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La del alba sería…

"...es el ver amanecer casi llegando a España.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…es el ver amanecer casi llegando a España.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.


El lucero de la mañana. Solo me acuerdo de esa luz, con ese nombre tan relamido y tan dudosamente poético, cuando estoy en estas alturas mortales de necesidad, subido en un avión por encima del Atlántico; el “estanque” que es como le llaman al océano los americanos; el “charco” que decimos nosotros. Una de las delicias estéticas del viaje de América hacia Europa, con sus horarios habituales, es el ver amanecer casi llegando a España y desde esas alturas, cuando las nubes quedan por debajo y el espectáculo aparece casi garantizado, y siempre distinto, siempre algo nuevo, más luminoso o más brillante. No sé cuántas veces he atravesado el Atlántico, pueden ser veinte o treinta, eso hace un montón de amaneceres, que no es poco. Todos iguales y todos diferentes.

Hace un rato todavía era de noche, la noche de estos vuelos es una noche “corta”, de “solo” tres horas, y buscas el dichoso lucero porque el alba se viene volando, nunca mejor dicho. El sol, perdón, el Astro Rey, se asoma saliendo del agua y trepando sobre un alfombrado de nubes para ofrecerse totalmente limpio como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz. Viéndola, se le va a uno la neurona, la de pensar en los millones y millones de soles que al parecer pueblan el universo, o eso dicen los que saben de ello. Dada la cantidad que se ha descubierto en este nuestro rincón de la Vía Láctea, estiman que puede haber miles de millones de sistemas solares, solo en nuestra galaxia. Cantidades ingentes de luz, para dar y para tomar. ¿Mundos de luz, iluminando qué? Desde nuestras entendederas y pobre vista, solo la infinita negrura espacial.

Interior del “American Airlines Boeing 787 Dreamliner”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Interior del “American Airlines Boeing 787 Dreamliner” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Y es ahí en esa obscuridad, reflejada (?)—o así me lo parece a mí—que sale el dichoso lucero, como una especie de telonero del concierto solar, que es el plato fuerte de la jornada. Cervantes acertó, como casi siempre, si señor: sería la del alba. Y a partir de ahí, todo el espectáculo “aéreo”: luces, reflejos, luminarias, colores, brillos sorprendentes, tintes “fabricados” en picado, los contrapicados son para la imaginación. Todo esto para el atónito fotógrafo, escondido detrás de la más grande y más redondeada ventanilla de este avión (Boeing 787 Dreamliner). Miro hacia fuera y constato cada uno de los 34000 pies y de los 900 Km por hora, que es lo normal de este tubo metálico (a veces, no te puedes ahorrar el cliché). Un avión, este, recientito como los churros de un buen desayuno; solo hace tres semanas que salió de la fábrica, con el último grito de la moda: las ventanillas con cierre visual, un ojo sin párpado, seis grados de filtro de color azul, desde el que te nubla la vista, hasta el que te deja ver claramente todo lo que pasa afuera.

A lo que pasa fuera: altura y velocidad, le podemos añadir la temperatura, es decir cuarenta y siete grados bajo cero, que si lo piensas despacio y un par de veces te daría por cerrar los ojos y empezar la letanía del torero y no parar hasta que se acabase esta singladura…”ora pro nobis” y “que no nos pase ná”. Todo esto no es un chiste, ni una manera de hablar, es real; en compañía de unas doscientas gentes, estoy mandándome entre pecho y espalda, la travesía, lo de Colón, solo que, en nueve horas y media, que se dice pronto. Y todo lo que se me ocurre es ir mirando y haciendo fotos, puros condicionantes estéticos y técnicos de fotografía, que si el enfoque, que si la temperatura de color, que si la profundidad de campo; mirando hacia abajo, en que otra profundidad estaría yo pensando… ¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…Quizás pensando en esto, se me abren las compuertas de la imaginación y la comprensión de las pobres luces con las que uno juega, a veces. Otras, me sobra claridad digital y pierde importancia hasta el tembleque de las manos. Cuando hay esta luz “prometida” se puede uno permitir el lujo de jugar a tres bandas, o tres luces incidiendo en el mismo motivo.

"¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“¡Qué barbaridad! Que luces entran por esta ventana, es un escándalo…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Para luz el Sol, la madre de todas las…mejor dicho: El padre de todas las luces, fiel a su “nacimiento” diario, desde nuestro punto de vista. Cuanto tiempo de ‘vida’ tiene nuestro Sol? Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Una miríada de nuestros conceptos vitales tienen que ver con el Sol. Nos afecta lo que el Sol hace y lo que no hace. Las distancias y su relación con los envíos de luz. Esos ocho minutos que tarda cada ‘rayo’ en llegar…Por lo menos sabemos a qué atenernos sobre la luz y la temperatura. El sol de Castilla, el sol de Texas, el Sol del Atlántico Norte, transfusiones de luz directamente a la vena del fotógrafo…y ahí te las compongas. El Sol es despiadadamente eficiente y exacto en sus movimientos y sus “quehaceres” de estrella. Como estrella no es nada especial, es una enana amarilla, una del montón, como tantos otros billones de ellas. Y más nos vale que se mantenga como está, aunque de vez en cuando nos “queme” alguna fotografía con su “blanco nuclear”.

“…como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz.”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…como una moneda de oro radiante, obligando al fotógrafo a hacer virguerías con toda esa luz.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

¡Ay! La memoria se va, pero se quedan las imágenes, pintura, fotografía, más alguna neurona frita por escribir, algo para que me queden recuerdos, por si acaso no hay nada después, que parece que no. He preguntado, e insisten en que los recuerdos no se pueden llevar. Ni el dinero tampoco, aviso a los navegantes. La imaginación está intentando ver la posibilidad de que la dejen ir con uno. Y por ende estoy ahora mirando estrellas, enanas amarillas (o algo así, que vaya usted a saber) planetas gaseosos, o medio, luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte del rancho, a donde voy muchas veces, por ver si encuentro a Caronte (la barca sí que está) y al Cerbero, que deberían estar esperándome, por mor de pasar al “otro lado”, pero solo cuando sea menester. “La lengua queda y los ojos listos”…que buen ‘fotógrafo’ era Cervantes!

“…luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…luces que iluminan mi particular Estigia, en la raya norte…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Luisma, Maypearl (TX) 12 de Agosto del 2017

Nueva Exposición de Fotografía en Salamanca [España]

[New exhibit of photography in Salamanca, Spain]

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #128, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #128, print on dibond, 16″ x 20″

Con el titulo general de: “Presencia de Pepe Nuñez” he participado en la exposición que un grupo de amigos y discipulos de Pepe hemos presentado en Salamanca este Junio y que estará abierta y visitable hasta el 24 de Septiembre de este año 2017 en DA2 (domus artium 2002)

website: domusartium2002.com/es/PORTADA

email: da2@ciudad de cultura.org

Luis Jimenez-Ridruejo, Chicago Morisot, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Chicago Morisot, print on dibond, 16″ x 20″

Mi fotografía no es un cuento de hadas, ni tampoco un relato de ciencia-ficción, del futuro solo me interesaría (fotográficamente) el devenir de las técnicas de consecución de la imagen y los resultados. Que tiene de especulación? Quizás el hecho de mirar con el prisma de la imaginación. El pensar en universos paralelos, pura fantasía, colores y ‘formas’ arrebatadas a la posibilidad de otros mundos.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #201, print on dibond, 16" x 20"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #201, print on dibond, 16″ x 20″

Cuatro árboles, unos cuantos arbustos diferentes. Las cuatro estaciones como si fueran las cuatro paredes de una casa abierta al Rey Sol, con todas sus luces del día. Texas, el bosque, la maraña que lo esconde y lo protege. La pradera y la naturaleza plena que ayuda a encender todos esos colores, que nunca pueden ser un caos y siempre están de acuerdo, ellos y mi mente. La puerta a ese Otro Mundo que he encontrado en esta parte del Nuevo Mundo.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo, Playa Dali, print on dibond, 16" x 20"

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo, Playa Dali, print on dibond, 16″ x 20″

El dia antes de la inauguración de la exposición (22-06-17) tuvimos una rueda de prensa en la misma sala de la Exposición. DA2 (Domus Artium 2002) Cra.de la Aldehuela.Salamanca.

Rueda de prensa. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo.

Rueda de prensa. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo.

Otros de mis post relacionados con Pepe, publicados en mis blogs: luisjimenezridruejo.com y dustsweatiron.net

Retrato de Fotógrafo (I):

Núñez Larraz podía haber sido, perfectamente, un fotógrafo americano; si no fuera porque en América no había romerías, tascas, ni procesiones de Semana Santa. Ah! y los Toros…Pepe, desgraciadamente, murió hace casi dos décadas y yo perdí entonces el mejor maestro y el mejor amigo.

De Fotografia:
Ver el mundo…Perpetuar lo visto. Ahora sé que para poderlo recordar. Claro que, no es solo la fotografía que uno hace; luego está la otra fotografía, la que otros hacen, la que son los recuerdos de otro. 

Mirar y ver:
 Siempre echando de menos a la persona que me enseñó a ver, partiendo de la simple mirada. Lo que Ansel Adams llamaba: visualización y Núñez Larraz llamaba: ver. Es el quid del artista fotógrafo: saber ver la foto cuando la tienes delante.

Retrato de Fotógrafo (?):
 En mi fotografía actual hay una utilización de mi propia idea del colorido, aceptando los colores que entran por la ‘ventana digital’ y dejando un mínimo de posibilidad al cambio, a la adecuación después del disparo, sin llegar a la manipulación excesiva.

Anibal y la tahona literaria:
¿Porqué me acuerdo ahora del clásicamente llamado: “General Cartaginés?” Pues…porque estaba releyendo mi primer post de este blog y en él hago mención del Ani (mi diminutivo de Aníbal) Núñez Sanfrancisco (el hijo de Pepe Núñez Larraz, amigo y maestro de fotografía).

P.S. “Pasa el tiempo y miras retratos, la gente vuelve a ti como un eco silencioso. Una fotografía es el vestigio de una cara, una cara en tránsito. La fotografía tiene algo que ver con la muerte. Es una huella. (Henri Cartier-Bresson. 1908-2004)

pepe nunez larraz
La presencia de Pepe en mi es continua, siempre.

Luisma, Maypearl, (TX) 3 de Julio del 2017

Siestas en el museo

You don’t need a band to be a rock star. Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)



Que si echo de menos Pittsburgh? Puede que si, o puede que no; algunas veces, pocas, quizás la última casa de mis años con S. , allí en Pennsylvania. Aunque ahora, aquí, continuamos en Texas, en el rancho de Maypearl, la pradera. Nostalgia cero, ninguna, siempre mirando hacia adelante, pero lo vivido como lo escrito, escrito está. Pensándolo bien, en este momento, si echo algo de menos: el museo de Andy, que es como de la familia, un primo americano. Así que vuelvo a colgar este post en honor a su memoria.

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenía en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recuperó del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 28 Febrero de 2017

[Originally posted September 22, 2009]

Preguntas/Questions? Contact
 

Jean Renoir en Chicago

Renoir en Chicago AIC foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada vez que voy a Chicago, indefectiblemente, tengo que ir al Art Institute, el museo. Al igual que la ciudad, es uno de mis museos favoritos en el mundo; y a partir de este viaje, uno de mis lugares soñados para pasar el tiempo, un verdadero jardín mental. En los últimos años el AIC ha estado de obras, creando una parte nueva: The Modern Wing. Esto, en un museo que ya, de por si, era una maravilla y ahora se ha convertido en un lugar mágico. Y me dan igual las críticas, no muy benevolentes, de algunos “especialistas”; esos que siempre tienen que “encontrar” algo para, quizás, justificar su existencia. Los mismos que nunca han creado nada, al menos nada bueno.

Renzo Piano, ha conseguido algo bueno, o mejor que bueno: único y mágico. Blanco, como un lienzo imprimado en gesso, una de las mejores maneras de colgar arte pictórico y de rodear de fondos los espacios para escultura. Blancos sujetos por suaves grises, pisos de maderas rubias y ventanas de hueco completo, enmarcando la obra de arte exterior e incluyendo esa arquitectura en la propia exhibición. Sin abusar de ella, sin ser demasiado obvio, matizando la visión con unas delicadas cortinas-pantallas que dejan admirar pero no hacen “sombra” al arte del interior. Y esta nueva ala que encara los rascacielos de downtown y el “guguengemiano” Gehry del Milenio, tiene unos bancos de asiento, a la distancia adecuada de los velados ventanales; un sitial magnifico para pasar las horas muertas, hoy en día, más bien los minutos muertos. Viendo y absorbiendo belleza.
AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada museo que conozco, tiene unas “piezas” que lo hacen singular y especial, para mi. Son las obras de arte que más fijan mi atención y me hacen volver a ellos, una y otra vez, como el que visita a viejos amigos. En el AIC, durante muchos años, ha habido una obra de arte de mi especial atracción. Algo extraño en mi, porque no hablamos de una pintura, ni una escultura, ni siquiera de una fotografía. Se trata de unas vidrieras, una obra de Marc Chagall. Su titulo: America Windows (Las Ventanas de América). Un trabajo fantástico y original, dominando los azules, en tres piezas (ventanas) estupendas.
Desgraciadamente, en las dos ultimas visitas, brillaban por su ausencia. Están en restauración, y una buena mujer, del servicio de vigilancia, me comunicó que volverán a la caída de la hoja, este mismo otoño. Albrícias!

Esta vez, decidí buscar “sustitutos” a mis vidrieras y los fui a encontrar en donde menos me iba a figurar: Renoir y Morisot. De vez en cuando, me gusta volver a beber en las fuentes del Impresionismo. Que gran época, para haber vivido en ella! Siempre mi indisimulado romanticismo! En un rincón, separados por el ángulo, descubrí dos nuevos atractivos para mi colección.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Era una mujer de espaldas, desnuda espalda y pelo recogido, que me hizo pensar inmediatamente en la actriz Meryl Streep. Obviamente, Berthe Morisot—la autora de la pintura—no pudo conocer, ni soñar, a la actriz americana. Pero, estoy seguro que, de haberla conocido, la hubiese pintado de esa manera: una rutilante espalda, en el acto de maquillarse para cualquier película. Una espalda de museo!
Sea esto un modesto homenaje a la primera, y única original, pintora impresionista. Infravalorada durante mas de 100 años, seguramente por ser mujer y, hoy, reputada y apreciada a la altura de cualquiera de los santones impresionistas. A los veinte años de edad, Berthe era ya, de pleno derecho, una más entre ellos. Participando, incluso, en la exposición inaugural del movimiento.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Ese retrato de Renoir, hecho a su hijo Jean en su más tierna infancia, con el pelo largo como una muchacha, y cosiendo. Le hizo varias pinturas vestido de niña, una obsesión del padre. Jean, más tarde, llegó a ser uno de los más famosos directores del cine. Idolatrado en Francia, su película “El Río” es una de mis diez mejores obras del cine de siempre. El asunto de esta pintura me recuerda los problemas de algunos amigos con sus hijos, justamente por lo contrario. Los chicos dejándose el pelo larguísimo y los padres intentando cortárselo. Viviendo en Paris, a mis veinte años, mi padre intentó, y consiguió, “comprarme” el corte de un pelo que ya me llegaba a los hombros. La vida en Paris siempre fue cara!

Otro día sacaré a colación algo más sobre el AIC,—Que gran museo! Hoy, solo evocar que,—Por fin! El “Ala Moderna” ya se puede ver, es fruta madura, y la “cáscara” y la “pulpa” merecen el viaje y la visita. Grande, Renzo Piano! Magnífico!

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Septiembre del 2016

[Originally posted April 2010]

Preguntas/Questions? Contact

Manos arriba

“…la colección de una vida entera… del cirujano Dr. Adrian E. Flatt…”

“…la colección de una vida entera… del cirujano Dr. Adrian E. Flatt…” Foto de Luis Jimenez-Ridruejo.

Siempre he dicho que este país, los USA, nunca dejará de sorprenderme. Así lo ha sido los veintitantos años que llevo aquí—parece que lo sigue haciendo—y convengo que así puede que sea en adelante, tanto como me duren las pilas, claro. Lo cual está por ver. No digo que cada día, pero sí que muy a menudo, descubro cosas impensables, asisto a situaciones inesperadas, encuentro ideas o inspiraciones que se van de lo arquetípico y se convierten en una más de las sorpresas que ya hasta empiezan a parecerme normales.

De que otra forma se puede aceptar lo de la semana pasada en un hospital del centro de Dallas (Baylor). Uno que ya lleva vistos cien hospitales y cien museos y que no suele confundir unos con los otros, vagaba por los pasillos de la planta pública y de oficinas, común a todas las torres de especialidades. Un vagar distendido y relajado, matando el tiempo, que es algo en lo que tengo estudios y si se me apura hasta doctorado. Mientras S. “veía” a uno de sus médicos especialistas, yo me dedicaba a “mirar” el arte de serie B que colgaba profusamente en sus paredes. Montañas de cuadros pictóricos del más variado pelaje; eso sí, con cierta tendencia, observada en toda clase de hospitales, al Impresionismo, sin llegar a los cuadros de ciervitos, y a la Abstracción, esta cogida con pinzas y asesinada con el bisturí de la más burda imitación, “arte moderno” que le dicen.

Cuadros sin alma y lo que es peor, sin oficio. Pinturas compradas al peso, bueno, mejor dicho, por docenas. Seleccionadas por la enjoyada señora de algún preboste, cuyos millones sirven para edificar, amueblar, suministrar y de paso eludir impuestos personales y darse pisto eterno con su “fundación”. O quizás, compradas en algún almacén al por mayor por alguien de la oficina de los arquitectos. Solo el cielo sabe, de su aprecio y con que criterios y que titulación, posiblemente la de “correveidile” de turno, o la mas moderna titulación exportada con la americanización: becario, interno, es decir persona de cortos estudios que suplanta al verdadero técnico o profesional acreditado, cobrando mucho menos dinero por ello. Manos arriba!

“…cientos de manos de gente famosa, célebre, singular…”

“…cientos de manos de gente famosa, célebre, singular…” Foto de Luis Jimenez-Ridruejo.

Así me veo de pronto, en mi deambular, aceptando la idea cuasi-faraónica de encontrar “al fondo a la derecha” de uno de estos pasillos con sabor a pirámide, Oh sorpresa! un gran hall, una especie de cámara del tesoro con acceso desde una escalera amplia y en rotación, y allí los miles de lúmenes y las vitrinas empotradas de un “Museo”, una gran exposición de manos y fotografías. Sí, sí, solo manos de bronce y la correspondiente fotografía del propietario de esas manos. Un museo totalmente personal, la colección de una vida entera, de un cirujano especializado en operar dolencias de las manos. El autor, el doctor Adrian E. Flatt, nacido inglés y largamente nacionalizado americano, un artista y un personaje de vida fantástica y sorprendente. Lo dicho, la sorpresa y la capacidad de ser sorprendido.

Unos cuantos cientos de manos de gente famosa, célebre, singular, incluidas manos de muchos de sus pares, cirujanos como él. Dicho así, multitud de manos y dedos que te dejan en suspenso; delirando por todas, o casi todas, las posibilidades de tal oferta alucinante. Manos expresivas de muchas maneras, grandes, pequeñas, dedos largos, cortos, tiesos, agarrotados, relajados, crispados, tranquilos, sufrientes y al pie de las cuales, una corta nota informativa sobre los dueños de esas manos y una fotografía de ellos. La mayoría personajes de vida pública, reconocibles, artistas, intelectuales, políticos, deportistas, músicos, médicos, astronautas…no hay un orden establecido, solo algunos grupos coherentemente unidos, o separados.

“…Armstrong, Aldrin, Collins…Cual sería su problema con las manos?...”

“…Armstrong, Aldrin, Collins…Cual sería su problema con las manos?…” Foto de Luis Jimenez-Ridruejo.

Astronautas?—quien lo diría—uno abraza la idea o la creencia de que estos señores son casi perfectos, a tantas pruebas como se deben someter para salir con el empleo.
Siete de ellos están con sus manos en bronce allí, incluidos los primeros alunizados:
Armstrong, Aldrin y Collins. Cual sería su problema con las manos? Cualquiera sabe.
Deportistas, como la tenista Cris Evert, de manos pequeñísimas; jugadores de beisbol y de football NFL, mas plausibles de tener problemas profesionales. El mago David Copperfield, a saber porqué. Varios presidentes de los USA y algún dictador latinoamericano; Van Cliburn, un pianista, lógico; Louis Armstrong, menos lógico así a primera vista. Paul Newman y otros actores y actrices; Larry Hangman, el JR de la serie “Dallas”. Walt Disney; Christian Barnard, el primer trasplantador de corazón y hasta una cohorte de montañeros y alpinistas. Algún español? Sí—el gran guitarrista Andrés Segovia—. Lo dicho: un ciento de personajes y sus manos, supongo que curadas o por lo menos consultadas.

“… Segovia, Cliburn, Stern…mas plausibles de tener problemas profesionales”.

“… Segovia, Cliburn, Stern…mas plausibles de tener problemas profesionales”. Foto de Luis Jimenez-Ridruejo.


Ni que decir tiene que telefoneé y me cité con S. al acabar sus consultas, en el sitio pero sin decirle lo que allí había. Trataba también de sorprenderla. Largo rato después, yo seguía mirando obsesivamente aquel montón de manos y al pronto una voz, a mis espaldas, me decía, en español: —Es la leche! Esto es simplemente alucinante—naturalmente era S., cuyo español, como puede observarse, “mejora” a marchas forzadas, al galope. Así salimos del hospital haciéndonos cruces y prometiéndonos visitar, sin falta, cualquier “museo hospitalario” que se nos ofrezca por tan módico precio. Recuerdo, hace unos años, una visita al Museo Nacional Dental en Baltimore, con su pièce de résistence: las dentaduras postizas del Presidente Washington. No todo van a ser museos de pintura.

Luisma, Dallas (TX) 21 de Marzo del 2016

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Los pájaros de la plaza Dealy

(Hoy, hace cincuenta y dos años ya y aproximadamente a estas mismas horas, fallecía el presidente J.F. Kennedy en las calles de Dallas (TX). Una parte de la historia de este país y del mundo entero cambió en aquel momento. Así lo recuerdo, hoy).

magnicidio.jpg
Es una mañana fría y desangelada, es diciembre de 1.989 . Uno va andando por las calles del centro de Dallas, en Texas, y al pronto las imágenes empiezan a darte la sensación, bien conocida, del “deja vu”, del—yo he estado aquí antes—lo cual es imposible porque es la primera vez que uno está en dicha ciudad. Este edificio, a mi derecha, me es vagamente familiar y por alguna razón, que se me escapa, mis ojos se van a una ventana del sexto piso. Vuelvo la cabeza y la mirada se me va por la calle, en suave cuesta abajo, rodeada de jardines, en dirección a un puente bajo la autopista. Los coches van despacio hacia la curva del puente. Cierro los ojos y otra vez me vuelve la sensación de haber estado aquí, antes.
Me quedo ensimismado un momento y al fin toda la imágen se me aclara, las piezas se recomponen, me doy cuenta sorprendido y alucinado. Me vuelvo a la persona que me acompaña y ella asiente con la cabeza. Sí, aquí es donde mataron a Kennedy. Paso unos instantes rememorando el magnicidio, los coches descapotables interminablemente lentos, las imágenes de este lugar repetidas una y otra vez, machaconamente, en televisión, en películas. El “flashback” es autentico y hasta doloroso. Me despierta un grillerío tremendo de miles de pájaros. En los árboles, tres o cuatro solo pero grandes y copudos, frente a la fachada del Texas School Book Depository, el edificio desde el que Oswald disparó su rifle contra el presidente, hay “instalados” una miríada de ruidosos pájaros cuyo aparente único propósito es ensuciar el suelo, o las cabezas de los curiosos que miran el edificio, con miles de excrementos.
Parece como si estos pájaros tuvieran la conciencia de que este lugar debe mantenerse sucio en recuerdo de una de las peores manchas de la historia americana. A los “dalasitas” tampoco les hace ninguna gracia que el lugar sea visitado continuamente y esté en las rutas turísticas. Siempre he creído que lo que aquí ocurrió es motivo de vergüenza ciudadana para estos tejanos. Y el tiempo nunca ha borrado este estigma.
El tiempo tampoco ha eliminado ese olor perdurable a magnicidio que sentí en aquella mi primera visita a Dallas y, desgraciadamente, anticipado, vuelvo a sentir ahora en la pituitaria de mi imaginación. Un nuevo “kennedy”, esta vez de piel negra, cuarenta y cinco años mas tarde, se pasea por las rutas electorales en camino a una posible presidencia. Llegará a la Casa Blanca? Le dejaran ser presidente?
Me gustaría mucho equivocarme, pero esta noche me huele tremendamente a futuro magnicidio. Los americanos, mientras no me demuestren lo contrario, no tienen remedio.

Luisma, Dallas (TX) 22 de Noviembre del 2015

Originally posted in May of 2008.

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A vueltas con el SSC

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)

Imagen conceptual del SSC (poster divulgativo 1990)


Algo había pasado, o quizás fuera más bien que algo iba a pasar. El lugar tenía el aspecto de ambas cosas. Había una atmosfera rara, ni frio ni calor, pura templanza de la primavera tejana. No olía a nada porque la pradera, normalmente, no huele a nada. Lo más extraño es que no había visto ningún cartel, ni señal, ninguna marca en el suelo, nada. Desde que dejé la carretera más grande, una comarcal llena de badenes y charcos de las últimas lluvias, tormentas; brillaba por su ausencia cualquier tipo de indicación. El camino era único, sin opciones, sin vallas, tal como me habían dicho, solo recordaba a la salida de la ‘general’ un depósito de aguas, la típica esfera sobre un puntal troncocónico, sin nombre pintado en ella, solo dos o tres letras, quizás siglas, que no me decían nada.

Hacia ya más de diez minutos, o acaso no tanto, que conducía a moderada velocidad y realmente no sabía a que atenerme, me daba cierto apuro y vigilaba el entorno pensando y temiendo que me saliera alguien protestando mi presencia en una posible propiedad privada. Si es que lo era, pues ya digo que ni una señal lo proclamaba. Pero Texas es Texas y en cualquier momento te puede salir un tipo reclamando la cosa; y además armado, a veces con arma larga y corta, como los clásicos. El Winchester y el revolver, aquí, florecen en los maleteros de los coches. De pronto, a la derecha del camino, apareció una explanada de cemento al final de la cual se veían unos muros, parecían no tener ni puertas ni ventanas, se asemejaban a ciertas fortalezas medievales.

Aquello tenía todo el aire de una construcción industrial con cierto aspecto de gran diseño que habría sido moderno cuando se erigió. No parecía tener ningún tipo de tejado, podrían ser terrazas y en uno de los varios bloques apercibí una manga de helipuerto. Corté el motor del coche y eché pie a tierra. Al llegar cerca de los muros empecé a moverme lentamente, tratando de escuchar posibles ruidos, voces, algo que significara presencia humana. Las construcciones parecían plenamente terminadas, pero no había vestigios de urbanización, ni calles, ni aparcamientos. Me di cuenta de que ni allí, ni en lontananza, se veía ningún árbol, solo vegetación rala. El terreno era una gran depresión con aquellas edificaciones en el centro. Todo tenía un aire de cráter lunar, o de cantera o mina exterior abandonada. El silencio era tan duro que estaba hablándome a mi mismo en voz alta.

Pero allí había pasado algo, o quizás iba a pasar, no podía discernir entre las dos sensaciones. Lo ominoso era la falta de señales, de avisos, el no saber a que atenerte, nula información. Decidí rodear aquellos cubículos edificados en busca de algo, una explicación que presumía conocer, sin detalles, y que se mostraba impenetrable. Nada de esto me habían advertido al decirme como llegar hasta donde ya estaba. Eso si, estaba avisado: “allí no hay nada, no queda nada, cuatro edificios cerrados y una de las bocas de entrada al túnel…nada que valga la pena.”

“El agujero que hicimos en Texas”

“El agujero que hicimos en Texas”


Lo que yo buscaba, si es que era aquello que había encontrado, eran vestigios o huellas del famoso SSC (Superconducting Super Collider) el acelerador de protones mas grande del mundo y cuya construcción se paró ‘políticamente’(en la administración Clinton) cuando ya se llevaban gastados dos billones de dólares (!!) de un presupuesto de doce, para dar más dinero a la NASA y potenciar otros varios proyectos. Era después del final de la ‘guerra fría’ y ya no era necesario enseñar a los soviéticos quien ‘meaba más largo’. Cerré los ojos recordando lo que hubiera sido este proyecto terminado. Bajo mis pies se iniciaba una horadación tremenda, un túnel inmenso, enorme, en forma de pista de atletismo de un monstruoso estadio con un anillo de 87 kilómetros de largo y variados diámetros, todo ello a unos sesenta metros de profundidad bajo tierra y con acceso en varios puntos de su recorrido. Solo imaginarlo es fantástico.

Cuando el faraónico proyecto se paró, se habían ‘construido’ 24 kilómetros de túnel y cuatro enormes edificios de laboratorios. “El agujero que hicimos en Texas”, así lo llamaron…pero, que iba a ser el SSC…? Un acelerador de partículas cuyos contrapuestos haces de protones chocarían entre si a velocidades inusitadas, produciendo partículas evanescentes en las colisiones. Microscópicas partículas que nos harían comprender mejor las energías y por ende la evolución del universo. Entender y manejar las fuerzas que gobiernan el cosmos. O algo parecido. A mi todo esto me parece un sueño fantástico e incomprensible. Dos anillos concéntricos de super tubería metálica, 38 mm. de diámetro y 87 km. de circunferencia. Haces de protones moviéndose al choque en direcciones opuestas, circulando por senderos precisos dentro de unas tuberías al vacío, guiados por 10.000 poderosos superconductores electromagnéticos, mantenidos a una temperatura cercana al cero absoluto.

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)

LHC, el equivalente hermano pequeño que construyeron los europeos, cerca de Ginebra. (foto del CERN)


Esas mismas partículas que hace una semana y con un montón de años de ‘retraso’ parece que han encontrado en el Large Hadron Collider de Ginebra, el equivalente hermano pequeño que construyeron los suizos. Las partículas que fueron predichas por el equipo científico que debería haber trabajado en el SSC tejano. Años de avance que se perdieron ‘políticamente’, y lo que es peor, el frenazo de un compromiso tecnológico de excelencia, cultural, intelectual y educacional. Una pena. Un paso atrás, algo que este país no acostumbra a hacer. Es difícil darle la espalda a una idea semejante…arranqué el motor y miré el contador del coche, estaba a doce kilómetros de mi casa.

Luisma, Maypearl (TX) 19 de Julio del 2015

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Guggenheim en la cornisa cantábrica (1)

“…Bilbao es ya el Guggenheim…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…Bilbao es ya el Guggenheim…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)


Es como una fijación, siempre acabo haciendo lo mismo, con el intervalo de unos cuantos años, me gusta ir de viaje al norte de España. Y una vez en el norte, viajarlo en coche, de cabo a rabo, desde Galicia al País Vasco. Para quedarme unos días de quieto, en el medio está el gusto: Santander o Asturias y de ellas el pueblo pequeño, a ser posible con playa, aunque lo de menos sea el baño, y me da igual verano que invierno. Conducir y caminar la ‘cornisa cantábrica’ es de lo que se trata. Esta definición de la zona que agradezco a los locutores de radio y televisión, al dichoso ‘hombre del tiempo’, que lo repiten todos ellos históricamente, hasta la saciedad, y con familiaridad absoluta como si la cornisa se tratase de la escayola del salón de su casa. Si tuviera que escoger uno de estos lugares, sería en la provincia de Santander que, como rezaban las geografías de mi niñez, es la salida natural de Castilla al mar y quizás por ello también al mundo, en los tiempos en los que al mundo se iba por mar.

“…en lontananza, al término de la calle…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…en lontananza, al término de la calle…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

Rodar por la cornisa inevitablemente te lleva a Bilbao. Y así ha sido mi costumbre, aunque por alguna razón era contínuamente sitio de paso. Ahora ya no es tal, ni lo fue hace cuatro años, es otra meta y otra fijación. Bilbao es ya el Guggenheim (y por supuesto: San Mamés, aunque sean amores distintos). Esta jornada, S. (‘Ese Punto’) está conmigo con lo que el placer es doble, como mínimo. Ella viene al museo por primera vez y la dejo que lo descubra en lontananza, al término de la calle repleta de coches, una vista final que se acerca despacio y se adueña de la impresión y la emoción. Una explosión de brillos, apoteosis centelleante del metal al tornasol y que ofrece su esplendor al desembocar la calle al rio Nervión que oficia de foso protector detrás, donde parece un gran navío anclado en puerto. Son los alzados del teatro de la arquitectura actual en un contorno clásico, un contraste arquitectónico que se amplia y se explica cuando llegas a la visión total del edificio. Después de un momento de contener el pálpito, un largo y profundo respiro te permite, por fin, hacerlo libremente y volver al uso de la palabra.

“—francamente a veces se me olvida que es un museo—“ (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“—francamente a veces se me olvida que es un museo—“ (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

El Bilbao Guggenheim es impresionante. Mal que le pese a quien quiera. Nunca entenderé que una obra semejante pueda tener tantos críticos, tantos detractores con tantas motivaciones espurias. Mi visión ha sido crítica pero solo en elementos y detalles que no empañan, en lo absoluto, la grandeza y la brillantez de esta maravilla arquitectónica. Para mí, uno de los hitos del milenio, quizás el más atractivo de todos ellos. Me puedo pasar horas, y lo he hecho, dando vueltas al exterior del museo, levitando, y caer en la cuenta de que cada vuelta, cada retorno a un detalle, a un rincón o una fachada ya vista, es una invitación persistente a disparar la cámara, a generar una nueva mirada, una nueva visión y una serie de emociones encadenadas. Un ‘txirimiri’ de luces y reflejos que llenan los ojos de recuerdos. Andar cerca y hasta tocar, acariciar, los revestimientos de las fachadas del Guggenheim: vidrio, titanio y piedra con ecos de esqueletos de animales marinos, quien sabe de que proveniencia. Y la ensoñación de las mil flores estalladas del ‘guardián’, el ‘Puppy’ de Jeff Koons, acero inoxidable y flores, ejemplo de valentía artística.

“…definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia…”  (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

“…definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

El Guggenheim es un placer por el que vale la pena, una y otra vez, el viaje a Bilbao. Además, las dos veces que lo he visitado, siempre me ha producido como una especie de reacción sorprendente; conforme pasa el tiempo estando cerca del lugar, empiezo a sentir una sensación de alacridad, alegría, entusiasmo y presteza de animo. Si tuviera que definirlo con una sola palabra, esta sería: euforia. Es la misma sensación que me produce estar frente a algunas de mis pinturas favoritas, las que están en la cúpula de mi particular historia del arte, del Parnaso de mi gusto personal. Algo que me obliga a encender mi ánimo y acometer con fuerza renovada lo que en ese momento esté haciendo en pintura y fotografía. Diferente a lo de escribir, en esto el paso del tiempo y el recuerdo sedimentado del sitio me es más objeto de inspiración. Para escribir me ayuda más el recuerdo que la presencia y la visión. Puedo soñar, dormido, con arquitecturas, espacios, texturas de fachadas, brillos y colores propios o reflejados; sensaciones físicas de andar, ver y tocar. Sin embargo, ahora caigo en la cuenta, no recuerdo haber soñado de tal manera nunca con pinturas o fotografías, solo con sus referencias.

Frank Gehry “…vidrio, titanio y piedra…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

S. y Frank Gehry “…vidrio, titanio y piedra…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

Este post—este escrito—no trata de ser algo académico, algo original, ni siquiera rimbombante o artístico. Lo único que intento hacer aquí es, una vez más, reflejar mi gusto y admiración por una arquitectura que me llena. Es una manera de aplaudir a un Frank Gehry que lo ha hecho de fantasía en cada uno de los edificios que le conozco, y aun me falta París; el recién acabado: Fundación Louis Vuitton, del cual solamente he podido admirar lo que muestra su ‘website’. Cada nueva obra que le visito es un tremendo desafío fotográfico para mí. Y para ir a Paris, solo necesito una mínima excusa: respirar allí, por ejemplo. Frank Gehry y París es más que una mera excusa. Es una atracción magnética tremebunda, como en su día lo fue y lo es: Bilbao.

…el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

…el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo…” (Foto: Luis Jiménez-Ridruejo)

Ir de vez en cuando al Nervión y disfrutar el Guggenheim, no sea que llegue una vez y el edificio convertido en barco transatlántico se haya deslizado aguas abajo, cornisa cantábrica, salida al mar y al mundo… De esta obra—francamente a veces se me olvida que es un museo—, quedan las fotos del exterior que en parte ilustran este post. De su interior ‘hablaré’ otro día, en otro post, con otra excusa y con otras gráficas. Un inverosímil Richard Serra ya ‘me pide’ cuartelillo y un prodigio de arquitectura interior me ofrece sus luces y sus espacios sorprendentes. Además de aprovechar las posibilidades de mi propia lectura estética, mi fotografía siempre ha intentado ser un homenaje cuando se trata de arquitectura señalada, la de los grandes, la que a mí me hubiera gustado hacer y nunca tuve la valentía de intentar.

Luisma, Maypearl (TX) 14 de Marzo del 2015

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Las ratas de Paris

(Foto: S. y Luis Jimenez-Ridruejo) Julien Aurouze and Co. Exterminators, Rue des Halles, Paris, France.

(Foto: S. y Luis Jimenez-Ridruejo) Julien Aurouze and Co. Exterminators,
Rue des Halles, Paris, France.


Hace un rato estaba leyendo unos comentarios en un blog (Shakesville) sobre el asunto Polanski, con todo el revuelo que ha producido su persecución por la justicia de E.E.U.U. Por alguna razón, no me preguntéis cual, me vino a la memoria la tienda de venenos para combatir ratas, la de la “rue des Halles” en Paris, no muy lejos del museo Pompidou. Un escaparate delicioso, si es que el adjetivo es aplicable en este caso.

Mi “affaire” con las ratas francesas, especialmente con las parisinas, viene de antiguo, de los años sesenta del pasado siglo, y tengo varias historias con ellas. En aquellos años pasé una buena temporada viviendo en Paris, teóricamente estudiando Bellas Artes y seguramente aprendiendo un montón de vida y pasando una de las mejores épocas de mi existencia. Lo nuevo, lo excitante, en la más absoluta libertad, y todo ello con solo veinte años de edad y ningún problema físico, ni mental. Aquellos fueron días movidos y noches ajetreadas para mi. Viviendo a tope, todo lo que no se podía vivir en aquella España de los sesenta. Una vida que algún día contaré con más pormenor. Con todo y con eso, allí empezó mi afición a los museos, Louvre, Jeu de Paume, Picasso, Museo del Hombre… Fui, y soy, lo que se dice un ratón, no de biblioteca (que también) sino de museo.

En aquel tiempo el museo Pompidou no existía, por supuesto. En su lugar había uno de los mercados más antiguos y más acreditados de Paris, un mercado clásico y un sitio perfecto para rodar cualquier versión de Los Tres Mosqueteros. Un sitio de película, este mercado de Les Halles, que me dio tiempo a conocer y disfrutar. Todo esto antes de asistir a su última noche y a su voladura en la madrugada siguiente. Lo más famoso del mercado eran un par de casas de comidas que servían, con nocturnidad, alevosía y toda la premeditación posible, la mejor sopa de cebolla que uno pudiera encontrar en el mundo; si excluimos la inimitable de Paul Bocusse.

La gente de la noche parisina, gentes del más variado pelaje, solía terminar sus salidas nocturnas en aquellos dos agujeros, con aquella sopa asentando los estómagos llenos de alcohol, tabaco y drogas. Allí tuve la oportunidad de coincidir alguna vez con tipos como John Lennon, la Bardot e incluso John Wayne, a más de una florida galería de personajes y personajillos de todos los colores y plumajes. Pájaros de la noche, y alguna que otra rata que debían considerar aquel lugar perfecto de necesidad. La noche antes de la voladura del mercado me fue dado asistir a un espectáculo único en los días de mi vida. La empresa encargada de montar los explosivos, para la destrucción controlada de aquel enorme conjunto, hizo una prueba explosionando una pequeña sección, unas pocas horas antes de la gran voladura.

Era noche cerrada y salíamos de la última sopa, servida en estaribeles y tenduchos en la calle. De repente sonó la explosión de prueba y, cientos, miles de ratas enormes salieron despavoridas por las calles aledañas al mercado, como si supieran lo que iba a pasar, como un sexto sentido que les previniera de la voladura. Ni siquiera pararon por la presencia humana, ni siquiera gruñían o gritaban. Solo corrían. Como vulgarmente se dice, les olía el culo a pólvora. Un espectáculo increíble, inusitado.

Más de treinta años después de aquello, lo recordaba en la última visita a Paris. Frente a ese escaparate en el que, disecadas y colgadas, están un montón de sus congéneres. Algunas de ellas fechadas en 1925 y otras que posiblemente corrieran la noche de la voladura del mercado. Ah! Paris de la France, que país, que paisaje, que paisanaje! Y que ratas! Y yo que sigo pensando en Polanski, porqué será?

Luisma, 20 de Noviembre del 2009

[Originally posted in November, 2009]

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Las dunas de Chesterton

photo of Indiana dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Puede que sea difícil de imaginar, o puede que yo no sea capaz de transmitir las imágenes. Hace años, Julián Marías me dijo: escribe lo que no puedas pintar y pinta, fotografía en otros casos, lo que no puedas escribir. Lo intentaré, porque las impensables escenas que presencio, muchas de ellas conmigo dentro, son el pan de cada día de mis aventuras en este país.

Estoy en Chicago, una de mis ciudades favoritas en el mundo. Llegamos hoy, y ya estoy frente a mi ventana en la habitación del hotel Congress Plaza, con vistas al lago Michigan que, como siempre, más parece un mar, un mar de acero gris azulado. La sangre luminosa de los coches fluye abajo, once pisos más abajo; chorros de glóbulos rojos y blancos entremezclados, desde la avenida Michigan hasta la Lake Shore y las calles cruzadas del Parque del Milenio. Las primeras luces de la noche, desde esta ventana, un espectáculo que siempre tiene la virtud de hipnotizarme; puedo estar mirándolo durante largo tiempo, embobado en cualquier pensamiento o remembranza.

photo of Indiana dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Venir hasta aquí, en coche, es ya una manía. Estados Unidos hay que viajarlo en coche, a pesar de las monstruosas distancias. Y cada viaje a Chicago ( unas siete horas, desde Pittsburgh, rodando rápido) es una fuente de nuevas aventuras. Por más que se miren las predicciones de los hombres del tiempo, siempre hay una sorpresa, sobre todo en recorridos largos. Esta vez, con la primavera ya oficialmente entrada, después de dos horas de camino, nos empezó a caer nieve; que siendo de noche era cegadora, mareante, y dificultaba la conducción. Total, que paramos a dormir, y continuar al día siguiente, ya sin prisas, lo que produjo el avatar de turno y la aventura significativa del viaje.

Photo of Indiana dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
A la mañana siguiente, sol y viento, enfilamos hacia Chicago. Tras un tiempo de rodaje tranquilo, se estropeó un sensor de temperatura y para cambiarlo tuve que salirme de la autopista, y eso fue en un pueblo con un nombre muy literario: Chesterton, en el estado de Indiana. Después de varios intentos, el asunto nos lo arregló un “currito” con taller personal y aspecto de orondo bien comido, y bien bebido. Mientras esperábamos la reparación, en su sala de espera—oficina—salón de té, reparamos en unas fotos colgadas en la pared de algo que se anunciaba como Parque Nacional de las Dunas de Indiana. El tipo insistió que fuéramos a conocerlas—oiga, solo cuatro millas y son una delicia! Echada ya la tarde a perros y con el sol cayendo, y muy fotográfico, nos fuimos a ellas armados de cámaras y protegidos del frío viento, y—Oh, maravilla! La cosa valía la pena, y mucho!

Photo of Indiana Dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Pasamos unas buenas dos horas recorriendo el sitio y pisando, fotográficamente, la arena suave de las dunas. Quien iba a pensarlo! A cuatro millas de la dura y pura carretera, unas dunas increíbles, a orillas del lago y tan solo un “tiro de piedra” de Chicago, que se apercibía en lontananza, al otro lado de las aguas. Será un lago, que lo es, pero a mi siempre me ha parecido un mar. Son famosas las historias de tormentas brutales en este lago-mar, hundiendo barcos. Una de estas historias se me quedo grabada, la zozobra y naufragio de un velero, a finales del siglo XIX, que transportaba el abastecimiento de árboles de navidad para Chicago. Nunca ha sido encontrado.

Photo of Indiana Dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Volviendo a las dunas. Al punto me informé del paraje y su historia. Otra vez la glaciación Wisconsin, la misma que produjo las cataratas del Niágara y la recesión de los glaciares de los grandes lagos; al retirarse produjeron estas dunas que, además, son unas de las pocas, treinta y cinco en todo el mundo, “dunas cantantes” o “silbantes”. Buscando información sobre dunas, aprendí que también existen dunas que “ladran”, tal que si fueran perros. Que cosas!

Photo of Indiana Dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Las dunas, pequeñas pero magnificas, eran un coto fotográfico de primerísimo orden. Las arenas de un color caramelo-rojizo, de increíble suavidad a la pisada, al tacto y al ojo, nos rodeaban por todas partes. Contenían, incluso, pequeños estanques de aguas trasparentes y matas de juncos.Una vida reflejada en otra. Los espejos de la naturaleza.

Photo of Indiana Dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Un verdadero coto de caza. Un ciento de “cartuchos” se nos fueron entre los dos “tiradores” y el símil cazador me trajo el recuerdo de mi nunca olvidado Pepe Núñez Larraz que, aquí, hubiera gozado como un “marrano con paperas”. Así sucedió con Sarah, que sacó y cobró las mejores piezas. Algunas de las fotos de aquella tarde inolvidable son las que ilustran este “posting”. Aunque bien mirado, cualquier tarde con S. es siempre inolvidable.

Photo of Indiana Dunes by Luis Jimenez-Ridruejo
Dunas, agua, viento frío, olor a agua dulce de lago, vallas de madera sosteniendo la integridad del fenómeno…Ni las palabras, ni las imágenes, ni la feérica música de Vaughn Williams, allí en Chesterton (Indiana), quedan esas dunas esperando que alguien visite su delicada existencia. Antes, quizás, de que un mal viento se las lleve.

Luisma, 30 de Marzo del 2010 ( Fotos S. y L.)

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[Originally posted in April 2010]