasaron de las musas al teatro…”, o si se quiere en segundos o en instantes, ‘a la velocidad de la luz’, nunca mejor dicho.

Nos reuníamos en aquella amistosa casa, alrededor de aquella camilla tertuliana, a charlar de fotografía y de fotógrafos, y de lo divino y de lo humano. ‘Chatear’ en vivo, que hubiéramos dicho hoy— y no me refiero a beber vino, que también—estar de tertulia y en el caso nuestro ‘estudiando fotografía’ en grupo, ‘tormenta de cerebros’ (un buen anglicismo). Las publicaciones que manejábamos, casi siempre estaban en ingles, algunos hablábamos francés y ninguno ‘sabíamos’ inglés, lo que entonces era un lujo, las traducciones se discutían. Éramos: Pepe y los tres o cuatro pretorianos del Grupo Libre de Fotografía. En cada reunión de aquellas, ‘cocinábamos’ y pasábamos por el tamiz, uno por uno, a los santones extranjeros de nuestro arte, casi todos anglosajones, más algún francés. Adams, Weston, Cartier-Bresson… clásicos y modernos, a fuego lento, ayudados por las revistas y los anuarios a nuestra disposición, gracias a Pepe y a su librería, nuestro “Google” de aquellos tiempos.

“…sus fotos se me quedaron grabadas para los restos….”New York (1980) Ernst Haas.

“…sus fotos se me quedaron grabadas para los restos….” New York (1980) Ernst Haas.


Mi padre fotográfico fue Ernst Haas, un ‘americano’ que había nacido en Austria. Fue con dos de sus fotos que se me quedaron grabadas para los restos y que son las mismas que acompañan este pequeño retrato y homenaje: la del taxi amarillo de New York y la taurina imagen ‘movida’, en alguna corrida de los Sanfermines. Camino de casa, aquella noche, barruntaba como se podía hacer tan buena fotografía y a que diablo habría que vender el alma para conseguirlo. Poco a poco, fui buscando cosas publicadas por Haas, que hoy están a la vuelta de una tecla del ordenador. Pero no solo sus fotos, también encontré sus escritos. Tengo dos hojas amarillentas de papel, guardadas y ‘siempre a la vista’, simplemente abrir una carpeta, con algunos pensamientos de Ernst Haas que nunca olvido y que con frecuencia releo, admirándome cada vez de que aún conservan su valor y su enseñanza.

“Sin tocar mi sujeto quiero llegar al momento cuando, por pura concentración al mirar, la composición fotográfica parece mas hecha que tomada. Sin pie de foto que justifique su existencia, hablará por si misma—menos descriptiva, más creativa; menos informativa, más sugestiva—menos prosa, más poesía.” Perfecta definición del poder de sugestión de las imágenes que se ha transportado de la foto al cine, a la TV y que ahora vuelve el camino andado hasta la imagen que nos ofrece el teléfono—El teléfono! Quien lo diría, sobre todo a aquellos que tenemos bastante más de medio siglo—y los nuevos lenguajes gráficos. Haas hablaba desde la perspectiva de alguien que había ‘inaugurado’ la fotografía en color, elevándola al mismo nivel de las otras herramientas del arte. “Podemos escribir los nuevos capítulos de un lenguaje visual cuya prosa y poética no necesitarán traducción. Una foto es la expresión de una impresión. Si la maravilla no está en nosotros, como vamos a reconocerla?”

“…y la taurina imagen ‘movida’, en alguna corrida de los Sanfermines.” Ernst Haas (‘la suerte de capa’ 1956)

“…y la taurina imagen ‘movida’, en alguna corrida de los Sanfermines.” Ernst Haas (‘la suerte de capa’ 1956)


“No hay más que tú y tu cámara, las limitaciones de tu fotografía están en ti mismo, lo que vemos es lo que somos.” Haas insistía continuamente encorajinando y empujando al artista dueño de su ‘técnica’, a conocerla hasta su máxima posibilidad, para luego poder ‘olvidarse’ de ella. —“You don’t take pictures; the good ones happen to you”—. “El estilo no tiene fórmula, pero tiene una clave secreta. Es la extensión de tu personalidad. La acumulación de la indefinible red de tus sensaciones, conocimiento y experiencia.” Definición que, en realidad, vale para cualquier faceta de las múltiples caras del polígono que llamamos: Arte. “Cada obra de arte tiene su necesidad, encuentra la tuya propia. Pregúntate si lo harías aunque nunca nadie lo viese, aunque nunca fueses compensado por ello, aunque nunca nadie lo quisiera. Si a pesar de todo llegas a un claro—Sí—entonces, adelante y no dudes nunca más.”

Ernst Haas, además de pionero, fue también profético con el futuro de las técnicas fotográficas; lo digital en su sentido de actuación masiva, millones de fotógrafos haciendo billones de fotografías. “Son casi demasiadas posibilidades. La fotografía está en proporción directa con nuestro tiempo: múltiple, rápido, instantáneo. Al ser tan fácil será mucho más difícil.” Hubiera podido hacer un típico retrato biográfico de Ernst Haas (Cortar y pegar. ‘Santa Wikipedia sea loada’) empero de mayor interés me parece dejar una mención y traducción de sus pensamientos y sus enseñanzas, esos que me han seguido hasta aquí, a lo largo de este periplo, desde aquella tarde con los del grupo fotográfico en casa de Pepe Núñez. El y Haas, a ambos echo mucho de menos, de ambos tengo algo que recordar y agradecer: su fotografía y la mía.

Así celebró Ansel Adams el conocer a Ernst Haas: “Soy muy feliz de que existas. La fotografía es un arte mejor porque tu existes.”

Luisma, Maypearl (TX) 11 de Junio del 2015

Preguntas/Questions?    Contact