“Se non è vero è ben trovato”

Relatividad, de M.C. Escher (1953)

Algunas noches, al amparo de la obscuridad solo perturbada por las puntuales y necesarias luces LED, me regodeo acompañado de música clásica y escribo, es un decir, en mis circunvoluciones. Eso antes de levantarme apresuradamente del sofá, para encender una luz de lámpara, con su “bombilla” futurible de rabo de cerdo, y escribir a mano. Al parecer, pronto todas las bombillas van a ser así, dando una luz “industrial” que no me gusta un pelo. Lo de apresuradamente es porque, en caso contrario, se me va el santo al cielo y me olvido hasta de cómo me llamo.

Digo que escribo mentalmente, exprimiendo el baúl de los recuerdos y acordándome contínuamente de aquella definición que alguien hizo de la cultura: “es aquello de lo que nos acordamos después de olvidar lo que habíamos estudiado”. Cultura o no cultura, recuerdos tengo muchos aunque solo me llegan cuando les da la gana. Y aquí entra la inevitable inventiva o capacidad de generar, y pastorear, esos recuerdos, que ni siquiera estoy seguro de que sean ciertos y veraces. Cosas tantas veces pensadas y hasta relatadas que el cerebro de uno, de puro usado quiero suponer, las ha adoptado y regenerado como si fueran verdades del barquero.

Historias estas, las dudosas o inventadas, o ya imposibles de reconocer como ciertas, que naturalmente suelen ser las más apreciadas por los interlocutores, o los lectores. Ya, hasta estoy convencido de haber tenido aventuras jugosas o fantásticas, en múltiples escaleras y otros tantos países de los que estoy más que seguro no haber puesto nunca el pie. Se non è vero è ben trovato. Así es como se justifican las ocurrencias de mi estro y el de otros. Me resisto a pensar que eso solo me pase a mi.

Y si esto me ocurre, y a miles de otros a lo largo de la historia, imagino, o mejor no quiero ni imaginar, cuantos inciertos bien hallados recuerdos pueblan los textos de las religiones y, por supuesto, de la política. Justificación requieren los hechos y las filosofías y algunas personas hemos nacido, por suerte o por desgracia, con el don, o la dudosa“virtud”, de la justificación pronta, o fácil, y generalmente bien hallada. Al menos, otra justificación más, mis “non vero trovatos” son inocentes y que yo sepa no provocan mas allá de mis desastres personales.

Y en estas estoy esta noche,haciendo aliteraciones y esperando que baje la musa de la inspiración y los recuerdos, que por cierto no puedo recordar cual es, o si nunca existió. Inocente de mi, estoy barajando hojas en blanco, con el síndrome de la página del mismo color, esperando que me llegue algo, por fútil que sea, sobre lo cual poder escribir una pieza, más o menos lucida, para satisfacción propia y posible ludibrio de otros. Y pensar que podría estar cómodamente echado en la cama y leyendo mi actual libro de cabecera: Drácula de Bram Stoker, otra vez, pero esta vez en inglés, claro.

Y me fuí a la cama. Pasé del vampiro, solo hasta mañana porque es literatura, y de la buena! A obscuras para no despertar a S., sigo dándole vueltas al asunto de recordar los recuerdos. Lo dicho, la aspiración de siempre: “Se non è vero è ben trovato”. Y esto es algo en lo que nadie te puede ayudar y, a lo mejor, ni puñetera falta que hace.

Luisma, 12 de Mayo de 2012

El Tío de las Gafas Verdes


Fachada principal del Museo de Arte de Cleveland.—Quieren que sepas que está abierto—

Para celebrar un cumpleaños, lo óptimo es visitar un museo de arte y si es la primera vez que lo ves, mucho mejor. Es una de mis manías, otra es trabar “conocimiento” con alguna de las obras exhibidas y “adoptarlas” como amigas y, por lo tanto, visitarlas siempre que la ocasión se tercie. Esto fue lo que hice unos días atrás visitando el Museo de Arte de Cleveland, en Ohio.

Un museo grande, aunque no grandioso; es uno más de esos típicos museos de las ciudades americanas de cierta importancia, con sus colecciones pequeñas, escasas de obra y limitadas de interés, salvo casos excepcionales. No todo el mundo puede tener el lujo de una colección con la enormidad y la magnificencia del Museo del Prado. Estamos muy mal acostumbrados, nosotros, los españoles. En América y en muchos casos, colecciones privadas abiertas al público son mejores y más completas que las de los museos “oficiales”, patrocinados solo en parte por dinero estatal.

El Museo de Arte de Cleveland dispone de un edificio insignia, “clásico”(1916), con su frontón, sus columnas y su estanque a la entrada, incluso con gansos para no ser menos que el Capitolio Romano. Fastuoso exterior para una colección mediana. Se le han venido añadiendo edificios que rodean el palacio primero, más o menos acertadamente. Si bien, el más destacable edificio del campus no pertece al museo, está solo a un tiro de piedra de esta fastuosidad y emerge por encima de todos, con su aspecto de casco romano. Es el “Peter B. Lewis” de Frank Gehry, la Escuela de Negocios y Dirección de Empresa de la Universidad. A esta maravilla fotogénica hay que echarle de comer aparte, tanto como al Guggemheim de Bilbao.

Después de caminar desde el aparcamiento, con la solanera que pegaba de plano en las cabezas, agradecimos entrar en el museo clásico, el de arte, con sus espesos muros y su aire acondicionado. Su colección permanente, como digo, no es muy extensa, ni tampoco muy selecta, aunque tiene algunas piezas interesantes de pintura y escultura. El resto, incluido un pequeño repertorio de armaduras y armatostes medievales, que parecen desplazadas en un museo americano, son cosas de no mucho valor y poca sensación.

Demasiadas copias, o simples atribuciones. Vemos un Picasso “azul”, no de lo mejor. Un Turner ardiendo en llamas, demasiado fuego. Un Monet enorme, de tamaño, canto a la admiración del americano medio por el Impresionismo. Para ellos la pintura empieza, y termina, en este movimiento. Un lamentable “Cupido y Psyche” de David, compensado por un “Aviador” de Fernand Leger, magnífico. Un Matisse poco lucido y la conciencia de la nula o poca presencia de la mejor pintura americana. Y así sala tras sala.

Al salir de la sala Rodin, una jaula de cristal, todavía deslumbrado por la luz natural y los volùmenes rodinianos; estaba tratando de acomodar mis ojos a la intensidad de la luz artificial, cuando reparé en un retrato solitario y sorprendente, no por su calidad ( muy del montón) sino por el aspecto vampírico del retratado, y más que nada por las extrañas gafas con cristales verdes y diseño “avanzado”, incluso para los tiempos que corren. Había unas cuantas personas frente al cuadro, al parecer no era yo el único interesado en el tipo y sus alucinantes gafas.


Retrato de Nathaniel Olds por Jepta Wade (1837)

El personaje en cuestión fue: Nathaniel Olds (1837, la fecha del cuadro), uno de aquellos “robber barons” (vampiros de la riqueza), no tan importante como Carnegie, que contribuyeron a la “creación” de la economía de este pais. El pintor fue Jepta Wade, un desconocido del que descubrí una mayor aportación: fundador de la Western Union Telegraph Co. (!?) Evidentemente en aquel momento de esta nación, con todo por hacer, hasta el más tonto hacía relojes o trataba de hacerse rico con tantas oportunidades.

El retrato de Mr. Olds tiene esas gafas verdes y “supermodernas”. Unas gafas especiales, diseñadas para proteger los ojos de la brillantez e intensidad de la luz de las lámparas de Argand. Estas usaban como combustible el aceite de ballena (!), muy caro y que pronto cayó en desuso en favor del keroseno, mucho más barato. A quién se le ocurre hacerse el retrato con las dichosas gafas!? De cualquier manera, ya tengo un nuevo “amigo” al que visitar en un nuevo museo: El Tío de las Gafas Verdes, en Cleveland. No son las “Señoritas de Avignon”, pero el tío tiene un punto.

Luisma, 25 de Abril del 2012

Los Borregos y la Cabra

En llegando las fechas de mi cumpleaños, un poquito antes de los Idus de Marzo, y coincidiendo con los fastos del día de San Patricio, patrón de los irlandeses y de los borrachos, S. y yo procedemos siempre al mismo ritual, tradicion familiar se le podría llamar: escapar de los tontos del haba vestidos de verde Erin y generalmente atiborrados de alcohol hasta las cejas. Para ello escogemos un lugar pintoresco a ser posible, o próximo a algún museo de arte, y que tenga cerca uno de esos excelentes hoteles medios de las afueras de cualquier ciudad americana. Poco ruido y buen desayuno. Una buena manera de huir de las masas de borrachos “patricios” que invaden nuestro South Side de Pittsburgh.

Es el fin de semana de St.Patrick’s Day, celebración de la herencia irlandesa de muchos americanos. E.E.U.U. tiene “por cima de”(salmantinismo) 300 millones de habitantes, de los cuales más de 36 millones tienen ascendencia irlandesa, casi un 12% y diez veces más que la población de la propia Irlanda. A esta herencia se apuntan una buena parte del resto de este país, una vez al año. El alcohol puede con todo, hasta con la genética. Negros de herencia africana, asiáticos y un largo etcétera de toda clase de etnias animadas por el festejeo y el bebercio. Unidos por un solo motivo: bebérselo todo.

Ahi los tienes a todos en masas borreguiles, vestidos y tocados de verde, apacentados por la policía, felices y en “procesión”, gritando vivas al santo y a una Irlanda que muchos de ellos ni saben donde está. Ni puñetera falta que les hace. Este país es muy grande y hay gente para todo. Por cierto, la mayor nacionalidad representada en las cifras americanas es la germánica. Quien lo diría! 50 millones y el 17% de la poblacion. Y también ellos se adhieren al dia y al color de marras y, por supuesto, a lo del beber. Alto octanaje.

Esta vez nos fuimos huyendo a Cleveland (Ohio), o mejor dicho a sus alrededores: Chagrin Falls. Territorio extenso y a orillas de uno de los grandes lagos, el Eire; el cual por mucho que no lo parezca es un lago, siempre da una sensación marítima y, a veces, incluso oceánica. En esta ocasión nos recibió con niebla y polución industrial, si mirabas hacia un lado una cosa y si al otro lado, la otra, uno no sabe a que carta quedarse con los Grandes Lagos. Chagrin Falls es un sitio muy original. Tiene unas cataratas en miniatura y en el medio del pueblo, urbanas , si se pueden llamar asi. Tal como como si fuera una calle de agua tumultuosa, algo inesperado en este tipo de terreno. Albrícias! El ruido de las dos cataratas tapaba al de los coches. Perfecto mundo.

Uno no puede dejar de pensar, al visitar estas tierras, en los pioneros que las colonizaron, tampoco hace tanto. En la maravilla de territorios alrededor de estos lagos inconmensurables. Belleza de bosques con tanta variedad de vegetación y accidentes naturales, valles sin cuento, rios de todos los tamaños, cascadas, lagunas, estanques, marismas, dunas, cientos de amenidades de la naturaleza. Y todo ello casi virgen, o bien cuidado, pues no ha habido aquí los miles de guerras destroza-terrenos durante los miles de años, como en la vieja Europa. Seguimos llamando a esto: El Nuevo Mundo.

Entre estos pioneros que por aquí camparon estaba Monsieur Francois Seguin, un francés que comerciaba con los indios. Debió ser un poco poeta porque le puso Chagrin a las cataratas y al pueblo que allí se formó; Cataratas de la Tristeza, o de la Saudade, a buen seguro echaría de menos Francia, supongo. Seguin, este nombre tuvo la virtud de hacerme recordar mientras me hipnotizaba con los vapores ruidosos, sentado en las bancadas de la aceña. Mi infancia afrancesada, las “Cartas de mi Molino” de Alphonse Daudet, “La cabra de Mesié Seguin” (!) Un clásico de la literatura. Quien sabe si Daudet no se inspiró en este comerciante y la cabra Blanquette viviera entre los roquedales de estas cataratas con aquel Mesié Seguin de un siglo antes?

Todo esto me hizo olvidar de la multitud de borrachos, vestidos del dichoso verde, marchando por las calles con la cara de estupidez que confiere un nivel alto de alcoholemia. Al fin y al cabo, esto era de lo que se trataba, recordar para olvidar. Un delicioso deporte en este fin de semana. Que por mí no quede: Viva San Patricio!

Luisma, 4 de Abril del 2012 (Dia de Sol)

Capsula de tiempo

“El ojo del amo engorda al caballo”

Cada mañana, previo calentarlo un rato, agarro mi coche americano y me hago veinte minutos de rodadura desde mi casa hasta el sitio donde trabajo. Es un automóvil amplio, un Mercury, modelo “Gran Marqués”(!?). Siempre tuve afición a los coches grandes americanos, lo que llamábamos entonces, en mi infancia: un “haiga”. Nunca he sabido de donde proviene ese apelativo, sinónimo para nosotros de coche bueno y lujoso. Es un auto cómodo, espacioso, grandón, y a pesar de ello de fácil manejo. Conducirlo es un placer por muchas razones, entre las cuales incluyo las de tipo sentimental.

El Mercury es una habitación rodante con un buen equipo estéreo y una correcta audición musical. Eso quiere decir que aprovecho mis cuarenta minutos diarios, a veces más, para escuchar música clásica mientras conduzco; sin grandes volúmenes de sonido pues no sería muy seguro tapar los ruidos exteriores. Raramente uso otra emisora que no sea la pública NPR, con su constante programación de música sinfónica. Reducto de clásicos liberales (!?), a pesar de estar medio pagada por el Estado, esta radio te inyecta placer y deleite en vena, es mejor que otras drogas y es “gratis et amore”.

Juzgad, si no, por el programa de esta mañana a las ocho y media: “Sinfonía Española” de Lalô, y la nunca bien ponderada “Oración del Torero” de Turina. A los sones de esta última me despertaba mi compañero de pensión estudiantil, en el Madrid de los primeros setentas, el violinista gallego Nicanor Muiños, y eso durante cuatro años seguidos! Cada día! Para “hacer dedos” él, y para calentar neuronas musicales, yo. Esta mañana al oírla dentro del coche, en América y tantos años después, me sobresaltó la alegría del recuerdo y la “canté” nota por nota. Quien sabe donde andará el ínclito Muiños, músico de profesión y de vocación. No le he vuelto a ver desde aquellos despertares y la única vez que volví a oír su nombre alguien me dijo que ese apellido le sonaba como concertino en una orquesta alemana. Quién sabe?

Habitación rodante, cápsula espacial, reducto personal; refugio al estilo del submarino del Capitán Nemo, el Nautilus, un lugar donde yo también soy el único que manda. Estoy volviendo a leer a Julio Verne, su “Isla Misteriosa”, en francés, recuperando el idioma como cada cierto tiempo. Que gran escritor! Meterme en ese reducto es la única tarea obligada que hago con gusto porque sé que durante este tiempo no hay otra posibilidad más que conducirlo, prestar atención a ello y escuchar música. Placer por partida doble. En mi caso, como máximo, gritar invectivas a otros conductores, inaudibles desde mi ámbito cerrado y estanco. Los americanos son conductores poco ágiles y siempre pienso lo mal que lo pasarían manejándose en las calles de Roma, o de Madrid por un acaso.

La entente entre el americano y su coche es muy especial, es ritual y forma parte del curso de su vida. A diferencia del europeo, quizá el francés provinciano sea la única excepción, mantiene una relación estrecha con su vehículo, rayana en lo religioso. En su propio garaje, lo cuidan, lo lavan, lo arreglan personalmente, salvo grandes averías o golpes demasiado graves. Hablan de sus coches a veces más que de sus parejas. Es el substituto del antiguo caballo, símbolo de libertad. Al americano puedes quitarle cualquier cosa, incluso su dinero, pero nunca su coche, o su pistola, eso es sagrado y matarían por cualquiera de los dos.

Amor, coche e internet. Con la gran afición de los americanos por los números y las encuestas, vamos a mirar y pormenorizar algunas cifras: el 48% admiten que el coche es el lugar mas excitante para hacer el amor, en segundo lugar con 33% aparece la cama! A día de hoy, hay 500 millones de autos rodando por las carreteras y caminos del mundo entero, 40% de estos vehículos (mas de 200 millones de ellos) ruedan por las carreteras de Estados Unidos! De todas maneras, algo está cambiando, y rápido: 46% de los chicos entre 18 y 24 años de edad escogen tener acaso a internet, aunque no tengan coche propio. Ya ni moverse quieren, solo estar pegados al Smart Phone o a la tableta. En cualquier caso el amor por el coche volverá, no veo ningún futuro de longevidad al Facebook o al Twitter.

Tengo tanta pasión como cualquier americano arquetípico por mi coche y por ese espacio vital que diariamente me concede. Cápsula de tiempo. Tampoco pretendo hacer del Mercury una Verniana solución final, a lo Capital Nemo; mi coche no me llevará a ese viaje a ninguna parte, no me hace falta, no creo en vida después de la vida. El único ritual que me interesa es que me lleve y me traiga al tajo, y que durante este interludio me permita escuchar música. Un tiempo de reconquista personal fuera de las lides diarias, un momento importante de cada día.

Luisma, 15 de marzo de 2012

Aquellos americanos

Zane Grey, en Australia, “encantado de haberse conocido”

Eran los americanos que yo tenía idealizados cuando era pequeño. Aquellos tipos que se nutrían de rubiedad, pelo a cepillo, guapura, riqueza seguramente, cinematografía y celebridad. Eran famosos de verdad, por algo y no por tonterías insustanciales. Actores o no, que poblaban las revistas, las películas y los noticiarios. Gente apuesta y saludable; las mujeres quizás un poco serializadas por la imitación y el dictado de la moda. Los niños eran rubios y pecosos (los negros brillaban por su ausencia) con aspecto de estar limpios, mentalmente sanos y cuidados. Años después y ya en este pais, conocí a los que dí en llamar: “los otros americanos”, los americanos “del montón”, los “feos”, o si se quiere los menos favorecidos por la fortuna, o por la naturaleza. Pero de estos os hablaré otro día.

Aquellos americanos de mi niñez, de mi juventud y mis muchas películas de entonces, eran los que vestían mi noción antes de llegar a este país. Voy a escoger a uno, uno solo de ellos, para ilustrar aquella idea, falsa a todas luces o al menos parcialmente falsa. Ahora lo sé, era mi propia manera de verlo, a la que cada cual tiene derecho. Nos lo acabaran por quitar nuestros actuales políticos al uso, como tantas otras cosas?
Aquel “ejemplo” americano era Zane Grey, escritor ni bueno ni malo, sino todo lo contrario, del cual nunca supe nada personal antes de llegar a este continente, aunque me leyera toda su obra ávidamente. Nunca supe porqué, quizá porque fuera el escritor de cabecera de mi padre o quizá porque a esa edad es cuando uno se vuelve descaradamente sentimental.

Zane Grey (1872-1939) nació en Zanesville (Ohio), a no muchos kilómetros de Pittsburgh. Su nombre de pila, que más tarde abandonó, era Pearl (perla) y se dice que su madre, sofisticada ella, le puso Pearl Zane Gray (gris perla) en honor del color favorito de la mítica inglesa Reina Victoria. Era un niño pequeño y peleón, irascible y antisocial que adoraba pescar y escribir. Hijo de dentista, estudió para ello aunque en realidad lo que le gustaba era escribir novelas de aventuras, y más que nada jugar al béisbol; lo cual hizo por algún tiempo de su vida, dejando en suspenso su carrera literaria. Estudió en la universidad de Penn State con una beca de béisbol y acabó por ser dentista aunque con flojas notas. Solo jugó en algunos equipos de segunda división (ligas menores) y enseguida empezó su práctica dental en Nueva York, según él para estar más cerca de los editores literarios.

Como todos los americanos de aquel tiempo se creía un ser especial y único, lo que le permitía, con la dudosa aquiescencia de su mujer, pescar, escribir, y tener varias amantes. Mientras tanto ella le manejaba su carrera literaria. Se cambió a vivir a California donde empezó a producir best-sellers. No podía escribir cada día pero luego tenía períodos en los que decía escribir 100.000 palabras al mes. Muchas de sus novelas se convirtieron en películas de cierto éxito. Su más famosa novela, Riders of the Purple Sage, tuvo el dudoso honor de ser rechazada por Hitchcock, aunque luego la produjo él mismo.

A pesar de contar con unos críticos beligerantes, que siempre le negaron el pan y la sal, se convirtió en el primer escritor de la era moderna cuyo éxito se cifraba en millones. Fue capaz de conectar no solo con sus lectores americanos sino también con extensos sectores a lo largo y ancho de globo. Su pasión por los viajes y la pesca le llevó a dedicarse a ello casi todos los días de su vida y uno se pregunta: cuando escribía? Cincuenta de sus novelas se convirtieron en más de cien películas. Por citar solo un ejemplo: Western Union dirigida por Fritz Lang. Fue el creador del Llanero Solitario y decenas de actores luego famosos hicieron sus primeras armas en sus películas.

Erle Stanley Gardner el novelista y autor de la series Perry Mason dijo de él: “Grey tiene la habilidad de atar los personajes a la tierra y esta a la historia…es el único que puede pintar la acción no solo convincente sino inevitable…de alguna manera uno tiene la impresión de que la grandeza del país produce la grandeza del personaje.” Grandeza o no, millones, fama, escritos y películas, Zane Grey es hoy un autor olvidado del “gran público” y vagamente recordado en los círculos literarios. Como tantos otros. Eso sí, a mi me sirve como ejemplo de aquellos americanos, la idea que yo tenía de ellos, antes de conocer la realidad de este país.


Clip de Al Oeste del Pecos (1945) con Robert Mitchum.

Luisma, Pittsburgh 14 de Febrero del 2012

Mundos Paralelos

close-up photo through a sculpture made of fresnel lenses

Estas podrían ser mis burbujas: detalle de The Shape of Space, por Alyson Shotz, Museo Guggenheim Nueva York

Sociedades paralelas. El crisol de culturas diferentes. Burbujas que se reflejan unas en otras y que solo se mezclan de una forma superficial. Con su bandera de barras y estrellas, iguales y diversos al mismo tiempo. Símil perfecto de lo que es esta sociedad: yo te doy mis barras, tu me das tus estrellas. Precisamente eso, una sociedad de negocios. El negocio americano, que ya va durando mucho, al menos en la forma en que lo soñaron ellos, a principios de aquel siglo XIX. Negocio, el de este país, que todavía colea y coleará por mucho tiempo. Desconfiad de los zarpazos de la fiera herida.

Una nación de gentes que trabajaron como burros y, cuando se dieron cuenta de ello, se prometieron a si mismos no volver a trabajar nunca más, haciendo que trabajaran otros. Y, claro, a esos otros hay que pagarlos, o bien una vez, o mal muchas veces. El resultado es también muy claro: nadie gana dinero con el trabajo asalariado, gastan la soldada que reciben. Los otros tienen que gastar su capital, el que ya tenían y que termina por acabarse y con ello su crédito como nación. La deuda galopa como uno cualquiera de los cuatro jinetes. Mal, mal final se avecina.

Y si no, que se lo pregunten a la historia de España. Como acabó nuestro imperio después de Felipe II? Igualito, las cosas no han cambiado tanto. A Felipe le llamaron demonio, el de mediodía, y otro tanto le ocurrió al presidente Bush, hijo. A este se lo llamaron las gentes religiosas o afectas a ello; aunque también lo hacían algunos agnósticos y, eso ya…hay que tener “tachines”, como se decía vulgarmente en mi pueblo. Al “pobre” Obama le puede caer la misma invectiva, a poco que se lo proponga e inicie otra de esas “guerras americanas” a las que ya nos estamos acostumbrando, increíble y desgraciadamente.

América. Millones de burbujas humanas que flotan en un paisaje producido por ellas mismas. Se miran superficialmente por la transparencia, pero difícilmente se conectan entre si. Es una de las cosas malas, y buenas al mismo tiempo, de este país. Desconexión tremenda, casi total, entre todas esas burbujas, que al mismo tiempo produce un efecto singular de reacción en cadena. No hay el que dirán, no hay influencia social, hay la gran posibilidad de pasar de todo y de todos, sin consecuencias; de quitarte de encima fácilmente a los molestos, los pesados, y a los innumerables idiotas, en carambolas increíbles. Soplar pompas y circunstancias.

Como siempre digo a los oídos receptivos: esta nación tiene muchas, muchísimas cosas buenas, modélicas…e infelizmente un montón de cosas nefandas. Por desgracia, en lo único en que se fijan, el resto de naciones, es en esas malas artes. Hay ejemplos obvios de todos los colores. Por no sé que suerte o azar, son estas las que todo el mundo imita y como toda imitación es casi siempre para empeorar lo imitado. Lástima que las grandes modernizaciones aportadas por este país tengan que tener un final. Los poderes de la sociedad americana se desvanecen en su propia impotencia.

La nación mas “poderosa” del mundo no puede permitirse el lujo, y el baldón, de tener su nivel educativo en veinteava posición del concierto mundial. Así se precipita el final de un imperio. Y perdóneseme la utilización de este dicho castellano: “A cada cerdo le llega su San Martín” y este país, si no le salen nuevas alas para remontar, se va a desangrar cada día a mayor velocidad. Ando yo calculando si voy a ser capaz de ver ese final, o voy a “desfilar” al mismo tiempo. No es que me ocupe mucho este dudar, es que no me gustaría tener que asistir al espectáculo de la caída y hundimiento de todos estos puentes, que es lo primero que va a caer.

Ojala y me equivoque de medio a medio y, en vez de desbarajuste, haya un despegue económico y social que haga remontar esta nación sobre lo que ya empieza a oler a quema y a cenizas. Algo así como un transformer monstruosamente positivo. —Oh! Americanos— les he cogido cariño y, a veces hasta lo sueño…Un transformer que parezca un Ave Fénix, aunque sea con sombrero Stetson y pistolas.

Luisma, 6 de Enero del 2012

446 puentes

overhead photo of pittsburgh downtown and bridges

Pittsburgh, “las tres hermanas” y muchos otros puentes.

Los puentes son una especial fijación a lo largo de mi vida, quizás porque vengo de una ciudad, Salamanca, en España, que tiene puente romano. Esas viejas piedras tan denostadas y tan queridas que ya solo soportan tráfico humano y animal. Todo eran animales antes de los automóviles. El puente, o la puente, así en femenino también se le decía, mantiene en pie toda su belleza intemporal. A su alrededor transcurrió mucho de lo que fue mi vida primera, sueños y sucesos que devinieron en mi afición a la aventura; esa realidad que acabó llevándome a otros puentes lejos de él.

Ahora, sesenta años después, vivo en una ciudad de puentes y ellos materializan en gran manera su ritmo y su vida. Tres ríos convergen en su centro. A la hora de pensar en una ciudad así, siempre se piensa en Venecia—bien—Pittsburgh tiene tres puentes más que la italiana, 446 exactamente (!), entre los cuales no se si cuenta uno especial: un puente, recuerdo del veneciano de los Suspiros y que al igual que este une la antigua prisión del condado y el “palacio” de los juzgados. Dos construcciones de “época” siglo XIX, perpetradas por un tal Richardson. En vez de agua pasan por debajo ríos de coches. Una americanada de tamaño natural.

photo of the bridge of sighs, Pittsburgh.El “Suspiros” del centro de Pittsburgh, un sitio singular.

Hoy algo peculiar en el concepto de puente o en el propio hecho de ser punto de unión entre dos territorios; y durante su entidad no pertenecer a uno ni a otro. Ser por si mismo, algo que lo hace atractivo y al mismo tiempo temeroso, misterioso, aunque claro y concreto. Raramente he cruzado un puente sin volver la vista atrás durante el recorrido. Siempre la idea de lo desconocido, unida a la ansiedad de notar lo que ha quedado atrás. Aunque la imaginación siempre está ahí, jugando con nosotros y a veces manipulándonos.

Se pueden imaginar mil asuntos alrededor de un puente y así ha sido en historia, literatura e imagen. Tantas películas girando, protagonizadas por ellos o simplemente siendo presencia física y estética. Puentes a los que había que llegar, o cruzar, admirar, ponderar, construir o derribar. Puentes no de tres si no de mil formas o estilos. Puentes sobre corrientes de agua, lagos, mares, islas, valles, carreteras y…gentes.

Me doy cuenta de que cada puente inscrito en mi imaginación esta unido al recuerdo de alguna persona especial, única, alguien que a tocado mi vida diferente a los otros. El puente romano de Salamanca, recuerdo de una fotografía contínua, de la persona que me enseñó a ver. El puente de Alma, en el Sena parisino, donde quedó anclada mi juventud. El viaducto de Madrid, puente para mirar de abajo arriba o de atrás adelante; imágenes que ya se vuelven nebulosas…años después de aquellos puentes salté el océano al encuentro de otros.

Han pasado tiempos pero todavía aparecen en mis sueños americanos: el Causeway del lago Pontchartrain, Nueva Orleans, el puente mas largo del mundo, casi cuarenta kilómetros a ras del agua, lo que produce la sensación de ir en coche bajo el nivel del lago. Algo así debió de ser, si fue, la sensación de los judíos al paso del Mar Rojo. En aquel tiempo yo también estuve quizá por debajo de mi nivel. El puente colgante de Wheeling (West Virginia) siempre en la noche, sobre la negrura de las aguas del Ohio. Nunca pensé que iba a seguir el curso de ese rio hasta Pittsburgh.

Tantos años viviendo en esta ciudad no me hacen olvidar otros puentes y los rostros de otras gentes, aquellos neoyorkinos escapando de Manhattan por el puente de Brooklyn, el día que se me fueron las Torres. Siempre será el puente y la puerta de América; el Golden Gate de San Francisco, puente de ciencia ficción, ella no dejo rastro ninguno en mi memoria. Serán antes otros, los tres puentes hermanos (en inglés, las tres hermanas), amarillos puentes de Pittsburgh. El Roberto Clemente (beisbol), el Andy Warhol (pintura), y el Rachel Carson (medio ambiente). Mi puente de Birmingham, South Side, el puente para llegar hasta ella…la vida es cruzar puentes contínuamente y eso aquí es cosa de todos los días. Otra jornada te hablaré de otros pasos y otros cruces.

Luisma, el 12 de Diciembre de 2011

Buero en el baño (parte II y final)

Black and white photo of CLark Gable

William Clark Gable (1901-1960)

Ni Velázquez, ni “Las Meninas”, ni la temperatura del agua. Nada de todo esto me importaba hoy en el baño. La atención se me quedó prendida en la solapa del librito, en la fotografía del autor. Una de esas imágenes típicas de los años 50 del siglo pasado, en blanco y negro, semiposada al estilo periodístico de entonces. Allí estaba el escritor, la mirada inteligente aunque algo triste, como cansado de escribir… y aquel bigotillo a lo Clark Gable, con el pelo engominado y brillante que tantos hombres de aquel tiempo gustaban de cuidar y exhibir. Era la imagen de Buero Vallejo y también la de mi padre. Y dí en pensar.

Con aquel estilo físico se unían dos tipos muy diferentes, la izquierda y la derecha. Buero, la izquierda. Mi padre, la derecha. Hoy sería harto difícil hacer una distinción entre ambos tipos de personaje. Entre otras cosas porque actualmente ya casi no hay gente de izquierdas, y si se me apura, ni de derechas. Solo ultra-derecha y el resto todos juntos, o en filas. Juntos y revueltos en un centro desdibujado e impersonal, que algunos llaman “indignados”. Cual sería el retrato físico del indignado?

photo of a man wearing  a t-shirt showing Che Guevara wearing a Che Guevara t-shirt
Hablando de físicos y ropajes políticos: está por ver el “uniforme” del supuesto centrista actual, la gran masa; y ando mirando y rebuscando en las fotografías y videos de los 15-M, a ver si detecto el estilo de la indignación. Como es cosa sabida que imitamos todo lo de aquí, también hago pesquisiciones en las imágenes de Wall Street, el movimiento Occupy. Tarde o temprano, los que aprovechan estas situaciones para hacer dinero, nos venderán el look de “indignados” que, naturalmente, tendrá el tufillo americano (para variar). Y, por supuesto unas etiquetas Made in China. Algún listo mirará hacia atrás y nos descubrirá algo “nuevo”. A mí solo me produce tristeza, una vez más.

A lo mejor hasta retorna el bigotillo Clark Gable y el pelo rechinando brillos. Y si la imagen de Buero Vallejo, o de mi padre y tantos otros, se vuelve a poner de moda…Pero, calla! Yo he visto esta pinta antes? Quizás esta mañana en el espejo de mi baño con el bigotillo cambiado por mi impenitente barbita de chivo…que todo cambie para que nada se mueva. Siempre un poco más de lo mismo. A ver si va a resultar que soy un “indignado”! Uno más de ese 99 por ciento.

Luisma, 5 de Noviembre del 2011

Buero en el baño (parte I)

photo pf luisma with sculpture of a menina

[Lista para salir al escenario]

Soy un lector inveterado y empedernido. Leo mucho, sobre todo de noche, en vez de dormir, ya habrá tiempo de dormir “después”. Mis ojos, hinchados y atomatados, van diciendo ya que leo demasiado. Hay montoncitos, o pilas, de libros por todas partes; a más del chorro de letras que sale por la pantalla de ordenador, la otra librería. Un rato clásico de mi día es en la bañera. Tengo la manía de leer sumergido en un baño de agua caliente, baño de asiento que se decía, con espuma y una bebida no alcohólica; siempre la ínclita Coca-Cola y, a veces, en los últimos tiempos, ginger ale, mi americanización es solo en pequeños detalles.

En esa media hora, o tres cuartos de hora, leo “a esgalla”, lo que encuentro a mano en los estantes, o en los libros regados por los más impensables lugares de la casa. En una ocasión apareció un libro en el frigorífico, como llegaría allí? En ese rato leo de todo: artículos, cuentos cortos, lecciones magistrales, extractos de conferencias, piezas cobradas a bocajarro, en ocasiones algún capítulo especial de alguna novela, actual o pasada. Raramente obras de teatro, las cuales no leo usualmente; pues salvo los más acendrados clásicos españoles y algún Shakespeare, más que nada por tratar de entender el inglés de aquellos tiempos, apenas leo teatro.

Nunca fue santo de mi devoción y nunca he colegido porqué. El teatro me gusta, leerlo no tanto. Hoy, pillé un librito con dos obras de teatro de Antonio Buero Vallejo: “Las Meninas” e “Historia de una Escalera”, juntas pero no revueltas, que se dice en mi pueblo. El gran Buero, quizá el mejor autor teatral del siglo XX español. Mi punto de interés, cuando me hice con el libro, era: “Las Meninas”, una magnífica pieza usando el cuadro como referente. Es mi gran obsesión todo lo relacionado con esa pintura, y por ende con Velázquez.

Dificilmente se puede estar más de acuerdo con algo escrito por otra persona que lo mío con esta obra de Buero. El retrato en ella, fuera como fuera la realidad del pintor me parece digno de que así hubiera sido. Algo que ya nunca podremos saber. Buero entiende, perfectamente, lo que era y es un artista. Eso no cambia mucho con los siglos. No hay mucho más que saber del pintor que lo que el escritor “pinta” en esta obra teatral. Velázquez, el más grande, o uno de los que más; batalla contínuamente con la técnica por más que crea dominarla, y lucha consigo mismo y sus circunstancias.

Buero en el baño, con Velázquez y unas cuantas Meninas…un programa singular para un rato de lectura pasada por agua. Cualquier cosa menos revistas y periódicos; y todavía no se ha inventado el ordenador anfibio, aunque todo pasa y todo llega.

(continuará)

Luisma, 4 de Noviembre del 2011

Otoño

color photo of autumn trees above a calm lake

Otoño en Pennsylvania, mi tiempo favorito del año. Lejos de las llanuras del sur y del oeste que tambien me gustan, aunque de otra forma. Estos bosques de media montaña, que vieron la vida y los avatares de la colonización, son de lo mas bello que se puede encontrar en nuestro mundo. Estos paisajes eran en los que se movían aquellos indios y aquellos cazadores, tramperos y buscavidas que atravesaron el Atlántico en busca de una vida mejor, algunos simplemente en busca de una vida. Eran los protagonistas de aquellas novelas que nos emocionaban de niños.

Hoy, todavía es refugio de especies y lugar de delectación para el moderno aventurero de fin de semana. Ciervos, corzos, zorros, pavos silvestres, urogallos, patos, cercetas…y miríadas de otros bichos y bichitos de todo tipo que tienen cabida en estos parques naturales, excepcionalmente conservados. Algunas veces comparo las modernas cámaras digitales de fotografía con las ostras, por el tamaño y porque las “abres” y de vez en cuando te sale una perla. La de la excursión de ayer es la foto que encabeza este “post“. Beautiful land.

Luisma, 31 de Octubre del 2011 (Halloween)