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El rincón del estudio

“Es un buen sitio para escribir.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“Es un buen sitio para escribir.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo


También lo llamo el rincón de las begonias, o el faro, o la oficina del estudio. Cuando alguien me pide ‘recado de escribir’, o sea una de mis plumas Pilot o uno de mis cuadernos ‘Legal’ amarillos, siempre contesto: ‘mira a ver en el rincón de las begonias’. Es un buen sitio para escribir. El rincón huele bien, a nada; no sé porqué aquí los olores son sutiles y a veces inapreciables. Mucha luz natural, todo el estudio, doce ventanales grandes tienen la culpa y en el rincón una sola lámpara, justo en la bisectriz; uno de esos barrotes de hierro colado, es fea y solo la uso para dejarla encendida de noche, cuando estoy fuera y para volver de lo obscuro, es como un faro, se ve desde todos los puntos. El rincón, a decir verdad, confortable no lo es mucho, pero creo que se piensa mejor dentro de una relativa incomodidad; una silla de madera “country style” sin cojín de asiento. Si lo veo bien, es el sitio de la casa donde paso muchas horas de las llamadas: “muertas”, que siguen estando vivitas y coleando, todavía, y que duren.

Puestos a la contemplación es el sitio desde donde mejor se mira, se ve o se ensimisma uno. Merece la música, pero no necesita la televisión, lugar agradable donde los haya, lo que en castellano lígrimo llamaríamos ‘el cuarto de estar’; se supone que, de estar sentado, aunque no sea obligatorio. Acostumbrado a ensoñaciones, desde él vigilo la oceánica pradera, sueno despierto con la luz que traspasa los ventanales diáfanos. Todo puede ocurrir, al despejarse las nieblas de mi cabeza…allá hacia el sur, en lontananza, palos y velámenes de barcos a todo trapo, navegando, bergantines, navíos de guerra de otras épocas, hendiendo las proas en las olas verdes y emergiendo entre las bocanadas de espumas doradas. Imágenes que se acentúan en los días de tormentas, siempre a lo lejos; atardeceres tenebrosos mirando el horizonte con sus truenos y sus rayos, los llamados fusilazos o tejanos. Rayos y truenos que se buscan entre si y que con los rebotes hacen que la cosa tal parezca los cañonazos de una antigua batalla naval. Para este tipo de imaginación más vale sentarse y escribir la historia, antes de que el gozo se vuele con la realidad.

“…las begonias de mi rincón—buenas modelos fotográficas…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…las begonias de mi rincón—buenas modelos fotográficas…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

El otro sitio de estar en el cuarto, seguiremos llamándolo: ‘estudio’, también puede decírsele: porche, aunque solo cuando está abierto a los aires, moscos y bichos, es decir: casi nunca. Habitaciones así no son muy comunes, salvo en grandes mansiones, yo siempre las llamé: galerías. Claustros también podía ser, si los ventanales coronaran en arco. Vale, vaya mi voto final por llamarle: mirador; aunque no dé a ninguna calle, ni sea un segundo piso. Al menos en este escrito atestado de minucias, acaso da al borde, sin playa, del océano de hierba con islas de bosques lacrados por la maraña. Tanto el uno como la otra tan difíciles de traspasar incluso con la vista. A mí me encanta mirar y cuanto más abiertos sean los horizontes, mejor. Espacio, ambientes, son cuatro y medio metros de ancho y dieciocho de largo; esta es la distancia entre el rincón de las begonias y el de la rehabilitación y las colchonetas del yoga, el lado opuesto del porche; en estas, las horas tampoco se pueden tildar de ‘muertas’. Los ‘descansos’(ironia) en un tresillo de piel muy batallado, de cara a un piano “moderno”, electrónico, lleva dentro una orquesta y mil posibilidades, incluso debajo de su pastilla, duermen el sueño de los justos, otros instrumentos musicales en sus cajas y estuches. Dos violines, una viola, una guitarra, una trompeta y una corneta (o será un corno ingles?)…

“…ese otro mundo de mi discurso…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…ese otro mundo de mi discurso…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Volviendo a ‘mi’ rincón, sitio de estar y escribir, con su silla “country” de maderas torneadas, aceptablemente incómoda; rodeada de begonias, un par de familias y solo ellas, un jardín interior de tiestos, bueno, y un pequeño plato de cactus enanos…vaya usted a saber! Cosas de S. (léase: Ese Punto). Es mediodía, curiosamente es la única hora de todas las del día que necesita una explicación. Para mí, la mejor hora de luz, de las mil de este rincón. Me dicen “las lenguas de doble filo” que existe una hora llamada: amanecer, de la que me cuentan maravillas…no sé, no conozco, es demasiado temprano para mí. El largo mediodía a la española es mi hora. Aquí, en el llamado Norte de Texas, se empeñan en decir: la tarde—the evening—demasiado pronto, qué diablos! Es puro mediodía. Esas horas son las buenas para “retratar” este rincón, el de las begonias. A refilón, con las ya mentadas tres luces, tan majas y resultonas. Begonias, “troopers” o “beefeaters”, guardianes mentales de la entrada a ese otro mundo de mi discurso fotográfico y pictórico.

A todo esto, se me ha olvidado por donde voy—habitual situación—y de que va este escrito. ¡Ah! Sí, las begonias de mi rincón…han sido y son buenas modelos fotográficas, ni se mueven, y por ende pictóricas. La música y mis ruidos están de cristales para dentro. De cristales para fuera un silencio humano y animal casi continuo. Cierra los ojos, uno se puede montar una película…sospecho que, aunque aquí no hay caballos a los que oírles los cascos, ni sonidos metálicos de ruedas carreteras, radios de madera al eje de hierro y las llantas de lámina que arman tanto ruido como el piafar de los caballos de aquellas diligencias que ya no existen. Añadir unas gotitas, silbadas, de música de Ennio Morricone…

“…para volver de lo oscuro, es como un faro…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…para volver de lo oscuro, es como un faro…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Sospecho, decía, que en el rincón de las ensoñaciones se bañan todas mis náyades, musas, o serán ruidosas “cheerleaders” quizás? Todos esos sonidos se están disipando ya y lo que realmente oigo son los ruidos silenciosos, increíblemente suaves y amortiguados de esos mastodontes con ruedas, con sus cromados y tubos bruñidos plateados, que de vez en cuando pasan por esta carretera, la FM 66 (Farm to Market Sixty-Six) que queda a tres árboles de la casa. Aún a esta distancia, lo que más se oye son las voces atenuadas de los conductores y la música country-western que se escapa por las ventanillas abiertas. Estos camiones monstruosos son los navíos de la pradera. Sé que algún día se cumplirá mi sueño, que no es montar a caballo en Texas, pese a todos los pesares, y si montar en uno de estos supercamiones y hacer una bonita singladura, darme un garbeo por mi nación tejana. Ensueño, aquí: sueño de día (daydream). De momento, y hasta entonces, el villano en su rincón.

Luisma, Maypearl (TX) 30 de Noviembre del 2017

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De Santos Y Músculos

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…una verdadera procesión.” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Se me está yendo el “santo al cielo” o, mejor dicho, se me están yendo un montón de santos, una verdadera procesión. Como se decía no hace mucho: tengo un despiste de “mira y no te menees”, o tengo un rollo que “no me aclaro”. Y me vas a decir: ¿y a que viene todo esto? Pues viene a que, de vez en cuando, “se me va la olla” de una manera atroz, es decir, se me olvidan las cosas, se me difuminan los recuerdos, los olvidos hacen cola a la puerta de mi cerebro. Y algunas cosas se quedan en el limbo del haber sido, o no haber existido más que en mi imaginación.

Y lo fácil, es decir: ya está, es cosa de la edad, pero no parece que esta sea la explicación, al menos no la única. Estoy empezando a pensar que estoy, o que he estado ya tanto tiempo enchufado a esta realidad que las realidades pasadas se diluyen como si les atacara un ácido fuerte, el ácido del “agua pasada” o como si fueran fotografías de los tiempos anteriores a los fijadores modernos, así llamados hasta que les clavamos el puñal digital. A lo peor, es que lo son y a mi no me pasa nada que no me tenga que pasar de todas maneras. Y si no fuera así me gustaría que alguien sea tan amable de indicarme que se podría hacer para conservar los recuerdos un poco más, un poco más vívidos, un poco más tiempo. Alguien tiene que haber estudiado todo esto y alguna solución tiene que tener, los científicos han toreado en peores plazas.

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

“…las realidades pasadas se diluyen…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Porque si empiezo a hacer una relación de las cosas que sé, las que sé que son y que me pasaron, empiezo a correr el peligro de incluir las que no me pasaron, pero tantas veces imaginadas y contadas, que quieren tomar carta de naturaleza en las batallas de mi vida. Tampoco tengo muy claro el porque hay que recordar todo. Que bien repasar y repetir los buenos recuerdos pero que necesidad de hacer lo propio con los malos o los menos buenos y porque no poderlos condenar al ostracismo definitivo. Una pastilla del “a mí que coño me importa” me vendría bien, al fin y al cabo, sería una más de las muchas que tomo cada día para los múltiples achaques: tensión arterial, artritis, dolores dentales, dolores musculares, el corazón ha empezado últimamente a ponerse borde; de todos tengo para dar y regalar, docenas de pastillas diarias. En vista de lo cual, a cualquier cosa lo llaman deporte hoy día, me dedico a sentarme cómodamente a la puerta de mi casa a ver pasar cadáveres, como ya no me quedan enemigos empiezan a pasar los amigos, lo que tiene menos gracia, mucha menos.

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

“…Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores…” Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Sopitas y buen vino es lo que yo necesito para alimentar a esta novia, amante, puta secreta de los últimos tiempos, “la Depre”, que debe tener la explicación de todo. Como dice el Ángel, no el de la guarda, el poeta González: “ahora lo único que ya quiero es vivir.” Escrito nos lo dejó y ya que él no puede hacerlo, nosotros tenemos que vivirlo por él, mientras descansa ya en paz, espero. Vivir, lo que se dice vivir, no sé yo…moro o habito, aquí el único que vive es el padre prior, Gates y su heredero el del Facebook, los dos padres priores, que hay que ver que conventos (palacios) tienen. Hay que ver que lujos. Contento estoy con mi piscinita y los bosques que amparan la casa y el estudio. La envidia es uno de los pocos pecados que nunca he tenido, la única falla o merma en mi retrato de españolito típico, si es que lo soy. Después de tantos años en las Américas ya nunca podré ser más un español tan…tan típico.

 “…tratando de vender el alma a quien sea…”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo


“…tratando de vender el alma a quien sea…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo

Toda esta tralla que te estoy dando en este post es una excusa para presentar alguna foto más de las que llevo hechas en este trabajo de “mi mundo en el nuevo mundo.” Ahora ya son miles, casi veinte mil, desde que llegué de vuelta a Texas. Mi mundo es un monstruo que me flagela por haber estado tanto tiempo sin producir. Hoy, la calidad es la que he conseguido a base de hacer miles de fotos digitales, y estudiarlas una por una. Calculo que habrán sido, hasta ahora, entre sesenta y setenta mil en todo mi recorrido fotográfico. Si te pones a pensar, no es tanto, quizás hasta hayan podido ser más, ahora ayudado por el costo de la técnica actual. Al dejar el futbol, una retirada a tiempo es una victoria, mantengo la musculatura con las caminatas y las ”gimnasias” de la fotografía. De músculos ya solo me queda que cuidar del—el corazón, coño, el corazón—los demás “como que se cuidan solos” que diría un madrileño castizo.

De la Fotografía, en fin, hemos tenido que aprenderlo todo, otra vez, procesos técnicos y hasta mentales; mi generación es más o menos la de la aparición del color, que tanto costó hasta que se consiguió una cierta calidad. Los que casi asistimos al nacimiento del celuloide, al paso de blanco y negro a color, con aquellas diapositivas que, en poco tiempo se iban al blanco y desaparecían, estamos tratando de vender el alma a quien sea, para ganar tiempo y tratar de ver lo que venga después del digital. Espero que no nos mate la curiosidad.

Luisma, Maypearl (TX) 26 de Octubre del 2017

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Insurgencia 2017

“…husmeando entre las pilas de blocs amarillos…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…husmeando entre las pilas de blocs amarillos…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Ayer estaba husmeando entre las pilas de blocs amarillos, cuentos cortos, cartas y otras menudencias, sobre todo cosas escritas antes de que el Internet reventara la comunicación epistolar y telefónica. Me hicieron gracia mis propias palabras y se las mandé a dos o tres personas, que naturalmente coincidieron con la frase final. “Insurgencia” tiene el tamaño de un párrafo (de los míos) y es simple. ¡Qué barbaridad! Lo que hace la costumbre y eso que la sufrida clase médica me está repitiendo hasta la saciedad, en español o en inglés, da igual: cuando llegas a la edad que tú tienes te falla la memoria cercana y recuperas la memoria de lo viejo o de lo antiguo. La pregunta era que cuando me hice viejo y aunque la contestación anda siempre a mi alrededor, este ‘párrafo’ me la canta en plan gitano, sin remedio: “Te la canto resalao?” En la cueva de “Las Mucheres”, en un pequeño ribazo con vistas al Tormes, en el camino al Puente de la Salud, la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura, un pequeño párrafo de previsiones de futuro, que lamento no recordar si se han cumplido. Mi memoria de lo antiguo no da para tanto. Aunque recuerde muchas cosas, con solo tirarme del hilito.

“…la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…la gitana te la cantaba o te la decía, la buenaventura…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Por ejemplo: cada vez que escribo la palabra párrafo me viene invariablemente a la memoria lo de: “Nada de un párrafo de gracias, escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo” Siempre me hizo gracia, aunque no tenga nada que ver conmigo, tampoco recuerdo exactamente quien lo dijo y con qué ocasión, no estoy seguro si fue José Antonio Primo de Ribera o Dionisio Ridruejo, los de la Falange. La frase es antigua y ya no la recuerdo bien; eso ya es peor, pero para estas ocasiones hay un Google, ¡que diablos! Así que parece que me hice viejo mucho antes de lo que creí. Quizás cuando me senté en el sofá con el laptop y recordar se volvió más barato de lo que pensaba. Alguien me acaba de mandar un e-mail con una buena definición: “…es cuando empiezas a andar a las diez y diez y arrastras los pies como si estuvieras esquiando nórdico. Despacito.” Ah! Y lo siento, señores: nunca he “sentido el amanecer en la alegría de mis entrañas”. Es cosa sabida que el día amanece, y los luceros, y todo aquello… pero yo no, yo soy nocturno como Caperucita…(!?).

Luisma, Maypearl (TX) 25 de Septiembre del 2017

“…me organizaba mis guerras y me hacia mi paz…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“…me organizaba mis guerras y me hacia mi paz…” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Insurgencia

Recuerdo el tiempo cuando el mundo era mío. Yo era el imperio de mí mismo y me organizaba mis guerras y me hacia mi paz, cuando la tenía. Aquellos sí que eran tiempos, nunca ha vuelto a ser lo mismo y no sé cuando esto cambió , no sé cuando me hice viejo y ni si quiera se quién me pidió permiso para ello. Algo así me parece que no estaba en el contrato, y si lo estaba era la letra pequeña, esa que nunca se lee. Ahora el mundo ya no es mío, y lo noto todos los días al levantarme por la mañana. Qué pena! con lo bien que me lo pasaba yo mandando sobre mí mismo y haciendo lo que me daba la gana. Alguna guerrilla tengo que organizar para volver, si se puede, a aquellos tiempos (del cuplé).

“De qué coño estás hablando? — Pero si tú nunca has dejado de hacer lo que te daba la gana!” …Seguro que algo así me van a decir.

Luisma, Pittsburgh (PA) El párrafo original está escrito hacia el 2011, o por ahí.

“Now the world isn’t mine anymore….”  Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

“Now the world isn’t mine anymore….” Foto: Luis Jiménez-Ridruejo.

Bueno, pues aquí va la cosa en inglés, traducido a petición.

English:

Insurgency

I remember a time when the world was mine. I was the Empire of Me and I organized my wars and negotiated my peaces when there were any. Those were times! It’s never been the same, and I don’t know when it changed; I don’t know when I became old. I don’t even know who asked my permission. Something like this, it seems to me, was not in the contract, or if it was, it was in the fine print, the part nobody reads. Now the world isn’t mine anymore and I feel that every day when I get out of bed. What a pity! Oh, to feel as I did once when I commanded myself and did as I wished! I have to organize some kind of coup to return, if I can, to those times (the good old days).

“What the hell are you talking about —you’ve always done whatever you wanted anyway!”, I’m sure they’d say something like that.

(La edición y las correcciones del inglés son cosa de S., léase: Ese Punto)
Lo dicho: “Nada de un párrafo de gracias…”

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Tiempo Tormentoso

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #17, acrylic on canvas, 16" x 16"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #17, acrylic on canvas, 16″ x 16″


“Lo único bueno que tiene esta vida es que nada dura mucho.” Encontré este pensamiento, hecho frase, leyendo a Donald Ray Pollock, un escritor de Ohio, horror y policiaco, reciente aunque no joven. Había trabajado durante años en una papelera y como camionero hasta los cincuenta. Se puso a publicar, nadie acierta como, y le empezaron a caer las críticas (buenas, aunque nada dura mucho…) y los premios.

Nada que ver con el “Tiempo Tormentoso” del título, excepto la pequeña—no sé si tanto—idea de que ‘nada dura mucho’ y empecé a darle vueltas al concepto a ver si me resistía en el cacumen o me resbalaba por las laderas de las montañas que aquí no hay, las imaginarias. Porque la tormenta bailaba fuera del estudio y el fondo de mi cuadro se volvia negro como la boca del famoso lobo. El tiempo ya era tormentoso de por si, me vino a la maltrecha memoria una canción: “Stormy Weather” (versión a ser posible de Lena Horne) una canción gloriosa que debió nacer al mismo tiempo que yo, o sobre poco más o menos y una vez que la entendí y la adopté, ha ido y venido ya conmigo más de sesenta años. A lo mejor eso es “durar poco” todavía. Como su propio título indica: ese tiempo especial, que tampoco dura mucho y que para mi es tiempo encantado y encantador.

Me fascinan sobre todo las tormentas nocturnas porque doblan lo dramático del fenómeno añadiéndole: alevosía. No me atrevo a mencionar la premeditación porque eso sería meterse en camisa de once varas. Me seduce la maravilla de un meteoro al que nunca he encontrado el porqué. Conozco la física de la cosa, masas de aire caliente, vientos fuertes, chorros de agua de lluvia y todo lo que conlleva, pero aún eso no me rinde el porqué de la tormenta y de sus fenómenos más usuales: rayos, truenos, tornados. Esas fuerzas brutas de la naturaleza, si es que la naturaleza es el factótum de todas ellas, o simplemente es la dirección, la conducción, como si fuera una orquesta sinfónica, con mucha percusión. A saber. Comprender una música o una pintura, a veces es complicado. Tiempo tormentoso.

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #15 [detail], acrylic on canvas, 48" x 56"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #15 [detail], acrylic on canvas, 48″ x 56″


Ha caído un zambombazo a muy poca distancia de las ventanas del oeste del estudio, en el matón de bosque(salmantinismo?) de la izquierda, apenas cincuenta metros a mis espaldas. La luz me ha envuelto totalmente y lo que he visto y sentido es el color ‘cercano’ del rayo: rojo con reflejos blancos. Varios. Tantos reflejos como ventanales del estudio. Doce, la única pared opaca tiene tres puertas que dan a las habitaciones, también de cristal y hasta una doble de vidrieras. El resto es una caja de cristal expuesta a la más amplia visión del exterior y el negro más duro de la noche. Solo me faltaría una de esas rotatorias esferas de espejitos para parecer una discoteca. El final de los reflejos es un azul nítido y pálido sobre el cuadro que estoy pintando. Cierro los ojos y lo puedo volver a ver; es como aquellas famosas ‘visiones’ de una estampa que luego se repetían en la pared.

Me encanta el tiempo y el paso de la tormenta porque cambia los colores de todo y con los colores ‘nuevos’ en la retina, cambia el sentimiento de apreciación de lo que estas pintando. A través de los ventanales, algunos cubiertos por cortinas de agua de las prismáticas gárgolas, puedo ver esos grises triunfales, poderosos, cortados por añiles, azules metálicos y blancos purísimos. Los ‘claros’ del bosque. Colores fáciles de ver pero difíciles de plasmar en el papel o en el lienzo de la pared. Hace muchos años, una vez que decidí pintar con el lienzo ‘colgado’ (clavado) en la pared, en un soporte de madera sobre ella, nunca volví a pintar con caballete. El bastidor lo pongo a lienzo terminado. No se libran ni los cuadros grandes, ni los pequeños, algunos de estos de vez en cuando los pinto sobre mesas, sentado. En el tiempo de la tormenta siempre me siento de cara a las ventanas de esquina del estudio, con la visión como la de los clásicos miradores, y por tanto, la sensación vívida del fenómeno. Disfrutar de la percepción de sus colores, olores, sonidos. Las tormentas de Texas son muy diferentes de las de Pennsylvania, ”donde vivía antes de ahora”. Ay! Señor, otro salmantinismo, que afición!

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #12 [detail], acrylic on canvas, 48" x 56"

Luis Jimenez-Ridruejo, Instar #12 [detail], acrylic on canvas, 48″ x 56″


Me quedo perdido en mi ensoñación, recordando las tormentas de Pittsburgh, entro y salgo del sueño con airones tempestuosos, vibraciones de cristal, como cubos de hielo de un gin-tonic. Cuando la tormenta rola y vuela como alma que lleva el diablo, o como si fuese una carrera de bicicletas, o de caballos, que ambos sonidos cuadran. Por no sé que atavismo de abuela española, aunque a lo mejor es cosa cierta, siempre hago lo mismo cuando ‘huelo’ la tormenta: cierro ventanas, apago luces y televisión, desenchufo el computador y pongo la música del estéreo, todo para situarme al ‘salto’ de la movida en mi córner de cristal donde gozo de tribuna preferente para vendavales y migraciones animales. Una docena de patos, sin ruidos y en formación de uve, huyen volando presurosos de la tormenta, ya volverán, el lago es suyo.

Durante años solía poner música de Wagner para celebrar el meteoro. Nunca la cabalgata de las Walkirias—demasiado obvio—, mejor: El Holandés Volador. Últimamente meto jazz orquestal, con mucho metal, sobre todo trombones y si es con vocalista, que Santa Lena Horne me asista, que yo canonizo a muy poca gente. De Lena, su rendición de “Stormy Weather”, la mejor de muchas buenas. En mi caso, además es terapéutica, me calma la úlcera de estómago, tan bien como el milagroso Nexium. Y hablando de trombones: “Stomping at the Savoy” por la celestial orquesta de Benny Goodman y ‘todo’ lo de Glenn Miller, que no es de esta vida—es de todas las vidas, habidas y por haber—y por tanto, como decíamos al principio, ya va durando mucho, una eternidad…

Luis Jimenez-Ridruejo with Instar #5, acrylic on canvas, 47" x 53"

Luis Jimenez-Ridruejo with Instar #5, acrylic on canvas, 47″ x 53″


Don’t know why
There’s no sun up in the sky
Stormy weather
Since my man and I ain’t together
Keeps rainin’ all the time…

No sé porqué
No hay sol arriba en el cielo
Tiempo tormentoso
Desde que mi hombre y yo no estamos juntos
Sigue lloviendo todo el tiempo…

(Primera estrofa de “Stormy Weather” por Lena Horne, difícil traducir sin cambiar todo el sentido, asi que en inglés, o en “literal.”)

Luisma, Maypearl (TX) 14 de Junio del 2017

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Birmingham Bridge

Así estaba esta tarde, a las tres. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Así estaba esta tarde, a las tres. Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Puentes de Pittsburgh, alguna vez tengo que escribir largo y tendido, como son de por si; la mayoría imponentes, algunos hasta bellos. Este puente, en cuestión, particularmente expresivo, quizá porque está ahí, al otro lado de la ventana. Esos hierros cruzados, verdes, con su presencia importante. Cables y tirantes verticales en series rítmicas, soportando curvas olímpicas. Algo así como una monstruosa rueda de molino en equilibro aéreo. Y largo, largo como un día sin pan, que diría mi padre. Alguien a quien todo esto, América, le hubiera gustado muchísimo.

Dos ríos corren por este puente, uno por debajo…el mas fluido; otro, por encima, mucho mas ruidoso, bajo los tensos hierros verdes. Este, el de arriba, en el que me incluyo todos los días, compacto y a veces sincopado en ritmos y en sonidos, cuerpo y sangre de la ciudad discurriendo por los dos sentidos. Imperio por imperio, masa por masa…durarán tanto estos puentes como los puentes romanos?

Me gusta mirar, contemplar, este puente…quizá, simplemente, porque esta ahí o porque necesito un punto de referencia para cuando me olvido de donde estoy. Algunas veces, también, me olvido de quien soy, pero, el puente no puede hacer nada por recordármelo. Si que recuerdo que aquí vine, fundamentalmente, para mirar, observar, presenciar…y sigo mirando, curioso e interesado.

Todavía no he perdido el interés por este país extraño y al mismo tiempo ya tan familiar. Van siendo ya veinte años en esta olla podrida, sin segundos significados, melting pot, después de más de dos siglos. Y en esta olla se siguen mezclando, para fundirse, una serie de culturas que, aparentemente, deberían mejorar la general de este país, pero, simplemente se diluyen para perderse en una cultura nueva; como ha venido siendo el caso desde su nacimiento. Una cultura con un gran, increíble, poder de obliteración sobre las demás. Armas magnificas…el cine y la televisión!

Anglosajones que se separan de los puentes con su pasado. Mediterráneos que pierden el idioma entre las espumas de un cambio sustantivo. Eslavos que se mezclan entre si y pierden el sentido de sus mas lígrimas costumbres. Africanos que cambian porque lo que quieren es cambiar, huyendo de si mismos. Escandinavos que abjuran de su frialdad y calientan sus sangres, y tantos otros…los asiáticos, que poco sé de ellos, de todos ellos, tan diferentes! Aunque la americanización de los japoneses que viven aquí es “ejemplar”, casi religiosa. Una de las razones de esto habría que buscarla en los campos de internamiento, durante y después de la segunda guerra mundial, en California y otros estados, al oeste del pais.

Todos estos pobladores, procedentes de tan diferentes rincones del planeta, se convierten rápidamente al americanismo en su propia salsa. Ah! Se podría pensar que los hispanos, o latinos, que es como se les llama más bien aquí, se salvarían en lo de la perdida de sus culturas de origen, pero, no es así, lo único que conservan por un tiempo es la religión y la gastronomía. Es un pensamiento un poco duro, pero, cuanta menos cultura hay, menos tiempo se tarda en perderla.

El puente ha desaparecido, casi, en la oscuridad de la noche que ha bajado deprisa desde las colinas de Arlington y Mount Washington, y sin embargo, los diferentes fluidos siguen corriendo por debajo y por encima del puente. Si tuviera que ponerle un sobrenombre a este Birmingham Bridge, sería: El puente de las nacionalidades perdidas.

Bien! Demasiado hablar de pérdidas de esto, o pérdidas de lo otro…Habría que hablar de ganancias, o de beneficios del vivir aquí…Pero sería objeto de otras historias y otros puentes.

Luisma 31 de Mayo de 2017

[Originally posted from Pittsburgh. 28 de Enero de 2009]

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Secretly…

“…una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo…”  Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“…una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo…” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

Secretamente, supe que me había transformado, emocionada por la revelación de que los seres humanos creaban arte, que ser un artista era ver lo que otros no podían…No tenía prueba de tener las condiciones para ser un artista, aunque ansiaba ser uno de ellos…

–Patti Smith. (Escritora, Poeta, Cantautora Punk-Rock, pintora, fotógrafa, pianista, clarinetista…setenta años de inmensidad y coraje)

Hubo un tiempo en que las cosas que ahora escribo las contaba de palabra y solo había una ‘pequeña’ diferencia. La diferencia es que una vez que se escriben, queda. Contándolas, lo que ocurría es que el relato cambiaba cada vez; no esencialmente, pero cambiaba. Cuando escribes una cosa y pasan los años, siempre te dan ganas de volverla a escribir. Y a veces lo hago. Es una buena forma de recordar y si no de pasar la página definitivamente.

Para que lo lea, quién? Todas estas cosas que he ido escribiendo en mi vida. Escritas en principio para mí, por el simple placer de hacerlo, y que ahora parecen sentar plaza en este ‘bullicio’ del Internet, más ciertamente ‘pifostio’ (no recuerdo bien si es un salmantinismo) palabra que yo aplico como otras muchas a variados significados o definiciones, a veces inventados o leídos quien sabe donde y recordados por la cuenta que a uno le tiene. (“Pifostio”, acabo de leerlo en el “Trafalgar” de Reverte y me temo que alguien no lo está usando bien. Por supuesto debo de ser yo. Le he quitado una erre que yo le ponía.) En fin Luisma, no te distraigas—tendencia muy tuya—que esto es pradera tejana, verde y llana, y no es Úbeda y apenas hay algunos cerros, cerritos, que se insinúan. Y no a lo lejos, que aquí ‘lo lejos’ no existe, lejos es todo. Y si no, que se lo digan a los satélites de Google.

“…que carajo estoy escribiendo o fotografiando.”  Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“…que carajo estoy escribiendo o fotografiando.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

Así que el horizonte está más lejos, lejísimos, que en otros sitios. Aquí cuando se pone el sol, en el último momento, no se nota más que una raya de ese horizonte, una banda de calima a tono con el calor y el color dominante del crepúsculo rosa-naranja-amarillo, con un azul que se adormece encima de estos colores, en líneas que parecen tendidas a cartabón y nivel de burbuja. Por debajo empieza a oscurecer a lo lejos, que va desde esas líneas de color hasta mi ombligo, sienas y verdes que se van a convertir inevitablemente en azules oscuros, oscurísimos, que si no enciendo las luces del porche van a acabar en el famoso negro ‘boca de lobo’. Si el cielo está cubierto y la noche no es estrellada, la sensación es que te has muerto y ese es el momento justo de pensártelo bien y entrar en la casa, encendiendo luces.

Si aguantas fuera, aunque sea en el porche, rodeado de obscuridades, y pasas de la sensación mortal, te van a venir enseguida los cinco mil ruidos de la noche y con ellos el miedo, casi siempre infundado, aunque por si acaso con el Winchester en el regazo. Miedo, lo que se dice miedo, solo a lo desconocido. Los animales, incluido o sobre todo, el hombre. Pero en estos tiempos, segunda década del siglo XXI, ya no se puede estar seguro de nada; ya se ve a diario en la tele, o en el computador, o la tableta, el teléfono, o en el castizo telediario, que ya no puede uno ni confiar en sentarse en una terraza a tomar el sol y unas cañas, porque cuando menos te lo esperas—como si eso fuera algo que se puede esperar—te viene un hijo de puta montado en un camión y te pasa por encima desparramando muerte. Y que hace buena la admonición del viejo italiano aquél que me leyó la cartilla en la segunda avenida de Nueva York. Vecinos de mesa en aquel cafetín—no se me olvida—“… ponte siempre de frente a lo que pueda venir, por la puerta o las ventanas, y donde tengas una vía de escape, estés donde estés, restaurante, iglesia, cine…hasta en tu propia casa, así por exagerar un poco, y que el tipo de la ‘quemadora’ no se de cuenta de que estás preparado.” La verdad es que en un momento dado, estar alerta (‘awareness’, se dice en inglés) te puede salvar. El siciliano sabía mucho de estas cosas.

“….’awareness’…estar alerta te puede salvar.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

“….’awareness’…estar alerta te puede salvar.” Fotografía: luisjimenezridruejo.com/photos/

El caso es que me he ido por la pendiente, siguiendo las aguas, no sé que aguas pero siguiéndolas, como siempre y sin tener por cierto, idea de que carajo estoy escribiendo o fotografiando. Para variar, me viene a la mente que estoy en el fondo del mar, un mar pelágico que fue todo este Texas hace miles, más bien millones de años. Gracias a los ammonites fósiles el fondo del fondo de este territorio inmenso, pensando que Francia y España ‘cabrían’ en el mapa de Texas, parece ser como una monstruosa esponja que se bebe toda el agua que le cae encima, que es mucha. Y así, estaba sentado mirando, o era admirando, la bandeja del vallecito central del rancho desde la ’altura’ de la piscina. La mejor vista es, realmente, mirar hacia arriba en noche clara y diáfana, el reflejo del sol en la luna y las miles de estrellas, y detrás la negrura del espacio. A eso me refiero cuando digo que estoy mirando el ‘paisaje’.

La definición del color negro, el que me gusta para pintar, es el espacio entre dos rayos en noche de tormenta, sin luna y sin estrellas. Sin punta del cigarrillo, hace diez años que dejé de fumar. Ni siquiera una excusa que me sirva de referencia, con los años utilizo cada vez menos las excusas. A tono con lo anterior, uno de estos días no me va a quedar más remedio que ‘declarar’ o definir mis colores predilectos:
Un verde-amarillo (clorofila recientita).Rosa-naranja-amarillo ( ver párrafo anterior, sobre horizontes). El morado aquel que casaba con el amarillo-oro y el rojo clavel reventón.Y siguiendo así, hasta los colores de la muerte, si, si, colores plurales, no más negro, ni pergamino, eso parece que dice el personal competente.

“…Otro Mundo, dentro del mismo…” Fotografía: Luisjimenezridruejo.com/photos/

“…Otro Mundo, dentro del mismo…” Fotografía: Luisjimenezridruejo.com/photos/

Otro Mundo, dentro del mismo y ya clásico Nuevo Mundo. Mi Nuevo Mundo dentro del Nuevo, o sea el Novísimo? Vaya berrea que he cogido con los munditos, señor… la cosa es que como novísimo americano parece que me asiste derecho a pronunciamientos, mejor que sean solo de este tipo. A cambio, me puedo dedicar a homenajear a ‘mis compatriotas’, por ejemplo: Patti Smith, con la que concurro en un montón de cosas, incluida la edad, ya hemos saltado la barra de los setenta. Ella es la abuela, quizás la madrina del Punk-Rock y todavía actuando en público, cuestión de coraje como en su colorismo. Estoy leyendo su último libro: “Just Kids” (“Solo unos niños”) unas memorias selectivas de su relación con Mapplethorpe, el fotógrafo. Solo se me ocurre, y sin ánimo de ofender, que algunas personas parece que nacieron de pie y rodeadas de luminarias. No me refiero a la riqueza económica sino a las personalidades con las que se codearon en la subida al Olimpo. De robar comida en los supermercados a Premio Nacional del Libro en el año 2010, en el intermedio una vida más que llena, inmensa. Siempre alerta y corajuda en su arte. Admirable.

And the sky was all violet/ I want it again, but violent, more violent
–Patti Smith “Kimberly”

Luisma, Maypearl (Texas) 28 de Abril del 2017

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Siestas en el museo

You don’t need a band to be a rock star. Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)

You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh (Foto de Luis Jimenez-Ridruejo)



Que si echo de menos Pittsburgh? Puede que si, o puede que no; algunas veces, pocas, quizás la última casa de mis años con S. , allí en Pennsylvania. Aunque ahora, aquí, continuamos en Texas, en el rancho de Maypearl, la pradera. Nostalgia cero, ninguna, siempre mirando hacia adelante, pero lo vivido como lo escrito, escrito está. Pensándolo bien, en este momento, si echo algo de menos: el museo de Andy, que es como de la familia, un primo americano. Así que vuelvo a colgar este post en honor a su memoria.

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Mi propia visión antes de la siesta… (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenía en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recuperó del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

…Y esta después de la Warholiana siesta (Foto: Luis Jimenez-Ridruejo)

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 28 Febrero de 2017

[Originally posted September 22, 2009]

Preguntas/Questions? Contact
 

“What do you think you’re doing?”

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Que de que voy? Sí—de que vas tú con tu pintura y tu fotografía?—esa sería la traducción mejor de la pregunta ‘equivalente’ en español: “de que vas?” Por decirlo de alguna manera, son veintiocho años en estos pagos y ya me hace poca falta traducir, solo lo hago por deporte y por un pequeño perfeccionismo maniático. Normalmente, la pregunta me viene de la derecha o de la izquierda, incluso de por detrás, pero nunca de frente. De frente está siempre una de mis pinturas o de mis fotografías. La gente aquí, no se corta un pelo al preguntar, solo tu propia obra te ayuda desde la pared. Puestos a preguntar, da mucho mas ‘miedo’ que tu cuadro, crudamente, a solas y de frente, ya terminado y a punto de firma te haga esa pregunta y más.

Es usted el artista? Al cuadro, me da apuro, ni le contesto. Cierro los ojos y “me alejo reculando”—como saliendo de una milonga argentina—, hasta que doblo la primera esquina. Este pensamiento me ha hecho recordar a mi querido cantor y guitarrero, así se definía el mismo, Jorge Cafrune, largamente añorado y nunca olvidado. Hubiera sido feliz cabalgando estas praderas tejanas y teniendo hijos a mansalva. Que milongas, señor! “Pasé de largo por Tala, detenerme para qué? De poco vale un paisano sin caballo y en Montiel…” Le hice unos cuantos retratos fotográficos, a él y a Yupanqui, que los usaron para sus publicidades de entonces, y yo tan contento, eran mis primeras armas. Jamás los pinté, el retrato realista nunca se me ha dado bien, un desastre. Jorge Cafrune y Georges Brassens, dos preferencias, muchas veces sus músicas me han ayudado a ‘abstraerme’, quien sabe porqué? Pero, en cualquier caso, gracias eternas a los dos, ya cincuenta años…y gracias a la maravilla del YouTube.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Otra vez me he ido por los cerros de Maypearl (que no de Úbeda) A ver si me ‘vuelve el santo’ y me sale alguna justificación o explicación para mi pintura. Un como y dos o tres porqués… Años atrás escribí en uno de mis ‘cuadernos legales amarillos’, tan americanos ellos como los autobuses de las escuelas, dos palabras y sus definiciones y junto a ellas un párrafo de Leonardo Da Vinci, una excusa de garantía. Leonardo siempre lo es. Pareidolia y Apofenia, los dos ‘palabros’ en cuestión. “Pareidolia es un fenómeno psicológico por el cual un impulso impreciso y confuso y a veces fortuito (habitualmente una imagen o varias) es percibido como una abstracción o una forma reconocible, más o menos insinuadas. Pueden ser, por ejemplo, imágenes fotográficas seleccionadas por el ojo del “autor”. La Apofenia es la experiencia consistente en ver patrones, conexiones o ambos en sucesos aleatorios, o datos sin sentido, también en imágenes seleccionadas, fotográficas por ejemplo.

En ambas, Pareidolia y Apofenia, las imágenes pueden ser descritas como una distorsión de la realidad (nada mas ‘real’ que una fotografía) que puede acabar ofreciendo una imagen de abstracción, no ‘creada’ por el fotógrafo sino seleccionada a través de la lente ocular. Estas distorsiones de la realidad se presentan en las psicosis, pero han llegado a ser más ampliamente usadas para describir esta tendencia en individuos sanos, sin que esto implique necesariamente la presencia de enfermedades neurológicas, o mentales. Se ha sugerido y así lo patrocino con rotundidad que la Apofenia es un vínculo entre la psicosis y la creatividad. En mi fotografía la ‘supuesta’ intencionalidad de eventos naturales son propiedades emergentes inevitables. Es como la ilusión llamada Pareidolia, pero no se perciben figuras reconocibles, en imágenes, sino formas aleatorias a veces exageradas y/o necesitadas de insinuación o de ‘explicación’ descriptiva, aún cuando esto no sea obligatorio, ni recomendable.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Desde hace dos párrafos, y mientras busco imágenes fotográficas para ilustrar y ejemplificar todo lo anterior, me viene un tufillo a escritura académica que no me gusta un pelo, sobre todo porque lo estoy escribiendo yo. Con lo fácil que seria venderte mis ‘descubrimientos’ de imágenes pareidolicas en los muros interiores de Pompeya, mezclados con relatos de las aventuras de aquel viaje. Cuando se trata de Arte, es inevitable, tiene que ‘salir’ Italia y lo que yo diga tiene una credibilidad muy limitada. Empero, si lo dice Da Vinci la gente lo mira de otra manera. Leonardo escribió sobre la Pareidolia usada como motor artístico: “…si miras cualquier muro manchado con motas o con mezcla de diferentes tipos de piedra, si vas a inventar cualquier escena serás capaz de ver en ello el parecido a varios paisajes diferentes adornados con montañas, ríos, rocas, árboles, mesetas, valles y hasta varios grupos de colinas…”

Mi fotografía no es un cuento de hadas, ni tampoco un relato de ciencia-ficción, del futuro solo me interesaría (fotográficamente) el devenir de las técnicas de consecución de la imagen y los resultados. Que tiene de especulación? Quizás el hecho de mirar con el prisma de la imaginación. El pensar en universos paralelos, pura fantasía, colores y ‘formas’ arrebatadas a la posibilidad de otros mundos. Cuatro árboles, unos cuantos arbustos diferentes. Las cuatro estaciones como si fueran las cuatro paredes de una casa abierta al Rey Sol, con todas sus luces del día. Texas, el bosque, la maraña que lo esconde y lo protege. La pradera y la naturaleza plena que ayuda a encender todos esos colores, que nunca pueden ser un caos y siempre están de acuerdo, ellos y mi mente. La puerta a ese Otro Mundo que he encontrado en esta parte del Nuevo Mundo.

Luisma, Maypearl (TX) 28 de Enero del 2017

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Los americanos y el Impresionismo

Claude Monet, water lillies

Claude Monet, water lillies


Fue al final, más o menos, de la Guerra Civil Americana. Quedaba un cuarto de siglo antes de que empezara el siglo XX ; lo que a los niños actuales les puede parecer que fue hace millones de años y a mi generación, los nacidos con la bomba atómica (1945), nos parece que fuesen todavía los últimos años del XIX , a la vista de cómo iban las cosas, un siglo venidero que a muchos se les antojaba un misterio, el futuro, y un desafío—se habían visto artilugios voladores a motor—el siglo XX empezaba a bombo y platillo. El anterior había sido el siglo del ferrocarril, la maravilla que estaba convirtiendo a la nación, los Estados Unidos, definitivamente ‘unidos’ después de la guerra civil, en el país más rico de la Tierra.

En Nueva York y en Chicago, florecían fortunas grandiosas de los ricachones nordistas, los vencedores, los que siempre escriben la historia. Habían amasado estas enormes fortunas con el carbón, el petróleo, la construcción, el ferrocarril y sus ‘caminos de hierro’ y todo el acero que los países más pobres necesitaban, y…Wall Street. Millones y millones de dólares, la moneda nueva y poderosa. Aquellos millonarios de riquezas sin cuento, se les llamó: “the robber barons” (los Barones ladrones) y quisieron distinguirse del resto de la ciudadanía con la exhibición de su opulencia. Como no podían imitar, aunque alguno lo intentó, a los Incas peruanos y llenar habitaciones de lingotes de oro, quisieron recrear las ostentaciones de los monarcas europeos.

Tremendas mansiones, a imitación de los castillos y los palacios del Viejo Mundo, pero con las nuevas ideas estéticas y las nuevas invenciones al punto. En sitios como Kentucky, Missouri, Kansas, yendo hacia el lejano Oeste, las tierras del americano profundo. Grandes viviendas, en grandes predios, decoradas con lo mejor y lo más caro, incluidas obras de arte pictóricas y escultóricas de los más grandes artistas comprables, de todas las épocas y sobre todo de la actualidad más controvertida. Los periódicos y las revistas se habían encargado de publicitar todo lo que era nuevo y apetecible, la Moda había hecho acto de presencia y París era la capital del mundo. Las mansiones de los ‘barones’ americanos querían tener la suntuosidad que habían admirado en sus viajes a Europa y, claro, había que decorar aquellas enormes construcciones con muebles, artes decorativas y sobre todo pinturas de los grandes viejos maestros y los contemporáneos académicos.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Al tiempo, jóvenes de familias pudientes atravesaban el Atlántico para imitar y estudiar a los pintores europeos. Todos adscritos a las academias y sus meticulosas técnicas. Era, también, el momento en que los pintores jóvenes europeos se lanzaron a exhibir sus nuevas estéticas, al principio rechazadas, criticadas e insultadas. Reducidos al viejo Paris de Montmartre, montaron un Salón de Rechazados y evolucionaron el arte hacia la celebridad; se veían tendencias nuevas y un estilo se impuso, camino de la fama mundial. Había nacido el Impresionismo. No sin una fascinante lucha, el llamado Impresionismo fue antes que un estilo, una guerra más de las que proliferaron en el viejo continente.

Las primeras críticas fueron acerbas. Los jóvenes estudiantes americanos en Paris, tomaron nota, algunos, de su repulsión por aquella pintura. Uno de ellos escribía a sus padres: “nunca en mi vida he visto cosas tan horribles…no consideran el dibujo, ni la forma, pero te dan una ‘impresión’ de lo que ellos llaman: naturaleza…era peor que la cámara de los horrores.” Esto venía de un pintor (J. Alden Weir) que más tarde abrazó el Impresionismo y hasta llegó a tener cierta notoriedad en América. La naturaleza estaba ahí para hacer uso de ella. Los paisajes se podían encerrar en cuadros más o menos grandes. Los pintores americanos (y todos los demás) del siglo XIX tenían los ojos y las ‘entendederas’ acostumbrados a la pintura histórica, la que llenaba museos y palacios, celebrando victorias de ellos o de sus antepasados o la mitología, que siempre fue muy socorrida. El cuadro todavía no era más que un motivo de decoración y orgullo del poseedor, la celebración de sus riquezas. La valoración de la pintura como inversión llegaría un poco más tarde.

Lentamente, los cuadros impresionistas empezaron a hacerse más y más pequeños, así se mataban varios pájaros de un tiro, la reducción permitía vender pintura a gentes con casas aún grandes y con menor poder adquisitivo. La nómina de artistas pintores aumentaba rápidamente. Los marchantes de arte fueron sustituidos poco a poco por galerías de arte que habían promocionado la obra gráfica seriada de los mismos pintores. Al americano le era mucho más fácil aceptar el colorismo de la naturaleza ’impresionista’ y mucho más difícil detectar las copias de los mejores. Miles y miles de estas pinturas inundaron un mercado americano que adoptó el impresionismo como algo suyo y era lo que las siguientes generaciones veían en sus casas, sus oficinas, sus lugares públicos. El Impresionismo era, y para ellos sigue siendo: La Pintura.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Los americanos siempre defendiendo su individualidad nacionalista y en aquellos tiempos más preocupados de lo que acontecía en su propio país que de lo que pasaba en Europa. Cuando acometían la inventiva y la creatividad podían ir a paso cambiado con las novedades, pero a la hora de desarrollar la practicidad de un invento o de algo novedoso. sometían el desarrollo a su comercialización, el dominio de sus patentes y la industrialización. El chauvinismo heredado del socio francés todavía procuraba engrandecer y enaltecer la producción doméstica. Igual ocurrió con la ‘invasión’ estética. Para comprender un poco este país hay que recordar y no olvidarlo nunca que en el mercado interior USA, cualquiera objeto, producto o cosa que se venda, hay que ‘multiplicarlo’ en todos los sentidos por cincuenta (estados), de ahí los números que se producen y se amasan.

Los americanos se dividían en dos facciones, y aún siguen así: los que podían pagar grandes sumas de dinero (millones de dólares) por la gran pintura y los que solo podían pagar unos pocos cientos de dólares por copias o imitaciones del gran arte. Hoy en día, cientos, miles de dedicados pintores chinos, de oficio y gatillo fácil, se encargan de copiar o imitar cuadros impresionistas, empezados y terminados en el mismo día, baratísimos, que se venden en almacenes de muebles y objetos de decoración y en ferias especializadas, y que llegan a un desconocedor público a precios irrisorios. Raramente el deshielo de este arte congelado en el Impresionismo avanza en el supuestamente considerado arte moderno; apenas unos pocos escarceos en la no figuración, en busca de un multitudinario público joven y desconocedor, que lo más que pueden llegar a pagar es por un poster y ni siquiera por una obra gráfica.

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo

Foto: Luis Jimenez-Ridruejo


Aquellos artistas jóvenes volvían repatriados después de la aventura europea y aquí trataron de implantarlo todo, la estética, el colorismo, la vida en colonias de artistas al estilo francés. Al mismo tiempo trataban de reflejar París y su energía, la vida moderna de Nueva York hacía el efecto. Los americanos trabajaron el estilo impresionista exhaustivamente hasta los años veintes del siglo pasado (y aún siguen, algunos) y dejaron marcados indeleblemente la ‘modernidad’ americana con el Impresionismo. Y aún está entronizado en el gusto del americano medio y en el arte que cuelga en las paredes de sus casas. Cualquiera de estos, preguntado por arte, te dirá: “…el impresionismo, Monet…” y a partir de esto, ‘nada’ ha pasado en el mundo del arte. Ah! sí…Picasso, Dalí, la abstracción…’pero mire usted: yo no entiendo esa pintura, no sé lo que quiere decir—y mi hijo pequeño puede hacerla’ (cuantas veces he escuchado esta aseveración?).

En Pintura, el siglo XX y la Abstracción no existen para el americano medio, y son millones (más de trescientos). La mayoría, si les ayudas un poco con la memoria, resucitarán al bueno de Andy Warhol y al Pop Art y pare usted de contar. Los cuadros de encima del sofá, o del frente de la chimenea, son colorines y los llaman decoración, o posters. Y luego hay una minoría fundamental, unos treinta millones de gentes, más o menos, que son capaces de discernir entre Rothko, Pollock y De Koenig, por ejemplo. Ya se sabe: todo ‘multiplicado por cincuenta’. Esa es la grandeza del último imperio, de la ‘modernidad’ autoproclamada.

(Gracias a H. Barbara Weinberg por el uso de alguno de sus escritos en este post.)

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Octubre del 2016

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Jean Renoir en Chicago

Renoir en Chicago AIC foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada vez que voy a Chicago, indefectiblemente, tengo que ir al Art Institute, el museo. Al igual que la ciudad, es uno de mis museos favoritos en el mundo; y a partir de este viaje, uno de mis lugares soñados para pasar el tiempo, un verdadero jardín mental. En los últimos años el AIC ha estado de obras, creando una parte nueva: The Modern Wing. Esto, en un museo que ya, de por si, era una maravilla y ahora se ha convertido en un lugar mágico. Y me dan igual las críticas, no muy benevolentes, de algunos “especialistas”; esos que siempre tienen que “encontrar” algo para, quizás, justificar su existencia. Los mismos que nunca han creado nada, al menos nada bueno.

Renzo Piano, ha conseguido algo bueno, o mejor que bueno: único y mágico. Blanco, como un lienzo imprimado en gesso, una de las mejores maneras de colgar arte pictórico y de rodear de fondos los espacios para escultura. Blancos sujetos por suaves grises, pisos de maderas rubias y ventanas de hueco completo, enmarcando la obra de arte exterior e incluyendo esa arquitectura en la propia exhibición. Sin abusar de ella, sin ser demasiado obvio, matizando la visión con unas delicadas cortinas-pantallas que dejan admirar pero no hacen “sombra” al arte del interior. Y esta nueva ala que encara los rascacielos de downtown y el “guguengemiano” Gehry del Milenio, tiene unos bancos de asiento, a la distancia adecuada de los velados ventanales; un sitial magnifico para pasar las horas muertas, hoy en día, más bien los minutos muertos. Viendo y absorbiendo belleza.
AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Cada museo que conozco, tiene unas “piezas” que lo hacen singular y especial, para mi. Son las obras de arte que más fijan mi atención y me hacen volver a ellos, una y otra vez, como el que visita a viejos amigos. En el AIC, durante muchos años, ha habido una obra de arte de mi especial atracción. Algo extraño en mi, porque no hablamos de una pintura, ni una escultura, ni siquiera de una fotografía. Se trata de unas vidrieras, una obra de Marc Chagall. Su titulo: America Windows (Las Ventanas de América). Un trabajo fantástico y original, dominando los azules, en tres piezas (ventanas) estupendas.
Desgraciadamente, en las dos ultimas visitas, brillaban por su ausencia. Están en restauración, y una buena mujer, del servicio de vigilancia, me comunicó que volverán a la caída de la hoja, este mismo otoño. Albrícias!

Esta vez, decidí buscar “sustitutos” a mis vidrieras y los fui a encontrar en donde menos me iba a figurar: Renoir y Morisot. De vez en cuando, me gusta volver a beber en las fuentes del Impresionismo. Que gran época, para haber vivido en ella! Siempre mi indisimulado romanticismo! En un rincón, separados por el ángulo, descubrí dos nuevos atractivos para mi colección.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Era una mujer de espaldas, desnuda espalda y pelo recogido, que me hizo pensar inmediatamente en la actriz Meryl Streep. Obviamente, Berthe Morisot—la autora de la pintura—no pudo conocer, ni soñar, a la actriz americana. Pero, estoy seguro que, de haberla conocido, la hubiese pintado de esa manera: una rutilante espalda, en el acto de maquillarse para cualquier película. Una espalda de museo!
Sea esto un modesto homenaje a la primera, y única original, pintora impresionista. Infravalorada durante mas de 100 años, seguramente por ser mujer y, hoy, reputada y apreciada a la altura de cualquiera de los santones impresionistas. A los veinte años de edad, Berthe era ya, de pleno derecho, una más entre ellos. Participando, incluso, en la exposición inaugural del movimiento.

AIC Renoir en Chicago foto de Luis Jimenez-Ridruejo
Ese retrato de Renoir, hecho a su hijo Jean en su más tierna infancia, con el pelo largo como una muchacha, y cosiendo. Le hizo varias pinturas vestido de niña, una obsesión del padre. Jean, más tarde, llegó a ser uno de los más famosos directores del cine. Idolatrado en Francia, su película “El Río” es una de mis diez mejores obras del cine de siempre. El asunto de esta pintura me recuerda los problemas de algunos amigos con sus hijos, justamente por lo contrario. Los chicos dejándose el pelo larguísimo y los padres intentando cortárselo. Viviendo en Paris, a mis veinte años, mi padre intentó, y consiguió, “comprarme” el corte de un pelo que ya me llegaba a los hombros. La vida en Paris siempre fue cara!

Otro día sacaré a colación algo más sobre el AIC,—Que gran museo! Hoy, solo evocar que,—Por fin! El “Ala Moderna” ya se puede ver, es fruta madura, y la “cáscara” y la “pulpa” merecen el viaje y la visita. Grande, Renzo Piano! Magnífico!

Luisma, Maypearl (TX) 29 de Septiembre del 2016

[Originally posted April 2010]

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